El 25 de junio de 1978 Daniel Passarella levantaba la primera Copa de Mundo de Argentina en el Monumental de Buenos Aires. La gente salió a celebrar el título a las calles, parecía un momento feliz, pero a menos de dos quilómetros del estadio había gente secuestrada y torturada por una de las dictaduras más sangrientas del siglo XX. Matías Bauso, autor de 78. Historia oral de un Mundial y acérrimo aficionado de Racing Club de Avellaneda, relata en su obra lo que sucedió durante aquel campeonato. Cinco años de trabajo dieron fruto a 900 páginas que explican cómo el fútbol y la victoria de Argentina dieron un ápice de alegría a un pueblo masacrado por un terrible gobierno militar. Así cuenta Bauso, aunque de manera mucho más breve que en su libro, aquella Copa del Mundo de 1978.


En el Mundial del ’78 yo tenía seis años. Lo viví muy intensamente y, aunque me gustaba el fútbol e iba a la cancha a ver a Racing, aquello fue como el primer gran contacto masivo con el deporte. Había toda una efervescencia popular muy marcada. Con el paso del tiempo, eso que yo había vivido como una fiesta popular, tomó otro cariz debido a la situación política. Yo quería recuperar cómo habían transcurrido esos 25 días de junio de 1978, pero no solo centrándome en los detenidos políticos o la gente común, sino fijando una mirada mucho más vasta para que fuera lo menos prejuiciosa posible. Cuando empecé a investigarlo todavía no habían pasado 35 años, era una historia popular y todo el mundo sabía de que se trataba, pero la gran mayoría de las afirmaciones que se habían generado eran preconceptos, falsificaciones e incluso mentiras. Todo lo que se decía alrededor del campeonato estaba viciado de una mirada muy dogmática y poco lúcida. Era poco consistente con lo que realmente había pasado.

LA REPERCUSIÓN INTERNACIONAL DE LA DICTADURA

A pesar de que el estado de las comunicaciones no era como el actual, se consiguió centrar la atención sobre el país organizador. Eso generalmente es malo para dicho país; los políticos quisieron organizar el torneo para sacar rédito político, pero generalmente, por lo menos en el plano internacional, les jugó en contra. Si buscas en Internet acerca del Mundial de Argentina te va a salir: ‘los políticos y militares usaron la Copa del Mundo del ’78 para tapar los crímenes de la dictadura’. En realidad lo que sucedió fue exactamente lo contrario, en virtud del Mundial, el planeta, y sobre todo Europa, se enteró de los crímenes y de las violaciones a los derechos humanos de la dictadura. El Mundial logró multiplicar exponencialmente lo que se decía sobre el país y puso el caso argentino en el centro de discusión.

Antes del torneo el asunto no era motivo de debate por diferentes circunstancias. Primero porque los militares tenían fama de moderados; esos que estaban robando, matando y secuestrando a miles de personas misteriosamente tenían fama de moderados. Segundo porque el gobierno peronista anterior había sido un desastre absoluto desde todo punto de vista y la violencia política había empezado durante esa etapa, lo que llevó a pensar que los militares venían a imponer una gota de racionalidad. En tercer lugar, los que impulsaban las denuncias en Europa eran los Montoneros, un grupo armado que se había clandestinizado y había atentado contra un gobierno democrático, por lo cual tampoco eran fiables como opinión para los países europeos. Y por último, la cuota sudamericana de atención estaba cubierta por el caso chileno. Pinochet era un villano de cómic, era unidimensional y malo desde donde lo miraras, por eso se podía explicar mejor aquella dictadura. Era un tema mucho más directo y no se escondía nada, detenían a personas y las fusilaban sin miramientos. Aquí era diferente. Las delegaciones europeas cuando llegaron a Argentina para cubrir el Mundial se sorprendieron porque esperaban encontrarse con un paisaje de trincheras, cuando en realidad lo que estaba sucediendo tenía lugar subterráneamente. Además, la mayor intensidad de los crímenes ya había pasado hacia un tiempo y, contrariamente a otros eventos deportivos de esos años, no había tanto militar armado alrededor de la cancha.

LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

A modo de anécdota, El Gráfico, el principal semanario deportivo en Argentina en aquel momento, durante el Mundial vendió alrededor de cuatro millones y medio de ejemplares en una sociedad de 25 millones de personas. Sacó siete ediciones: cuatro normales y tres especiales. Por lo general, los medios actuaron como lo venían haciendo durante toda la dictadura: no hablaban de las desapariciones, utilizaban eufemismos, eran muy oficialistas… Había mucha censura y las únicas críticas que se permitían eran al plan económico, ya que había una inflación mensual del 8,5%, más o menos. De la violencia armada no se hablaba; había pequeños diarios que publicaban los habeas corpus que presentaban algunos abogados, muy poquitos, para encontrar a las personas desaparecidas o al menos sus cuerpos. Es más, los medios ensalzaban cualquier logro de la Junta Militar.

El Mundial se vivió como una fiesta absoluta y los medios lo que hicieron en todo momento fue poner muy por lo alto la imagen del país. Digamos que lo que estaba en juego para ellos y para el gobierno no era el fútbol, por eso ya desde el primer día utilizaron una táctica que era promover el lema ‘Argentina ya ganó’. Fue una frase que apareció en el inicio del Mundial en muchos periódicos, ya que no querían quedar ligados al resultado deportivo porque sabían que era muy difícil salir campeones. Argentina venía de hacer una Copa del Mundo en 1974 pobrísima, la gente que era realista no pensaba que podía ganar, por lo que el gobierno de facto se dio cuenta que atar su destino al resultado era muy arriesgado y le podía hacer perder todo lo que había desembolsado para organizar en tiempo récord el Mundial. En el 1976 aún no había nada hecho y, cuando empezó la dictadura ese mismo año, la Junta Militar lo asumió y gastó una fortuna de dólares.

MADRES DE PLAZA DE MAYO

Las Madres de Plaza de Mayo eran varias decenas de señoras con hijos desaparecidos que caminaban los jueves por Plaza de Mayo, uno de los lugares más simbólicos de Buenos Aires y donde se encuentra la Casa Rosada, sede del poder ejecutivo. El estado las tenía calculadas y como había estado de sitio no podían estar quietas porque las hubieran detenido, así que se les ocurrió dar vueltas alrededor de la plaza con su pañuelo blanco para que las identificaran. El Mundial empezó el primero de junio con un Alemania-Polonia, un jueves a las tres de la tarde. La televisión holandesa decidió mandar un equipo a la cancha de River y otro a la plaza, lo que dio lugar a que partieran un momento la pantalla: en un lugar, la ceremonia inaugural, y en el otro, las Madres de Plaza de Mayo. Al jueves siguiente, el 8 de junio, fueron las televisiones de casi toda Europa y las imágenes que más se recuerdan de ellas son de ese día, donde estaban pidiendo que les dijeran por lo menos donde estaban sus hijos. Era lo único que reclamaban. Si uno presta atención podía ver a oficinistas y demás trabajadores que las acusaban y tachaban de antiargentinas por hablar con los medios extranjeros. La Copa del Mundo sirvió también para las Madres de Plaza de Mayo, que gracias a ello se dieron a conocer en el marco internacional.

MENOTTI

Menotti, desde el punto de vista deportivo, tiene unos méritos gigantescos, porque logra crear la selección argentina moderna. Forma un esquema de trabajo, un equipo fijo al que le da competencia internacional, apuesta por jugadores muy jóvenes, intenta jugar bien, tiene cracks… Todo lo hizo en un clima de mucha desorganización, por lo que su mérito es doble. Durante su ciclo quisieron echarle un millón de veces y él quiso renunciar otro millón de veces, pero siguió aguantando y generó algo muy impresionante que le dio al combinado nacional una base. Respecto a sus decisiones políticas, con el tiempo descubrí que fue un tipo mucho más cauto de lo que había pensado, que no hizo ninguna declaración inconveniente de apoyo a la dictadura. Siempre intentó separar el fútbol de la política, lo cual es muy difícil porque en el deporte moderno normalmente la política siempre va ligada de algún modo.

Empecé investigando los medios gráficos de esos años, entrevisté a 150 personas y escribí 1.400 páginas, aunque al final quedaron 900, y una de las cosas que descubrí es que Maradona, con 17 años, estaba en la lista de los 25 jugadores preseleccionados por Menotti. Una semana antes del torneo descartó a tres y uno de ellos fue Diego, y no hubo ninguna nota en el diario ni ninguna noticia lamentándose de que Maradona no formara parte de aquel plantel. Lo veían muy chiquito en aquel momento, igual que Menotti, y por eso se quedó fuera. No digo con esto que tuvieran razón, es más, seguramente no la tenían, al crack tenías que llevarlo. Pasó lo mismo en el Mundial del 2006 de Alemania, Argentina y el seleccionador Pékerman quedaron eliminados con Messi en el banco, eso es imperdonable. El crack siempre ha de estar en la cancha.

LA FINAL DEL MUNDIAL

En la final contra Holanda, Argentina jugó probablemente su mejor partido del Mundial. Holanda no era la misma del ’74, y encima no estaba Cruyff. Era un equipo muy respetado y muy poderoso físicamente, pero no tenía un sistema colectivo tan bueno como en la anterior Copa del Mundo. Argentina jugó muy bien y se puso 1-0 en la primera parte; y en el segundo tiempo Holanda salió a poner centros y empató rápidamente. En el último minuto del tiempo reglamentario, hay que recordar que en esos tiempos el colegiado no alargaba mucho más el partido, los holandeses estuvieron a punto de marcar mediante un disparo de Rensenbrink que dio en el palo y que, afortunadamente, el balón cayó en los pies de un defensor argentino que pudo despejarlo. Si esa pelota hubiera entrado no se habría ganado aquel Mundial. Luego ya en los dos tiempos suplementarios Argentina jugó muy bien, hizo dos goles más y se lo llevó. Fue un partido bastante duro, hay patadas que a día de hoy son criminales y en ese momento no eran ni tarjeta amarilla.

Se suele decir que mientras se gritaban los goles en la cancha de River, donde se jugó la final, se torturaba a gente en la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada). Eso es cierto, pero hay que tener en cuenta también que mientras se gritaban los goles en el Monumental, se gritaban los goles en la ESMA. Increíble. Torturados y torturadores celebrando los goles juntos. Es una muestra del poder que tiene el fútbol. No digo que ese poder sea bueno, pero sí que hay que reconocer que el fútbol tiene ese poder. El fútbol es importante en estas sociedades, quizá esté bien o esté mal, no lo sé, no tengo una postura tomada al respecto, pero aquel Mundial logró suspender durante un mes todo lo demás. Tras la final se calculó que entre 15 y 17 millones de personas salieron a la calle a celebrarlo, en una sociedad de 25 millones. Es una locura.

Fueron 25 días excepcionales, completamente diferentes al resto. Esos 25 días casi toda la población los vivió como si fueran festivos, probablemente aquel mes de junio fue el momento más feliz de toda una década terrible a nivel social. Lo peor del Mundial del ’78 fue que Argentina no aprendió nada, como sociedad no sacó ninguna lección porque no lo quiso mirar en profundidad, no lo quiso entender, pasó de glorificarlo a casi negarlo cuando cayó la dictadura. Porque además en el ’86 se ganó el segundo título, de otra manera muy distinta, y eso ayudó a que la gente repugnara aún más el primer trofeo. Se generaron diferentes creencias sobre el Mundial del ’78, con miradas poco profundas y reales. El problema no es que no dieran respuestas, sino que ni siquiera se hacían las preguntas correctas.