El fútbol tiene un campo semántico propio. Decía Truman Capote que si uno escucha atentamente el vocabulario de cualquier persona, se dará cuenta de que se repiten ciertas palabras que son claves de su personalidad. Como los tópicos de los periodistas ya los han recogido a la perfección Diarios de Fútbol en su glorioso artículo Frases para aparentar que sabes de fútbol, conviene detenerse en los de los futbolistas, más ahora en pleno Mundial. Uno de mis pasatiempos favoritos es el de quitar el volumen de la televisión e intentar adivinar lo que dicen los futbolistas cuando están delante de un micrófono. “Esto es fútbol, se han impuesto las defensas, no hemos tenido suerte de cara a portería, el partido lo han marcado los detalles, el que ha cometido menos errores se ha llevado la victoria, el gol antes del descanso ha sido psicológico, hemos tenido nuestras oportunidades y no las hemos aprovechado, vamos a seguir intentándolo hasta el final, no vamos a bajar los brazos”. De todos ellos hay uno que me fascina: el fútbol es así.

“El fútbol es así” es el abandono a toda pauta, la negación de unos principios que siempre han existido, el final de una lógica que se había impuesto hasta hoy, un análisis vacío, principalmente, porque no hay análisis. El resultado ha sido ese porque sí. Creo que está la altura de la excusa de Juan Rulfo, que, preguntado por su abandono de la literatura, respondió a su estilo parco: “Es que ha muerto el tío Celerino”. Cada uno tiene derecho a tener sus propias excusas, y los futbolistas, hayan merecido o no la victoria, hayan hecho un buen o mal partido, se enfrentan al micrófono con su escudo en la cabeza. El fútbol es así.

 

España, en un giro dramático, ha subido la apuesta y oposita a ser la selección más improvisada del Mundial

 

Si hay un torneo y una selección en las que se resuma esa frase, estas son el Mundial y la Selección Española. No cuesta imaginarse a los jugadores como Stubb en Moby Dick, gritando en cada lance aquello de “no sé muy bien qué me espera, pero, de cualquier modo, iré hacia eso sonriendo”. España, en un giro dramático, ha subido la apuesta y oposita a ser la selección más improvisada del Mundial. Acéfala, La Roja ha pasado de ser un escritor como Marcel Duchamp, del que decían que su mejor obra fue su horario, a comulgar con el estilo de Rodrigo Fresán, que compara el hecho de escribir una novela con el de conducir un automóvil de noche. “Solo puedes ver tan lejos como el alcance de la luz de tus faros, pero puedes hacer todo el viaje viendo nada más que hasta ahí”.

Si algo nos gusta del fútbol, y en esto creo que coinciden periodistas, aficionados y futbolistas, es que no solo hay un camino hacia el éxito. Como dice Galder Reguera en su diaria y bendita correspondencia con Carlos Marañón, el principio de esta historia se escribirá cuando sepamos el final. Que nadie conozca si la destitución de Lopetegui desembocará en la eliminación en la fase de grupos o en la copa en las manos de Ramos es un motivo de esperanza para aquellos que nos abandonamos al fútbol sin querer saber qué pasará. De entrada cambiar de seleccionador a dos días del Mundial parece un drama total, pero quizás no tanto. Quién no ha perdido un autobús y parecía que todo se venía abajo, hasta que luego pasaba otro y ya está. La vida también es así.

Nadie se atreve a vaticinar que la improvisación de una Selección anárquica no prosperará. Bastaría con que los jugadores de La Roja supieran jugar a fútbol, y puede que ni eso. Guardo como oro en paño el fragmento en el que Vila-Matas cuenta que el torero Juan Belmonte, uno de los más populares de la historia, decía que no sabía torear. “Palabra que no sé, yo ni conozco ni creo en las reglas”. Nos olvidamos de que, lo único importante en un trabajo, ya sea en el toreo, en el fútbol o incluso en la vida, es reconocer que no sabemos nada de lo que hacemos.

No pretendo tampoco decir que España es favorita. Dejarse llevar requiere de mucho talento. No basta con lanzarse al vacío y dejarse llevar. Eso es lo que creen los que no dominan el misterioso arte de, seas cuales sean las circunstancias, ganar. Es parecido a entrar en combustión, quemarse incluso, y salir vivo. Fíjense en el Real Madrid. A veces me viene a la cabeza uno de los mejores titulares de una crónica: El Madrid gana porque sí. Su autor, en la ida de las semifinales ante el Bayern de Múnich, fue José Sámano. Casualidad o no, es el cronista de la Selección Española en El País. Es fácil imaginarse ya el titular de la crónica de la final: “España gana el Mundial porque el fútbol es así”.