En 1995, tu llegada a Inglaterra tuvo incluso ciertos tintes exóticos.

En aquel momento no era norma habitual salir de España; era más bien una locura. No existían demasiados precedentes y representaba casi un viaje hacia lo desconocido. Supuso un gran riesgo. Mi suerte fue que no vine solo, ya que nos juntamos tres amigos que nos conocíamos bien de la etapa del Real Zaragoza. En el 95, irse a Wigan era como irse a Marte, pero por lo menos estábamos juntos. A partir de ahí, la experiencia se ha convertido en un día a día de conocer una cultura nueva y un fútbol totalmente distinto, sacando provecho de uno de los lugares en el mundo donde se vive este deporte con mayor pasión y libertad.

Te has adaptado al fútbol inglés y a la Premier, pero ¿hasta qué punto el estilo británico se ha adaptado a ti o has podido influenciarlo?
Hay muchos factores que explican mi trayectoria en las Islas. En la estructura británica, hay cuatro divisiones profesionales con 92 equipos y todos tienen una forma de entender el fútbol muy específica. En el Swansea City empezamos a jugar con un estilo que ahora, por contagio del Barça y de la selección española, se ha convertido en habitual. En 2003, cuando llegué allí, creía que el club podía adaptarse bien a esa filosofía y, cuando en 2007 me convertí en entrenador, esa apuesta nos dio muchos éxitos. Rompimos con un tabú: aquí se creía que en las categorías inferiores era imposible practicar un fútbol de posesión. El juego directo, con clara influencia del rugby, era el único camino posible. Pero el éxito del modelo Swansea ha llevado a otros clubes a seguir esta senda. Insisto, el poder de influencia del Barça y de la selección en la mentalidad británica para abrirse a conceptos más continentales ha sido decisivo

¿Es eso lo que esperan los clubes extranjeros del entrenador español?
Implantación de un estilo, gestión de la cantera, éxitos…Sin ninguna duda. Nosotros cuando llegamos en 1995 éramos los únicos españoles en Inglaterra porque no creían que pudiéramos rendir todo el año. Existía una ignorancia total sobre la mentalidad del futbolista español. Creían que en invierno, con el frío, bajaríamos el nivel. Pero con el éxito de algunos jugadores y con el boom de la mejor selección de la historia, se ha generado un respeto al futbolista español, a su tradición y a su filosofía. Ha aumentado la paciencia y, aunque físicamente no estén al mismo nivel que el británico, su preponderancia técnica les otorga un rol muy importante en sus equipos. Los Mata, Silva o Cazorla, en el 95, jamás hubieran podido llegar a tener éxito en el fútbol británico.

Es que, por aquel entonces, a vosotros os iban a animar al campo con sombreros mexicanos.
Es cierto. Ellos tenían un gran ca-riño por lo que significaba España, sobre todo porque estaba asociado a su período de vacaciones. Con nuestra llegada, se acogieron a la analogía de Los three amigos, una película rodada en México y, nos recibieron con mucho afecto.

“La llamada del Wigan me recuperó para el fútbol profesional. Fue un caso más que ejemplifica la cantidad de gente capacitada para llegar a lo más alto pero que, por un detalle, cae a divisiones inferiores y no tiene la oportunidad de regresar”

Erais three amigos, pero el rendimiento de Seba e Isidro jamás alcanzó el nivel esperado. Ellos regresaron y tú sigues triunfando en las Islas 18 años después. ¿Qué marcó la diferencia?
Futbolísticamente, la respuesta es evidente: la posición en la que jugábamos cada uno. Ahora sería muy distinto, pero entonces todos los equipos jugaban un 4-4-2 basado en la lucha y el balón dividido. Para jugadores como ellos, que vivían del uno contra uno y de la posesión, resultó mucho más difícil.

Quizás en Inglaterra se ignoraba la realidad del futbolista español, pero al mismo tiempo éste desconocía lo que era jugar en el extranjero. Sin embargo, tú ya hablaste inglés desde el principio y tu actitud fuera del campo fue diferente.
Es que el futbolista español no tenía ninguna necesidad de emigrar. Podía quedarse en España, con todo el confort del mundo, sin verse obligado a afrontar nuevos retos. Ahora, todo es diferente. Cada vez hay me-nos fronteras y todo está mucho más globalizado. Además, conocemos a fondo todas las ligas cuando, en el 95, nadie sabía cómo funcionaba un equipo profesional británico de cuarta división. Ahora el español no tiene miedo a viajar, tiene un gen aventurero, y cuenta con referentes exitosos que antes no existían. Hay muchas ganas de querer seguir el ejemplo de los pioneros que han abierto las puertas.

¿Qué sabías de Wigan y del fútbol británico en el 95? ¿Pediste consejo a alguien?
No, estábamos preparados para la aventura. Tanto Seba, como Isidro y yo mismo teníamos mucha curiosidad por saber por qué aquella gen-te tenía tanto interés en traernos. Queríamos saber de qué se trataba aquello del Wigan Athletic. Tras conocer al presidente y el proyecto, simplemente queríamos formar parte de ello, sin necesidad de que nadie nos convenciera.

En 1989, ya habías abandonado tu casa de Balaguer, en Lleida, para formar parte de la cantera del Zaragoza. Por tanto, ya tenías experiencia a la hora de mudarte.
Efectivamente. Con 16 años dejé el nido familiar, la decisión más trascendental de mi carrera: a partir de ahí empecé a crecer. Fue un momento que me definió como persona y me formó como futbolista. En ese sentido, venir a Inglaterra -y de la manera que lo hicimos- también fue una decisión importante, pero todo lo que vino después fue consecuencia de ese primer gran paso.

Tras debutar en Primera con el Zaragoza en el 93, volviste a Balaguer un año después para trabajar como fisioterapeuta y jugar en el club del pueblo. ¿No veías demasiado clara tu carrera profesional en el mundo del fútbol?
Lo cierto es que la llamada del Wigan me recuperó para el fútbol profesional. Fue un caso más que ejemplifica la cantidad de gente capacitada para llegar a lo más alto pero que, por un detalle, cae a divisiones inferiores y a partir de ahí no tienen la oportunidad de regresar. Yo mismo usé esa experiencia en el Swansea, cuando fiché a un jugador como Àngel Rangel del Terrassa en 2ªB por 10.000 euros y ahora se ha convertido en uno de los mejores laterales derechos de la Premier League. El caso de Andrea Orlandi también es similar. Pasó del Barça B al Alavés y, a partir de ahí, parecía que le esperaba el anonimato y ahora está triunfando en el Brighton y ha sido muy importante en la historia del Swansea. Y como esos, podría nombrar muchos casos de jugadores que he visto caer por no tener la oportunidad de demostrar lo que valen. La 2ªB se convierte en la antesala del final de la carrera deportiva de primer nivel de muchos chicos jóvenes. Es una lástima.

Quizá el fúbol español sea incapaz de absorber en la Primera División todo el talento que genera.
Exacto. En España la situación de los filiales es modélica: trabajan esa edad entre los 19 y los 22 años de una manera única en el mundo. Eso produce muchos futbolistas y no todos tienen la oportunidad de llegar al primer equipo. Muchas veces, factores como la suerte o la oportunidad por una lesión son claves y muchos chicos se quedan sin la ocasión de alcanzar la élite. En España, sólo existen la Primera y la Segunda, pero en el Reino Unido hay cuatro categorías profesionales y las oportunidades son mayores.

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En Inglaterra andan muy preocupados precisamente con la formación de sus jóvenes, ¿no?
Llevan muchos años pensando en este tema y continuamente nos preguntan a los entrenadores de la Premier cuál podría ser la solución. Sigue existiendo la liga de los reservas pero, con tantos extranjeros, la mayoría no entiende la filosofía de esta competición y el interés y la intensidad han caído en picado. No es el mejor ámbito para que los chicos jóvenes se desarrollen. La Federación y los clubes jamás aceptarían que hubiese filiales en la pirámide del fútbol profesional británico. No obstante, sin éstos, los jóvenes no encuentran la posibilidad de En el banquillo, el perfil de Martínez es más bien áspero, aunque apueste por un fútbol dulce.competir al 100% contra equipos experimentados y necesitados de puntos enrolados en la estructura de su propio club formador. Hasta los 18 años, el chico británico tiene la mejor formación del mundo pero, a partir de ahí, la falta de competitividad supone un serio problema.

Más allá de la sobregeneración de talento que comentábamos. ¿Hasta qué punto la situación financiera y estructural del fútbol español ha influido en la marcha de los Cazorla, Monreal, Mata, Silva, Michu…?
Yo no considero que el dinero haya sido el factor determinante para que el futbolista español emigre. Más bien, creo que ya no da miedo probar una aventura en el extranjero porque hay gente que ya lo ha hecho y ha tenido éxito. Por ejemplo, Xabi Alonso no sería el mismo jugador que ha llegado a ser sin sus experiencias en el fútbol británico. La incertidumbre financiera no empuja a los jugadores a salir porque, por esa misma razón, no se podría fichar a grandes estrellas foráneas y eso dejaría hueco para los locales. En el 95, necesitabas dos horas para explicarle a un futbolista español cómo funcionaba el fútbol británico; ahora lo entienden en dos minutos, porque existe un interés por jugar fuera y mejorar

El caso de Xabi Alonso realmente es paradigmático y quizá ha supuesto una de las claves de la evolución del fútbol español.
Seguro. El cambio de mentalidad en la selección, por ejemplo, ha sido evidente. Antes, los clubes tenían dos o tres extranjeros que eran los líderes y asumían la responsabilidad. Los españoles tenían un cierto síndrome de inferioridad. Pero con los Fàbregas, Reina, Alonso, Torres y compañía se creó un núcleo de jugadores importantes en el extranjero que no arrastraban ese sentimiento. Estos chicos trajeron esa mentalidad ganadora, ese convencimiento de poder vencer a cualquiera.

Lo que es cierto es que antes esos jugadores se quedaban en clubes que podían disputar los títulos a Barça y Madrid pero, con esta descapitalización, lo que sucede es que se acentúa el duopolio de los dos grandes.
Pero eso no tiene nada que ver con la elección de salir de los jugadores. Respecto a esta problemática, la clave es el reparto de los derechos televisivos para poder aumentar la competitividad entre todos los equipos. Además, que los jugadores emigren, ayuda a su formación y los mejora. Esto acaba beneficiando a la selección que, en vez de elegir entre dos fubolistas, podrá hacerlo entre seis o siete.

“Una cosa es ser entrenador y otra ser mánager. En España sólo se valoran los últimos tres resultados. Aquí, tienes que aportar una estrategia de futuro, una filosofía de juego, una política de inversión, una economía saneada y, además, ganar partidos con el primer equipo”

¿Qué exportarías del fútbol británico al fútbol español?
Hay muchas cosas, empezando por una distribución más equitativa de los derechos televisivos. Lo importante es mirar a otras competiciones y ver qué cosas funcionan, para innovar. No te puedes quedar estanca-do con tu producto y no evolucionar. Algo importante para España sería mejorar su aspecto competitivo; que el quedar décimo o undécimo tuviera una gran repercusión económica. En la Premier, hay una diferencia de casi un millón de euros por posición, así que cada punto es importante y cada partido es vital. Todos los equipos siempre se juegan algo.

Con el Wigan has conseguido la salvación durante tres cursos consecutivos. ¿En España, un entrenador del mismo nivel estaría tan bien valorado?
La diferencia es que una cosa es ser entrenador y otra ser mánager. En España sólo se valora lo conseguido en el primer equipo, los últimos tres resultados. Aquí, la figura del mánager es totalmente distinta y tienes que aportar una estrategia de futuro, una filosofía de juego, una política de inversión, una economía saneada y, además, ganar partidos con el primer equipo. La comparación es complicada aunque, con todo y con eso, la paciencia que se tiene hoy en día en Inglaterra poco tiene que ver con la del pasado. Antes era impensable que alguien perdiese su puesto con seis meses de trabajo, pero aquí también influye lo que se hace en las otras ligas, aunque no sea para bien.

¿Esa relación supone que el entrenador también tenga una mayor implicación y fidelidad con el club? Tú mismo pudiste abandonar el Wigan el pasado verano.
Más que emocionalmente, estás ligado a un sentimiento de responsabilidad y la salida ha de ocurrir en un momento idóneo para el club. En la relación entre dueño y mánager, los intereses del club siempre son los prioritarios.

* Entrevista realizada a finales de febrero de 2013 y publicada en el Panenka17 del mes de marzo