Imagino a Juan Fernando Quintero, de aquí a unos años, descalzo sobre el césped de un parque de Medellín dándole patadas al balón, con la única presión de que el cuero no toque el suelo. Se acerca alguna persona que lo reconoce, su aspecto no ha variado mucho de cuando era futbolista profesional, les saluda, se saca una foto y continúa disfrutando del balón. Quintero es terrenal, es un jugador con el que todo hincha se reconcilia. No destaca por su altura y poderío físico, son aspectos secundarios. El colombiano es el fútbol de hace décadas, en el que el bueno tenía una apariencia común y tan solo se evaluaba el talento, la calidad técnica era el pasaporte al mundo. Es cierto que un futbolista no lo puede fiar todo a su técnica y visión de juego, por eso mismo apostar por Quintero es un riesgo que bien podría merecer la pena.

Esta era la Colombia de James, ¡cómo no iba a serlo! Todavía estamos de resaca tras su exhibición hace cuatro años en Brasil y los problemas físicos están impidiendo que veamos su mejor versión en Rusia. Cuando todos mirábamos al ’10’, el número ’20’ ha emergido como figura. Pide el balón en cualquier zona del campo, supera líneas con una facilidad insultante, anota goles y además da de comer a Falcao. ¿Qué más se le puede pedir a Quintero? Está siendo una de las figuras del torneo y aun así una sombra de dudas le persigue. Es como si nadie se fiara de un futbolista excelso al que su físico parece no acompañarle. Da la impresión de que si estuviera más fino y fuera más alto, las dudas no existirían en un jugador así. Pero eso es lo bonito, Quintero nos acerca a un genio terrenal. Cualquiera podría ser como él pero a su vez, nadie podría poseer su zurda.

Es posible que Quintero nunca llegue a triunfar en Europa. Lo ha intentado en el Porto y Rennes sin demasiada fortuna, quizá el fútbol más físico y pasado de revoluciones no sean sus mejores acompañantes. Para que Quintero triunfe en un club de Europa debería tener un ecosistema muy particular; en primer lugar, un técnico que lo dejara todo y centrara el juego bajo su batuta. Le tienes que dar las llaves y el ritmo a sus botas, asumiendo sus ventajas y desventajas. Su caso nos podría recordar al de Riquelme en el Villarreal, aunque sean dos futbolistas de características diferentes. Es posible que su destino esté ligado a las noches de gloria de la Libertadores, a sus 25 años está en un punto sin retorno: la rompe en un gran club o será un futbolista enjaulado de grandes aspiraciones. El todo o la nada. Jamás se debería dudar del talento, incluso si Quintero subiera varios kilos habría grandes clubes de Sudamérica y Europa interesados en sus servicios.

La sensación que transmite en este Mundial es de auténtico líder. James tiene problemas físicos, a Falcao le cuesta ver portería y Cuadrado hasta el momento no sabe a qué juega. El número ’20’ pide el balón casi hasta su propio área, se desgasta inventando pases y su físico dice basta antes de que el árbitro pite el final del partido. Hace tan solo dos años el Rennes enviaba a Quintero a su filial, llegó a jugar en la cuarta división francesa. Hoy defiende la camiseta de River Plate, de momento sin demasiada continuidad, y está haciendo de este Mundial el jardín de su casa. Será interesante comprobar su talento ante una Inglaterra en la que sus jugadores parecen más atletas que futbolistas. Quintero lanzará una moneda al aire y es posible que de nuevo salga cara. A muchos nos encantaría reencarnarnos en su fútbol, no todo van a ser estrellas atléticas defendiendo los escudos de los mejores clubes de Europa. Existe también una gloria, algo más literaria, en jugadores de este calibre, de esos que cuando se retiren seguirán haciendo malabares descalzos con el balón sobre el césped.