Lo que sigue a continuación es un pasaje de La temporada de mi vida, el libro-diario de Oriol Romeu, futbolista profesional del Southampton FC. Unas palabras escritas por el propio jugador que nos permiten acceder a uno de los momentos más difíciles para cualquier deportista, el que sigue a ese otro en el que se produce una lesión de larga duración. 


 

Jueves, 25 de febrero de 2021

Tengo tantas cosas que decir que no sé por dónde empezar. Vamos a ir paso a paso. Tal y como expliqué, el martes jugamos contra el Leeds. Todo iba bien durante el partido. No solo bien, yo diría que muy bien. Las sensaciones eran excelentes, pero sobre el minuto 70 noté un crac en el tobillo y tuve que abandonar el terreno de juego. Bien. Pues al día siguiente me hicieron pruebas y confirmaron lo que me temía. Hay una lesión grave y me tienen que operar. El tiempo de recuperación será de unos tres meses, por lo que me voy a perder el resto de la temporada.

Qué putada… Justo antes de jugar contra el Leeds había estado viendo los partidos que nos quedaban esta temporada y pensé que seguiría en la buena línea y que podría terminar el año a un muy buen nivel. Pues mira… Ahí lo tienes. El del Leeds fue mi último partido y voy a terminar la temporada en la enfermería. El aspecto que más me putea es que me encontraba realmente bien y veía que podía acabar jugando a un nivel alto. Es un hecho que me frustra y a la vez me tranquiliza.

Me frustra porque quería más, tenía ganas de exigirme y de saber hasta dónde podía llegar, y me tranquiliza porque, si en algún momento debo tener una lesión de larga duración —cosa que no quiero, pero si ocurre—, prefiero que sea saliendo en un buen estado de forma. Así me quedo con un buen recuerdo. No me quiero imaginar lo que se me pasaría por la cabeza si, encima de que me lesiono, ocurre cuando no estoy jugando y durante una temporada en la que no estoy fino.

Ahora mismo ando con muletas, no puedo apoyar el pie y tengo bastantes molestias. Tengo que tomarme algunos calmantes para poder descansar por la noche. A pesar de ello, me he reunido con el cirujano que me va a operar y me he quedado más tranquilo. Me ha explicado cómo será la intervención y me ha comentado que es una lesión relativamente fácil de curar, que no debería dar problemas en el futuro. Dentro de lo malo, son buenas noticias.

Debo confesar que me lo he tomado mejor de lo que esperaba. Es cierto que, con mi mentalidad, no me dejo llevar por los buenos momentos ni me frustro en exceso en los malos. Esto me hace estar siempre en un estado intermedio. Puede que sea más aburrido o menos excitante, pero creo que es mucho mejor. Si me hubiese dejado llevar por las sensaciones que tenía y hubiese empezado a hacerme pajas mentales, esta mala noticia me hubiese hundido. Me gusta más disfrutar de los momentos buenos, siendo agradecido y consciente de que no durarán para siempre, y relativizar en los malos, poniendo la situación en perspectiva y dándome cuenta de que, al final, son tres meses de mierda y que dentro de «cuatro días» estaré dando guerra otra vez por los campos de fútbol.

 

“Si me hubiese dejado llevar por las sensaciones y hubiese empezado a hacerme pajas mentales, esta mala noticia me hubiese hundido. Me gusta más disfrutar de los momentos buenos y relativizar en los malos”

 

¿Qué puedo extraer de todo esto?

Como toda experiencia, buena o mala, me gusta analizarla y saber qué puedo extraer de ella. En primer lugar, quiero analizar por qué me ha pasado y si podría haberla evitado. Esta mañana, el especialista me ha dicho que era una lesión muy poco común y que era muy probable que tan solo hubiese sido producto de la mala suerte. El campo estaba en muy mal estado, y un mal gesto a la intensidad a la que jugamos puede acabar causando una fractura. Es el riesgo al que nos exponemos, y no quiero darle más vueltas.

Una vez que he sabido el diagnóstico y los tiempos de recuperación, he reflexionado sobre lo que podría hacer durante estas semanas. Durante las primeras, no voy a poder andar. Tendré que ir dos semanas con muletas, las dos siguientes apoyando el pie muy despacio y hasta al cabo de un mes y medio no podré volver a andar con normalidad. Estas son algunas de las ideas que se me han ocurrido:

Scouting. Ayudar a los analistas del club a estudiar a los rivales y corregir los errores de nuestro equipo. Como me gusta mucho mirar el fútbol con lupa y es un trabajo que me veo muy capaz de hacer en un futuro, he pensado que sería una buena idea comentárselo al analista del equipo, Scott, con quien tengo buena relación. Si puedo, veré partidos del rival y le pasaré informes sobre cuáles creo que son sus puntos débiles y cómo los podemos explotar. Trabajar de primera mano con él me ayudará a aprender nuevos conceptos y a hacerme una idea más clara de cómo funciona este mundo desde dentro.

Carné de entrenador. En la misma línea. Voy a tener más tiempo libre y puedo concentrarme en empezar a sacarme el título de entrenador.

Libro. ¡Cómo no! Lo que estoy haciendo ahora mismo. Seguir escribiendo todas las vivencias que voy teniendo y cómo las voy afrontando durante el resto de la temporada.

Ayudar a Tània durante el embarazo. Tengo que poner este punto, porque, si no, me va a matar. 😉 ¡Qué va! Es un trozo de pan. Pero sí me gustaría poder apoyarla y estar a su lado cuando me necesite, y el hecho de tener más libertad me permitirá hacerlo. A pesar de esto, al principio —al menos las primeras semanas— será ella la que me tendrá que ayudar a mí. Creo que entre los dos no vamos a sumar uno.

Lectura. Voy a tener la posibilidad de leer más y descubrir nuevos libros. Estoy leyendo Crimen y castigo, de Dostoyevski, y debo decir que he descubierto a un gran escritor. No me llega ni a la suela de los zapatos, pero no lo hace nada mal. 😉 También voy a poder leer tres tochos que tenía en mente. Dos tratan sobre los modelos mentales, cómo funciona nuestra mente y la toma de decisiones. Uno está escrito por Shane Parrish, y el otro, por el gran Charlie Munger. El otro libro trata sobre meditación y budismo, escrito por Daniel M. Ingram. Son tres libros que hace mucho que tengo en la lista, pero necesitaba más tiempo, y ahora por fin podré atacarlos.

Disfrutar de aquello que será diferente. Este último punto ya pasa a ser un poco más reflexivo, pero también quiero tener en cuenta que esta lesión supone una oportunidad para darme una pausa y poner freno al ritmo acelerado que llevamos cuando estamos jugando cada fin de semana. Van a ser unas semanas muy diferentes, la rutina diaria va a cambiar y quiero disfrutar de esta nueva etapa que empieza. Me encanta jugar al fútbol y soy muy feliz cuando lo hago, pero sé que el día de mañana no podré hacerlo y me tendré que dedicar a otras actividades. Me gustaría saber qué temas me motivan y seguir conociéndome.

‘La temporada de mi vida. El viaje interior de un futbolista’ se publicó en 2021 y sigue a la venta para los interesados.

¿Un momento delicado? ¡Delicado no! Un momento que me toca los cojones… ¡pero bien! Un momento que no quería que llegase. No solo que no quería, sino que no pensaba que fuera a llegar. Hace unas semanas sacaba pecho porque la lesión del gemelo era la primera que tenía en mis seis temporadas en el club. Era la primera vez que me perdía un partido oficial. Y aquí me llega otra… Una lesión de larga duración, con una intervención quirúrgica que me deja sin posibilidades de volver a jugar esta temporada. Have that, mate! Chúpate esa, amigo!

Siempre predico mucho sobre la filosofía estoica, sobre superar obstáculos y seguir siendo resiliente independientemente de los reveses que te da la vida, y aquí tengo una gran prueba para ponerlo en práctica. Me gustaría no decirlo y hacerlo. Me gustaría no escribir estas palabras y demostrarlo con hechos. Pero aprovecho que estoy haciendo este diario para plasmarlo y para evidenciar que lo que escribo no son solo palabras vacías, sino que me las aplico en mi día a día. Lo aplico enfocando la realidad como toca, sin engañarme a mi mismo, sabiendo y siendo consciente de que no es agradable, pero sí remontable.

Todo estaba yendo muy bien. Volvía de la lesión, recuperaba el ritmo y el buen nivel de juego, pero… cuando menos te lo esperas recibes la noticia que menos deseas. Una vez más, gana fuerza aquella frase que tanto me gusta: “Cuando todo vaya bien, prepárate para cuando no sea así”.

Seguiré escribiendo y compartiendo cómo evoluciona la lesión, pero por desgracia no podré escribir más sobre la preparación de los partidos y de los rivales. Ahora que caigo, ¡quien no sea futbolero a lo mejor incluso me lo agradece!

Lo siento, porque quería que este diario terminase con buenas noticias, con un final bonito. Quería que la persona que lo leyese acabase con buenas vibraciones y celebrando una evolución a lo largo del año, levantando algún título (“¡flipao!”) o con algún logro destacado, pero no va a ser así. En cierto modo, me gusta. Porque me cansa ver historias con final feliz, con los enamorados dándose el besito en la última escena. Todo aquello es falso. La realidad es otra, y nuestro día a día no siempre acaba como deseamos. Cuando algunos dicen: “No te preocupes, que a peor no podemos ir”, qué equivocados están… ¡Porque ya lo creo que puedes ir a peor! Está claro que puedes acabar mal, y los finales felices solo ocurren en las películas (americanas, sobre todo).

Esta es la realidad que me toca afrontar ahora mismo, y voy a poner todo de mi parte para superarlo de la mejor forma posible. No solo superarlo, sino que, cuando vuelva a jugar, este cambio me haya hecho más fuerte y esta lesión mejor persona/jugador.

Así es la vida, Oriol. Así de imprevisible y bonita.