Hablamos de memoria, que es lo único que de verdad es solo nuestro. ¿Te acuerdas de Kiev? Kiev es Iniesta y David Silva. Kiev es evocar a Jordi Alba atravesando media Italia a toda velocidad. Cómo olvidarlo. Tan bello que solo podía ser el final del cuento. Una tarde de Eurocopa es un lugar donde vivir, así que Ucrania fue desde 2012 un sitio en el que quedarse. Hoy recordamos aquel año que suena a peli apocalíptica y queremos creer que entonces no había más que futuro y esperanza. La memoria nos engaña, ¿y qué? ¿Para qué la queremos, si no? Kiev para nosotros. Y tentaciones de repetir la fórmula del nostálgico con acritud: ‘éramos felices y no lo sabíamos’. Pero claro que lo sabíamos, ¿cómo no lo íbamos a saber? Que no des gracias por estar vivo cada mañana no significa que no aprecies la dignidad de vivir en paz.

 

Para nosotros, Kiev ya existió mucho antes. Fue en una primavera futbolística que se nos pegó a la memoria. Esa que de verdad es solo nuestra. Como hoy es nuestra la tragedia que la impregna

 

En su precioso y trágico El Mundo de Ayer, Stefan Zweig recordaba cómo estaba atrapado en un ambiente festivo cuando supo que acababa de estallar la guerra que todo lo cambiaría. Sin embargo, explicaba que, a su alrededor, ese día que había amanecido bonito siguió con aparente normalidad. Puede que fuera banal, inapropiado, seguir sonriendo y comiendo. Pero, ¿y si divertirse solo fuera la forma primera de supervivencia? De ser así, pesaría mucho más en la balanza el haber podido, un día, ser felices. Y de este modo, el fútbol, que es felicidad, sería un acto de resistencia. Un arma que nos ayudaría, como Zweig, a luchar contra la guerra.

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Se ha escrito que este conflicto, que abrasa la hierba donde hace dos meses corría la pelota, reafirmará, definirá y situará, ya para siempre, la personalidad de Ucrania como Estado europeo. Fuego y sangre para construir naciones, dice la Historia. Para nosotros, sin embargo, Kiev ya existió mucho antes. Fue en una primavera futbolística que se nos pegó a la memoria. Esa que de verdad es solo nuestra. Como hoy es nuestra la tragedia que la impregna.

 


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Fotografía de Imago.