El fútbol, en ocasiones, te invita a dar tumbos por el mundo hasta encontrar tu sitio. Algo parecido a una ave migratoria, para muchos futbolistas, tener un hogar fijo se convierte en una mera quimera. La estabilidad es algo perecedero, y puede llegar a ser un objetivo primordial en la carrera de un deportista de élite. Al igual que por ejemplo llegar a Primera División, algo que para Pol Llonch (Barcelona, 1992) llegó en Cracovia (Polonia) tras saborear las categorías de plata y bronce de nuestro fútbol en cuatro equipos diferentes (Hospitalet, Espanyol B, Girona y Granada B). Ahora, tras una etapa cerrada en la Ekstraklasa, se mide a los Van Persie, De Jong o Hirving Lozano en la Eredivisie de la mano del Willem II.


Dos ascensos a Segunda fallidos con el Hospitalet, y otro a Primera con el Girona. ¿Qué os faltó para cumplir los objetivos?

En un play-off siempre es difícil. Llevas todo el año peleando para ganar la liga o subir, y al final todo se decide en un partido. El primer año ante el Eibar nos pasaron por encima; el segundo contra el Leganés perdimos por un gol de chilena con dos partidos muy igualados. En Girona sí que creía que podríamos ascender, por plantilla y dinámica, porque la segunda vuelta fue espectacular y pudimos acabar la liga cuartos. Eliminamos al Córdoba cómodamente, pero ante Osasuna la afición les ayudó mucho y al final se decidió por detalles.

Aquel Girona era el mismo que una temporada después lograse el ascenso a Primera y se consolidase en la élite en poco tiempo. ¿Era consciente aquel grupo de todo lo que estaba por venir?

El año anterior al que llegué yo, ya vivieron un play-off donde el Zaragoza les remontó un 0-3 y eso fue muy duro para ellos, pero consiguieron mantener el bloque y teníamos muy claro nuestros objetivos. Nunca se decía desde dentro que el objetivo era el play-off, pero los jugadores lo queríamos y sabíamos que teníamos plantilla y mentalidad para estar ahí arriba. A partir de ahí el club ya vivió algunos cambios, el City ya empezaba a asomar y sabíamos que si lográbamos el ascenso habría novedades importantes a nivel de club. No lo conseguimos ese año, pero al tercer intento ya fue la vencida. Y esa unión (con el City) ha hecho crecer mucho al Girona a todos los niveles. Creo que ahora es un club a tener muy en cuenta y que ya está plenamente consolidado.

Ante la falta de oportunidades tuviste que retroceder a Segunda B y despuntar en el filial del Granada. ¿Qué te faltó para competir con los Àlex Granell, Pere Pons, o Borja García?

Cuando llegué ya sabía que había mucha competencia en el centro del campo. Siempre trabajé duro y tuve mis oportunidades, sobre todo en la primera mitad de la temporada, aunque no tuve minutos en la posición que creo que es mejor para mí, que es la de mediocentro. El míster decidió ese año ponerme de carrilero derecho, aunque yo me veía plenamente capacitado para competir con ellos. Lo único que me faltó fue la oportunidad de jugar en mi sitio y la confianza del entrenador.

 

“El fútbol es muy mental y yo necesitaba una dosis de confianza y de volver a encontrarme a mí mismo”

 

Precisamente allí en Granada viviste una gran mitad de curso que te permitió marchar al Wisla Cracovia en invierno. ¿Por qué Polonia?

Decidí hacer un paso hacía atrás volviendo a Segunda B porque necesitaba tener minutos otra vez y recuperar sensaciones. El fútbol es muy mental y yo necesitaba una dosis de confianza y de volver a encontrarme a mí mismo. En Navidad me llegó esa oportunidad, y alguna otra para seguir en Segunda en España, pero al final jugar en Primera División, sea donde sea, es lo que todo el mundo quiere. Creo que es la mejor decisión que he tomado en mi carrera y me ha ido bien para crecer como futbolista y como persona.

La Ekstraklasa (liga polaca) es una de las más frecuentadas por los españoles, llegando a tener hasta siete compañeros españoles, además del entrenador, en el Wisla. ¿Cuánto ayudó eso a tu adaptación a un fútbol tan diferente?

El primer año, la clave fue que el entrenador era español, porque te da la seguridad de que te quiere y te da la confianza para triunfar. También había un compañero español, y por nuestra manera de ser, el vestuario nos recibió con los brazos abiertos, nos ayudaron en todo y nos adaptamos muy rápido a la cultura, al frío y al fútbol de allí. El segundo año llegaron más españoles y es cierto que siempre es de ayuda tener a gente que hable tu idioma, que tenga tu misma cultura… Pero a veces no es necesario estar cómodo en un vestuario solo con gente de tu país, porque te puedes llevar igual de bien con otros jugadores. A día de hoy tengo casi más contacto con los jugadores polacos que había en el equipo.

En apenas un año y medio allí te ganaste el sobrenombre de ‘Pitbull’ y fuiste uno de los favoritos de la grada, ¿Cómo recuerdas a la afición del Wisla?

Tengo grandes recuerdos de la afición. Fue un año y medio de los más bonitos de mi carrera. Es imposible olvidar a esa gente; son increíbles. Al final te ganas el respeto de la grada y de los compañeros en el día a día, entrenando, por la manera de ser… Tuve la suerte de cuajar muy bien allí y eso te da un plus a la hora de jugar. Solo tengo palabras de agradecimiento para ellos y creo que si se hacen bien las cosas en el Wisla, podría crecer muchísimo.

¿Por qué ese mote?

[Risas] Un poco por mi manera de jugar. Suelo ser muy agresivo, recuperar balones y entrar fuerte, aunque a veces me cueste tarjetas. Siempre intento ganar todos los duelos y dar el 100% desde el minuto cero hasta el 90 y creo que por eso la afición me puso ese mote. Es cierto que en España los compañeros me lo decían, pero se quedaba en el vestuario, pero cuando llegue a Polonia toda la gente por redes sociales empezó a llamarme ‘Pitbull’ y ya se quedó. Creo que personalmente me ayuda y es un buen mote.

El derbi entre Wisla y KS Cracovia es uno de los más históricos de Europa y denominado como Guerra Santa. ¿Conocías esa rivalidad?

No. Es cierto que cuando llegas allí lo primero que hacen es explicarte la importancia del derbi. Es un partido peligroso, pero muy bonito de jugar. Al final es un privilegio jugar uno de los derbis con más historia de Europa. En el Wisla había mucha gente de fuera, y los más veteranos y el cuerpo técnico nos intentaban hacer entender qué era el derbi de una manera que pudiéramos sentirlo, saber las consecuencias que tenía jugar ese partido y lo que significaba para la gente de la ciudad. Recuerdo una charla del segundo entrenador que allí era muy querido (Radoslaw Sobolewski) donde nos explicó las consecuencias que podía tener en nosotros y en nuestras familias lo que podría ser perder ese derbi, pero por suerte pudimos ganar los dos partidos e incluso logramos un 1-4 en su campo que hacía muchos años que el Wisla no conseguía.

Cuéntanos alguna situación que vivieras en uno de esos derbis…

El partido en casa fue muy tranquilo, porque la afición del Cracovia no podía entrar al estadio ya que hubo una muerte un par de años atrás. Ganamos 2-1 en el último minuto y fue todo muy bonito dentro de la normalidad. Aunque el partido fuera de casa ya fue algo más peligroso. Al final el Wisla es el equipo que domina la ciudad y para ellos jugar en casa es una gran oportunidad para ganarnos. En aquel partido pudieron entrar nuestros aficionados, aunque los que tenían antecedentes se quedaron fuera. Nuestros ultras llenaron la parte del campo asignada para nuestra afición y hasta el descanso, que nos fuimos 0-2, fue todo normal. Ya cuando marcamos el 0-3 les sentó mal a los aficionados del Cracovia y empezaron a pelearse y a lanzar bengalas contra nuestra afición. Tuvieron que venir los bomberos y la policía, y el árbitro tuvo que parar el partido durante más de 25 minutos. A nosotros nos fastidió porque nos cortó el ritmo cuando mejor estábamos, pero pudimos acabar el partido, aunque cuando marcamos el cuarto volvieron a tirar bengalas sobre el campo. Al final pudimos celebrar la victoria y nuestra gente ya se quedó contenta para todo el año.

¿Llegaste a temer por tu seguridad o la de tu familia?

Es cierto que cuando te explican lo que es el derbi nos dijeron que si perdíamos nos olvidásemos de salir a la calle, con nuestra familia, al menos durante un mes, porque la afición no se lo toma nada bien. Sabíamos que si perdíamos estaríamos jodidos, sin disfrutar de la familia y la ciudad. Pero al contrario, cuando ganas y vas a un restaurante, la gente te lo agradece, te piden fotos por todos lados… El recibimiento que tuvimos al llegar al estadio fue muy bonito, así que por suerte todo fue bien.

Y luego vendría el derbi ante el Legia…

Quizá no es tan peligroso como el de Cracovia, pero por el estilo. Para Polonia es como un Barça-Madrid y se vive muchísimo, pero mientras estuve allí no hubo nada fuera de lo normal, simplemente una atmósfera muy bonita tanto en casa como fuera y mucho fútbol. Al final estos derbis son recuerdos que como futbolista no se van a poder olvidar.

 

“Cada cambio que he hecho ha sido para dar pequeños pasos adelante en mi carrera. Soy ambicioso y creo que este tipo de oportunidades no las puedo dejar escapar”

 

En dos temporadas allí el mejor resultado del equipo fue un quinto lugar, algo bastante lejos de las expectativas. ¿Cómo se vive con el nivel de exigencia de un club tan histórico y con una afición tan particular?

Cuando yo llego al Wisla, el equipo lleva dos años sin clasificarse entre los ocho primeros. En aquella temporada íbamos undécimos y al final acabamos sextos. Wisla es un gran club con una gran historia, han jugado Champions, y por tanto el nivel de presión, tanto de los seguidores como del club, es muy alto. Pero ahora están pasando un momento difícil económicamente, y por tanto los aficionados entienden esos problemas y que no es fácil jugar así. Aún así, en el segundo año estuvimos peleando hasta el final por jugar en Europa, pero perdimos el último partido y se escapó. Ahí se acabó mi etapa en ese club, pero guardo un gran recuerdo a nivel deportivo y personal.

Y entonces decides firmar por el Willem II…

Tanto mi familia como yo estábamos muy a gusto en Polonia, y la verdad que mi ilusión era renovar allí. Mi renovación se empezó a trabajar desde febrero y fueron negociaciones muy duras, pero al final ves que el club está mal de forma interna y no te da una seguridad en el tema económico. Uno tiene que mirar por su familia, y yo tengo una mujer y una niña y no podía quedarme allí con la inseguridad de no saber qué pasaría. Incluso hace poco salió la noticia que el club podría desaparecer… Fue una decisión difícil, pero con la experiencia de otros años terminas viendo cosas que no acaban de encajarte y por suerte tuve una buena oferta desde Holanda. Para mí era un salto mayor por ir a una liga más potente. Así que cuando las cosas con el Willem fueron claras, no tuve dudas en cambiar de aires.

¿Te llegaste a plantear un retorno a España?

El mercado español prácticamente ni lo tocamos. Las dos mejores opciones eran renovar por el Wisla o marchar al Willem. Al final cuando tienes las cosas tan claras, creo que no hace falta plantearse regresar. Es cierto que tenía opciones de ir a Segunda División de nuevo, pero creo que no hay color entre la primera holandesa y la segunda española.

Es tu quinto equipo en cuatro años, ahora que eres padre de familia y has firmado por tres temporadas con el Willem ¿Valoras más el largo plazo?

Ahora en lo primero que pienso es en mi familia. Nunca me iría a un sitio sin que ellas fueran conmigo o sin que ellas quisieran. Sinceramente no me agrada cambiar cada año de equipo, y me gustaría estar varias temporadas en un mismo club y tener estabilidad. La vida del futbolista es así, pero creo que cada cambio que he hecho ha sido para dar pequeños pasos adelante en mi carrera. Soy ambicioso y creo que este tipo de oportunidades no las puedo dejar escapar.

El fútbol holandés, muy de ida y vuelta, se adapta más a tus características. ¿Te ves ya adaptado a la Eredivisie?

El míster ha confiado en mí desde el primer momento y personalmente ya venía con una buena dinámica de Polonia y la he podido seguir ahora. Aún pienso que puedo crecer mucho más y jugar mejor, pero la adaptación ha sido buena en estos primeros meses. Aunque estoy seguro que tanto individual como colectivamente vamos a ir a más. Esta liga no es tan física como la polaca, es más de toque y me he adaptado bien por ello.

Supongo que ahora en Holanda vives mucho más tranquilo…

Allí la cultura del fútbol es muy bonita. Vayas donde vayas cada fin de semana los estadios se llenan, las atmósferas son espectaculares y la mentalidad es muy diferente entre los aficionados. En Polonia los ultras llegan a controlar algunos clubes y se hace difícil, en Holanda los clubes son muy profesionales y están muy bien organizados.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido del fútbol holandés?

El nivel de la liga en general. Muchos de los nombres top que se escuchan en el mercado hoy día salen de Holanda, porque es una liga en crecimiento y va a ir a más. Me ha sorprendido mucho la forma de jugar del Ajax, es increíble. Y al final todo eso se refleja en el nivel de la selección. Es como una rueda: si la liga funciona, el equipo nacional también y a consecuencia mejores jugadores quieren venir a jugar a la Eredivisie. También me ha llamado la atención la gestión de club del Willem, es todo muy familiar y siempre están pendientes de ti.

¿Hay alguna otra liga que tengas anotada en tu lista de deseos?

Mi sueño desde pequeño es jugar en la Premier League. Aunque con la trayectoria que llevo, pienso que nada es imposible. Creo que no hay límites y si te propones algo puedes conseguirlo, y por suerte todavía tengo tiempo de cumplir el sueño. Jugar en Primera División en España también es otra de mis metas.