El fútbol es un fiel reflejo de la vida. Y si no, que se lo digan a Miguel Ángel Lotina (Meñaka, 1957). Décimo entrenador con más partidos dirigidos en Primera División (417 distribuidos en siete equipos), a menudo nos olvidamos de la histórica aventura del Numancia en la Copa del Rey de la temporada 1995-1996, la clasificación del Celta de Vigo para la Liga de Campeones en 2003 o la Copa del Rey lograda con el Espanyol en 2006 para centrarnos en los cinco descensos de sus equipos (Logroñés, Celta de Vigo, Real Sociedad, Deportivo de la Coruña, Villarreal). Hastiado de los cuchicheos y los trending topic con él como protagonista, el vizcaíno apostó por hacer tabula rasa y poner punto y final a su etapa en España. Fichado por el Cerezo Osaka después de dos años en el Tokyo Verdy, Lotina afronta su tercera temporada en un país, Japón, que le ha cambiado por completo.

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¿Cómo era el Lotina jugador?

Era un goleador, un jugador de área. Fui un mal jugador de Primera División, uno regular de Segunda y uno muy bueno de Segunda B.

Tenías apenas 31 años cuando te retiras y apuestas por los banquillos. ¿Cambiaron tus prioridades?

Sí. Tenía ofertas para poder seguir en Segunda División tanto en el Recreativo de Huelva como en el Lleida, pero decidí retirarme.

¿Cuándo te entra el gusanillo por entrenar?

Fue a partir de los 25 o 26 años. Hasta entonces no lo había pensado demasiado, pero a partir de esa edad la idea fue entrando en mi cabeza.

Después de colgar las botas tus primeros pasos en un banquillo son precisamente en el Logroñés, donde te retiras…

Yo era entrenador del filial y también segundo entrenador de David Vidal en el primer equipo. La relación era muy buena y muchos jugadores importantes jugaron en Primera División con el primer equipo como Romero, Iván Campo, Dulce, Óscar, Marín…

Cómo técnico que ha entrenado a filiales, ¿consideras que el esquema del primer y segundo equipo deben ser iguales?

La filosofía debe ser la misma, pero el dibujo no me parece tan importante. Hoy en día, en el fútbol moderno, vemos como se cambia el dibujo habitualmente. Hasta hace poco estaba mal visto y parecía que el entrenador tenía dudas. Ahora sucede todo lo contrario y equipos grandes empiezan un partido con una línea de tres en defensa y en ese mismo encuentro o al siguiente cambian a línea de cuatro. Vemos a equipos como el Manchester City, que lo hacen, aunque la filosofía sigue siendo igual.

¿El objetivo de un filial debe ser formar para el primer equipo o competir?

Lo más importante es formar jugadores para que el primer equipo pueda echar mano de ellos. Esto conlleva también bastante competitividad. No vale con jugar bonito, sino que también es necesario que los jugadores puedan competir en situaciones difíciles y bajo presión. Es una forma también de hacer jugadores.

 

“Fui un mal jugador de Primera División, uno regular de Segunda y uno muy bueno de Segunda B”

 

Tu primer gran éxito fue con el Numancia y lo que ocurrió en aquella Copa del Rey de la 1995-1996. ¿Cómo lo recuerdas?

Me quedo con la unión que había entre público y equipo. Cuando yo llegué a Soria el deporte de la ciudad era el volleyball y toda la gente iba a ese deporte. Por el contrario, la gente que iba al fútbol era la más mayor. A partir de la Copa suceden algunas cosas importantes. Por un lado, que los más jóvenes empiezan a ir al fútbol y formar peñas. Por otro, los más mayores se sienten orgullosos de que el nombre de Soria sea protagonista en televisión y los medios informativos. Son dos cosas que suceden a la vez y son muy importantes para el futuro del club.

Mucha gente no sabía de dónde era el Numancia. E incluso tampoco conocían muy bien dónde estaba Soria. Mucha gente dice que el fútbol puso a Soria en el mapa. No es tanto, pero sí que se dio a conocer muchísimo más.

A ese hito hay que sumar ascensos a Primera División con clubes como el propio Numancia y Osasuna, la disputa de la Champions League con el Celta o la Copa del Rey de 2006 con el Espanyol. ¿Con qué momento te quedas?

Todos son importantes, porque cuando ves a tu afición contenta y orgullosa de algo en lo que has participado es increíble. Sin embargo, la Copa es especial. Como buen vizcaíno, he sido muy copero. Yo he visto al Athletic jugando y ganando finales de Copa y eso marca. Nunca pensé que pudiera ganar este título y le tengo un cariño especial.

Aquella Copa del Rey la logras con el Espanyol, un equipo que vive a la sombra mediática del FC Barcelona en la misma ciudad. ¿Cómo maneja esa situación?

Tiene cosas buenas y otras no tanto. Se habla mucho más de la crisis del equipo grande que de la tuya, pero en los éxitos pasa lo mismo. Cuando ganas un partido importante la gente habla más del partido del Barça que a lo mejor no ha sido tan importante.

Siempre has sentido un cariño especial por el Athletic Club. ¿No te queda la espina de no haberte podido sentar en el banquillo local de San Mamés?

De pequeño yo era muy del Athletic. Para mí, jugadores como Iribar eran auténticos ídolos y todavía siguen siéndolo. Sin embargo, como a lo largo de mi carrera he entrenado a tantos equipos y me he enfrentado tantas veces, evidentemente te vas calmando en ese entusiasmo. He tenido varias oportunidades de entrenar al Athletic, pero siempre ha pasado algo y no ha podido concretarse. Para mí no resulta un problema no haber podido entrenar al Athletic y estoy muy contento de los equipos a los que he entrenado.

¿Cómo ves la situación del equipo desde la distancia?

Siempre que el Athletic tiene problemas clasificatorios la gente comienza a hablar de cambiar de filosofía. No es cambiar, es romperla. Hay gente a favor y gente en contra, pero yo soy de la opinión de que el Athletic perdería mucho –sobre todo aficionados- si lo hace. Creo que hay muchísima gente que prefiere un Athletic en Segunda División que un Athletic con otra filosofía.

Este posible cambio de filosofía genera mucha controversia…

Otra cosa es retocar la filosofía. Eso sí lo estudiaría. Por ejemplo, si haces una escuela de fútbol del Athletic y tienes chavales desde los cinco o seis años entrenando, con el escudo y las ideas del equipo, yo no exigiría que hubieran nacido en Vizcaya. Yo a esos futbolistas con el sentimiento del Athletic les abriría las puertas. De cualquier modo, es una opinión muy personal. No es necesario haber nacido en Vizcaya para tener un sentimiento por el Athletic de Bilbao.

¿Qué sería de Primera División sin el Athletic?

Por afición, historia, un estadio grande que se llena cada domingo… que el Athletic Club bajara a Segunda División no sería bueno ni para el club ni para el fútbol español. A uno de los que menos le puede interesar es a la propia Liga de Fútbol Profesional. Está bien que los equipos pequeños con ocho o diez mil personas en el campo tengan la oportunidad de estar en Primera, pero la Liga necesita también de estadios grandes. Hay que vender a las televisiones y que el Athletic esté en Primera es muy importante.

 

“He tenido varias oportunidades de entrenar al Athletic, pero siempre ha pasado algo y no ha podido concretarse”

 

Tus tres últimas experiencias en España son los descensos con la Real Sociedad, el Deportivo de la Coruña y el Villarreal. Se generaron muchas críticas a tu trabajo a raíz de aquello. ¿Cómo lo vives?

Lógicamente te hace daño. El único descenso en el que he estado toda la temporada completa ha sido el del Deportivo de la Coruña, que fue con 43 puntos, algo que no ha pasado nunca. En los demás he sido partícipe. De cualquier modo, hay que asumir la responsabilidad y no pensar demasiado. Todos los entrenadores tenemos nuestra parte de responsabilidad en las cosas buenas y en las malas. En la Champions League del Celta, la Copa del Rey con el Espanyol o los ascensos yo he creído que mi aportación ha sido importante pero no la única. Ni mucho menos. En los descensos ha ocurrido igual. He sido importante pero con una responsabilidad compartida. Lo asumo con naturalidad.

Un descenso con 43 puntos con el Deportivo, otro en el último minuto de la última jornada con el Villarreal… Al fútbol lo marcan los detalles.

Es verdad. Curiosamente, desde que Javier Tebas –y Rubiales cuando estaba en la AFE- comenzaron a buscar e insistir en la limpieza del fútbol español los equipos con 36 o 37 puntos se salvan. Ellos han sido los que más han insistido en este tema y  creo que en eso el fútbol español ha mejorado y estamos mucho más tranquilos.

¿Fueron importantes estas decepciones para que apostaras por hacer tabula rasa fuera de España?

Fue fundamental. Cuando termino mi etapa en el Villarreal estoy decidido a dejar el fútbol. Sin embargo, en ese momento yo todavía me siento joven y pienso en empezar de cero. Vi que existía la posibilidad de salir fuera y me decidí. A mí me gusta el fútbol, me gusta entrenar. Tengo pasión por el fútbol y pasión por mejorar. A pesar de que mucha gente me decía que cómo iba a irme tan lejos y con mi edad yo soy de los que piensa que cuando se tienen ganas, salud y posibilidades hay que seguir. Ahora estoy disfrutando de ser entrenador, intentando mejorar y voy a seguir así.

Con 61 años y más de 25 en los banquillos, ¿se sigue aprendiendo?

Sí, mucho. Si no estás muerto. El fútbol ha evolucionado muchísimo en los últimos años. Y donde más lo ha hecho ha sido en España. Yo a día de hoy aprovecho cualquier oportunidad para ver al Chelsea, al Paris Saint Germain, al Manchester City… pero también a equipos españoles. Al Celta, por ejemplo. También el Real Betis de Quique Setién. Claro que vas aprendiendo cosas. Si te estancas en lo que crees que te ha ido siempre bien es un error, porque los equipos cambian. Los tiempos cambian. Hay que mejorar día a día y si crees que lo sabes todo en el mundo del fútbol estas muerto.

Un claro ejemplo de esto que comentas es Míchel, que antes de perder el cargo apostó por una defensa de tres centrales en el Rayo Vallecano después de algunas complicaciones al inicio de temporada.

La filosofía seguía siendo la misma, aunque cambió el dibujo. La filosofía es lo importante en el mundo del fútbol. Si comparabas al equipo de comienzo de temporada con el de después, veías que había metido un nuevo central que le pudiese dar una mayor solidez defensiva –sobre todo en los centros- pero la filosofía no la cambió. El equipo seguía tratando de jugar el balón desde atrás. Es un ejemplo muy claro.

En contraposición yo señalaría a José Mourinho, que desde su salida del Real Madrid no ha cambiado apenas su libreto…

Sí. Sin embargo es curioso, pues Mourinho fue uno de los primeros que comenzó con esto que te comento de la temporización táctica en Portugal. Es verdad que parece que le cuesta o no ha dado con la tecla.

 

“Vi que existía la posibilidad de salir fuera y me decidí. A mí me gusta el fútbol, me gusta entrenar”

 

¿Qué te ha dado Japón?

A nivel personal me ha dado mucho. Lo primero conocer una sociedad en la que es tan importante el respeto. Es fundamental en cualquier lugar. Ya sea en una cafetería, en el tren o en una tienda. Hay un respeto tremendo. Junto a la seguridad que hay en el país te envuelven y hacen que veas la vida de una forma completamente diferente.

¿Y profesionalmente?

Profesionalmente hablando me ha dado el respeto de los jugadores. En Japón el entrenador es muy respetado. Si ellos ven que el entrenador les aporta cosas el respeto es máximo. En España un jugador de 20 años puede pensar que lo sabe todo, algo que no pasa en Japón. Aquí siempre quieren aprender y mejorar. Desean que les aportes cosas. En ese aspecto te sientes cómodo.

¿Cuándo llegáis a Japón imponéis vuestro estilo u os adaptáis a lo que hay?

Es una fusión. Nosotros intentamos llevar las mejores cosas que hay en España y también aprovechar todo lo bueno que tienen ellos. Evidentemente la idea futbolística es nuestra, aunque en el modo de entrenar hemos cambiado bastante. A ellos el contacto con el balón en los entrenamientos desde el primer momento les sorprende mucho. Sucede lo mismo que hace 30 años en España cuando en las primeras semanas se centraban en ir a correr y la preparación física. Cuando nosotros comenzamos a explicarles que lo importante es el aspecto técnico-táctico y que lo físico, aunque también es importante, es más bien un complemento, les costaba entenderlo. Sin embargo, nos ha ido bien. Y no hay mejor manera de convencer a la gente que con los resultados.

Es algo que no debió ser fácil de asimilar para los jugadores que no estaban acostumbrados…

Sobre todo los veteranos me decían que en la segunda mitad de campeonato podríamos venirnos abajo porque no corríamos lo suficiente sin balón. Sin embargo, en la segunda vuelta de las dos temporadas hemos sido el mejor equipo y el que más puntos ha conseguido. Ahora toda esa gente que estaba acostumbrada a una forma de entrenar va creyendo poco a poco. En España pasó lo mismo. Cuando yo era futbolista había entrenadores con los que los primeros 15 días no tocábamos el balón.

Si hay algo que me destacan del fútbol japonés es su público…

Todas las aficiones tienen cánticos que solemos escuchar en Europa. Los adaptan pero son parecidos. Algo importante es que ganes o pierdas, siempre tienes que saludar a la afición. Además, cada equipo tiene un baile y cuando ganan deben hacerlo con la afición. Dura entre 30 y 40 segundos y es algo muy bonito que ocurre ya desde el Instituto.

¿Ellos están abiertos al cambio?

Sí. Por su cultura, la sociedad japonesa, y los jugadores no son una excepción, quiere aprender. En diciembre, que es el mes de vacaciones, los futbolistas me decían que les encontrara un equipo de España para entrenar. Querían venir a nuestro país, pero pagándose ellos mismos el viaje y la estancia. Lo hacían únicamente por poder entrenar y aprender. Me preguntaron muchos jugadores, incluso internacionales de otros equipos, por esta posibilidad. Yo les decía que debían descansar, pero ellos me respondían que querían aprender. Un japonés no piensa tanto en el dinero si no en mejorar. Eso llama mucho la atención.

Por lo que comentas, ¿la relación entrenador-jugador es distinta a la que existe en España?

Los jugadores son distintos. Aquí nunca dicen nada. Todo lo que les comentas lo aceptan y les parece bien. Sin embargo, más que un tema futbolístico es de educación. Son chavales excepcionales. Muy tímidos, calladitos y con una capacidad de aprendizaje tremenda. Por ejemplo, yo tenía a tres jugadores jóvenes que eran internacionales sub-21, sub-20 y sub-18 y habitualmente jugaban. Estos tres futbolistas tenían que llegar una hora y media antes al campo todos los días para hinchar los balones. Además, cuando acaba el entrenamiento tienen que deshinchar todos los balones otra vez. Y si un jugador veterano les dice cualquier cosa como ‘límpiame las botas’. van a hacerlo. Y con buena cara. Están acostumbrados a ello y es su cultura.

 

“En España un jugador de 20 años puede pensar que lo sabe todo, pero en Japón los futbolistas siempre quieren aprender y mejorar. Desean que les aportes cosas”

 

¿Ves progresión en el fútbol nipón?

Muchísima. Tienen una capacidad de trabajo enorme. Técnicamente son buenos y cuando aprendan a competir un poco más darán un salto. Ahora encontramos a jugadores japoneses sobre todo en Alemania, Holanda e incluso en España. Cuando vengan más en los próximos años van a coger esa competitividad que aún les falta, porque la calidad técnica y física ya la tienen.

Echando un vistazo a las plantillas, los extranjeros son sobretodo brasileños…

Ellos tienen una relación especial con Brasil, incluso comercial. A esto hay que unir que el futbolista brasileño se adapta muy fácilmente. El problema para los españoles es la adaptación, algo que no sucede con los brasileños. Sin embargo, a partir de ahora España va a ir ganando sitio poco a poco en Japón.

De hecho, en los últimos meses han llegado Andrés Iniesta y Fernando Torres. ¿Qué impacto han tenido?

Muchísimo. Desde que ellos llegaron hay mucha más gente en los estadios y se ven más los partidos por televisión. Estas llegadas han sido muy muy importantes.

¿Cómo les has visto en su primera temporada en Japón?

Muy bien. Fernando Torres no ha hecho muchos goles, pero sí han sido importantes y en momentos claves para su equipo. En lo que a Andrés Iniesta se refiere, a pesar de una lesión que le tuvo algún tiempo de baja, todos sabemos qué tipo de jugador es. Ha hecho algunas asistencias de esas que solo sabe hacer él y además ha trabajado mucho para el equipo porque pasaron por algunas dificultades.

¿Ahora el desembarco también de David Villa estimulará la llegada de más españoles?

Yo creo que sí. Es importante. Al final las referencias son importantes y la presencia de estos jugadores va a abrir las puertas para otros. En vez de mirar tanto a Brasil los clubes japoneses comenzarán a mirar más a España.

También está Juanma Lillo…

Lillo es un entrenador de ese perfil de fútbol moderno, de toque y con salida de balón. Estoy seguro que le va a ir muy bien.

Después de dos temporadas en el Tokyo Verdy de la segunda categoría hace unas semanas firmas con el Cerezo Osaka de la J1 League (Primera División). ¿Cuál es el objetivo?

Ellos quieren entrar en Champions. La liga japonesa no es como la española. Las diferencias entre los equipos son mucho más pequeñas que en nuestro país y un equipo que haya quedado segundo o tercero en la clasificación al año siguiente puede tener problemas para mantenerse. También puede ocurrir al revés y que un equipo que se haya mantenido de mala manera al año siguiente pueda estar entre los tres primeros. Siempre pasa. Como hay pocos futbolistas extranjeros, es importante el acertar con el fichaje de éstos, que no haya lesiones… Siempre digo que si en España quitas a los seis equipos de arriba, ¿quién ganaría la Liga? Un día ganaría el Athletic de Bilbao, otro día el Celta, otro el Getafe… Eso es un poco la liga japonesa. No hablo de la calidad, sino de igualdad.

¿Eres el mismo Lotina que abandonó España a finales de 2013?

He cambiado mucho de mentalidad, sobre todo en Japón. Me he dado cuenta que si tienes salud y pasión, hay que trabajar aunque tengas 80 años. 

¿Cómo hubiera reaccionado aquel Lotina que se retiró con 31 años si le hubiésemos contado todo lo que ha pasado después en los banquillos?

A mí el fútbol me ha dado mucho en todos los aspectos. Sobre todo conocer gente no solo en toda España sino en todo el mundo. Y eso vale mucho. Me he dado cuenta que en todo el mundo hay buena gente, y si no hubiese sido por el fútbol no hubiese conocido a esa gente. Estoy encantando de todo lo que me ha dado este deporte. A pesar de los sufrimientos y los momentos malos no lo cambio por nada.

Siempre dicen que los momentos malos ayudan a que los buenos sean mejores…

Sí, pero los malos momentos los pasas solo con la familia y en los buenos aparece mucha gente.

¿Qué sueño te queda por cumplir?

Muchísimos. Sobre todo en el camino de mejorar como entrenador. Hay que tener pasión por mejorar, por ser mejor entrenador y evolucionar. Creo que esto me puede ayudar a conseguir varias cosas importantes.