Decir en una misma frase “presidente” y “defensa central” nos evoca inequívocamente a Gerard Piqué. Sin embargo, en la década de los 90 y principios del nuevo milenio “Le Président” tenía acento francés, lucía el 5 a la espalda y respondía al nombre de Laurent Blanc. Ahora, a sus 55 años, los idiomas se le entremezclan, en una clara señal de que ha vivido una larga y variada carrera. A sus experiencias en las ligas francesa, española, italiana e inglesa suma ahora la catarí, donde entrena al Al-Rayyan.

Laurent, ¿de dónde viene su amor por el fútbol?

De mi padre. Él jugaba a fútbol, no de forma profesional, pero jugó toda su vida. Después fue entrenador y creo que si a día de hoy soy un enamorado del fútbol es gracias a mi padre.

¿Cómo era aquel primer Laurent Blanc? ¿Ya empezó como central?

No, realmente no. Empecé como todos los niños empiezan en esto del fútbol. Cuando eres niño o quieres meter goles o los quieres parar, y yo decidí que quería marcar goles. Me gustaba mucho el fútbol de calle, ese que ahora ya apenas existe. Ahora es otra cosa.

¿Y en qué momento le colocan en la defensa?

Muy tarde. En Montpellier. Tenía 22 o 23 años y hubo un entrenador, Aimé Jaquet, que me dijo, “si quieres tener una gran carrera, debes jugar atrás, de líbero.” De entrada, me negué, pero con el paso del tiempo vi que tenía razón. Era rápido de cabeza y por mi estilo de juego necesitaba ver el juego de cara y jugar atrás me ayudó. Me hizo mucho mejor.

 

“Cuando fui seleccionador francés tuve una buena generación, pero la que ha llegado es aún mejor. No sé si van a seguir ganando, pero estarán entre los favoritos seguro.”

 

Futbolísticamente, ¿cómo era el Laurent Blanc del Montpellier?

Me gustaba el buen fútbol, como ahora. Me gustaba que el balón corriese, que la técnica se impusiese. Me decían que tomaba demasiados riesgos por salir con el balón jugado, pero yo les decía que el buen fútbol sale desde atrás.

¿Y con 24 años le ficha el Napoli? Llega en plena etapa post-Maradona. ¿Cómo recuerda aquel episodio?

Ahí descubrí el fútbol de máximo nivel. Solo dejaban jugar tres extranjeros por equipo, por lo que debías estar realmente preparado. En aquel entonces el fútbol italiano era muy cerrado, pero fue una experiencia fantástica. La mentalidad italiana y la forma que tienen de vivir el fútbol, como pasa en España, es fantástica. Son países de fútbol.

La vuelta a Francia, pasando por St. Etienne, Auxerre, donde ganaron la única Ligue 1 de su historia, le sirvió para llegar al Barça. ¿Quién le llama?

Johan Cruyff.

¿Y qué le dijo?

“Te he visto jugar y quiero hablar contigo”. Cogí un avión con mi agente y fui a Barcelona. En aquel momento estaba libre, tras acabar mi contrato en Auxerre. Me reuní con él y con los dirigentes del Barça. Salieron algunos problemas con el contrato, pero Cruyff lo solucionó rápido y me dijo “quedamos a las dos para comer”, pero no hubo comida alguna.

¿Qué pasó?

Me fui al hotel, me duché y puse la televisión mientras me preparaba. Tenía puesto TV3 (Televisió de Catalunya) y recuerdo que interrumpieron la programación para dar la noticia del despido de Cruyff. No lo podía creer, pensaba que era una broma. Llamé a mi agente y me dijo “es verdad, le han despedido”. Ni comí con él, ni le tuve como entrenador y eso me dolió porque para mi era uno de los grandes del fútbol. Yo tenía mucho respeto por el señor Robson, nos entendimos bien, pero siempre me quedó la espina clavada de no haber sido entrenado por Johan Cruyff.

Tenían un equipazo, eso sí…

Absolutamente. Recuerdo que me habían hablado de un chico de 19 años que jugaba en el PSV, pero no le di mucha importancia. Cuando le vi, aluciné. Era algo de otro mundo. Además teníamos a Figo, Stoichkov, Guardiola, Giovanni, Bakero…

Llegamos al año 1998. Hablemos de aquel Mundial. Eran una gran generación, pero había que demostrarlo y más jugando en casa. ¿Cómo lo recuerda?

A nivel de la selección es el año más importante de mi carrera. Teníamos una gran generación, con un líder en lo técnico muy claro como era Zinedine Zidane y jugábamos en casa. Personalmente creo que jugar en Francia nos dio una ventaja extra. Siempre teníamos el estadio a nuestro favor.

Por cierto, no marcó muchos goles en su carrera, pero hubo uno que fue histórico. El primer gol de oro de la historia contra Paraguay. ¿Era consciente de lo que significaba?

(Sonríe) Es curioso porque a mi esa norma no me acababa de convencer y me acabó sirviendo para pasar de eliminatoria. Fue un partido durísimo el de Paraguay, por cierto.

¿Es uno de los momentos clave de ese Mundial?

Seguro. Recuerdo que era un partido a las tres del mediodía, hacía muchísimo calor, Zidane no pudo jugar aquel partido, Chilavert hizo un partidazo y los paraguayos eran muy duros. Después de ese partido dijimos “se están alineando los planetas para ganar”.

Para todo futbolista, una final de un Mundial es algo muy especial, pero usted se la perdió por sanción…

Sí, y fue la razón por la cuál seguí en la Selección Francesa. Mi intención era dejarlo tras el Mundial, llevaba 10 años ya, pero perderme la final me dio la motivación para seguir. Y más con aquel grupo, teníamos a Zidane, Henry, Anelka… de hecho, en aquella Eurocopa del 2000 jugamos mejor que en el Mundial del 98.

 

“Hay otros grandes como Batistuta o Van Basten, pero en términos de velocidad, eficacia y técnica Ronaldo es algo que para mí era inimaginable”

 

Déjeme preguntarle, por cierto, por el famoso beso a Barthez…

Es una historia muy personal entre nosotros. Lo empezamos a hacer a modo de broma, pero vimos que el público antes de cada partido esperaba ese momento y desde entonces ya se quedó como un ritual. En ningún momento pensamos que llegaría a ser tan icónico. Para nosotros no era un gesto que tuviese que ver con el fútbol, era un gesto de amistad.

Tras el Mundial decide volver a Italia, esta vez al Inter. ¿Tenía una espina clavada tras su paso por Napoli?

Más que una espina clavada, sentía que la aventura en Napoli había sido demasiado corta. Duró solo un año y estaba seguro que el fútbol italiano se iba a abrir. No podían seguir jugando de la forma en la que jugaban cuando fui a Nápoles. ¡Es que no dejaban que los defensas pasasen del centro del campo con el balón y yo tenía claro que eso tenía que cambiar! En el Inter me encontré con un gran entrenador como Lippi, que tenía una visión del fútbol como yo y tuve, seguramente, dos de mis mejores años como futbolista.

La guinda al pastel fue su paso por la Premier. Manchester United, Sir Alex y Old Trafford. No está mal…

(Sonríe) Tenía 36 años cuando llegué a Manchester y una carrera más que hecha, pero lo curioso es que cuando llegué a Barcelona y sucedió todo lo de Cruyff, Sir Alex Ferguson me llamó. Me propuso fichar por el United, pero no podía ir, ya había firmado con el Barça. Cinco años después volvió a por mí y me convenció. Me dijo: “Quiero que trabajes, por lo menos, un año conmigo. Tengo defensas muy jóvenes, como los hermanos Neville, Rio Ferdinand, Wes Brown… y tú tienes mucha experiencia.” Fue algo increíble y ahora me arrepiento de no haber ido antes a Inglaterra.

Antes de pasar a su etapa de entrenador, si tuviese que elegir un jugador de todos a los que se ha enfrentado, ¿cuál sería?

Ronaldo Nazario, sin dudarlo. Hay otros grandes como Batistuta o Van Basten, pero en términos de velocidad, eficacia y técnica Ronaldo es algo que para mí era inimaginable.

¿Tenía claro el salto a los banquillos tras su retirada?

No, sabía que quería estar cerca del futbolista, cerca del grupo, aportar mi experiencia a los jóvenes, pero no tenía claro de qué forma. Y al final fue en forma de entrenador.

¿El Laurent Blanc entrenador se parece, en cuanto al concepto futbolístico, al Laurent Blanc jugador?

Sí, completamente. Me gusta que mis equipos jueguen bien y desde atrás. Desde el portero hasta el delantero. Siempre dentro de las posibilidades técnicas que cada jugador tenga, pero quiero que haya movimiento con y si balón. No quiero tener el balón por tener la posesión, quiero el balón para hacerle daño al rival y marcar goles. Esa es mi idea antes de cada partido, luego hay rivales que se cierran y lo complican todo (sonríe).

De hecho, su primera experiencia como entrenador en Bordeaux fue un éxito consiguiendo romper con la hegemonía del OL…

Sinceramente, salió mejor de lo que había planeado. Pensaba que tendríamos más dificultades porque a veces cuesta que los jugadores entiendan la idea de uno, pero sucedió todo lo contrario. De hecho, pocas veces me he encontrado un jugador que me diga “míster, yo prefiero defender y no tener el balón”. El futbolista quiere jugar, quiere tener el balón.

Hay entrenadores, en cambio, que sí piensan así…

Y lo respeto, de verdad. Hay entrenadores que prefieren evitar que el rival juegue, que quieren aprovecharse del error del rival para marcar. No es mi filosofía, pero respeto mucho todo tipo de ideas de juego. Al final, tiene razón aquel que gana el partido.

Volvamos a su carrera como entrenador. ¿Llegó la Selección Francesa demasiado pronto?

No fue el mejor momento, la verdad, pero las cosas llegan cuando tienen que llegar. Lo asumí con mucho placer. Es muy diferente ser entrenador a seleccionador, pero fue un honor para mí. De hecho, he tenido ofertas para entrenar otras selecciones, pero sentía que si tenía que entrenar a un combinado nacional quería que fuese el mío, Francia. Tenía una buena generación, pero por detrás ha llegado una aún mejor, de ahí el éxito que han tenido y que van a tener. No sé si van a seguir ganando, pero van a estar entre los favoritos seguro.

Y tras Francia, llega su mayor reto, el todopoderoso PSG. ¿Qué supuso liderar un vestuario así?

Realmente no cambié ni mi visión ni mi discurso. Mi propuesta era la misma, jugar bien al fútbol. Tenemos grandes jugadores, así que hay que jugar bien a futbol. En términos futbolísticos fue genial. Es cierto que no pudimos ganar la Champions, ya que para eso necesitas que los planetas estén alineados, pero hicimos un fútbol fantástico. A veces me encuentro con jugadores que tuve y coincidimos en que lo pasamos de maravilla.

 

“El Barça ha cometido errores monumentales. Monumentales. No solo por Messi, sino por los últimos años. Ha perdido a jugadores increíbles, que un club no puede reemplazar”

 

Como hombre de fútbol que es usted… le pregunto por la llegada de Messi a París.

(Suspira) Sinceramente, para el fútbol francés es increíble tener en un mismo campeonato a Messi, Neymar y Mbappé. El PSG está en otro planeta, sí, pero para la liga francesa es bueno ver jornada tras jornada a estos jugadores. Si lo miro desde el lado del Barça, creo que han cometido errores monumentales. Monumentales. No solo por Messi, sino por los últimos cuatro o cinco años. Han perdido a jugadores increíbles, que un club como el Barça no se puede permitir. No puedes perder a Neymar o a Messi, porque es muy difícil que les puedas reemplazar.

Por cierto, usted estuvo en las quinielas tras la salida de Luis Enrique. ¿Qué hay de cierto?

Hablamos dos o tres veces con Eric Abidal. Obviamente era un sueño entrenar a una institución como el Barça, pero no se dio por varios motivos. No era el momento o alguien creyó que no estaba preparado para ello. Así es la vida.

Todos creíamos que, tras París, iban a lloverle las ofertas, pero estuvo cuatro años sin entrenar. ¿Qué pasó?

Estuve un año y medio que no quise saber nada, porque fue un reto que me exigió muchísima energía y lo había dado todo. A partir de ahí, he tenido ofertas, pero no me decidí a cogerlas. Quizás por mi culpa, pero se ha dado así. Además, aunque el fútbol es mi pasión, en la vida me interesan otras cosas, están mis hijos, mi familia…

Y ahora está en Qatar…

Sí, y mucha gente cree que es por el dinero, pero para nada. Obviamente cobro como cualquier entrenador, pero no es mi motivación. Quería volver a entrenar, volver a estar cerca de un grupo de jugadores. Se ha dado así en Qatar, mañana puede ser en otro equipo… quién sabe.

La última. Si tuviese que definir con una palabra su carrera, ¿cuál sería?

(Piensa) ¡Completa! En el sentido de que he vivido todo tipo de fútbol. He jugado al más alto nivel, en segunda… y ha sido un placer conocer el fútbol en todos los sentidos.


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