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“Hasta yo sé quien era Panenka, eh, concluye, sonriente, al final de la entrevista; justo antes de colgar el teléfono fijo de su casa. Desde la pequeña pedanía perdida al sur de Segovia en la que vive hace ya unos años, Santiago Lorenzo (Portugalete, 1964), primero guionista, director y productor cinematográfico, y ganador de un Goya al mejor cortometraje de animación por Caracol, col, col, y hoy novelista, descubre su crítica visión sobre un fútbol cada día más controlado por Los asquerosos, y más repleto de mochufa.

¿En qué piensas si hablamos de fútbol?

El fútbol me suena, a nivel personal, a una colección de problemas, de desgracias, de desastres, de disgustos. A estar jugando en la escuela y saber que estás metido en un gran lío porque no tienes ninguna habilidad para con aquello y porque no tienes ni idea de qué hay que hacer. Me acuerdo, me cago en la hostia, que en clase había varios chavales que jugaban muy bien, y un día se me ocurrió que si yo quería jugar igual de bien tenía que hacer todo lo que ellos hicieran, pegarme a ellos e imitar sus movimientos. Fue un absoluto imposible. En la vida, lo importante es no pretender copiar a nadie y dedicarte a hacer tu juego, a hacer tu camino. Aunque pierdas todas las opciones de gol va a ser más divertido jugar a tu propio juego que intentar imitar a alguien. Recuerdo que había un campo de fútbol muy majo en el colegio y que la gracia era hacer lo que llamábamos ‘txokolatada’, que era cuando llovía y acabábamos con toda la ropa chorreando barro, y también me acuerdo de que un día entre una veintena de los que nos quedábamos a comer al comedor compramos una pelota. Fue como una especie de crowdfunding, como un algo colectivo, y fue muy emocionante. Y también recuerdo hacer quinielas con enormes expectativas, pensando que ya casi no habría ni que estudiar y no llegar jamás ni siquiera a un once, y que un día mi vieja llevó unas camisetas del Athletic que se destiñeron a las primeras de cambio y quedaron rosas y que, de adolescentes, a finales de la década de los 70, con Gonzalo, un amigo que era igual de malo que yo jugando al fútbol, nos colocábamos en la defensa y nos dedicábamos a hablar de tebeos y pintores impresionistas. Recuerdo maravillosamente esos partidos, y no por haber hecho algún gol, que no metí ninguno jamás, sino por todas aquellas charlas.

 

“El fútbol es como un falso documental, y si lo vives y lo sientes como un drama, y si le das demasiada trascendencia y verosimilitud a una cosa que en realidad no es más que una representación, entras en esa ficción”

 

¿De qué equipo eres?

No sé por qué, pero el fútbol lo relaciono con ciudades industriales, como Glasgow o Liverpool. Y por eso y porque soy de Portugalete y porque me gusta que continúe siendo un equipo inseparable de su entorno y de su ciudad me cae bien el Athletic. Bilbao respira Athletic y va a una con su equipo, y es muy emocionante. Tengo la impresión de que no hay ningún equipo como el Athletic, aunque supongo que uno de Vigo o de Donostia pueden vivir el Celta y la Real con el mismo nivel de subjetividad. Aunque nunca hace nada, mi otro equipo es el Valladolid porque es una ciudad a la que quiero mucho. Los domingos por la noche que me acuerdo me gusta mirar cómo han quedado el Athletic y el Real Valladolid, y también miro lo que ha hecho el Barça porque hay gente muy importante para mí que es muy de Barça y lo miro porque sé que si gana este, este y esta van a estar felices. Recuerdo, ahora que hablo del Barça, aquel Barça dirigido por Guardiola que era un hermosísimo ballet, una hermosísima coreografía. Hacían lo que les daba la gana. Era una gozada verlo. Era un cachondeo cómo jugaban con la voluntad del contrario. Era fantástico. 

¿Cómo es hoy tu relación con el fútbol?

La prensa deportiva gritona, la del topicazo, me cae fatal. La información futbolística, de hecho, la relaciono mucho con la información meteorológica que se hace últimamente, que consiste en exagerar muchísimo algo que en realidad tampoco tiene una enorme trascendencia para la vida de nadie. Joder, estos días parecía que el mundo se venía abajo por un poco de nieve, igual que cuando hace un poco de calor, y para LaSexta ha sido su Watergate. Ha tenido tema para echar perdigones por la boca durante días y días: ‘derrumbe de las temperaturas’, ‘nevadas de hasta 50 centímetros’. Y en el fútbol pasa parecido. Es una cosa que tampoco tiene una gran trascendencia para usted, que trabaja en la Renault, ni para su familia ni para su ciudad, pero estamos acostumbrados a darle trascendencia a unos hechos que en realidad solo la tienen para el club y para sus trabajadores, los futbolistas. Pero no para uno de Valladolid que el lunes tiene que ir a trabajar. Ni va a haber más papeleras en Valladolid si gana el Valladolid, aunque lo parezca.

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“El fútbol es una gran herramienta para desfogarse y para canalizar odios tribales. Es mucho más eficaz de lo que podemos pensar. Es un analgésico que aporta salubridad a la sociedad”

 

El fútbol, a veces, distorsiona la realidad.

El fútbol es como una sombra platónica de todo lo que es la vida, y, sobre todo, es un espectáculo con todas las letras y en el que hay un público sentado, como en el cine, y es una ficción. Es como un falso documental. Y si lo vives y lo sientes como un drama, y si le das demasiada trascendencia y verosimilitud a una cosa que en esencia no es más que una representación, entras en esa ficción. Cuando se representa Shakespeare es tan mentira como un encuentro de fútbol, pero al menos los de Shakespeare lo reconocen y lo dicen. En el fútbol es como si se pretendiera ocultar que es algo ficticio; como si en efecto hubiera unos valores que representan y que diferencian al Sporting de Gijón. Los valores y las virtudes de cada equipo son siempre los mismos: palabras enormes que quedan bien y que alguien junta como quien hace la lista de la compra. El Sporting tiene los mismos valores que el Cádiz: Pundonor, esfuerzo, trabajo, honestidad, señorío. Y el Valencia y el Levante igual.

¿Qué ves de positivo en el fútbol?

Creo que mientras haya una Copa de Europa es mucho más difícil que volvamos a las trincheras de Verdun y del Somme. Mientras dirimamos nuestras diferencias en tonterías, en una Eurocopa o un Mundial, estaremos mucho más lejos de montar un cristo en el norte de África con Rommel y Montgomery, y lo mismo sucede a efectos estatales o locales, con la liga. El fútbol es una gran herramienta para desfogarse y para canalizar odios tribales, tanto internacionales como regionales, entre ciudades como Extremadura o Almendralejo, por ejemplo. Y es muy eficaz e importante, muchísimo más de lo que podemos pensar. Es un analgésico que aporta salubridad a la sociedad y que nos ha ahorrado conflictos y miles de cementerios llenos. No sé cómo van el Athletic y el Valladolid, y mi implicación con mi equipo es tal que no me enteré de que había ganado dos ligas en los 80 hasta varios años después, pero mola que exista el fútbol. No lo sigo mucho, y mi relación con el fútbol es un poco distante y solo he estado en el fútbol dos veces, una en Zorrilla y una en el Calderón, pero es fenomenal que exista.

 


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