Dice que tiene mala memoria, pero no lo afirmaría tras charlar con ella un rato. Nació en Vigo a mediados de los 80. No le gusta aquello del término vocacional, pero comenta que sintió muy pronto la llamada del periodismo. Eso de contar historias y eso, que tan bien hace, de darles una vuelta para llevárselas a su terreno. Ese terreno donde, como ella expresa, unas veces hace más gracia y otras menos. Pero no deja de tirarse a lo tirabuzón. Su padre la hizo celtista de corazón desde bien pequeña. Y, ahora, desde la lejanía muestra ese amor y lo propaga. Lucía Taboada (Vigo, 1986) vivió la mejor época del Celta de Vigo siendo una adolescente, esperando que llegase el mejor día de aquellas semanas: el jueves. Mostovoi, Karpin, Makélélé, Gustavo López, Mazinho, entre otros, sobre el verde de Balaídos y Taboada, en la grada. Después de aquellos años, más personas que los habitantes que tiene Cádiz interactúan con lo que la periodista de la Cadena Ser y GQ escribe en Twitter sobre la rabiosa actualidad. La retranca gallega se hace plausible en sus contestaciones y en sus tuits.


Antes que nada, tengo que decirte que me ganaste al ver que me contestabas para realizar la entrevista con el nombre entre comas. Es una lucha fratricida que tengo y que muy poca gente hace.

[Risas]. Sí, sí. Hay que ponerlas.

Naciste en Vigo a mediados de los 80. ¿Qué recuerdas de aquellos días?

Tengo muy mala memoria y a lo mejor me empiezo a acordar de cosas a partir de los cinco o seis años. Tuve una infancia muy normal y muy feliz.

¿Por qué estudiaste periodismo? ¿Has encontrado tu Watergate?

Eso sí que lo recuerdo con claridad. Siempre he querido ser periodista. Mi madre siempre me dice que me inventaba como telediarios y me ponía a locutarlos cuando tenía seis o siete años. Siempre he tenido muy claro a lo que me quería dedicar. Lo de vocacional me parece un adjetivo muy fuerte, pero podríamos decir que sí. Con películas como Ciudadano Kane o de ese estilo, tenemos una visión del periodismo súper idealizada, que luego, una vez, cuando nos metemos en la profesión no es así todo. No es como en The Newsroom donde todo no es tan emocionante a diario ni todo son exclusivas, sino es un trabajo de estar en la redacción y dar el callo muchas horas delante de un ordenador. Y eso no tiene nada que ver con esa imagen de cubrir noticias en directo, que también hay esa parte, pero también existe esa parte más infernal, monótona, incluso aburrida. Ambas partes son necesarias para la profesión. [Risas]. Obviamente, mi Watergate, algún día ocurra algo, pero Watergate son palabras mayores.

¿Sobre qué le gusta opinar a una periodista?

Un poco sobre todo. Creo que el periodismo tiende hacia la especialización y lo bueno es que cada periodista se especialice en algo. Pero es verdad que tenemos que encontrar un poco de todo. Trabajo en Hoy por hoy, que es un programa de informativos que cubre todo tipo de noticias, y tienes que estar al tanto de todo. Y luego tú ya puedes especializarte en algo en concreto. Tengo compañeros que controlan más de temas económicos y otros que lo hacen de los culturales, por ejemplo. Pero, sí, debemos estar informados de todo.

 

“Tuve la suerte de vivir la época del mejor Celta en mi adolescencia. Vivía en Vigo e iba todos los partidos a Balaídos”

 

En GQ, te declaras futbolera.

[Risas]. Sí, sí. Lo soy. 

¿Qué relación tienes con este deporte?

Mi padre me hizo socia del Celta con cinco años y, desde entonces, hasta que me vine a vivir a Madrid, he sido socia. Ya en Madrid fui socia un par de años y dejé de serlo porque no me compensaba. Al final, iba dos partidos solo. Pero, vamos, yo sigo al Celta todos los jueves, viernes, sábados, domingos y lunes, que es cuando jugamos últimamente, por desgracia. Y no solo al Celta, en realidad, me gusta bastante el fútbol y sigo toda la Liga. El fútbol siempre ha estado presente en mi vida, desde que era muy pequeñita. Nunca lo he practicado, pero siempre lo he visto, desde competiciones internacionales hasta nacionales. Siempre me ha gustado ir a los estadios y verlo en directo. Es un deporte que sigo muy regularmente, aunque no me dedique al periodismo deportivo.

Pero escribes sobre deporte…

Sí, sí, escribo sobre ello. En la Cadena Ser estuve en documentación en la sección de deportes cinco años. No es específicamente deporte, era documentación, pero hacíamos las piezas para la redacción de deporte y, sí, escribo de deporte de vez en cuando.

¿Cómo eliges los artículos que escribes?

Yo propongo temas o lo hace mi editor jefe. Son temas a los que les puedo dar un toque distinto, donde yo pueda hacer un análisis un poco diferente. No me voy a poner a hablar de un tema que no domino. Por ejemplo, de la Premier League no voy a hablar, porque es un tema que no domino. Pero, si me piden un tema sobre Iago Aspas, yo estoy más que encantada de hacerlo.

Vayamos a lo pasional, ¿pasas mala semana si el Celta pierde?

Con los años te vas a acostumbrado a digerir mejor las derrotas. Y, en el caso, del Celta son más habituales de lo que me gustaría. Hombre, hay un cabreo que me dura media hora o una hora, según el partido, pero no toda la semana, salvo que sea un partido importante. Hace dos años cuando nos jugamos pasar a la final de la Europa League y perdimos, esa vez el cabreo me duró una semana o dos, fácilmente. Cabreo y tristeza. Una mezcla de las dos cosas.

Eras muy pequeña en la final de la Copa del Rey del 1994.

Sí, me acuerdo de esa y de la del 2001. Estuve en las dos, en Sevilla y en Madrid. Y, consecuentemente, el cabreo ahí me duró bastante tiempo.

Tenías 12 años y el Celta viajaba por Europa.

La verdad es que tuve la suerte de vivir toda esa época del mejor Celta en mi adolescencia. Vivía en Vigo e iba todos los partidos a Balaídos. Mi padre siempre me cuenta que él ha vivido en los 70 y en los 80 años muy duros del Celta, y que nosotros, digamos, crecimos con un Celta que hacía un fútbol espectacular, que ganaba a equipos grandes. Eso no era nada habitual. Antes no se veía eso en Balaídos. Y la verdad es que fue maravilloso, los mejores años del Celta. Además, la última etapa con Berizzo también fue muy buena. Pero esos partidos inolvidables, como el 4-0 a la Juventus, el 7-0 al Benfica, ganarle al Milan en San Siro, al Aston Villa, al Liverpool, son recuerdos súper bonitos. Yo estaba deseando que llegara el jueves para ir Balaídos. Disfruté muchísimos esos años. Al día siguiente, aparecía por clase y no paraba de hablar del tema. Era como lo más emocionante de la semana. Se recuerda con un poco de nostalgia, la verdad. Ese equipo que tuvimos es que es irrepetible, porque yo creo que hubo un par de años que hicimos el mejor fútbol de España y, probablemente, de Europa.

 

“[En la 2003-04] no estábamos preparados para jugar una competición tan importante como la Champions League y rendir en la Liga”

 

Después de aquello, el descenso en 2004.     

Fue el año que jugamos la Copa de Europa. Creo que hubo un fallo en la planificación de plantilla. No estábamos preparados para jugar una competición tan importante como la Champions League y rendir en la Liga. Llegamos a octavos y aquello fue increíble. Pero en la Liga creo que ganamos ocho o nueve partidos esa temporada, no me acuerdo. Fue una debacle absoluta y descendimos. Jugar la Champions y descender el mismo año no es fácil. Pero el Celta lo hizo. Luego hubo una temporada por ahí en el desierto en Segunda que, evidentemente, los mejores jugadores se marcharon y fueron años muy duros. Como parte positiva de nuestra travesía en Segunda, se apostó más por la cantera, que es uno de los mayores valores del Celta, sin duda. Se hizo un poco por necesidad, pero, al final, se acabó convirtiendo en virtud, porque salieron canteranos buenísimos, desde Iago Aspas, Hugo Mallo, Jonny, entre otros, y antes que ellos, Oubiña. Muchísimos han sido los canteranos que han salido y han jugado con el primer equipo. Hubo una temporada, que yo recuerde, con Paco Herrera, que jugábamos con ocho canteranos titulares. Aquello no era nada habitual. La cantera sigue siendo de las cosas que se están haciendo bien y eso es lo que sacamos de Segunda como parte positiva.

¿Se echará de menos a Antonio Mohamed, el hombre del traje y las gafas?

Bueno, creo que no se supo adaptar para nada a la liga española. A mí, él como persona me caía estupendamente. Me parecía un buen tipo, pero el Celta se equivocó en ficharlo, porque no tenía un estilo de juego que fuese compatible con nuestros jugadores. Pues, es un entrenador que es muy físico, que juega al balonazo. El Celta no tiene una defensa potente para jugar así. El Celta tiene jugadores de calidad para jugar la pelota. Y el problema fue que los futbolistas no supieron entender lo que el entrenador planteaba. Hace poco salió un jugador y dijo que no entendían los planteamientos que hacían en los partidos, y eso se notaba en el campo. Cada jugador estaba descolocado, cada jornada era un sistema de juego distinto, hacía unas rotaciones que eran incomprensibles y estaba visto que lo iban a echar. [Risas]. A mis amigos les dije a principios de octubre que no llegaba a Navidad y ya bastante me pareció. Viendo como estaba jugando el Celta, erráticamente y sin sentido, igual lo deberían haber echado antes, la verdad.

La Liga está apretada, ¿llegará el Celta a Europa?          

Lo veo muy complicado, la verdad. Este año, tal y como hemos empezado, y ahora, con nuevo entrenador, tienen que encontrar otra vez un sistema de juego que funcione, no es fácil a mitad temporada. Aunque creo que tenemos una plantilla con calidad suficiente para clasificarnos para Europa. Los equipos de arriba están sumando muchos puntos. Espero que sí, pero lo veo muy complicado y nos estamos descolgando bastante. Este año, el objetivo realista es la permanencia. Si nos conseguimos meter ahí en la lucha en las últimas jornadas por Europa, pues, tal y como hemos empezado la Liga, será maravilloso y una sorpresa. Calidad desde luego que tenemos para hacerlo.

Ahora Vigo se ve desde el espacio. Menudo árbol de Navidad tenéis allí.

[Risas]. Sí, sí, claro. Estos días tenemos una contaminación lumínica importante en Vigo. Brillamos con luz propia.

Hablando de brillar, ¿cuál es tu jugador favorito de la historia del Celta?

Siempre ha sido Gustavo López, pero, por sus méritos en los últimos años, diría que Iago Aspas. Es un jugador que es el alma del equipo. El Celta sin Aspas se muere. No solo marca goles, sino que mueve el balón, coloca a los jugadores, les anima, les motiva. Con sus declaraciones puedes ver cómo está el equipo o cómo deja de estar. Es una pieza fundamental. Ahora mismo, creo que ha superado a Mostovoi como mejor jugador de la historia del Celta. Está difícil, porque Mostovoi también ha sido un jugador inolvidable, pero creo que lo que está haciendo Aspas en los últimos años es espectacular. Ahora mismo lleva el mejor arranque en goles en todas sus temporadas. Lo cual tiene mucho mérito teniendo en cuenta que el Celta ha estado fatal. Si hubiesen estado bien, no sé ni cuántos hubiera marcado. Quiero decir que, cuando piensas que no puede ir a mejor, va a mejor y siempre te sorprende. Es un espectáculo verle jugar.

Iago Aspas se fue y volvió.

Representa el celtismo. Aspas fue recogepelotas cuando era pequeño y él siempre ha dicho que miraba a los jugadores del Celta con devoción desde la banda. Fue canterano. Hizo bien en irse, porque, obviamente, se fue en un momento que estaba muy bien. No le fue bien fuera, porque creo que Aspas solo puede estar en Balaídos. Es como si sacas a un Avatar de su planeta, que se vuelve loco. Aspas ha nacido por y para el Celta. Volvió como el hijo pródigo. Fue volver y volver a brillar. Cuando hay rumores de que se va en verano, es que Aspas está muy feliz en Vigo y se le nota. Entonces, seguramente, al final de su carrera volverá a irse o no lo sé. A mí, me encantaría que estuviese siempre ligado al club de un modo u otro. Si no es como futbolista, luego como entrenador, pero Aspas es el Celta al cien por cien.

 

“El Clásico es nada comparado con O Noso Derbi” 

 

Tengo un amigo gallego que me dijo que un año sin O Noso Derbi es un año perdido.

Es como una liga descafeinada. Se echa de menos, pero, bueno, ellos están bastante enfilados para subir. Así que espero que no bajemos. Por una parte, gusta que al Dépor le vaya mal, pero, por otra parte, le echas de menos en la Liga. El Celta y el Dépor viven por y para el derbi. No sé ni describirlo. El clásico es nada comparado con el derbi gallego. Lo creo al cien por cien, la verdad. Hay una rivalidad y un pique que dura un mes antes. Se genera un ambiente espectacular. La parte buena de que el Dépor esté en Segunda esta temporada o la siguiente es que luego les cogemos con más ganas.

Junto a Moderna de Pueblo, escribiste Dejar de amargarse para imperfectas, ¿el fútbol va a dejar de amargarnos en algún momento?

No lo sé, porque yo veo a mi padre, con sus 65 años, y veo que le sigue amargando exactamente igual que cuando tenía 20. Entonces, creo que me va a seguir amargando hasta el fin de mis días. Es verdad que te lo vas tomando con mayor filosofía y aprendes a cabrearte menos, porque, al final, dices que el fútbol no es lo más importante de tu vida. Creo que el fútbol me va a seguir amargando siempre, porque siempre te va a joder una derrota de tu equipo, siempre te va a joder cuando desciendas. Los que somos de equipos ‘modestos’, por decirlo de alguna manera, estamos acostumbrados a los sinsabores del fútbol, y, por tanto, siempre vamos a tener esas pequeñas amarguras. Al final aprendemos a vivir con ellas, sino te harías del Madrid o del Barça.

Aunando fútbol y redes sociales, ¿cómo hubiera sido Twitter con aquel fallo de Salinas en el Mundial’94 o con el gol de Zubizarreta en el 98?

[Risas]. Hubiera sido divertido. La verdad es que no sé cómo aguantábamos partidos tediosos sin tener Twitter, y sin los memes. Ahora mismo, las finales de Champions League o los clásicos me parecen un aburrimiento sin Twitter. Igual que con todo a nivel político. Pero a nivel futbolístico, por ejemplo, todo lo que ocurrió con la Copa Libertadores, dentro de todo lo surrealista que es, me pareció muy divertido. A mí es que Twitter me divierte un montón. Seguramente, aquel momento de Salinas hubiera sido una fábrica de memes inagotables.   

Con la cantidad de cosas paranormales que ocurren en el balompié, te debes frotar las manos antes de coger el móvil, ¿no?

La verdad es que últimamente no tuiteo mucho sobre fútbol porque ahora trabajo de noche. No me puedo quedar a ver los partidos de Champions o los de entre semana porque son muy tarde. Antes tuiteaba mucho más de fútbol. Si hay algún partido relevante, sí que lo hago. Pero ya no tuiteo tanto, la verdad. Me encanta tuitear sobre fútbol. Recuerdo algún tuit por ahí que decía algo sobre que habían puesto una fan zone en los aledaños del Bernabéu y había aficionados argentinos diciendo “¿fan zone? ¿Pero eso qué es? ¿Qué mierda es esta?, que lo llamen cómo quieran, pero que no lo llamen así”. [Risas]. Me reí mucho con ese tuit, creo que le di favorito. Como todo en esta vida, hay que tomárselo con humor. En Twitter hay que estar por las risas. Hay gente que está por la crispación, pero yo, personalmente, estoy por las risas.

 

“Cuando la censura entra en el terreno del humor, me parece muy peligroso y eso está pasando en los últimos meses” 

 

El otro día quise emularte en Twitter. Quise poner la foto de la vaca gigante que apareció en Australia con el soliloquio que hace Tarantino en Reservoir dogs sobre el significado de la canción Like a virgin de Madonna, pero me censuré.

Hay más autocensura que censura. También es un poco inevitable, porque te expones. Ya hemos ido descubriendo con el paso de los años que lo que publicamos en nuestras redes sociales nos puede afectar a nivel laboral y personal. Antes éramos mucho más ingenuos y publicábamos todo lo que se nos ocurría sin pensar en las consecuencias porque no éramos muy conscientes de lo que estaba pasando. A ver, somos una generación que ha nacido con las redes sociales y también es lógico que estemos aprendiendo a usarlas. Por ejemplo, los tuits que se recuperan de Pedro Sánchez no van a acabar con su carrera pero son ridículos a la par que divertidos. Son tuits que ahora, obviamente, él no haría. Hemos aprendido a usar más la herramienta. Yo tengo tuits de cuando llegué que ahora mismo ni se me ocurriría hacer, porque ahora serían una barbaridad para lo que yo escribo. Éramos más ingenuos y, entonces, nos hemos ido autocensurando un poco, porque hemos visto cómo está el panorama. Hemos visto como hay gente a la que han despedido por sus tuits y que ha estado imputada. Se ha creado un clima de autocensura. Yo no me autocensuro mucho, porque yo tampoco soy muy políticamente incorrecta. Pero sí que me consta que hay gente que lo hace. Que yo me autocensure, bueno, soy periodista, tampoco es noticiable. Que se autocensuren los cómicos sí que me parece mucho más peligroso, porque, cuando la censura entra en el terreno del humor, me parece muy peligroso y eso está pasando en los últimos meses. Y eso ya es un tema mucho más delicado. La censura o la autocensura dentro del contexto de un sketch cómico o de una broma no debería ocurrir de ningún modo.

¿Los equipos saben usar las redes sociales?

El Leganés me gusta mucho y creo que hace un uso muy bueno, muy divertido y nada ‘viejuno’. El Celta lo está aprendiendo a usar un poco mejor. Ya van subiendo contenidos un poco más espontáneos, lo que la gente quiere, realmente. Lo que ha contado un jugador en rueda de prensa te da un poco igual, lo que quieres son contenidos un poco más paralelos. Verles entrenando, en el vestuario, cómo se llevan entre ellos. Se va haciendo un poco mejor. Hay equipos que me gustan mucho cómo las usan. Los pósteres que hace el Leganés antes de cada partido me parecen buenísimos. Y el Huesca también. Se han dado cuenta de que tienen un filón que tienen que aprovechar. Aparte de los seguidores tradicionales pueden ganar seguidores que de otro modo no se hubieran fijado en el equipo. Aparentemente, el ‘Lega’ no es un equipo que me hubiera fijado en él, pero, por su política en redes sociales, me atrae y les sigo. Y me parece que lo están haciendo de puta madre.

 

“Somos esclavos de las cifras. ¿La gente con qué hace clic? Con lo de siempre. Es como una rueda que, a mí, personalmente, me da pereza”

 

Siendo comunicadora, ¿qué opinión tienes sobre el periodismo deportivo?

Los últimos años me da un poco de pereza en algunos momentos. Me parece monotemático muchas veces. A ver, es inevitable, porque los medios venden lo que la gente consume. Me da la impresión que hay como 15 Balones de Oro cada año. Ese es un debate que a mí me aburre soberanamente. La polémica del Balón de Oro, cuando se hablaba que Cristiano Ronaldo estaba continuamente triste, cuando se habla del fin de ciclo del Barça son como noticias que van saliendo cada poco tiempo. Y al final me da todo un poco de pereza. Creo que el periodismo deportivo puede tener historias cojonudas si el periodista las busca. Hay historias muy buenas en el deporte como en otras muchas áreas. Pero el periodismo deportivo diario es como una rueda que se va alimentando continuamente de lo de siempre y se fija muy poco en deportes minoritarios o incluso en otros equipos de fútbol. Si al final abres el telediario con el Hércules o con una noticia sobre rugby, pues, igual, transciende. Al final somos esclavos de las cifras. ¿La gente con qué hace clic? Con lo de siempre. Es como una rueda que, a mí, personalmente, me da pereza. Pero sí es verdad que hay historias muy buenas publicadas y que se publican a diario sobre periodismo deportivo. Hay muchos medios que se están especializando en darle otro enfoque al periodismo deportivo que ese sí me gusta. Pero, por ejemplo, pongo la tele y por lo que veo en el informativo me da la impresión que viven en el día de la marmota, constantemente, y con debates muy superfluos con temas que no me interesan demasiado. No me importa el gesto que hizo Sergio Ramos en el entrenamiento. Me interesa mucho más cualquier otra historia. Es una opinión personal. Si lo haces, es porque a la gente le interesa.

La selección femenina sub-17 ganó el Mundial y parece que todos los medios se hicieron eco.

Desde hace algunos años al fútbol femenino se le da espacio en los medios. Aunque se le debería haber dado desde hace muchos más tiempo. Ya aparece en las quinielas. Ya aparece televisado. El otro día vi un cartel que me gustó un montón de un bar que televisaba fútbol femenino. El problema es que no estamos acostumbrados a verlo. Entonces, nos parece extraño hasta que te acostumbras a algo. Hace dos veranos estuve en Islandia y allí el fútbol femenino es igual que el masculino. Se vive exactamente igual. Era la Eurocopa femenina y había pantallas gigantes por las calles de Reikiavik para ver los partidos. Me pareció la leche. Para que pongan pantallas gigantes en España, pasarán muchos años, pero llegará. Estoy convencida. El fútbol femenino ha evolucionado mucho, las jugadoras están mucho más preparadas físicamente que antes y solo hay que ver los partidos. A mí no parece aburrido. Hay muchos prejuicios con ello. 

Tienes una visión particular de las situaciones y siempre discurres con referencias atemporales. ¿Te surgen tan rápido como se puede llegar a creer?

Intento hilar noticias. Cuando ocurren, les doy como una vuelta así un poco original. A veces tengo cero gracia y a veces soy algo ingeniosa. Pero siempre intento darle una vuelta. Por ejemplo, cuando ocurre algo de actualidad en España, es lo que intento hacer en los tuits: hilarnos de alguna manera. Lo que hago es comentar las noticias de actualidad, pero dándoles una vueltilla, dos, tres, o tirabuzón.

Casi una década en Twitter, ¿te arrepientes del día que te hiciste la cuenta?

Entré en 2009, pero entré y me fui hasta 2011. Vivía en Londres y algún amigo mío debió comentarme que me hiciera Twitter, que molaba un montón. Me lo hice, no entendía nada y me volví a Tuenti y a Facebook. Pero luego volví. No perdí la fe en Twitter. Es verdad que cuando empecé por el año 2011 o por ahí vi que era una locura. No nos autocensurábamos nada, la gente soltaba unas burradas alucinantes y, sobre todo, había mucha menos crispación. Era como un poco más familiar. Era casi todo humor, no había casi nada de política, no había tanta crispación, no había tanto odio y Twitter era muy divertido al principio. A mí me hace mucha gracia la gente que critica Twitter y que sigue estando ahí. ¿Qué necesidad tienes de estar ahí sufriendo? Pues, vete a otra red social. Twitter tiene ahora mismo cosas malísimas, evidentemente, pero, por otro lado, me parece una herramienta cojonuda para informarte. Y me parece que es el sitio donde mejor humor se hace en España. Hay gente que lo hace de manera gratuita, te entretiene, te divierte y que genera memes por amor al arte. Obviamente, nadie nos paga por tuitear. Veo los tuits que hace @Proscojoncio y digo: “joder, ese tío tiene un talento que ya les gustaría a muchos profesionales”.

¿No tienes la sensación de que la gente tiene mucho tiempo libre?

Sí, pero también es una manera de autopromocionarse. Por ejemplo, a @Proscojoncio le han salido trabajos en medios. También es una plataforma muy buena para venderte. Hay mucha gente que ha conseguido trabajo a través de lo que publicaba en Twitter. Por ejemplo, a Manuel Bartual le salieron millones de cosas por el hilo que hizo. Y hay muchísimos ejemplos más. Al final, Twitter es una plataforma que te permite llegar a muchísimas personas y mostrar tu talento, tu trabajo o todo lo contrario. Te da una capacidad de llegar a personas, sitios, lugares que es cojonudo. Más que una red social, me parece un medio de comunicación flipante. Mucha gente ha encontrado trabajo gracias a Twitter, cosa que a mí me parece perfecto. Los medios de comunicación se alimentan de Twitter y Twitter se alimenta de los medios de comunicación. Se genera una rueda que favorece a ambas partes.

Parafraseando aquella famosa frase de ‘La Faraona’, ¿qué pondrías si cada español te diera un retuit?

No lo sé, la verdad. Tendría que pensarlo más. Lola Flores hubiera sido una gran twittera.

Una pregunta personal: ¿Recuperaste las fotos de Tuenti?

[Risas]. No y mejor que se queden ahí. Creo que ahora mismo miro algunas de esas fotos y… Mejor que se queden ahí. Las fotos de Tuenti en Tuenti deben quedarse. Son como mis escritos de Fotolog. Que se queden soterrados y que nunca más vuelvan, porque… ¡madre mía! En Tuenti sí que no teníamos nada de pudor en publicar. Publicábamos las fotos más lamentables de fiesta. Y era como: hay gente que te está viendo. Pero nos daba santamente igual.