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La paradoja de Teseo y el fútbol

Es interesante plantearse cuántas cosas pueden llegar a cambiarse en un club de fútbol sin perder a la mayoría de sus preciados seguidores por el camino

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En sus escritos Plutarco nos dejó una interesante leyenda sobre Teseo, rey de Atenas y cofundador de la ciudad. La historia hace referencia a Teseo y a los jóvenes de Atenas, cuando regresaron con su nave de treinta remos, tras derrotar heroicamente a los cretenses. Como recuerdo y símbolo de la gran gesta, los atenienses decidieron preservar aquel barco. Pero con el transcurso del tiempo, los materiales de la nave se iban degradando; reaccionaron, sustituyendo cada tablón de madera que se deterioraba por otro nuevo de iguales dimensiones. Pero después de reemplazar muchas piezas, los filósofos se plantearon si aquel barco se correspondía aún con el de Teseo o no. En síntesis, se formaron dos corrientes de pensamiento contrapuesto. Plutarco se cuestiona, en el siglo II, si ese barco será fundamentalmente el mismo cuando todos los listones de madera se hayan reemplazado.

Es interesante trasponer esta peculiar historia al ámbito del futbol para hacer una reflexión, ya que actualmente asistimos a cambios sustanciales en clubs relevantes respecto a su estructura tradicional. Algunos cambios están muy consolidados, como el de tener plantillas de jugadores, entrenador o staff técnico internacionales (con la calidad del espectáculo mejorada). Pero nuevas variaciones se siguen sucediendo. Ahora un club ya puede pertenecer a una compañía americana o quizá a un magnate árabe, ruso o chino, por decir algo; la camiseta exhibe una o varias marcas comerciales; el nombre tradicional del estadio se ha sustituido por otro económicamente más conveniente, etc. 

Una cuestión interesante es plantearse cuántas cosas pueden llegar a cambiarse en un club de fútbol sin perder a la mayoría de sus preciados seguidores por el camino. Sorprende la tolerancia de estos seguidores frente a tales transformaciones. Los socios y fans siguen identificándose claramente con su club, a pesar de que algunos están muy lejos de su patrón original. Compran más merchandaising que nunca y pagan precios relativamente altos por ver los partidos.

Llegados a este punto, es atractivo volver a la filosofía. En el siglo XVII, el filósofo inglés Thomas Hobbes introduce una interesante segunda parte a la paradoja de la nave de Teseo. Se pregunta qué hubiera pasado si todos aquellos tablones de madera originales se hubieran guardado en un almacén; Hobbes argumenta que, con el paso del tiempo y el avance de la tecnología, sería posible conseguir restaurar todas las piezas mediante un tratamiento especial. La innovación de Hobbes se basa en construir un segundo barco con esas piezas restauradas. El filósofo inglés se pregunta si la nave de Teseo se corresponde con el barco restaurado o con el barco reconstruido (o quizá con ambos).

 

Ahora las empresas saben que pueden continuar cambiando los clubs hasta límites insospechados y reconducir la pasión de sus aficionados hacia otros derroteros, según convenga

 

Si volvemos de nuevo con el fútbol, podemos imaginar una curiosa situación. El Club de Fútbol AZ (CFAZ) es uno de los grandes del fútbol mundial. Supongamos que una empresa, con recursos ilimitados, está en condiciones de cancelar los contratos vigentes de toda su plantilla y cuerpo técnico; a continuación, los ficha para un nuevo club denominado Fútbol AZ (FAZ), propiedad de la empresa. Como puede suponerse, el CFAZ queda en un estado deplorable, sin jugadores en su plantilla y sin técnicos de relevancia, pero con la capacidad económica para volver a reconstruir un equipo competitivo en un futuro incierto a medio plazo.

Una cuestión relevante es qué harán los socios y seguidores del CFAZ en esa situación. Parece razonable pensar que decidan cambiar de club, ya que el nuevo y flamante FAZ reúne muchos ingredientes con los que sus seguidores se identifican y empatizan. Pero también tienen la opción de continuar en su club, aunque se encuentre en un estado de crisis profunda.

Si nos fijamos en el escenario actual del fútbol mundial, el aluvión de cambios que se está produciendo en los clubs no influye en sus socios y fans; se infiere que sus seguidores han desarrollado una espectacular tolerancia frente a estas nuevas situaciones. No parece haber conflictos apreciables con las nociones de identidad o autenticidad, por decir algo.

Pero si esos seguidores fueran seres que se rigen únicamente por la razón, el resultado podría ser diferente. Se deduce que hay otros factores que intervienen, especialmente el emocional. En eso la psicología conductual puede aportar más explicaciones.

Muchas empresas toman buena nota de este comportamiento grupal y valoran un atractivo mercado integrado por fans y socios; está fidelizado y blindado. Ahora saben que pueden continuar cambiando esos clubs hasta límites insospechados y reconducir la pasión de sus aficionados hacia otros derroteros, según convenga. Si Plutarco levantara la cabeza no dudaría en comprobar qué corriente de pensamiento predomina en el caso del fútbol. Queda por saber si Hobbes también quedaría satisfecho.

 


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Fotografía de Getty Images.