El Zaragoza Club de Fútbol Femenino inauguró la temporada 2016-17 estrenando nombre. Para los amantes de la categoría, el conjunto que celebra ya más de una década en Primera siempre ha sido reconocido como el histórico Prainsa o Transportes Alcaine, pero en un año sin duda trascendental para las futbolistas, el nombre de la ciudad maña solo podía traer cosas buenas al equipo. La familia Alcaine, dueña del club, lo vio claro: llegan los sponsors, llegan las televisiones, necesitamos una imagen potente, reconocible. Y durante este curso de novedades e iniciativas como la que abrió el Calderón en el pasado Atlético-FCB, a un miembro del cuerpo técnico del conjunto aragonés se le ocurrió algo: “Nosotros también podríamos jugar en la Romareda”.

La de Daniel, entrenador de porteras, no era una idea tan descabellada. En 2009 el estadio del Real Zaragoza ya había sido protagonista de un encuentro de calibre entre féminas. Sucedió en una final de la Copa de la Reina que enfrentó el entonces Prainsa Zaragoza con el Espanyol, la primera final disputada por el equipo de la capital aragonesa. Aquel día, el feudo se llenó con diez mil seguidores y amantes del fútbol femenino, congregados deseosos de ver ganar al Prainsa el primer título de su historia y encantados de ver un Espanyol difícilmente repetible. Permítame un inciso en este punto, pero ese Espanyol que acabó haciéndose con la Copa por un contundente 1-5 reunía en sus filas jugadoras como Vero Boquete, Adriana Martín, Silvia Messguer, Marta Torrejón o Marta Corredera, entre otros nombres de talla internacional. Hoy, corren otros tiempos para el equipo catalán.

 

Con el del domingo, ya son seis estadios de fútbol profesionales que han abierto sus puertas al fútbol femenino este curso. San Mamés, el Mini Estadi, Butarque, Ciutat de Valencia, el Vicente Calderón y la Romareda

 

“Nosotros también hemos cambiado bastante”, apunta para Panenka Alberto Berna, técnico del Zaragoza CFF que suma más de 300 partidos y nada menos que diez años dirigiendo el conjunto. “Los primeros años, cuando yo llegué al club, este no tenía ningún problema económico. Lo patrocinaba Prainsa, contábamos con jugadoras como Boquete, Coronel y Messeguer, y al año siguiente acabamos quintos en liga. En 2009, hicimos un temporadón y llegamos a la primera final de nuestra historia. La primera vez que jugamos en la Romareda. Y claro, muchos nervios, demasiados”, reconoce Berna. “Eso sí, pese a todos los problemas económicos que hemos sufrido desde ese día hasta hoy, hay algo que hemos mantenido: nuestra ideología e idiosincrasia. Hemos tenido que cambiar, como se suele decir, los ‘millones por los la cantera’”, añade.

Estadio libre, invitado de honor y público

Siete años después, abrir el estadio no resultaba nada fácil. Había que mirar el calendario del Real Zaragoza y esperar que jugara como visitante, a la vez que debía coincidir que el féminas se mediera a un equipo vistoso. La jornada contra el Valencia CF cumplía todos los requisitos. Se propuso al Ayuntamiento, al Real Zaragoza y, con el ‘ok’ de ambas partes, había que poner en marcha un plan para recortar los costes económicos que supone abrir un estadio de estas dimensiones. Abrir solo una parte del campo, conseguir patrocinadores, ayudas de instituciones y, lo más importante, atraer a público, todo el público que fuera posible. Se fijó un precio simbólico para la entrada, se enviaron invitaciones especiales a jugadoras federadas, instituciones y abonados al Real Zaragoza, y se organizó además visitas de las mismas jugadoras de la plantilla a los colegios de la zona para promocionar el partido. El resultado, 3.500 personas en la Romareda en la fría mañana del pasado domingo.

“La única nota negativa fue el resultado, pero la experiencia fue única”, confiesa Berna. El Valencia colocó un contundente 0-4 en el marcador y, pese a la gran actitud de las aragonesas, volvió a demostrar por qué es uno de los mejores equipos de la categoría. “Normalmente tenemos una media de 400-500 espectadores en el Pedro Sancho, así que el éxito es incontestable”, asegura el técnico. Otro de ellos fue acabar sobre un césped tan importante como la Romareda con 10 jugadoras aragonesas cumpliendo el sueño de sus vidas. Mientras recuerda el momento emocionado, Berna concluye: “Ahora, tenemos que volver a pensar en nuestra realidad”.

La realidad de Berna y su equipo técnico es que lleva diez temporadas manteniendo al conjunto en la máxima división femenina, que logró un histórico quinto y dos sextos puestos en Superliga Femenina, y que el Zaragoza ha jugado en cinco ocasiones la Copa de la Reina, disputando dos finales. Que además ha sabido rehacerse cada vez que potentes clubes de la liga se han llevado a grandes jugadoras de sus filas, cosa que se traduce en más de 30 canteranas aragonesas que han debutado con el primer equipo. “Hemos vivido de todo. Hace dos temporadas casi descendemos, pero en esta y la pasada hemos vuelto a acertar en los fichajes. La categoría cada vez es más complicada y estamos haciendo los deberes”, valora Berna, que el próximo fin de semana volverá a acudir, como cada quince días, al estadio con sus jugadoras para ver jugar al Real Zaragoza.

Con el del domingo, ya son seis estadios de fútbol profesionales que han abierto sus puertas al fútbol femenino este curso. San Mamés, el Mini Estadi, Butarque, Ciutat de Valencia, el Vicente Calderón y la Romareda. Por suerte, parece que esto solo ha hecho más que empezar. La siguiente cita ya tiene fecha: el Heliodoro será testimonio privilegiado del derbi tenerifeño entre el Granadilla Tenerife y el Tacuense que tendrá lugar el próximo 26 de marzo.