No es un abstemio en sus metáforas, sarcasmos e ironías. Tiene que vomitar toda esa maquinaria dinámica sobre las páginas en blanco de su ordenador. Tampoco es capaz de resistirse a los aullidos que hay en su cabeza y que le arrastran a contar historias que tiene en sus entrañas. Estas propias confabulaciones intrínsecas han servido para que el periodista y escritor Enrique Tejedo (Castellón, 1988) publique su primera novela. Maniquí armado trata del inconformismo, de las decisiones erróneas del pasado que atormentan todavía en el presente y de hasta dónde se estaría dispuesto a llegar por cumplir un sueño. Todo ello aderezado con relatos de fiestas con alcohol barato, tortillas precocinadas del supermercado más cercano y relatos en los que siempre cabe alguna que otra anécdota futbolística.  

 

En Trainspotting, Irvine Welsh demostró que el fútbol es algo más que un mero pasatiempo incluso para unos drogadictos. ¿Piensas del mismo modo?

El fútbol no debería ser de las cosas más importantes en la vida de nadie, pero es indudable que lo es para muchos aficionados. Me gusta mucho una frase de la película El secreto de sus ojos en la que uno de los protagonistas le dice a Ricardo Darín que un tipo puede cambiar de todo en la vida: de cara, de casa, de novia, de religión…pero no cambia jamás de equipo de fútbol. Y suele ser así. Te empujan a ser de un equipo cuando eres niño y, nadie sabe por qué, mueres siendo de ese club.

Siendo periodista, ¿piensas que hay demasiada ficción en las noticias?

Sin duda. No descubro nada si digo que todos los medios, públicos y privados, tienen detrás importantes intereses. Algunos informativos me recuerdan a ese amigo, que en base a tres o cuatro datos reales, inventa una historia con la que logra ser el centro de atención durante unos minutos.

 

“Algunos informativos me recuerdan a ese amigo que se inventa una historia con la que logra ser el centro de atención durante unos minutos”

 

Tu libro tiene muchos comentarios graciosos, sarcásticos e irónicos. ¿Es fácil hacer reír con solo la palabra?

Causar cualquier emoción en el lector es complicado. Mis únicos requisitos para incluir alguna broma son que esta previamente me resulte graciosa a mí y que no entorpezca el transcurso de la trama sino que contribuya al desarrollo de esta.

¿Esas metáforas te salen tan espontáneas como parece?

La gran mayoría, la verdad, es que sí, pero no todas ellas. Tengo la costumbre de apuntarme en el móvil y en una cuenta de Gmail todas las ideas que se me ocurren. Posteriormente realizo un filtro, porque hay algunas que pasado un tiempo no hay por donde cogerlas, e incluso aquellas que encajan de forma natural en el texto.

Muchos guiños futboleros en tu obra, ¿está muy presente este deporte en tu vida?

Sí, aunque es cierto que en los últimos años me limito a ver los partidos más importantes de la temporada, es decir: los Mundiales, la final de la Champions y cualquiera en el que juegue el Castellón. De pequeño, en cambio, era seguramente el que más jugadores me sabía de mi clase. Durante bastantes años jugué en el equipo de mi barrio y, siendo de los más malos, era de los pocos que se preocupaban por saber cómo íbamos en la clasificación o contra qué chavales jugábamos el siguiente fin de semana. Vamos, un friki.

 

¿Quién va a ir al campo a ver un Vall de Uxó-Nules pudiendo ver un Chelsea-Arsenal sin salir de su casa?

 

¿Crees que la generación actual ya no es tanto de ir a los estadios como lo era la de sus padres?

Entre las aficiones de equipos de Primera y Segunda no se nota tanto, incluso me atrevería a decir que ahora va más gente, pero el verdadero drama son las categorías regionales. Antes los campos de pueblo tenían mucho público y ahora, en cambio, están prácticamente vacíos. Es lógico, ¿quién va a ir a un Vall de Uxó-Nules pudiendo ver un Chelsea-Arsenal sin salir de su casa?

¿De dónde viene esa necesidad de escribir?

De que me lo paso muy bien. Así de sencillo. Me lo tomo como un hobby que me cuesta barato y con el que disfruto mucho. Si encima tenga la oportunidad, como ha ocurrido con Maniquí armado, de que la gente me lea, pues te puedes imaginar la gran satisfacción que me produce.

¿Cómo es el paso de redactar relatos a hacer una novela?

Los relatos cortos me terminaron aburriendo porque no podías desarrollar las tramas y los personajes. Esa es la principal razón, pero es cierto que hay algunas historias que dan para relato y otras que tienen la suficiente enjundia como para ser el sustento de una novela. Si te equivocas con esto, lo más normal es que tu obra no valga gran cosa.

El protagonista se va a escribir a Madrid, porque ve como un fracaso hacerlo desde un pequeño pueblo costero. ¿Nunca seremos felices con nada?

No es que piense exactamente que quedarse en el pueblo es un fracaso, sino que se cree ese tópico absurdo de que para ser escritor profesional tienes que vivir en una gran ciudad y moverte inteligentemente por ella. Y sí, nunca terminamos de ser felices. Voy a generalizar, pero en nuestra generación somos especialmente inconformistas. Eso tiene una parte positiva, pero también puede generar frustraciones. Siempre queremos más y cuando lo conseguimos ya nos parece poco.

¿Qué tipo de futbolista sería Américo, el protagonista?

Ese suplente falto de confianza que cuando sale al campo se esconde e intenta no cometer errores. Hasta que un día llega un entrenador que confía en él y termina despuntando a una edad tardía. En cuanto a su estilo, no sé cuál sería su principal cualidad, pero estoy seguro de que no sería de los que meten mucho la pierna.

¿Y si Maniquí armado fuera un partido?

Una remontada como la del Liverpool contra el Milán de los Maldini y Shevchenko en la final de Estambul. Un partido en el que parece que todo va a salir mal y que, nadie sabe cómo, el equipo logra sobreponerse y sacarlo adelante. Eso sí, Américo mete los tres goles porque va dopado.

¿Es más literario ser de un club como el Castellón que de otro tipo de equipos?

No sé si más que de otros, pero últimamente tiene mucho de literario. Un club que dejaron a su suerte las instituciones y los pésimos gobernantes que ha tenido los últimos quince años y que, sin embargo, han mantenido vivo los socios. Los siete años en Tercera fueron una humillación continua y pronto estoy seguro de que volverá al fútbol profesional. Ahí hay una buena historia. Y es que no es una perogrullada decir que el Castellón tiene una de las mejores aficiones de España. Estando en Segunda B tiene más socios que varios equipos de Primera y que la gran mayoría de Segunda.

 

“El Villarreal y la situación atroz de los últimos años han permitido que el Castellón deje de ser un equipo vulgar y tenga un relato”

 

¿Qué hay de cierto en la rivalidad entre el Castellón y el Villareal?

Aquí me voy a extender. Yo personalmente les tengo indiferencia, pero la afición del Castellón le tiene más rabia a la del Villarreal que al revés. Y ojo, esto es lógico. Imagina que el Valencia se va al traste, como casi estuvo apunto de irse, y un tipo compra el Torrent o el Paterna y lo convierte en el mejor equipo de la provincia a base de dinero, apoyo institucional y, las cosas como son, bastante talento.

Es una rivalidad muy curiosa porque tiene menos de veinte años, antes mucha gente de Vila-real era socia del Castellón. Además, se han enfrentado muy pocos años en la misma categoría. Yo creo que, de todos modos, ahora es menor que hace una década. En el Villarreal llegaron a soñar con que la gente de Castellón se terminaría haciendo socia del equipo del municipio vecino solo por estar en Primera pero, como comentaba antes, no es tan fácil hacer cambiar de equipo a un aficionado.

De todos modos, como creo que le leí al periodista Enrique Ballester, el Villarreal y la situación atroz de los últimos años han permitido que el Castellón deje de ser un equipo vulgar y tenga un relato, como dicen los horteras. La gente está muy orgullosa de ser del Castellón y cada año se ven más chavales en Castalia. Siempre gusta ser de la resistencia.

¿El fútbol está perdiendo su esencia?

Totalmente. Esa es una de las razones por las que cada vez veo menos partidos. No puede depender la suerte de tu equipo de que lo compre un multimillonario de un país lejano. En la Champions voy con cualquiera que se enfrente al Manchester City o al PSG. Además, las televisiones y sus horarios también han hecho mucho daño.

¿Qué jugador sería un buen protagonista para un libro? ¿Por qué?

Julen Guerrero. Un tipo guapo, triunfador y fiel a los suyos al que se le tuerce la carrera sin aparentemente ninguna explicación. Aunque sí la hubo, el denominado Clan de los navarros, que son unos antagonistas maravillosos.