Las lágrimas corren por los callejones de Vallecas. Consumado el destino, aquel que parecía marcado desde las primeras jornadas, tan solo queda lamentarse. El Rayo no es de segunda, a pesar de que la temporada que viene le tocará jugar en la categoría de plata del fútbol femenino. Porque perdieron. Trataron de lograr la épica y se quedaron cerca de empatar a cuatro ante el Levante. Un último intento a la desesperada que, de haberse obtenido, tan solo hubiese alargado la agonía unas pocas fechas más. Pero perecieron. Y lo hicieron de pie. Con orgullo y pundonor. Porque el palco que las preside no merece al grupo de futbolistas que, semana tras semana, defendieron la franja.

Sus rivales, más allá de las que aparecían con equipaciones diferentes sobre los terrenos de juego, vestían de traje y corbata. La polémica ha sido prima hermana de Vallecas en las últimas temporadas. Ya en la edición anterior, el equipo que parecía abocado al abismo logró resistir y obtuvo la salvación pocas semanas antes del bocinazo final. No obstante, la pesadilla, lejos de acabar, apenas comenzaba. El actual curso ha sido una película surrealista. El Perro Andaluz de Buñuel se quedaría en un adorable film de Disney. La escena del ojo seccionado; un relajante masaje.

La temporada arrancó con el equipo a cuadros y a medio hacer. Varias futbolistas, incluso, interpusieron una denuncia a la AFE para denunciar que compañeras de la plantilla no habían firmado sus contratos ni tampoco habían sido dadas de alta en la Seguridad Social. Ni siquiera había dado tiempo a digerir la primera de las polémicas, que la segunda comenzaba a asomar por el esófago. Parte de la plantilla denunció el riesgo de ser expulsadas de sus pisos de alquiler por los impagos del club. No obstante, a la hora de la verdad, se desveló que el club no había firmado contratos de alquiler ni con futbolistas ni propietarios, lo que motivó una nueva investigación interna. El presidente, como buen central, despejaba balones.

 

“Es un descenso provocado por el presidente”, afirmó Natalia Pablos en TeleMadrid. No era la primera vez que la histórica delantera apuntaba directamente al palco

 

La situación se tensó. La temporada comenzaba a atragantarse y los malos resultados deportivos no eran más que la consecuencia natural de una gestión pésima y, en ciertos momentos, deleznable. “Si tenemos que llevar a un médico en ese equipo [en referencia al equipo femenino del Rayo], tenemos que llevarlos en todos, y si lo llevamos en todos estamos desabasteciendo el sistema de salud pública porque no hay suficientes sanitarios”, espetó Martín Presa, presidente de la entidad, tras la polémica de que el equipo no tuviese un médico en la plantilla. Una desfachatez que ha derivado en lamentables situaciones sobre el verde.

Común era que una futbolista del Rayo, fruto de los lances del juego, acabase tendida sobre el verde. Sin embargo, nadie de su banquillo podía salir a socorrerla. Eran los doctores de los equipos rivales los que debían salir en ayuda de la futbolista mermada. Significativo fue el caso de Camila Sáez, quién después de un choque con Naroa Uriarte, requirió de los servicios médicos del Athletic Club y, posteriormente, fue trasladada al hospital para continuar con la observación. El club salió por peteneras alegando que en la plantilla se encontraba el doctor A.L.A.. Un médico que, tras no ver reconocida “su correctísima intervención”, según el Rayo, en el acta arbitral, solicitó no cubrir más partidos de la Primera Iberdrola.

No estaba siendo sencilla, la temporada, para la plantilla franjirroja. Por eso, a finales de 2021 emitieron un comunicado en el que denunciaron la falta del material básico deportivo para poder llevar a cabo los entrenamientos. También la ausencia de la figura del delegado y de los servicios médicos del club. En conclusión, un comunicado en el que detallaba la compleja e indigna situación que vivía la escuadra femenina de Vallecas y cómo la desigualdad frente a otros equipos de la competición les hacía partir con desventaja. Sobre todo si jugaban como visitantes, pues una de las quejas también mencionaba la mala gestión en viajes y desplazamientos. Pero todo comunicado o conato de levantar la voz caía en saco roto. Desde el palco se escudaban en que dichas necesidades no tenían porque cumplirse, puesto que el equipo no tenía, aún, la categoría de profesional.

La temporada continuó con un cambio en los banquillos. Miguel Ángel Quejigo era destituido a principios de este mismo año. El técnico se comió las uvas y, al poco, fue destituido. Se abrían las quinielas y el carrusel de entrenadoras o entrenadores que se postulaban para hacerse cargo del banquillo parecía acotarse. No obstante, de nuevo saltó la sorpresa. De nuevo, volvió la polémica. “Este staff es increíble, pero nos faltan cosas. Nos falta, sigo diciéndolo, hacer pues, una como los del Arandina, nos falta que cojamos a una, pero que sea mayor de edad para no meternos en ‘jaris’, y cargárnosla ahí todos juntos. Eso es lo que realmente une a un staff y a un equipo. Mira a los del Arandina, iban directos a un ascenso”, espetó Santiso en unos audios de Whatsapp que acabaron filtrados.

 

Ya en los últimos meses, en plena agonía, las jugadoras amenazaron con ir a la huelga, exponiendo que el club había dejado de pagar las facturas de algunos pisos donde vivían

 

Él había sido el elegido para hacerse cargo del Rayo Vallecano. Carlos Santiso, que ya había estado al frente de la zona técnica la pasada campaña en la que el equipo se salvó en las últimas jornadas, regresaba al que fuese su banquillo. Sin embargo, lo hacía envuelto en una sucia polémica. Bromear con los amigos sobre violar y destrozar a una mujer no era suficiente como para expulsarle de los banquillos y del fútbol femenino. “Las jugadoras están encantadas con él. A Carlos Santiso lo han pedido las jugadoras”, aseguró Martín Presa en la Cadena Cope“Lo de que las jugadoras no lo quieren es un montaje de la AFE, junto con David Aganzo y Natalia Pablos, que salieron resentidos del club”, apuntilló el presidente.

Ya en los últimos meses, en plena agonía, las jugadoras amenazaron con ir a la huelga, exponiendo que el club había dejado de pagar las facturas de algunos pisos donde vivían y, en algunos casos, se había llegado a cortar incluso la electricidad. La situación era insostenible y, evidentemente, los resultados del equipo un reflejo de lo que ocurría. Habían sido años de decadencia. Curso tras curso costaba más mantenerse en los puestos de cabeza. Tras tres ligas y una Copa de la Reina hace poco menos de 15 años, el equipo comenzó a descender en la tabla hasta consumarse la desgracia. “Es un descenso provocado por el presidente”, afirmó Natalia Pablos en TeleMadrid. No era la primera vez que la histórica delantera apuntaba directamente al palco. Tiempo atrás había acusado a Martín Presa de querer acabar con la histórica sección del club.

Sea como sea, la realidad es que las ‘Bucaneras’ han acabado por hundirse. Un naufragio doloroso, triste y cansado. Remar en la misma dirección parecía ser lo único que mantenía a flote al mermado navío bajo una constante tormenta. Las despedidas nunca son fáciles. Con ellas llega la pena, el duelo. Más aún si se trata de un cuadro histórico de nuestro deporte. A las puertas de la primera competición verdaderamente profesional, Vallecas se despide de la élite y su futuro es un misterio. Quién sabe qué polémicas llegarán ahora o cuál es el destino del cuadro femenino. A corto plazo, tan solo queda despedir al Rayo en las escasas jornadas que restan para que se ponga punto y final a la competición. Ya está todo el pescado vendido. Apagaron al Rayo y se durmió la franja.

 


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Fotografía del Rayo Vayecano.