Fuiste tú, Vir. Siempre fuiste tú. Todo esto fue por y para ti. La Supercopa femenina ha sido la evidencia más clara de que a donde no llegan las fuerzas, llega tu nombre. Y tu figura, omnipresente, se vislumbra en las cabezas de todas tus compañeras cada vez que se enfundan la rojiblanca. Todo ello quedó presente en el palco del Estadio de los Juegos del Mediterráneo en Almería. En ese gesto. Ese bendito gesto que da sentido al fútbol. En un momento donde el corazón va a mil. Donde cualquier persona pensaría en el éxito que acaba de conseguir. Cuando la gloria se saborea y parece que ya no queda nada más… España se rindió a uno de los momentos más emotivos del fútbol femenino español.

Amanda te insiste en que levantéis el trofeo juntas y las lágrimas se derraman más allá de Almería. Todas tus compañeras te esperan sobre un verde que te pertenece por naturaleza y al que nadie duda que volverás con más fuerza que nunca. Y comienzan los abrazos. La emoción sigue a flor de piel y en la memoria de todos se repite la misma instantánea. Esos brazos al cielo con el trofeo en lo más alto es la perfecta conclusión a una reflexión que había comenzado unos días atrás.

¿Cómo lo había hecho el Atlético de Madrid para doblegar al FC Barcelona? José Luís Sánchez Vera fue la primera gran hipótesis. Su llegada al banquillo ‘colchonero’ cambió por completo la imagen de un equipo que venía tropezando más de lo habitual. De hecho, Sánchez Vera ha recuperado muy rápidamente la identidad de un equipo que había quedado difuminada desde que él mismo abandonase la zona técnica unos años atrás. Su regreso fue de película. Uno de esos caprichos del destino. Llegar y besar el santo.

Su planteamiento defensivo ante las catalanas fue excelente. Al Barça no se le puede jugar de otra manera más que con oficio y sangre fría. Las apuestas, al inicio de la contienda, no eran favorables a las colchoneras. Pero el sacrificio y la entrega de tus compañeras fue digno de clase magistral. El encuentro estuvo cargado de tensión y ni siquiera el gol de Alexia en los últimos compases del tiempo reglamentario, que podía despertar fantasmas del pasado, enturbió el éxito. De la prórroga a los penaltis y de estos, a la final. Pero el dicho de “entrenador nuevo, victoria asegurada” se me quedaba corto como explicación coherente. Por ello, los pensamientos se enfocaron también en las nuevas llegadas a la capital en este mercado de inverno.

 

“Teníamos una luz que era Vir y que nos ha impulsado a hacer que esto fuera posible”, declaró Sanchez Vera en la posterior rueda de prensa

 

A pesar de que partía con dudas, los dos encuentros han dejado la evidencia de que el nivel de la plantilla ha aumentado. Aun así, doblegar al equipo que domina la competición liguera con mano de hierro requería de una explicación más compleja. Por aquel entonces, todavía quedaban unos cuantos días para que diese con la respuesta idónea. Pero esta se empezó a aclarar el sábado pasado cuando el esférico comenzó a rodar sobre el terreno de juego almeriense. Final de la Supercopa femenina de España y recital. De Lindahl a Ludmila. De Laia Aleixandri a Leicy. El engranaje rojiblanco funcionaba a la perfección y el Levante se empequeñecía con el paso de los minutos.

Deyna señaló el camino a la respuesta con un derechazo a la red. Y minutos más tarde fue la debutante Ajara quien, por partida doble, despejó cualquier duda sobre la hazaña que se estaba cociendo. En el fútbol nunca hay nada escrito pero en el vestuario ‘colchonero’ se habían grabado un guión a fuego minutos antes de saltar a por el gran trofeo. Y así fue. Sin titubeos ni dudas. Como si hubiesen planeado un final de fuegos artificiales, dominaron el encuentro con una tranquilidad impropia de una final. La primera parte fue un monólogo en el que el Atlético de Madrid se encargó de asegurar un título que tenía muchísimos responsables pero solo una protagonista. Y esa, siempre fuiste tú, Vir.

“Teníamos una luz que era Vir y que nos ha impulsado a hacer que esto fuera posible”, declaró Sanchez Vera en la posterior rueda de prensa. Y en ello reside toda la historia. Una de esas con un final feliz como pocos. Es prácticamente intrascendente el equipo al que apoye cada aficionado. Aquella noche, cuando Amanda se te acercó y el trofeo besó el cielo almeriense, ganó el fútbol. Dudo que haya una persona, sea hincha o no, que no rompa a aplaudir al presenciar un momento que, siendo vuestro, nos regalasteis a todos.

Lejos de los terrenos de juego, te has convertido en la futbolista más trascendental de la plantilla. En la gasolina inagotable de un conjunto que se llena de tu fuerza cuando las piernas amenazan con temblar. Ni que decir tiene del impulso, todavía más extraordinario, que vivirá este deporte el día que te vuelvas a calzar las botas y el número ’14’ regrese al centro del campo ‘colchonero’. Pero hasta que eso ocurra, que será más pronto que tarde, cada uno de los éxitos buscará tu alegría. Cada logro en el terreno de juego será un homenaje. Y cada título que pueda llegar para el Atlético de Madrid llevará grabado tu nombre.

 


SUSCRÍBETE A LA REVISTA PANENKA


Fotografía del Atlético de Madrid.