Camisa blanca, sonrisa de hilo y manos encajadas con ternura, como si estuvieran protegiendo a un pajarillo. A su derecha, un cuadro de colores. A su izquierda, una mesa de madera sobre la que descansan un pilón de folios y dos vasos de agua. Por todos lados, palabras. Martí Perarnau nos atiende en plena promoción del segundo libro que ha escrito sobre Josep Guardiola, La metamorfosis (Editorial Córner). Sabe que le caerán encima muchas preguntas durante las próximas semanas. Lo sabe. Pero aun así estira y estira sus respuestas, dejando que su voz ocupe todo el espacio necesario. Tal vez lo hace por cortesía; tal vez porque es consciente que en estos tiempos nombres como el de Pep flotan en el imaginario colectivo envueltos en material explosivo, y no conviene ponérselo fácil a los pirómanos. A lo largo de la conversación, insiste en que el nuevo técnico del Manchester City no se corresponde con la figura que las etiquetas indican. Un poco como él mismo, un poco como Martí Perarnau, piensa el periodista. Un hombre alto que habla bajo. Una mente analítica que dice no saber nada. Un apasionado del deporte que cita a Nietzsche. Un observador silencioso que, durante el día de hoy y los que siguen, es y será el observado.

Saltador olímpico, periodista y escritor sobre fútbol. Estaremos de acuerdo que no es el relato común. ¿Cómo se gesta un cambio así?

No hay ningún plan. Las cosas te llevan al cambio. Yo era atleta, y luego empecé a trabajar como periodista escribiendo de atletismo. Por aquel entonces, mis maestros en la profesión, gente como Alfonso Soteras o Alex Botines, sabían mucho de fútbol, y se encargaron de que yo fuera aprendiendo algunos de sus fundamentos. También es verdad que aquella era una época en la que el trabajo de periodista era más próximo, más cercano a los protagonistas. Yo, por ejemplo, tuve relación con Johan Cruyff desde muy jovencito, porque ese fútbol al que yo me acerqué por primera vez era mucho más abierto, podías estar al lado de los jugadores y de los entrenadores. Así fui aprendiendo. Aunque uno nunca sabe de fútbol, ni de ningún deporte. El conocimiento es algo gradual, y siempre te deja la sensación de que falta mucho por comprender.

Te has apartado de los medios de comunicación en dos ocasiones.

Sí, bueno. Primero los abandoné para dar el salto a otros ámbitos de gestión. Monté mi propia empresa de publicidad, que es de lo que sigo viviendo, y estuve más o menos diez años sin tener ninguna relación con los medios. Después, de la mano de Jordi Basté, volví un poquitín a la radio, más tarde retomé mis colaboraciones con algunos periódicos, y así hasta que hubo un momento en el que parecía que casi volvía a ser periodista. Pero luego vino la propuesta que le hice a Pep de ir el primer año a Múnich y hacer un libro sobre él (Herr Pep), y claro, eso me creó una contradicción, que era conocer las interioridades de un equipo de élite y luego a la salida seguir ejerciendo mi labor en los medios. Me pareció que eso era incompatible, y por eso volví a abandonar el periodismo. Entonces, en esa evolución, descubrí que el mundo del libro era muy interesante y apasionante, y ya voy por el tercero. Pero insisto: no hay ningún plan. Las circunstancias me han ido llevando de un lado a otro.

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¿Cuándo y cómo conociste a Guardiola?

A Pep lo conocí en 2010, cuando yo estaba trabajando en Senda de campeones, un libro sobre la metodología de trabajo de La Masia. Durante el proceso de documentación para ese proyecto, se me ocurrió que él me podría echar una mano, aportándome algunos datos sobre el tema. Se lo propuse, tuve la suerte de que aceptara y un día tomamos un café durante una hora en el Camp Nou, en la que estuvo contándome su visión sobre la cantera del Barça. Después de eso ya no volví a verle más hasta 2013. Yo estaba buscando un tema para escribir un segundo libro, porque me había gustado la experiencia del primero, y no me salía nada, pero de pronto un día el Bayern anunció que fichaba a Guardiola, y pensé: ‘hombre, pues esta sería una aventura que me gustaría vivir: irme a Alemania, conocer la Bundesliga y ver cómo le va a Guardiola’. Pero yo me imaginaba más bien haciéndolo desde el exterior, como un observador. Al final me decidí a hacerle llegar esa idea, para saber qué le parecía, y al cabo de unos meses recibí la respuesta. Me dijeron que Pep no lo veía mal, y que sí, que me acercara y que ya iríamos viendo. Entonces me fui a Múnich, y de la manera más natural, ocurrió. En otro momento hubiera sido imposible, pero me abrió las puertas y poco a poco, porque esto no fue desde el minuto cero, se fue creando una cierta confianza entre nosotros. Él vio que me podía ir contando cosas y que yo no las soplaría en la calle. Y así es como primero salió Herr Pep y más tarde La metamorfosis.

Imagino que radiografiar a Guardiola en su dimensión de entrenador no es tarea sencilla. Su mente tiene pinta de ser tan interesante como compleja y desbordante. ¿Cómo se acomete un propósito así?

Mira, para empezar, te diría que igual Guardiola no es tan complejo como pensamos. Yo matizaría. En primer lugar, hay una facilidad, y es que su lenguaje es muy llano. La manera que tiene de comunicarse es muy poco sofisticada, lo cual supone una ventaja. La desventaja es que es verdad que Guardiola es un ser desbordante. Más desbordante que complejo, diría yo. Y lo es porque siempre, ante cualquier situación, te plantea variantes a lo que está ocurriendo. Para que nos entendamos. Es como si un jugador de ajedrez, cuando te está explicando la jugada que acaba de hacer, también se pone a contarte todas las variantes de ese movimiento, y no solo eso, sino que además te expone todas las cosas que podría hacer el rival tras esa jugada, con sus propias variantes. Hay mucho movimiento en la cabeza de Pep, y si no estás concentrado, te pierdes. Yo mismo, de hecho, y aunque siempre he intentado prestar mucha atención a sus palabras, a veces me he perdido. Durante estos tres años que he pasado a su lado, lo que he aprendido es que no sé. Y como no sé, he intentado esforzarme mucho para comprender todo lo que me estaba contando. También me ha tranquilizado el hecho de que he visto que hay muchos entrenadores o jugadores, personas del mismo mundo del fútbol, a los que les cuesta seguirle. Eso me ha reconfortado un poco [risas].

 

“Guardiola no es tan complejo como pensamos. Yo matizaría. Hay una facilidad, y es que su lenguaje es muy llano. La manera que tiene de comunicarse es muy poco sofisticada”

 

¿Qué te cautiva más? ¿Guardiola como persona y personaje? ¿O Guardiola como uno de los entrenadores más exitosos de nuestro tiempo?

Posiblemente, cuando me fui a Alemania para escribir Herr Pep, mi motivación era que se trataba de unos de los grandes entrenadores de la historia, y yo era consciente de la oportunidad única que tenía al acercarme a él. Esa era la motivación inicial, sí. Pero si esa misma pregunta me la hicieras respecto al segundo libro, entonces cambiaría la respuesta. Mi motivación en el segundo y el tercer año de Pep en Múnich ya no es la aproximación a uno de los grandes entrenadores, sino la aproximación a una persona mucho más llana, sencilla, clara y sincera de lo que las etiquetas indican. Es decir, a medida que vas conviviendo con él, te vas dando cuenta que Pep no tiene un personaje detrás. Y no digo que sea una virtud. Al contrario: creo que eso en muchas ocasiones le ha perjudicado. A veces, cuando uno está tan expuesto al público, posiblemente sea bueno tener ese personaje que te permita proteger tu esfera privada. Pero en su caso esta barrera no existe. Él es transparente, para lo bueno, sí, pero también para lo malo. También para sus defectos es transparente. Se le ven mucho los errores. Fíjate. Cuando en alguna rueda de prensa utiliza una expresión de manera incorrecta, cuando nota que alguna palabra no acaba de reflejar del todo lo que él quiere, se ve muy fácilmente como se pone nervioso.

Es igual en privado que ante los medios. Exactamente igual. E insisto: no tengo nada claro que eso sea una virtud, sobre todo tratándose de un personaje que está sometido a la presión pública. Eso te deja sin protección.

Tu ejemplo, sin duda, constituye una muestra de que ese muro imaginario que separa a los protagonistas del deporte (jugadores, entrenadores) y a los medios de comunicación (periodistas) no tiene por qué estar siempre presente. Pero es la excepción que confirma la regla. ¿Por qué crees que ambos mundos tienden a estar cada vez más alejados? ¿Qué se ha hecho mal?

Para mí la responsabilidad es de los medios de comunicación. Rotundamente. Además, tengo la ligera impresión de que cuanto más se vayan popularizando otros deportes, posiblemente más se irá extendiendo este fenómeno. Yo creo que los medios han empujado al futbolista a blindarse. ¿Cómo? Pues a base de faltarle al respeto. A base de mala educación, de no querer aprender ni comprender cuál es su realidad. A base de utilizar el espectáculo pensando en su propio beneficio. El ejemplo más clásico es el habitual, la típica pelea entre dos jugadores en un entrenamiento. ¡Pero es que no nos damos cuenta que esa es la esencia del deporte! A mí me ocurrió mil veces en el atletismo. Tu entrenador te decía algo, tú intentabas hacer lo que te decía, no te salía, y a partir de ese punto te cabreabas y todo se calentaba. Situaciones de ese tipo las he tenido yo con 18, con 20 y con 25 años con mi entrenador de atletismo de toda la vida. ¡Y todavía hoy le quiero a horrores! Bueno, pues esto mismo que te estoy contando que a mí me pasaba, y que es la esencia y la naturaleza de la progresión deportiva, los medios de comunicación lo han utilizado simplemente para exaltar y encender los instintos más primarios que tenemos los seres humanos. Y entonces ese roce natural lo hemos transformado en ‘Koke ha insultado a Gabi’ o en ‘Cristiano se ha metido con fulanito’. ¿Por qué? Pues porque ha habido un momento en que, no los periodistas sino los que mandan en industria periodística, han creído que esa era la línea a seguir, porque iba a llevar al periódico o a la televisión ‘x’ a un incremento de sus ingresos en un contexto de crisis. ¿Y al final qué se ha conseguido? Pues poner al futbolista o al entrenador contra las cuerdas, y provocar en ellos la reacción tremenda de encerrarse por completo, que también es una reacción negativa, pues acaba repercutiendo en su rendimiento.

Volvamos a los libros. ¿Qué hay en La metamorfosis que no estuviera ya en Herr Pep?

Herr Pep era un proyecto que arrancó con un objetivo relativamente claro: irme a Alemania para ver y contar lo que ocurría con Guardiola y su equipo. Luego la metodología fue cambiando, entre otras cosas porque el acceso que tuve a la información fue infinitamente más extenso de lo que yo había imaginado, pero el fin en sí mismo siguió siendo el mismo. El segundo libro, en cambio, ya no nace con un plan tan programado. Es decir, cuando termino el primero yo no tengo ninguna idea de hacer un segundo libro. De hecho, lo único que ocurre es que no provoca reacciones negativas, ni en el entorno de Pep ni tampoco en el Bayern, en contra de lo que ha dicho mucha gente. Entonces, cuando ves que la respuesta ha sido correcta y que nadie está dispuesto a cerrarte las puertas, te dices: ‘Esto es una experiencia única, y yo ya he tomado la decisión de abandonar el periodismo. ¿Por qué no sigo yendo a Múnich?’. Pero no con el objetivo de hacer un segundo libro, sino simplemente porque soy consciente que es una experiencia atípica en estos tiempos. Tengo la oportunidad, pues sigo aprovechándola y tomando notas. Y bueno, con el paso del tiempo, llega marzo de este año, y ya es cuando de pronto, hablando con Isaac Lluch, que era corresponsal en Múnich de varios medios de comunicación, empiezo a ver que realmente, más que el día a día y más que esas notas que estoy recogiendo, o sea, más que un Herr Pep 2, aquí lo importante es cómo ha cambiado Guardiola con el paso de las temporadas, porque ha cambiado mucho. Y es a partir de ahí cuando comienzo verdaderamente el trabajo del libro, planteándome un guion… etcétera. Pero, como digo, al principio escribir La metamorfosis no entraba en mis planes.

Pep PK 956 (1)

Tú que lo conoces de cerca… ¿Hasta qué punto es difícil ser Guardiola? Dices de él que “su partido perfecto siempre está por jugarse”. Y eso debe generar un desgaste enorme en uno mismo.

Sí, por supuesto. Pero creo que estamos otra vez ante uno de esos aspectos que magnificamos cuando los vemos desde fuera. Vale, de acuerdo, Guardiola es muy exigente consigo mismo, pero bueno, también les pasa a otros entrenadores como Ancelotti, Luis Enrique o Mourinho. Todos tienen mucha presión, todos juegan cada tres días, y todos son muy perfeccionistas, cada uno focalizando su atención en aquellos conceptos que considera prioritarios. Todos están obligados a destinar una dedicación completa a su trabajo. Dicho esto, uno de los grandes cambios que ha experimentado Guardiola en estas últimas temporadas, y que va precisamente en la línea de tu pregunta, es el intentar ser más eficiente en el gasto de la energía. Siendo muy importante el entrenamiento, en su entorno se proponen dejar que sea el resto del cuerpo técnico el que se desgaste con la preparación del entreno, de modo que Pep solo dedique intensamente la hora y media o las dos horas que dure la sesión, y que gracias a eso pueda centrarse más en análisis del rival, es decir, en aquellas facetas que suponen sus mayores fortalezas. Al final, estamos hablando de ahorrar energía, de saber de cuánta dispones y en qué vale la pena destinarla.

¿Y le ha costado autorregularse?

Yo creo que no, no mucho. Los cambios se producen cuando algo te induce a ver que estás cometiendo un error. La cuestión no es tanto si te cuesta o no adaptarte a ellos, sino si las circunstancias te han sugerido que los lleves a cabo.

En La metamorfosis retratas a un Guardiola que tras pasar por el filtro del Bayern cada vez está más abierto a nuevos dibujos tácticos, pero que al mismo tiempo sigue aferrándose a sus ideas de siempre. ¿Cómo conviven en él esas dos directrices?

Para responder a esto tendríamos que abrir una reflexión muy larga sobre lo que significa el cambio en el ser humano, no ya en un entrenador de fútbol. Pero si lo hiciéramos nos quedaríamos sin tiempo, así que voy a intentar resumirlo. Para que se dé el cambio en el ser humano es cuestión de que haya una cierta armonía entre tus esencias, lo que tú eres, y lo que aprendes y percibes en otros entornos. Eso es lo que se plantea Guardiola: cómo conseguir mantener su identidad (que en su caso es el ‘quiero ser protagonista del partido’, ‘quiero ser ofensivo’, ‘me construyo a través del balón y me defiendo a través de atacar’), pero a la vez ser capaz de captar y apropiarse de todas las virtudes que se va encontrando por el camino. Y en mi opinión lo que acaba consiguiendo después de los tres años en Múnich es reafirmar aún más sus ideas-fuerza, e incorporarle a estas una serie de conceptos del fútbol alemán muy diferentes e incluso opuestos a los que creíamos que manejaba. Mata el dogma y se vuelve muy ecléctico.

Durante ese proceso de reconversión tuvo que vérselas con el Barcelona. Es interesante, porque de algún modo, Guardiola, en esos encuentros, se enfrenta a su propio legado. Más allá de lo especial que debe ser para él volver a casa, ¿cómo has notado que afronta ese reto desde el punto de vista futbolístico?

De momento ha jugado en tres ocasiones contra el Barça [esta entrevista se realizó una semana antes del partido de Copa de Europa jugado el martes en el Etihad], y pienso que se han dado distintas lecturas. Cuando se produjo la eliminatoria de Champions estando él en el Bayern, que emocionalmente fue muy intensa porque era la primera vez que Guardiola se reencontraba con el Barça, los recursos con los que contaba eran un drama. Un drama. Faltaban Robben, Ribery, Alaba, Javi Martínez, Badstuber… Y luego estaban Lahm y Thiago, que venían jugando solo media hora cada uno después de recuperarse de dos lesiones graves. Ese equipo era un cromo, estaba totalmente destruido físicamente. Vamos, te diré que Lewandowski fue al Camp Nou, aparte de con la máscara facial, con una clavícula rota, algo que ocultaron en el Bayern para evitar que un defensa le pudiera dar un golpe en esa zona. Es por este motivo que Guardiola afrontó esos dos duelos desde el intento de supervivencia, no con la intención de pelearle de tú a tú al mejor equipo del mundo, porque sabía que no podía. En primer lugar, porque el Barcelona, sencillamente, era superior. Y en segundo lugar, porque los azulgranas se encontraban en un estado de forma óptimo, mientras que el Bayern, en cambio, llegaba a la eliminatoria roto. Ahí había muy poco que afrontar. Tal vez lo más interesante fue la huella sentimental que dejaron en él esos dos encuentros, que eso es algo que sí le sirvió muchísimo para mejorar su relación con los jugadores. Porque él, asumiendo ese contexto nefasto, vio como 14 futbolistas, algunos hechos polvo, se dejaban la piel por intentar algo que sabían que no se podría conseguir. A Pep lo que más le emociona es cómo en el partido de vuelta, con el 3-2 y el billete a la final prácticamente imposible, el Bayern siguió rematando y peleando arriba. Eso a él le sirvió para estrechar lazos con el vestuario. Hay una frase que dijo entonces a la prensa alemana y que resume muy bien ese sentimiento: “Estos jugadores siempre serán mis héroes, porque se han dejado la vida en esto”.

El enfrentamiento con el City, en cambio, es aún más diferencial, porque se enfrentan un equipo sólido y un equipo que está en construcción. Hay dos jugadores que ejemplifican la distancia que existe hoy entre el Barça y el City, y que son Gerard Piqué y John Stones. Piqué ya es el central consagrado, uno de los mejores del mundo, con un recorrido de 10 años en la élite. Y Stones, por su parte, es un proyecto de aspirante a ser un gran central. Pero claro, está muy lejos de Piqué. Y ese es el mejor reflejo del duelo que vivieron los dos equipos en el Camp Nou. Uno está consagrado, y el otro está en construcción, con lo que este segundo comete errores y los seguirá cometiendo. Antes de un año y medio, dudo que el City ofrezca una solidez consistente. Podrá dar algunas grandes exhibiciones, sí, pero me refiero a mantener un nivel altísimo de manera continuada.

Respecto a ese proceso de apertura que apuntas de Guardiola hacia los jugadores del Bayern, ¿acaso no lo vivió en su primera etapa en el vestuario del Barcelona?

Al contrario. El Barça le influyó para lo contrario, le influyó para tener esa distancia con los jugadores. Pero no lo veo como algo negativo, sino como una reacción ante un contexto determinado. ¿Por qué en el Barça mantiene distancias con el grupo? Pues porque cuando él llega al banquillo del primer equipo, se encuentra a Xavi, a Puyol, a Iniesta… A sus amigos. Xavi era y es su amigo. Xavi no era un simple jugador para él. Entonces, Pep, e insisto, creo que es correcta su postura, dice: ‘yo no puedo estar próximo a los jugadores, porque soy amigo de este, soy amigo del otro…’. Creyó que no podía poner su amistad por delante del fútbol, porque si favorecía mucho los lazos con los futbolistas, y luego no los ponía en la alineación, estos no lo entenderían. Por lo tanto le influye el Barça, sí, pero le influye al revés de lo que le pasó en el Bayern. Dejó muy claro su rol de entrenador para evitar que esa cercanía pudiera acabar influyendo negativamente en la dinámica del grupo.

Aun así, y eso es importante decirlo, no tiene nada que ver lo que te estoy exponiendo con que luego cogiera a uno en el entrenamiento y le diera un beso, o una patada en el culo, o una colleja, o un abrazo… Son cosas diferentes. Una cosa es el trato minuto a minuto, que en eso Pep siempre ha sido muy próximo a los jugadores, y otra cosa es la relación que establece con ellos fuera del campo.

Cuando llega al Bayern, en un principio, mantiene esa misma actitud distante con el grupo. Pero entonces ocurre lo que hemos mencionado antes, la epidemia de lesiones, los partidos dramáticos, y allí es donde Pep dice: ‘hostia, es que estos tíos me están dando un ejemplo de unidad, de sacrificio, de cariño hacia mí’. Y los hechos le hacen cambiar.

 

“Pep es un tipo transparente, pero no tengo nada claro que eso sea una virtud, sobre todo tratándose de un personaje que está sometido a la presión pública”

 

Sigamos un poco más con sus reencuentros con el Barça. ¿Hasta qué punto Guardiola, que lo ha entrenado, es consciente que Messi supone un elemento diferencial, que hay ciertos jugadores a los que no puedes frenar con ninguna partitura? Esa ‘imposibilidad’ algún técnico podría vivirla como una ‘incapacidad’, como una derrota.

¿Y cómo quieres enfrentarte a Messi? Pues con la coraza, no hay enfrentamiento [se ríe]. Yo creo que Messi es uno de los hechos diferenciales más gordos de la historia del fútbol. No sé si el más gordo, pero si uno de ellos. A mí no me gusta nada el concepto del ‘mejor’, porque yo directamente no sé definir qué es ser el mejor en algo tan complejo como el fútbol. No lo sé, y por tanto no entro en ese juego. Pero que Messi es uno de los hechos diferenciales más brutales de la historia del fútbol, eso, es un hecho. Mourinho ya dijo en su día que un equipo es un equipo, y que un equipo con Messi es otra cosa. Y es así. Nos guste o no. Luego viene el Alavés y le para, porque el deporte no es lineal, tiene sus curvas y sus altibajos, aunque luego viene el Atlético y no le para, y representa que el Atlético debería tener más opciones de pararle que el Alavés. Pero independientemente de esos partidos más flojos, que acaban siendo anécdotas, Messi es el gran hecho diferencial. El deporte tiene muy pocas certezas, pero hoy en día básicamente hay cuatro de consolidadas: los All Blacks, Usain Bolt, Katie Ledecky y Leo Messi. Son certezas. Con los All Blacks sabes que después de la Haka vendrá esto y lo otro, y que luego en el minuto 60 te arrasarán. Y con Leo Messi sabes que, el día que toca, aparecerá. ¿Cómo te enfrentas a él? Pues, por lo que yo sé, Guardiola se enfrenta a él como otros entrenadores, sabiendo que hay esa diferencia. Él me dijo una vez: “si tengo que perder, por lo menos quiero perder como yo quiero”. Es decir, no desnaturalizándose. Si al final Leo Messi tiene que marcar la diferencia, que no sea porque has metido diez defensas dentro del área, que al final así te ganará igual, pero tu habrás renunciando a tus principios.

Últimamente se dice mucho eso de que los equipos estelares, más que un entrenador muy preparado en lo táctico, necesitan a un entrenador con dotes motivacionales. Ahí está la comparación Benítez-Zidane, por ejemplo. ¿Piensas que hay algo de cierto en esa observación o que es simplificar demasiado? Te lo pregunto porque esta idea choca frontalmente con lo que muestras que es Guardiola, un tipo que cuida cada detalle del juego.

Yo no haría mucho caso de las conclusiones sociológicas que se hacen en el corto plazo. Como en cualquier ámbito de la vida, los análisis se tienen que hacer de manera reposada, con todos los elementos de juicio sobre la mesa. Y eso es lo opuesto a lo que se hace en el día a día de los medios de comunicación, con lo cual me vale muy poco todo lo que se esté comentando ahora de que a ciertos equipos grandes les vale con un simple motivador. Hay una serie de etiquetas que se van adjudicando rápidamente a los jugadores y a los entrenadores para poder clasificarlos velozmente, pero que yo creo que luego no se corresponden con la realidad. Solo con los años uno puede ir viendo cual es el peso de los jugadores y los entrenadores. Ahora, por ejemplo, pienso que estamos en un tiempo en el que ya podemos empezar a valorar de verdad a personajes de los 70, 80, 90… Ahora es cuando podemos empezar a sacar conclusiones, si nos documentamos bien, sobre la aportación al fútbol de hombres como Happel, Lobanovski, Béskov, Michels, Sacchi, Cruyff… Es ahora. Y dentro de un tiempo podremos valorar a los Benítez, Ancelotti, Mourinho o Klopp. En primer lugar porque ellos no son, sino que están siendo. Están en evolución. Todos han cambiado y mientras estén en activo lo seguirán haciendo, no solo Guardiola, también Zidane o Luis Enrique.

Guardiola, sin quererlo, polariza el mundo futbolístico como pocos. Sus afines apenas le encuentran defectos, y sus detractores parece que no puedan ni verle. ¿Hasta qué punto le preocupa a él eso?

Yo no le he visto preocupado. Pienso que él es consciente de que pasa esto, y que es una realidad. Él es el primero que sabe, porque lo ve en el entorno, que genera amores y odios. Y que hay los que están con él y los que están contra él. Y no descarto que esto mismo ocurra también con Simeone o Luis Enrique, ¿eh? Demos tiempo al tiempo. Normalmente nadie es profeta en su tierra, y no lo es porque, como decía Nietzsche, los pueblos solo aman a los tibios, nunca a los apasionados. Da la sensación de que se quiere más a los tibios contemporáneos que a los muy apasionados. Pero yo lo que no veo es que esto a Guardiola le preocupe. Este es un cambio que también ha vivido en Alemania. Darse cuenta que no te puede querer todo el mundo. Y darse cuenta de algo más importante todavía: que no vale la pena que te quiera todo el mundo. Te tiene que querer aquel que realmente te importe a ti.