Si hay algo que las matemáticas nos han ayudado a hacer es a despejar la ‘x’ de la ecuación. ¿Fácil, no? Por ejemplo, el fútbol ha despejado al aficionado de su ecuación. El segundo es ya un complemento del primero, y la desconexión entre la afición y el juego aumenta de forma descontrolada. Mirad sino a los aficionados del Leeds, que han visto como su nuevo escudo se ha convertido en un hazmerreír absoluto. Los casos son muchos, y muy variopintos, pero la ‘x’ es siempre la misma: al aficionado ya no se le tiene en cuenta.

Nuestra ecuación tiene de protagonista a la Bundesliga. La liga alemana se caracteriza por su fidelidad, por su ética y por sus modernos y monumentales estadios. En Alemania, el aficionado ha sido siempre importante, sobre todo con los abonos y entradas, que están a precios más razonables que en el resto de ligas europeas. Sin embargo, parece que la lealtad es algo que se queda en la grada, ya que en estas semanas de mercado invernal, dos clubes han visto cómo sus principales jugadores se han ido, o se plantean irse, de sus filas.

Leon Goreztka es uno de ellos. El joven alemán ha copado los titulares y los enfados de los aficionados del Schalke 04. Leon, con 22 años, estaba en la agenda de grandes clubes de su país y de fuera de él, como el Barcelona, el Liverpool o el Arsenal. Considerado como uno de los grandes talentos del fútbol alemán y posible sucesor del gran Bastian Schweinsteiger, Goretzka firmó hace una semana un precontrato para unirse al Bayern de Munich una vez terminada la temporada.

 

No podemos culpar a jugadores como Goretzka o Aubameyang de querer aspirar a más, pero sí podemos entender la frustración e impotencia de la grada

 

Goretzka, que llevaba desde 2013 con el Schalke, termina contrato con el club el 30 de junio de este año. El 1 de julio firmará por cuatro temporadas con el club bávaro y cambiará Gelsenkirchen y el Veltins-Arena por Múnich y el Allianz. Las reacciones no se han hecho esperar, y sus aficionados han estallado. “Ni el dinero ni los títulos son más valiosos que nuestro equipo. El que no lo valore se puede ir a la mierda”, le dedicaba una pancarta en el partido contra el Hannover 96.

Oliver Bierhoff, manager de la selección alemana, ha defendido a Goretzka, alabando su decisión de continuar su carrera en Alemania y no en España o Inglaterra. “Un joven quiere ganar títulos y no se siente a gusto sentado en un sofá los miércoles cuando otros están jugando partidos de Liga de Campeones”, dijo en unas declaraciones al periódico alemán Das Bild. “Así como un club tiene derecho a no renovar el contrato de un jugador cuando éste termina, el jugador puede optar por otros retos. Leon siempre mostró sus cartas y se comportó profesionalmente en todo momento”.

El presidente del Schalke, Clemens Tönnies, se ha mostrado reticente a que el joven jugador continue entrenando o formando parte del Schalke, e intentó que el traspaso se produjera en el mercado invernal en vez de en verano. Bierhoff también tuvo palabras para Tönnies: “Él es muy emocional y vive para el Schalke, pero tiene que tener claro lo que puede desatar con sus declaraciones. Aunque no sea muy popular defender a Goretzka, el club es responsable de sus jugadores”.

A pesar del aluvión de críticas, Leon cumplirá su contrato con el Schalke, algo un tanto inusual en los tiempos que corren. A pesar de la locura que supone el mercado de fichajes actual, Goreztka ha decido acabar su historia en Gelsenkirchen antes de comenzar una nueva etapa en su carrera como futbolista. “Leon es un profesional que lo dará todo por el Schalke hasta el final de su contrato”, dijo Bierhoff.

El segundo caso es el de Aubameyang, una de las grandes estrellas de la Bundesliga y un talento nato. Grandes clubes de Europa han soñado con hacerse con sus servicios, pero parece que uno de ellos saca ventaja al resto. El Arsenal ha cazado al pez más gordo, o al menos eso parece, ya que las exigencias del club alemán podrían truncar el acuerdo.

Aubameyang, que no jugaba con el Borussia Dortmund desde el pasado 18 de diciembre, volvió a pisar el Signal Iduna Park este fin de semana y obtuvo un recibimiento turbulento. Los abucheos llenaron el estadio y, al igual que con Goretzka, la pancarta se convirtió en la voz silenciosa de los aficionados. “Ningún futbolista es más grande que nuestro club”, decía. El futuro de Aubameyang se complica en Alemania. Desde que llegara en 2013, el jugador se ha convertido en una de las piezas esenciales del equipo.

Nos encontramos ante una metamorfosis del fútbol y de sus futbolistas, donde las aspiraciones son cada vez más altas y la ambición de los jugadores, insaciable. No existe techo, y cada nuevo traspaso rompe el récord del anterior. No se conforman con llegar al primer nivel, sino que quieren ser los mejores, jugar en el mejor equipo y ganar los mejores trofeos. No podemos culpar a jugadores como Goretzka o Aubameyang de querer aspirar a más, pero sí podemos entender la frustración e impotencia de la grada.

Los jugadores vendrán, se irán, volverán; los entrenadores cambiarán, también los presidentes, pero siempre habrá una constante: la afición, la que, de una manera u otra, estará ahí siempre. Si viéramos el mundo a través de sus ojos, entenderíamos su decepción y su enfado. Pocos futbolistas han conseguido mantenerse en un club durante toda su carrera. Las motivaciones cambian y el tiempo acaba matando los retos que éstos se propongan. Ellos son leales al juego, no a escudos determinados, y cuando sienten que su fútbol no es fiel a lo que una vez era, o se han quedado sin nuevas metas, mueven ficha.

La lealtad existe, sí. Pero adquiere formas diversas.