La selección española se verá las caras ante Estados Unidos, la gran favorita de este Mundial, en unos octavos de final históricos para el equipo de Vilda

 

Salir a la calle y no poder andar tranquilo sin que algún artefacto explosivo estalle cerca de ti es el pan de cada día por nuestras calles. O por lo menos, allá donde vivo. Abren los establecimientos callejeros y los jóvenes se dejan la paga en conseguir los petardos más potentes. Llevamos ya varios días de sobresaltos y todavía queda la gran noche de San Juan.

Igual creéis que me refiero a la verbena que se celebra durante la noche del 23 y se alarga hasta que echas ancla en tu habitación. Esa juerga que está al borde de la esquina y que se caracteriza porque los vecinos sacan sus viejas maderas a un gran descampado. Se prende una hoguera monumental. Suena la pirotecnia. Se celebra la gran fiesta.

Pero este año, lo que esperamos los aficionados es que suene el pitido inicial en el Stade de Reims durante la noche del 24. Y es que todo ha seguido su curso. Sin sobresaltos ni sorpresas. El fantasma que amenazaba a España tras la histórica clasificación ante China se ha convertido en una realidad. Hasta el último momento, cualquier seguidor de este deporte tuvo la tenue esperanza de que las suecas hundieran a las estadounidenses, tal y como ocurriese en los Juegos Olímpicos, allá donde desemboca el Sena.

Pero no fue así. La realidad fue que las norteamericanas dieron un baño de realidad y fútbol a las nórdicas y se consagran -como si no lo fueran ya- como las grandes favoritas de este Mundial. No es que las Blågult’ pusieran todo tipo de facilidades e incluso compitieron de tú a tú en muchas fases del partido, pero ante Estados Unidos se necesita esa pizca de suerte que te permita llevarte el encuentro.

“No hubiésemos preferido otro cruce”, aseguró Celia, futbolista de la selección española, tras confirmarse la clasificación. “Hemos hecho historia y seguimos haciéndola. Esto es un Mundial y mientras la cabeza funcione, vamos hacia adelante”, apuntó Mapi León, indiscutible en los esquemas de Vilda.

Y a ninguna de las dos les falta razón. Las primeras páginas de la historia ya quedaron redactadas días atrás y si bien es cierto que queda tinta por delante, el siguiente capítulo será mucho más complicado que cualquiera de los encuentros que se hayan disputado hasta ahora. Porque entre la selección de Estados Unidos y cualquier otra hay una diferencia abismal. No significa eso que sea invencible, si bien es realmente complicado.

 

La conciencia tranquila y el balón a nuestros pies. Historia hecha e historia por hacer. Y, en algún momento de la noche, el esférico dejará de rodar

 

El conjunto de Lloyd, Morgan y Heath ha anotado en estos tres partidos la friolera de 18 goles y no han concedido ninguno. Por si eso fuera poco, la selección de Jill Ellis jamás se ha bajado del podio en la historia de este torneo y ya van siete. Además, hasta en tres ocasiones han tocado el cielo. Para qué engañarnos. Son datos terribles para los intereses de nuestro combinado.

España, por su parte, debutó en el Mundial de Canadá de 2015 y no fue capaz de ganar. La fase de grupos fue su patíbulo y regresaron a las primeras de cambio. No así en esta edición del torneo. Cuatro años más tarde, la mejora de la selección ha sido notable. Logró ganarle a Sudáfrica en su debut, plantarle cara a Alemania y clasificarse ante China. Suman, de momento, tres goles a favor y dos en contra. En favor de las nuestras está el hecho de haber descansado 72 horas más que las norteamericanas y la creencia de que a las rivales les van a temblar las piernas antes que a las españolas.

Los datos son claros y desfavorables para las españolas pero la realidad es que el juego de la selección no está dejando indiferente ni a propios ni a extraños. Se adueñan del campo rival y, una vez instaladas allí comienza un espectáculo de velocidad, toque y pases en profundidad. Pero no nos engañemos. La demostración está incompleta y la falta de acierto ya les pasó factura ante Alemania y China. Por ello, las pupilas de Vilda deberán afinar de cara a puerta si quieren tener posibilidades de pasearse por los Campos Elíseos como heroínas.

Arrancará el verano con un nuevo capítulo histórico. En centenares de puntos de nuestra geografía se habrán prendido hogueras de considerable tamaño donde quemaremos nuestros peores augurios, los apuntes teóricos de los más jóvenes, la declaración de la renta impresa que sale a devolver. Quemaremos preocupaciones y nos daremos crédito para soñar.

Guardaremos algo de fuego, reservaremos algo de pirotecnia y nos sentaremos, durante la noche del 24, frente al televisor. Y se dará el resultado que se tenga que dar. Se jugarán los minutos que se tengan que disputar. Que nos ponga a prueba la mejor selección del momento. La conciencia tranquila y el balón a nuestros pies. Historia hecha e historia por hacer. Y, en algún momento de la noche, el esférico dejará de rodar. Y prenderemos el fuego, y volaremos la pirotecnia. Será nuestra fiesta de San Juan.