Cuando intentamos definir el futbol sin referirnos a términos estrictamente deportivos solemos caer en aquella ley no escrita que lo expone como un estado de ánimo. Yo diría que es mucho más que eso, pues tiene un componente biográfico mediante el cual los futbolistas viven todo tipo de experiencias a lo largo de su ciclo vital: nacer (Cádiz CF, 1990-1993), cumplir un sueño (JJ.OO. de Barcelona’92), triunfar, hundirse, dejarlo estar (Atlético de Madrid, 1993-2001) y, finalmente, reinventarse (medios de comunicación). De todo ello y mucho más puede presumir Francisco Miguel Narváez Machón, ‘Kiko’, (Jerez de la Frontera, 1972) quien podría postularse como uno de los grandes expertos en idiosincrasia colchonera. Pieza clave de la mejor temporada de la historia del club, testimonio del dramático descenso a Segunda División y contemporáneo de auténticos símbolos rojiblancos como Jesús Gil o el ‘Cholo’ Simeone, el jerezano revisa la grandeza del Atleti eludiendo los títulos y poniendo en valor la mística y el amor eterno de sus aficionados.

 

En primer lugar, déjame que te pregunte por cómo has vivido el confinamiento.

Como una montaña rusa, la verdad, pues mi pareja y yo hemos pasado el virus. En mi caso, asintomático. Solamente perdiendo el gusto y el olfato. Pero ella estuvo muchos días con fiebre, sin bajar de 38,5º. Ha habido muchos días de miedo e incertidumbre viendo que no podíamos hacer prácticamente nada. Por suerte, no tuvo problemas respiratorios y acabó superándolo en casa. Lo que ha ocurrido en España ha sido un drama absoluto, conozco a muchos que han perdido a su padre o a su madre. Por otro lado, también he tenido tiempo para disfrutar haciendo yoga, bicicleta, estudiando, etc. Por eso te digo lo de la montaña rusa, porque ha habido momentos de todo tipo.

Incluso durante la cuarentena, sin competición, no se ha dejado de hablar de fútbol. ¿Es una prueba más de que su industria, a nivel social y mediático, es imparable?

Como bien dices, el fútbol no ha dejado de estar presente. Es algo que nos distrae a todos y no hay virus que pueda con él. ¡Dímelo a mí! Que en Carrusel Deportivo teníamos que hablar de temas como la mejor alineación de la historia o partidos míticos del pasado.

 

“El fútbol no ha dejado de estar presente durante el confinamiento porque nos distrae a todos y no hay virus que pueda con él”

 

En este difícil período nos ha dejado Radomir Antic, el artífice del histórico ‘doblete’ del Atlético de Madrid. Como pieza fundamental de aquel equipo, ¿cómo valoras el papel que tuvo el entrenador en la cosecha de la Liga y la Copa del Rey?

Lo valoro como lo que fue: el gran protagonista, el director de aquella obra. Tuvo mucho mérito lo que hizo ‘Rado’ por la forma en que lo conseguimos. Hay que tener en cuenta que veníamos de salvarnos del descenso en la última jornada contra el Rayo, en un partido que ganamos 2-0 con goles del ‘Cholo’ y yo mismo. A eso hay que sumarle que, en el año siguiente, Lubo Penev llegó del Valencia con un problema en los testículos y otros como Santi Denia o Molina venían del recién descendido Albacete. Luego el míster los convirtió en pilares. Cada vez que aparece un nombre, el milagro se hace más grande.

Como bien dices, Antic se hizo cargo de un equipo que venía de salvar la categoría en el último suspiro. ¿Cuál fue el secreto del entrenador?

Nos exprimió muchísimo y trabajó, principalmente, el aspecto psicológico hasta el punto que pudimos librarnos de nuestros miedos e inseguridades. Consiguió que muchos jugadores costaran el triple de dinero en junio que al inicio de la temporada. Eso es lo que revaloriza realmente a un entrenador. Por otro lado, también nos hacía hacer una especie de convivencia, todos los viernes, en la que nos juntábamos todos para comer. Recuerdo que, a veces, también venía alguien de la prensa a tomarse una cerveza o una Coca-Cola. Al principio algunos se quejaban, sobre todo los casados, ¡a los solteros nos venía de categoría!

Más allá de lo mental, ¿qué os aportó el míster en lo futbolístico?

Podría nombrar muchas aportaciones porque, sinceramente, creo que fue un auténtico visionario, un adelantado a su época. En el apartado táctico, por ejemplo, fue capaz de ver en Molina una pieza clave del equipo, reconvirtió a Geli, que era atacante, en lateral y acertó de pleno con Milinko Pantic, un genio a balón parado. En mi caso, me exigió una cosa que creía imposible que pudiera sacar de mí y al final le tuve que dar la razón. Me decía que no podía recrearme en el pase y que tenía que seguir la jugada para terminar la temporada con diez goles, como mínimo, desde la posición de segundo punta. Al final fueron 13, sumando los dos de Copa del Rey.

Siempre me sorprendió la facilidad con la que aprendió el idioma y se adaptó al fútbol español, donde entrenó hasta seis equipos diferentes en 16 años: Zaragoza, Real Madrid, Oviedo, Atlético, Barcelona y Celta de Vigo. Algunos lo definen como ‘un serbio con acento español’, ¿qué te parece?

[Risas] Me parece genial. ¡Imagínate tú la que se podía liar cuando se juntaba su acento con el mío en una conversación! Bromas aparte, yo que pude conocerlo de muy cerca, puedo asegurar que tenía toques de genio en muchos aspectos. Era un gran estudioso del fútbol y le daba mucha importancia a los pequeños detalles. Aquí, en España, demostró ser un tío muy listo. Así lo percibí desde el primer día.

 

“Radomir Antic fue un auténtico visionario, un adelantado a su época. Nos exprimió muchísimo y trabajó, principalmente, el aspecto psicológico”

 

¿Cuándo empezaste a notar su influencia en el equipo?

En pretemporada. De hecho creo que ganamos todos los torneos de verano. Te aseguro que, poco antes, yo creía que no estaba preparado para vestir la camiseta del Atleti, que me venía grande. Para mí fue clave aquel inicio victorioso con ‘Rado’. Cogimos confianza y, por lo menos, ya tuvimos la certeza de que la actuación del equipo en aquella temporada sería digna de la categoría del club. Date cuenta que la idiosincrasia del Atleti siempre ha estado vinculada al contragolpe, un estilo que se manejaba desde los tiempos de Luis Aragonés. Nosotros, en cambio, fuimos un equipo totalmente contrario a eso.

¿Podríamos decir que fue un Atleti contracultural?

Sí, totalmente. Nuestro estilo no tenía nada que ver con la historia rojiblanca, pues queríamos llevar la voz cantante. Presionábamos arriba, conmigo y Penev, dos torres de 1,90, aguantábamos el balón en el medio, con el ‘Cholo’, Caminero y Vizcaíno, e incluso la sacábamos desde atrás, con Molina, que en muchos momentos jugaba de líbero. Luego estaba Milinko Pantic, que costó unos 450.000 euros de ahora, y tuvo un papel importantísimo en las faltas y los saques de esquina. Su varita desatascó muchísimos partidos. En defensa, los laterales, Geli y Toni, aportaban muchísimo ofensivamente y los centrales, Solozábal y Santi Denia, lideraban la zaga como nadie.

¿Recuerdas algún momento clave en el que empezaste a creer de verdad en la consecución de los títulos?

Minuto 88, gol de Caminero en Valencia. Aquel día, en el vestuario de Mestalla, pudimos comprobar que, más que dignificar la camiseta del Atlético de Madrid, lo que podíamos hacer era historia.

La 1995-96 ha sido, hasta ahora, la mejor temporada de la historia del club, así lo reflejan las estadísticas. Pero, más allá de los números, ¿consideras que también lo ha sido en cuanto a la calidad de la plantilla?

Si nos centramos exclusivamente en la calidad, tendría que mirar la hemeroteca y ponerme a analizar. Hemos visto muy buenos equipos en la época reciente, con el ‘Cholo’, pero quizás sí que podríamos estar en un podio. Puede que tuviéramos más recorrido, lástima que terminó pronto porque creo que había equipo para estar apretando, por lo menos, cuatro añitos más. Es cierto que después llegaron buenos jugadores como Juninho, Bejbl o Vieri pero se tomaron algunas decisiones erróneas. Se fue Lubo Penev, que era un nueve asesino, y llegó Esnáider, que jugaba más parecido a mí, viniendo a recibir en la posición de segunda punta. La marcha del búlgaro me hizo daño porque fijaba arriba y me echaba un cable de categoría que luego perdí.

A nivel personal, ¿la 1995-96 fue también la mejor temporada de Kiko?

No, mi mejor versión la ofrecí en la temporada 1998-99, justo cuando el entrenador, Arrigo Sacchi, no iba a contar conmigo. Recuerdo que yo llegaba del Mundial de Francia y él prefería jugar con la dupla Juninho-Vieri en ataque. Al final se fue Vieri y me tuve que quedar. Por cierto, Sacchi es una de las mejores personas que me he encontrado en esta profesión. Era un tío humilde, honesto y con una capacidad de trabajo acojonante. Hice la pretemporada con Vicenzo Pincolini, el preparador físico, y, a partir de ahí, llegaron los tres o cuatro mejores meses de mi carrera. Fue mi mejor momento en todos los aspectos: me encontraba ágil, rápido y creía que merecía el brazalete de capitán. Pero justo cuando mejor me encontraba, con 27 años, me llegó la lesión de los tobillos que acabaría marcando mi retirada a los 29. Esa es la espina más grande que tengo en esto del fútbol.

 

“La idiosincrasia del Atleti siempre ha estado vinculada al contragolpe, un estilo que se manejaba desde los tiempos de Luis Aragonés. Nosotros, en cambio, fuimos un equipo totalmente contrario a eso”

 

Volviendo al ‘doblete’, ¿qué recuerdo tienes de aquel año tan exitoso a nivel social? ¿Cómo lo vivió el aficionado colchonero?

Recuerdo que la gente se ilusionó muy pronto. Pero lo bueno fue que, en lugar de pensar en los títulos, algo inimaginable por aquel entonces, los hinchas se estaban convenciendo de la forma en la que lo estábamos consiguiendo. La gente te venía y te decía: ‘¡cuánto tiempo hacía que no disfrutaba viendo jugar a mi Atleti!’.

Tras las celebraciones, estas fueron las palabras del presidente Jesús Gil: ‘con esta afición, el Atleti será eterno’. ¿Es la hinchada el título más valioso que posee el club?

Es su principal patrimonio, sin ningún tipo de duda. Yo tuve la ‘desgracia’ de vivir el primer año en Segunda División y no sé si fueron 42.000 socios o algo así. Después, en el segundo año, llegó Luis Aragonés y fueron más socios todavía. Ese gran golpe no le supuso nada a la gente, al contrario, la afición siguió creciendo. Por eso siempre me quedo con la imagen y los números de la temporada en Segunda para explicar lo que es el Atleti. Es el mejor ejemplo de lo que tiene que ser una afición para su equipo. Hay otros que, ‘por suerte’, no han descendido nunca y no han podido poner a prueba la persistencia de sus aficionados. El Real Betis, por ejemplo, fue un caso similar al nuestro en su momento.

¿Cómo era tu relación con el presidente Gil por aquella época?

Te podría decir que tuvimos una relación de amor-odio, guadiánica. Él lo soltaba absolutamente todo y yo era de los que solía contestar. Al final, claro, tuvimos algún que otro encontronazo. No le gustaba que ‘el niñato ese del sur’ estuviera siempre contestando. Siempre le decía que los de fuera no le iban a dar nada y que, si había algún problema, mejor era resolverlo entre nosotros que no dejar que otros lo manipularan. Para mí se estaba contradiciendo y, ya te digo, teníamos una relación de ida y vuelta. Aunque siempre he dicho que prefiero a un Gil que a mil otros que hay por ahí. Si algo tenía el presidente es que no te iba a apuñalar, te lo decía todo a la cara, honestamente. Que estuvieses de acuerdo o no con sus palabras eso ya era otro tema.

 

“Me quedo con la imagen y los números de la temporada en Segunda División para explicar lo que es el Atleti. Es el mejor ejemplo de lo que tiene que ser una afición para su equipo”

 

Durante ese tiempo, compartiste vestuario con Simeone. ¿Cuánto peso crees que tuvo la temporada del ‘doblete’ en la pasión que tiene el ‘Cholo’ por el club?

Yo creo que el ‘Cholo’ ya lo traía de serie. Nació rojiblanco y él no lo sabía. Tenía interiorizados muchos elementos de la idiosincrasia del club: la pasión, la forma de entender el fútbol, la capacidad de liderazgo, la personalidad, los valores, etc. Nació para escribir precisamente lo que está escribiendo ahora en el Atlético de Madrid.

¿Para cuánto tiempo te lo imaginas sentado en el banquillo del Wanda Metropolitano?

Hasta que su mensaje cale. El ‘Cholo’ no se va a hipotecar, y mucho menos en su propia casa. Mientras su discurso funcione y la gente considere que su camino es el correcto, ahí seguirá. Sin ir más lejos, con lo de Anfield, la gente pudo ver que su mensaje sigue calando. Si eso sigue ocurriendo, no tendrá problemas para dar un apretón de manos, un abrazo y seguir. Fíjate que él está rompiendo con el modelo de caducidad del entrenador actual. Normalmente, un técnico dirige a un equipo durante unos tres o cuatro años, como Guardiola o Mourinho, y el cuarto se presenta ya muy complicado. Sin embargo, el ‘Cholo’ ya lleva nueve. Lo que sí necesita es que el equipo se vaya regenerando continuamente, claro.

Tras eliminar al Liverpool, el vigente campeón, ¿se puede decir que el Atleti es capaz de ganar esta Champions?

Para mí no es descabellado. Date cuenta que el Atleti ganó tanto en el partido de ida como en el de vuelta. Los rivales pudieron comprobar que el Atlético del ‘Cholo’ vuelve a estar ahí otra vez. Ahora tiene que mantener su condición de aspirante a pesar del parón, que ha sido un punto de inflexión para todos. Vamos a ver cómo repercute en los jugadores porque nunca habían estado 70 días sin competir. Realmente se presenta como una incógnita.

 

“Mientras el discurso del ‘Cholo’ funcione y la gente considere que su camino es el correcto, ahí seguirá. En Anfield, pudieron ver que su mensaje sigue calando”

 

Más allá del Atleti, háblanos de otros grandes momentos de tu carrera.

En mi tarjeta de presentación siempre estará la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Barcelona‘92. Tras aquello, di un salto de tres escalones en mi carrera profesional. Supuso un auténtico cambio en mi cabeza y en todo mi entorno. Recuerdo que fui como el ceniciento, pues algunos venían de ganar la Copa del Rey y otros, como Guardiola, de ganar la Champions en Wembley. En mi caso, venía de ganar una promoción al Figueres. Imagínate… Nunca se me habría pasado por la cabeza, ¡ni en sueños! Pero si tuviera que escribir un libro, los primeros capítulos hablarían de mis inicios en el Cádiz, claro. Soñaba con entrar al vestuario del primer equipo desde los 13 años. Con 18 me subieron al primer equipo y con mi gol nos quedamos en Primera, eso fue una pasada. No hay día que no me acuerde de Ramón Blanco, quien me hizo debutar. Siempre me dijo que iba a jugar algún día en Primera División. ¡Qué recuerdos! Pasar por la puerta del vestuario, la cara de Ramón, el primer gol al Zaragoza…

Tú que sigues la actualidad futbolística desde hace años, ¿en qué crees que ha cambiado más el fútbol desde tu retirada?

Hay que decir que ha evolucionado la sociedad en general, en todos los aspectos. Lo primero que me viene a la cabeza son las redes sociales y la repercusión que tienen en la gente, ya que a muchos les condiciona. A excepción de algunas innovaciones tácticas, como el Barça de Guardiola, con toda la movida de sacar el balón desde atrás, los mayores cambios se han producido en el aspecto físico. Los futbolistas de hoy son atletas. Yo veo a gente con 33 o 34 años que en nuestra época ya se tendrían que haber retirado y, sin embargo, ahora están jugando a gran nivel. El mismísimo Leo Messi, Joaquí, o Aduriz son algunos ejemplos. Sin ir más lejos, Nino, del Elche, que el otro día cumplió 40 años, ¡sigue marcando goles! Ocurre también en la vida cotidiana. Ves a una persona de 55 años, que antes sería un abuelo, y ahora va vestío y maqueao en el gimnasio que da gusto verlo.

¿Hay algún futbolista actual con el que te hayas identificado? ¿Alguno que te recuerde a ti por el juego?

¿Por el juego? A ver, es cierto que es mucho más elástico y goleador que yo, pero Zlatan Ibrahimovic, por momentos, me podría transportar a mi juego por la manera de moverse, girar, aguantarla, pisar la pelota, etc. Reconozco que alguna vez ha hecho algunos gestos que sí que me han parecido similares. Igual que Kanouté, en su momento. Puede que tuviera un juego parecido al mío. Era un placer verlo jugar, por cierto, pura elegancia. ¡Y qué zancada! Que parecía que iba lento pero no.

 

“En mi tarjeta de presentación siempre estará la medalla de oro conseguida en los Juegos Olímpicos de Barcelona‘92. Tras aquello, di un salto de tres escalones en mi carrera profesional”

 

Juego aparte, algunos como Fernando Torres o Dani Güiza te copiaron la celebración del arquero. ¿Qué te pareció cuándo lo viste?

Lo del ‘Niño’ fue la primera vez que me quedé sin palabras. Recuerdo que estaba comentando el partido en Cuatro y Carreño me preguntaba por lo del gesto de Fernando. Pero nada. Yo, embobado, ni contesté, estaba flipando. ¡Mira que hay gestos de celebración y le salió hacer el del arquero! Creo que en la final de la Europa League con el Chelsea lo volvió a hacer. Lo de Güiza fue otra satisfacción, un orgullo. En ambos casos, recuerdo que se lo explique a mis hijas, es algo que te gusta decir porque te emocionas. Con la edad uno se vuelve sensiblón. Conocí a Dani Güiza cuando tenía diez años. Su entrenador, que era amigo mío, se puso malo y me tocó a mí entrenar a su grupo. Fui para allí, en el Barrio de la Liberación, de Jerez, y me dijeron: ‘el chiquitito, el cara de pillo ese, es el mejor, vas a flipar con él’, era Dani Güiza. Los mandé a correr y siempre me faltaba él, macho, que se escondía detrás de una palmera. Luego, en el partidillo, llevaba una sobrada que no te puedes ni imaginar. ¡Una picardía! Siempre buscaba el punto débil, la maldad. Pensaba: ‘este chaval sería ideal para ir a Juan y Medio’.

¿Y lo del periodismo ya te lo imaginabas antes de retirarte?

Pues mira, cuando tenía 24 o 25 años, Miguel Ángel Muñoz, ‘El Rubio’, que trabajaba entonces en la COPE, me dijo: ‘el día que te retires, dame un toque y miramos algo en la radio’ y yo le contesté: ‘¡cómo me voy a meter en los medios de comunicación si no tengo ni el graduado!’. Al final, cuando me retiré, me llamó para currar con Eduardo García y José Antonio Abellán. La verdad es que no me costó trabajo. Pensaba: ‘tú me preguntas, yo te respondo’. Además, tengo que decir que tuve unos compañeros que me lo pusieron muy fácil desde el primer día. Con 29 años me quedaba toda la vida por delante y la verdad que en el periodismo encontré una salida de categoría, una segunda familia, algo en lo que ilusionarme. Me daba la oportunidad de seguir vinculado al fútbol, cobrar un buen dinero y pasármelo de cojones.

 


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Fotografía de Getty Images.