Rober Bodegas (Carballo, A Coruña, 1982) y Alberto Casado (Madrid, 1983) se dieron a conocer en Sé lo que hicisteis… y después siguieron su carrera de guionistas y cómicos hasta alcanzar el éxito con Pantomima Full. Aunque Rober es del Atlético y Alberto es del Madrid, llevan esta rivalidad con deportividad: “Vemos los partidos juntos y hay un pique sano”. En estas líneas comparten una sola voz cuando les preguntamos sobre fútbol y todo lo que lo rodea.


 

Somos un poco nostálgicos, pero en realidad, si te pones a mirar partidos de los 90, hay algunos que son infumables, en muchos campos ni rodaba la pelota. Cuando ves un resumen de aquellos años piensas que no te molaría que se jugara así ahora, porque se ve que aquello era durillo. Se pueden criticar muchas cosas del fútbol moderno, pero en cuanto a espectáculo el juego mola mucho más ahora. El tinglado que montan es mucho más atractivo. Aunque es verdad que se ven menos filigranas, quizá en eso sí que hemos perdido.

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Antes era más como la NBA, con jugadores que podían ganar un partido ellos solos, y ahora todo es mucho más táctico. Hoy todos son tan buenos que es imposible que uno solo gane un partido. Echamos de menos los goles de regatearse al portero, eso ya no se ve, ya parece imposible que un tío se quede tan solo. También echamos de menos a los presidentes malotes, como Gil, Caneda o Gaspart, que iban sin diplomacia por la vida. Y los tipos como Vinnie Jones, Cantona y compañía también han desaparecido y eran muy interesantes.

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El fútbol se puede considerar cultura, porque lleva muchos años arraigado en la cultura popular como un elemento más. Aunque a menudo se diga que el fútbol sirve para pensar menos en otras cosas, nosotros no vemos el fútbol como algo que nos sirva para evadirnos de nuestros problemas. En realidad, lo vemos como un mero entretenimiento. No somos grandes forofos ni entendidos y, en realidad, hay días que viendo partidos aburridísimos piensas “cómo puede seguir gustando a tanta gente y durante tantos años con este coñazo…”. Como deporte podría haber caído ya, porque podrían haber sacado otros mucho más divertidos.

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Quizá es hora de que venga un loco a proponer reglas nuevas para hacerlo más apasionante. Regatear al portero debería valer doble, eso seguro. Otra idea sería que no hubiera tiempo, como en las pachangas: el primero que llegue a cinco goles, gana. Así habría que marcar goles por cojones, nada de especular con el 0-0 en un partido de ida de Champions. También debería premiarse lo estético, en plan: cada cierto número de caños un gol. Molaría también, como en el Mario Kart, que si pasa algo determinado se da la vuelta al marcador. O con castigos humillantes: un pasillo de collejas, por ejemplo, cada vez que Vinícius falle un gol cantado o cuando alguien sea humillado con un regate de Messi. Con normas así este deporte mejoraría mucho.

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El talento innato en comparación con la preparación es más determinante en la comedia que en el deporte. Para ser un buen cómico puedes tener una panza como la de Rober, pero en cambio para ser buen futbolista hay que currárselo mucho más y sacrificarse. En la comedia puedes tirar muchos años sin demasiado esfuerzo. La prueba es Joaquín, que para jugar a fútbol tiene que cuidarse mucho pero cuando lo deje podrá dedicarse a hacer chistes sin tener que preocuparse por su alimentación. Nos va a quitar el curro a muchos.

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Aunque seamos medio famosetes, no solemos coincidir nunca con futbolistas en fiestas o restaurantes. Vamos a sitios muy normales. Sería raro ver a Hazard por Malasaña o Lavapiés buscando pulseras de cuero. Aunque una vez vino a vernos Isco y fantaseamos con que pudiera venir toda la plantilla del Madrid a la siguiente función, pero no pasó. Los cómicos ligamos mucho menos que los futbolistas, no se puede comparar. Ellos triunfan mucho más porque además de famosos encima están en forma. En el siguiente nivel están los actores y en el último, ya en la mierda, estamos los cómicos.

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Es verdad que con el fútbol se polemiza mucho y a veces es delicado hacer humor en este terreno. Quizá como hay tanta gente que lo sigue, si haces una broma siempre vas a tener más críticas en Twitter, por ejemplo, que si haces un chiste de cualquier otra cosa. La gente se lo toma demasiado en serio, le cambia el humor cuando pierde su equipo, pero a nosotros no nos altera tanto, no somos tan forofos. No descartamos hacer un Pantomima de esto. Molaría uno sobre el clásico aficionado fanático que no admite un penalti clamoroso o sobre el típico que con cuarenta años sigue jugando pachangas como si fueran la Champions. Quizá algún día.

 


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Fotografía de Wilma Lorenzo.