Las Almenas desprende un aroma diferente cuando el balón echa a rodar durante el fin de semana. El barrio sevillano es la cuna de Irene Guerrero, la capitana del Real Betis Féminas. Allí, meció y mimó el esférico desde pequeña y junto a su hermano lo pateó por las calles sin importar aquellos inútiles carteles en los que aparece la pelota con la prohibición encima. “Ese es mi primer recuerdo. Jugar con mi hermano en la plazoleta de mi barrio. Veía como él disfrutaba y, siendo un referente para mí, yo tenía que hacer lo mismo”, confiesa la capitana verdiblanca, a Panenka.

Sin embargo, y a pesar de la pasión futbolera que corría por las venas de su familia paterna, la centrocampista practicó otros deportes antes de dedicarse plenamente al balompié. Natación, gimnasia acrobática y las sevillanas ocupaban sus horas extraescolares durante los años de su infancia. “Probé otros deportes porque mis padres veían que en el fútbol había mucho contacto, podía sufrir daño o lesiones… Pero al final, yo siempre buscaba cualquier hueco para escaparme y jugar a fútbol”, rememora Irene, sonriente.

Las tardes más jóvenes sirvieron de escenario para que Irene estrellara el balón contra las paredes de su barrio. No obstante, fue una noche la que iluminó su futuro. En uno de los bares de Las Almenas, una de las grandes leyendas del Real Betis coincidió con el padre de la actual capitana. Ante la insistencia de su progenitor, Irene bajó al lugar de encuentro. “Buenos noches, soy Rafael Gordillo”, anunció el mítico exfutbolista bético ante los ojos de Guerrero. “Buenas noches. Y yo Irene Guerrero”, contestó ella ante las risas de los demás presentes. “Inocente de mí, que era pequeña y no sabía quién era Gordillo”, confiesa la centrocampista, sonriente. Una pelota de papel, fabricada de manera improvisada, sirvió para probar su valía con los pies. “Muy bien, mañana hay entrenamiento en la Escuela [Deportiva Heliópolis]. Pregunta por Melli o Mani. Ellos te apuntarán”, aseguró Gordillo, según la futbolista verdiblanca.

Irene Guerrero en una acción de juego. (Imagen cedida por el Real Betis Balompié)

Así, los pelotazos de barrio dieron paso a los entrenamientos regulares. Durante dos años Irene creció junto con otros jóvenes y su fútbol continuó mejorando a pasos agigantados. “Jugar con chicos me aportó muchísimo. Porque conforme van pasando los años, esa diferencia física, que es la única que yo creo que hay, te hace racionalizar el fútbol y enfocarlo de otra manera”, reflexiona la capitana del Real Betis “Si físicamente un niño es más rápido que tú, entonces te obliga a tomar decisiones de manera más rápida, a adelantarte a la jugada, prever lo que puede suceder”, asegura. Sin embargo, y a raíz de la normativa estipulada, Irene tuvo que dejar de jugar con chicos y comenzar su andadura en el femenino. En ese punto, Gordillo volvió con varias soluciones en las manos. La más atractiva era la del Híspalis y este acabaría convirtiéndose en el primer equipo femenino de Irene Guerrero. Posteriormente, la centrocampista jugaría para el Azahar. “Me costó muchísimo dejar ambos clubes porque yo lo enfocaba como un hobby. Entonces, claro, cada vez que terminaba un partido o un entrenamiento disfrutaba de la convivencia con las compañeras, el resto de padres… ¡Hacíamos barbacoas y muchas actividades juntos! Gozábamos de todo lo que hacíamos. A mí, eso me encantaba”, confiesa Guerrero.

El cambio de mentalidad llegó de la mano del Sevilla. El equipo femenino de Nervión andaba tras sus pasos desde su primera temporada en el Híspalis e Irene decidió apostar, a los 14 años, por la zamarra rojiblanca. “Esa es una edad en la que tienes que decidir qué haces. Si realmente quieres dar ese paso y dedicarte al fútbol o prefieres que siga siendo un hobby, asegura Guerrero, quien, verdiblanca de cuna, guarda un buen recuerdo de su paso por el equipo rival. “Yo al Sevilla le tengo mucho respeto y le estoy agradecida porque fue un año de mi vida en el que también aprendí muchísimo. Me enseñaron otra manera de ver el fútbol”, sentencia.

Pero el escudo siempre barre para casa. Al año siguiente, llegó la gran oportunidad e Irene puso rumbo a Heliópolis. En el barrio sevillano le esperaban las trece barras verdiblancas que habían vestido su corazón desde que era niña. “¿Cómo iba a existir el Real Betis Féminas y yo no iba a jugar en él?”, se preguntaba Guerrero en una entrevista ofrecida para El Desmarque. Con la elástica verdiblanca, la centrocampista cosechó su sueño de ascender a Primera División con el Betis. “Fue un momento brutal”, suspira Irene al recordarlo. “Porque el año anterior al ascenso nos quedamos a las puertas. El esfuerzo que hicimos durante la temporada siguiente fue increíble y fruto de eso, lo celebramos el doble. Siento un orgullo muy grande”, confiesa, emocionada.

Irene Guerrero en una sesión de entrenamiento. (Imagen cedida por el Real Betis Balompié)

Desde aquel heroico ascenso, el club no ha dejado de crecer y temporada tras temporada ha venido mejorando sus resultados. La capitana del Real Betis confía en el papel de la institución para que el equipo femenino continúe creciendo. “El club está haciendo un grandísimo trabajo. Respalda muchísimo la figura de la mujer. Valora mucho el fútbol femenino y fruto de eso es que, año tras año, el club ha ido creciendo”, asegura Guerrero. “Se van dando pasitos que, aunque puedan parecer pequeños, son fuertes y seguros. Eso se ve reflejado en los partidos, en la clasificación y en lo que vamos consiguiendo”. Un ejemplo de esa implicación y apuesta por el fútbol femenino fue la apertura del Benito Villamarín ante el Santa Teresa en un partido en el que las locales vencieron por 3-0.

En ese partido, al igual que en muchos otros esta temporada, Irene fue una de las obreras que, en plena sala de máquinas, hizo funcionar los planteamientos de María Pry, entrenadora del Betis Féminas. “Intento aprovechar mi visión de juego para dar ese último pase. Sé que hay compañeras que necesitan el gol para sentirse más y mejor valoradas”, explica la capitana sobre su estilo de juego.

 

“Cada fin de semana que me tengo que poner el brazalete, me supone una responsabilidad agregada a lo que tienes que demostrar en el campo. Pasas a ser un referente o modelo a seguir”

 

Durante todos estos años, Guerrero ha demostrado su valía y su carácter tanto en el césped como lejos de él. Su trabajo y constancia ha tenido su gran recompensa en forma de llamada. Jorge Vilda, seleccionador nacional, ha vuelto a contactar con ella para que forme parte del combinado español en los partidos de preparación del Mundial de Francia 2019. De hecho, ante Brasil, no solo debutó. La selección también logró una victoria histórica al doblegar a la ‘canarinha‘ por 2-1. “Fue muy bien, la verdad. Muy gratificante. Me lo tomé como una recompensa a todo el trabajo que llevas haciendo a la sombra con tu equipo. Entonces lo que toca ahora es seguir trabajando y dar mi mejor versión para que esa llamada se vuelva a repetir”, asegura convencida la capitana del Real Betis.

Este fin de semana, Irene volverá a pisar el Benito Villamarín para disputar un partido tan único como especial. Un derbi ante el Sevilla y delante de un gran número de aficionados del Real Betis. Caminará hacia el vestuario. Allí le esperará su taquilla y la equipación de las trece barras. Y cerca, siempre muy cerca de ella, el distintivo de capitana. “Cada fin de semana que me tengo que poner el brazalete, me supone una responsabilidad agregada a lo que tienes que demostrar en el campo. Porque pasas a ser un referente o un modelo a seguir y eso se tiene que demostrar con trabajo”, comienza Guerrero. “Que aunque tú no estés bien en algún momento, hay que seguir tirando del carro. Es igual que te pongas con un resultado en contra. No se pueden bajar los brazos y hay que seguir hasta el final”, concluye la centrocampista del Betis.

Irene Guerrero (derecha) junto a Marta Carrasco (izquierda). (Imagen cedida por el Real Betis Balompié)

Sacrificio y trabajo son dos de los ingredientes que conducen a cualquier ser humano hacia el éxito. “Pero por encima de todo eso, soy resiliente. Cuando la situación se complica, no doy un paso atrás, sino que doy tres hacia adelante. No permito que nada me impida avanzar”, asegura Guerrero. Quizás esa también sea una de las claves para entender por qué el Real Betis Féminas está peleando por la cuarta plaza y no deja de crecer –y creer– con los años.

Cuando la dinámica es positiva, el trabajo da sus frutos y los objetivos se van cumpliendo, los sueños también van aflorando. “Si seguimos por el buen camino y vamos avanzando con paso firme, en unos pocos años podemos estar peleando por los puestos que dan acceso a la Women’s Champions League, afirma Irene, que sueña con ello. “La primera vez que el Betis juegue la Champions, yo quiero estar ahí para representarlo y hacer historia con el equipo”.

Guerrero tiene, para suerte del beticismo, una gran carrera por delante. De jugar en campos de tierra a liderar al club de sus amores. De patear balones en la plazoleta a dirigir el juego de su equipo. De su experiencia con Gordillo a la capitanía del Real Betis. De crecer en Las Almenas a triunfar en Heliópolis. Resiliente, Irene.