En wólof, uno de los idiomas mayoritarios del Senegal, diapo significa “unir”, explica Moctar Thera (Dakar, 1972). Convencido del infinito potencial socializador del fútbol, Thera, llegado a Catalunya en el 2000, creó la ONG Diapo en Manresa (Barcelona) en el 2012, con la idea de ayudar familias con dificultades económicas, y hoy, nueve años después, el club ya cuenta con siete equipos y hasta 150 niños y niñas: desde prebenjamines hasta cadetes. “Muchos están de paso”, matiza, Thera. En el pecho, todos lucen el escudo de la entidad, que escenifica su carácter abierto e inclusivo con una encajada de manos.

La ONG Diapo es hija del Mundialito intercultural fútbol que Thera organiza en Manresa desde el 2004 y que en junio llegó a la decimoséptima edición, con representantes de 14 países. “Trabajaba con un colombiano y un ecuatoriano y frecuentemente nos encontrábamos jugando pachangas. Hasta que un día, viendo que el fútbol se vive con tanta pasión en todo el mundo, nos animamos a organizar un Mundialito”, recuerda Thera. El torneo, hoy organizado por la ONG Diapo con la colaboración del Ayuntamiento de Manresa, fue creciendo hasta que también se abrió a niños y niñas. “Entonces me di cuenta de que muchos niños querían jugar al fútbol y no podían hacerlo durante el año porque para muchas familias es imposible pagar 40 o 50 euros al mes por hijo, y en estos momentos tan difíciles y tan duros que corren todavía más. Mucho más”, añade Thera, presidente y corazón del club.

Y esta es precisamente la razón de ser de la ONG Diapo: que ningún niño se quede sin jugar por dinero. Las familias solo pagan 20 euros a principios de temporada y diez euros al mes, para remunerar el trabajo de los entrenadores, y asumen la ficha de sus hijos. Siempre que es posible. “Si no es posible, nos buscamos la vida para encontrar soluciones, como hacemos para pagar los árbitros. El fútbol cada día se acerca más al dinero y se aleja de la pureza del juego y de su espíritu amateur. Cada día es más inhumano: si no tienes dinero no puedes jugar, si no tienes la suerte de tener algún equipo como el nuestro cerca. Pero en la mayoría de pueblos no existe una ONG Diapo”, reivindica el secretario, Sergio Marani (Córdoba, Argentina, 1977).

Todos se dedican al club en cuerpo y alma. El tesorero es, a la vez, el responsable del bar. “Mi mujer y mis hijas siempre dicen que vivo en el campo. Estoy ahí cada día, de lunes a domingo. Trabajo ocho horas y, al salir, vengo corriendo hacia aquí. Aquí no cobro con dinero. Cobro con gracias. Y con las caras que ponen los niños cuando juegan, tan felices y tan contentos. Esto llena. No llena los bolsillos. Pero llena el corazón”, dice Thera.

 

“Lo más bonito es saber que los lunes, en clase, no tienen que callarse cuando los otros niños explican su partido del fin de semana. No tienen que sentirse menos. No tienen que sentirse diferentes. Son como el resto, normales”

 

“Lo más bonito es saber que los lunes, en clase, no tienen que callarse cuando los otros niños explican su partido del fin de semana. No tienen que sentirse menos. No tienen que sentirse diferentes. Son como el resto, normales”, subraya. “Demasiados niños se pierden y se quedan por el camino”, lamenta. “Demasiados niños se quedan atrás. En lugar de estar en la calle, liándola, estamos aquí, jugamos, nos divertimos, hacemos amigos. Hacemos equipo: marroquíes, españoles, colombianos, africanos, todos juntos, todos compañeros. El fútbol nos une”, avala Ilias Kithouh (Manresa, 2006), jugador del equipo cadete, creado este curso. Repite en cada respuesta las palabras equipo, amistad y unión. El fútbol, afirma, es como un abrelatas de amistades.

“Un día, un padre me dio las gracias porque su hijo había dejado de tirarse el día haciendo tonterías. El fútbol les aparta de cosas malas que pueden pasar en las calles o en el parque. Les da una vía de escapa para liberar el estrés y, sobre todo, un camino, una guía, una cosa alrededor de las que organizarse la semana y alrededor de la que construir, edificar, una vida social, una vida”, apunta Thera. “El fútbol les da vida”, añade Marani.

Unidos por el destino que les hizo dejar atrás Senegal y Argentina persiguiendo un mañana mejor, tanto Thera como Marani convergen en definir el fútbol como un punto de encuentro y, aún más, una herramienta “única”, “inigualable”, para fomentar la integración, la inclusión y la convivencia y, a la vez, la interrelación y la aproximación cultural. “El fútbol funde distancias. Rompe barreras. Une. E integra. La pelota es la protagonista, pero el fútbol es mucho más que la pelota. Mucho más. Y no tiene precio ver a los niños corriendo detrás de un balón, chutando. Detrás del niño que corre hacia pelota hay una persona. Y detrás de la persona, una vida. Esto es lo que más nos importa. Las vidas. Los niños. Los valores. Mucho más que los resultados. Los resultados están bien, claro, pero aquí son lo menos importante. Porque de aquí ninguno será futbolista. Pero todos serán y son personas”, concluye Marani.

 


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Fotografía cedida por ONG Diapo.