“Entré como reserva, pero me fui como campeón”, disparó BNET en una de las rondas decisivas de la final nacional de la Red Bull Batalla de los Gallos. Javier Bonet González (Madrid, 1998) se clasificó de rebote por el certamen gracias a la renuncia a última hora de Barón, pero, efectivamente, tras completar una exhibición tan brillante como inesperada, salió del Palacio de los Deportes de Madrid (WiZink Center) con el trofeo de campeón, con uno de los 16 billetes para la final internacional que se disputará este domingo en Buenos Aires, donde afrontará el reto de pelear para escribir su nombre en el palmarés de una competición que hasta la fecha ha coronado a cinco españoles: Rayden, Noult, Invert, Arkano y Skone.

En su primera final nacional, el joven rapero madrileño materializó una proeza que debió ser como condensar el 6-2 del Barcelona al PSG, las tres Champions League consecutivas del Real Madrid, la Premier League del Leicester City o la Copa de Europa del Nottingham Forest. Todo en uno, una auténtica barbaridad que las 15.000 personas que abarrotaron el Palacio de los Deportes presenciaron maravilladas, asombradas por el exquisito freestyle de un gallo que, estructurando las rimas con la misma elegancia con la que Zidane, su gran ídolo futbolístico, conquistó el mundo, parece bailar sobre las bases. BNET, un rapero que nada a contracorriente en un mundo en lo que prevalecen son las apariencias (“Entiendo que un tío gritando a lo mejor le despierta más cosas al público, pero para mí lo importante es lo que dices, no cómo lo dices. Gritar, para mí, no es uno de los pilares básicos del rap”), un chaval que se apuntó a su primera batalla de resaca, prefiere que se piensen que es André Gomes para después hacerles la de Andrés Iniesta, para llevar a la gente a otras galaxias solo con tirar freestyle.

 

En 1992, Dinamarca fue invitada a última hora para participar en la Eurocopa en el lugar de Yugoslavia. En apenas tres semanas, los daneses pasaron de tomar el sol en la playa a alzar el trofeo que les acreditaba como campeones continentales, una situación parecida a la que tú protagonizaste hace unas semanas en el WiZink Center. Como sucede con el fútbol, el rap tiene un componente de imprevisibilidad que lo convierte en algo único…

Sí, tío… La verdad es que yo siempre he confiado mucho en eso. En un partido de fútbol puede pasar cualquier cosa, pero en el freestyle todavía más porque, cuando estás hablando de un nivel tan alto, todo depende muchísimo del momento. Sí que es verdad que puede sorprender que ganara yo entrando como reserva, pero es que en el freestyle puede pasar absolutamente de todo, aunque es verdad que no me esperaba ganar este año. De hecho, ni me esperaba estar ahí porque no me había clasificado. Yo confiaba en mí para ganar la final, pero es algo que ni siquiera estaba en mi mente. De hecho, cuando estábamos en el backstage nos dijeron que el vencedor se llevaba una PlayStation y pensé: ‘Qué cabrón el que gane…’.

Pero lo cierto es que, al final, en el freestyle todos tenemos las mismas posibilidades, hayas llegado de la forma en la que hayas llegado.

“Cualquiera de los 16 hubiera podido ganar la final. A mí no me hubiera sorprendido. Aquí cualquiera puede ganar a cualquiera. Esto es el freestyle, esto es lo bonito”, apuntabas hace unas semanas en este sentido.

Claro… En el fútbol también puede pasar de todo porque, como sucedió, el Alcorcón puede eliminar al Madrid, pero la verdad es que es menos habitual. Porque en el freestyle un día das el nivel del Viktoria Pilsen y al siguiente estás bien y de repente eres como la Juve. Todo depende mucho más del día que en el balompié, porque en el fútbol la preparación o el entrenamiento condicionan mucho más que en el freestyle. Un equipo que esté bien trabajado tiende a tener menos bajones, pero el freestyle sí que es más impredecible. Si un día no tienes la mente como toca pierdes en la primera ronda, por mucho que seas el campeón.

Hablábamos antes de la Eurocopa de Dinamarca. Suerte que tú no hiciste como Michael Laudrup, que no quiso ir a Suecia por no perder el tiempo…

[Risas]. Sí… La verdad es que cuando me llamaron ni me lo pensé. Si te soy sincero, tampoco estaba muy quemado por no ir. ‘Ya iré el año que viene’, pensaba. Pero una vez me llamaron ni me lo pensé. Dije: ‘Mira, si falta uno, yo voy p’allá… Y lo que se pueda’.

 

“En un partido de fútbol puede pasar cualquier cosa, pero en el freestyle todavía más porque todo depende muchísimo del momento”

 

¿Cómo es tu relación con el mundo del balompié?

Es verdad que yo soy más de NBA ahora mismo, pero esto me vino más tarde. Desde pequeño siempre me ha gustado mucho el fútbol, por mi abuelo y, sobre todo, por mi hermano. Todos los años me compraba la guía que sacaba Marca con todos los equipos. Jugué bastante al fútbol, aunque hasta los ocho o diez años era cojísimo. Iba a pegarle al balón y ni le daba. Pero a esa edad empecé a jugar bien de repente. Estuve dos años en un equipo. Nunca con aspiraciones profesionales, pero a nivel de calle sí que era bueno. Estaba muy enganchado al fútbol, es el único deporte que me interesó hasta los 14. Después sí que me enganché más a la NBA, pero el fútbol me continúa gustando. Sigo al día, sigo siguiendo todas las ligas. Algo menos puesto que antes, pero lo continúo siguiendo porque siempre me ha gustado mucho.

¿Cuál es tu primer recuerdo en el mundo del fútbol?

Realmente no sé decir cuál fue el primero, pero sí que recuerdo el primer Mundial que seguí un poco (Corea y Japón’02). No conocía nada de fútbol ni me enteraba mucho de todo lo que sucedía, pero me acuerdo de que lo veía con mi abuelo. Así, de forma más consistente, voy a decir dos. El primero, viendo un partido en casa de mi abuelo, en León, que no sé si estaba jugando el Madrid o Brasil. Solo recuerdo que fue el primer día que vi a Marcelo, que era jovencísimo. ‘Mira, ese chaval joven que ha fichado ahora el Madrid’, me dijo mi abuelo.

El primer torneo que recuerdo de forma más constante, más fuerte, es el Mundial del 2006. Recuerdo que yo iba con Francia. Siempre he ido con España después, pero mi abuela es francesa y, además, mi gran ídolo era Zidane. Ese es el primer Mundial que recuerdo nítidamente, el primero que seguí con más consciencia. Lo seguí mucho, lo viví mucho. Recuerdo todos los partidos de Francia, como el de octavos de final contra España.

Entonces, uno de tus peores recuerdos será, precisamente, la final de aquel Mundial, con la expulsión de Zidane en la prórroga.

Sí, sí… Me acuerdo de cuando le expulsaron. Dije: ‘Qué locura… No puede ser, no puede ser… No puede ser que este vaya a ser su último partido…’.

 

“Me encantan los mediocampistas con estilo, con un montón de clase. Como Zidane, el jugador que más me ha gustado de todos los que he visto”

 

Además de Zidane, ¿cuáles han sido tus grandes ídolos futbolísticos?

El primero es Zidane. Es el jugador que más me ha gustado de todos los que he visto. Me encantan este tipo de futbolistas, los mediocampistas con estilo, con un montón de clase. Recuerdo que también me encantaba Kaká cuando estaba en el Milan. Del Piero o Pirlo también me han gustado mucho siempre. No estaba al mismo nivel, pero Guti también me encantaba por su estilo de juego. Después me pasé más al baloncesto, pero Zidane, primero, y Kaká, después, eran los que más me gustaban en esa época en la que seguía más el fútbol.

Se podría decir que tu forma de rapear, que, en contraposición con estilos más contundentes, destaca por su finura, por ser más elegante en el contenido, por ser más exquisita en la métrica, recuerda un poco al fútbol de Zidane, Kaká, Pirlo o Guti.

Sí, es cierto… Creo que va un poco con mi personalidad. Hablando de deportes, nunca he sido de jugadores muy físicos. Siempre he sido más de jugadores más técnicos. Siempre me ha gustado más Federer que Nadal. Ese estilo de deportistas creo que siempre me han gustado más porque creo que van acorde con mi personalidad.

E incluso con tu manera de rapear.

Claro… Porque, al final, el estilo de rapear va acorde con la personalidad. Sin querer sonar pretencioso, en todo lo que he hecho, en el fútbol, en el baloncesto, en el rap, siempre me ha gustado más ese perfil más técnico, con más clase.

Hablemos de equipos. ¿Del Real Madrid desde niño?

Sí. A mi abuelo paterno el fútbol le da un poco igual, pero en casa del padre de mi madre sí que se veía mucho fútbol. Y mi abuelo era del Madrid. Recuerdo que, de pequeño, mi madre siempre me decía: ‘Si eres del Atleti el abuelo te va a echar de casa…’. En mi casa se veían todos los partidos del Madrid y toda la familia era del Madrid, así que me hice del Madrid, aunque también le tengo cariño a la Cultural Leonesa porque mi familia materna es de ahí.

Esta es, seguramente, una de las cosas más bonitas que tiene el fútbol, que nos retorna a nuestra infancia, que nos reconecta con nuestras raíces… 

Sí. El fútbol lo he vivido siempre muy familiarmente. Mucho más que el baloncesto por ejemplo, que es algo que sigo más en solitud porque son otros horarios… Es cierto que tengo colegas a los que también les gusta y que en España hay una comunidad muy grande, pero la realidad es que he visto pocos partidos de baloncesto en compañía. En cambio, sé que si hay partido del Madrid cuando llegue a casa estarán ahí mi hermano y mi padre. El fútbol me ha dado muy buenos momentos que he vivido en familia, como la final del Mundial del 2010. También tengo grandes recuerdos de partidos de baloncesto, pero al final los he vivido solo…

Lo que dices habla mucho del enorme potencial para socializar que tiene el fútbol…

Aquí en España hay un montón de gente que sigue la NBA, pero es que yo recuerdo que por la final del Mundial del 2010 a lo mejor había 20 personas. Mi madre, que no sigue el fútbol porque no le gusta, ve todas las finales de Champions porque estamos ahí toda la familia. El fútbol es más social, por todo. Lo he podido vivir más familiarmente, eso también hace que pueda aportarte algo distinto que otros deportes…

¿Cuál es la camiseta de fútbol que guardas con más cariño?

La verdad es que tengo unas cuantas, pero creo me quedo con la de España del año del Mundial. Me la compré justo antes del Mundial. Solía comprarme la del Madrid cada año, pero aquel año pedí la de España porque había Mundial. Y acerté.

A todas las que tengo les tengo mucho cariño, las guardo todas. Hay una del Madrid… Yo me acuerdo de que quería la del Madrid, pero me daba igual el jugador. Lo único que quería es que fuera con el ’21’, porque era el número que llevaba en ese momento. Recuerdo que le dije a mi hermano: ‘Oye, ¿quién lleva el ’21’?’. Mi hermano me dijo que lo llevaba Saviola, así que me pedí su camiseta. [Risas] Al final resultó que Saviola llevaba el ’18’… Pero me hace gracia esa camiseta porque cada vez que la veo me río y pienso: ‘¡Buah! Vaya lío…’.

¿Cuál es el mejor recuerdo que te ha dado el mundo del fútbol?

Te diría dos. El primero, el Mundial que gana España. Porque fue muy especial. ‘Disfruta esto. Disfruta esto porque yo en 40 años no había visto ganar a España’, me decía mi tío. Todavía era pequeño, pero me acuerdo de que lo viví con mucha ilusión. Tengo un buen recuerdo de aquel Mundial por la felicidad generalizada que provocó en todo el país.

El segundo es la Champions League que ganó el Madrid con el gol de Sergio Ramos en el minuto 93. Un poco por lo mismo, porque lo viví con amigos, con familiares. También tengo un muy buen recuerdo de aquella noche.

 

“Como en el fútbol, en el rap lo único que importa es el presente. No hay nada escrito”

 

Es cierto que la selección española era una de las grandes favoritas en el Mundial de 2010, pero tuvo que luchar contra la cantinela de que la selección nunca podía pasar de los cuartos de final. La temporada pasada, en Girona, Pablo Machín se hartó de repetir que competían contra metralletas con pistolas, pero que “el fútbol es el único deporte en el que un equipo eminente inferior puede ganar a otro eminentemente superior”. Como el fútbol, el rap es otro de los escenarios en los que el débil puede derrotar al fuerte…

Sí, sí… Por ejemplo, el día de la final nacional de la Red Bull, había una pantalla en el WiZink Center en la que se mostraba el porcentaje de votos que cada freestyler estaba recibiendo del público a través de las redes sociales. Yo estaba el último, con un 1%.

Aquel día yo era la pistola. Al final, tanto en el fútbol como en el rap, lo único que importa es lo que vaya a pasar ese día, lo único que importa es el presente. No hay nada escrito, absolutamente todo depende de lo que vaya a pasar ese día.

Aparte de la final del Mundial del 2006, ¿cuál dirías que es el momento más triste que te ha hecho vivir el fútbol?

En realidad soy una persona que cuando pierde mi equipo tampoco hago ningún drama ni nada por el estilo. Pero uno de los partidos de los que tengo un peor recuerdo fue cuando el Madrid volvió a caer en octavos de la Champions, contra el Olympique de Lyon. Era como que todos los años pasaba lo mismo. Ya era un poco mayor, ya era más consciente de todo, y me dolía ver al Madrid perder tanto. Me acuerdo de que, en aquella ocasión, cuando el Madrid quedó eliminado me frustró muchísimo. También me dolió que España quedara eliminada en la fase de grupos en el Mundial de Brasil, pero como veníamos de ganar en Suráfrica creo que el peor recuerdo sería ese, el de aquellos octavos de final contra el Olympique de Lyon.

Buscando similitudes entre el fútbol y el freestyle, quizás una de las más evidentes es que ambas disciplinas te obligan a reaccionar con rapidez ante una realidad que cambia continuamente…

Se diferencian por lo que comentaba antes de la importancia de la preparación, pero sí que es verdad que comparten ese componente de que lo que pase ese día, en ese preciso instante, en esa precisa situación, es lo que va a marcar qué ocurre. Si sales empanado y no das el pase en el momento exacto, esa pérdida puede acabar en gol. Y da igual que tú en el entrenamiento hayas acertado diez de cada 12 pases. Como cualquier deporte, el freestyle también tiene eso de que tú te subes ahí y no sabes qué va a ocurrir. Esto no es un trabajo en el que tú haces una tabla de costes y beneficios. Esto depende del día, no importa todo lo que hayas hecho bien antes. Como los futbolistas, nosotros nos lo jugamos todo el día de la competición.

Como el fútbol, el rap puede convertirse en una herramienta con un potencial incalculable para derribar barreras, para trenzar relaciones, para favorecer la integración…

Son cosas que unen a la gente. Aunque es verdad que el freestyle tiene la gran barrera del idioma… Si me voy a Francia no puede ser un punto en común con un francés porque no rapeamos en la misma lengua, así que en este sentido es un poco diferente del caso del fútbol, que lo único que necesitas es un balón. Pero sí que es cierto que ambas disciplinas comparten la capacidad de unir a las personas hasta límites insospechados. Igual que dos chavales pueden encontrar un lazo de unión porque a ambos les gusta el fútbol, pasa lo mismo con el rap.

 

“El freestyle tiene la gran barrera del idioma, pero ambas disciplinas comparten la capacidad de unir a las personas hasta límites insospechados”

 

En este sentido, el vídeo introductorio del FIFA06 proclamaba que el fútbol es “un idioma universal”, “el único espectáculo con un significado común para todos”.

Sí, sí… A ese juego no jugué porque el primero que tuve fue el PES6. Con Thierry Henry y Adriano, que estaba chetao en el Inter… [Risas] Pero vamos, que sin haber jugado a aquel FIFA, estoy completamente de acuerdo con esta frase.

En los octavos de la final nacional hablaste del Langui. En la #Panenka71 nos decía que “cuando vi que mi sueño de ser futbolista no se iba a cumplir, estuve un par de años sin nada que me motivara. En aquel entonces, el rap estaba llegando a España. Me llamó la atención, Yo también podía rapear y comunicar con la música. Y ser otra vez uno más en el corro. El fútbol era eso, sentirse útil, así que el rap pasó a hacer la misma función cuando vi que con un lápiz y un papel podía escribir rimas”.

Creo que define muy bien lo que ha vivido mucha gente. Tanto con el rap como con el fútbol… Hay un montón de futbolistas que han salido de un ambiente pobre. Con el rap también pasa mucho. El rap, de hecho, nace así, en la calle. Hay un montón de artistas que tienen un origen más callejero que han acabado triunfando, tanto en el fútbol como en el rap. Creo que es porque, al final, ambas disciplinas sirven mucho como vía de escape.

El fútbol porque te permite desahogarte. Al final, si es lo que de verdad te gusta, cuando estás en un campo de fútbol te olvidas de todo lo que hay fuera. Y el rap porque, al ser la música que utiliza más el lenguaje, también sirve para desahogarse. Puedes decir lo que quieras, puedes escribir lo que sientes. Sí, creo que también comparten ese punto.

Continúa.

Es que creo que ambas disciplinas son eso, una vía de escape para muchas personas. El niño que ahora es futbolista profesional quizás cuando era pequeño no tenía nada y crecía descalzo en las calles de Brasil, pero el fútbol era un desahogo para él porque era lo único que le hacía feliz. En el mundo del rap esto pasa mucho también.

 

“El fútbol te permite desahogarte. Si es lo que de verdad te gusta, cuando estás en un campo de fútbol te olvidas de todo lo que hay fuera”

 

Al final, el rap, como el fútbol, tiene un potencial enorme para abanderar cambios sociales…

Como es el género que más se sirve del lenguaje, el rap es una música en la que importa mucho lo que estás diciendo, mucho más que en otros géneros en los que las letras son mucho más irrelevantes. El rap no es una música para bailar, es una música para escuchar. Porque lo que tú estás reivindicando con las letras al final le acabo quedando al que te escucha.

Creo que el fútbol puede compartir ese potencial, pero de otra manera. El fútbol, en sí, es la unión que crea entre las personas y la fuerza que tiene esa unión, pero el potencial para hacer brollar impulsos sociales de cambio que tiene un partido es mucho menor que el que puede tener el rap. Es que el rap depende de lo que dices, así que tienes el poder de la palabra de tu lado. En el fútbol pasa lo mismo pero sin el mensaje, porque la disciplina no trata de eso.

El poder de la palabra. Al final, como hiciste en el WiZink Center, el rap te da voz para poner en evidencia a personajes como Donald Trump, Cristina Cifuentes…

A eso me refiero, a que en el freestyle con lo que estás diciendo estás dando un mensaje. No hay otro, ese es el mensaje que das. En el fútbol no estás dando ningún mensaje más allá de tu juego. Es obvio que el futbolista que tiene una posición alta en cuanto a repercusión sí que tiene en su mano el poder de transmitir el mensaje que quiera, pero es diferente en el sentido de que, durante una batalla, que es el equivalente a lo que sería el partido en sí, tu estás lanzando mensajes constantemente. Porque al final de esto depende el rap, del mensaje.

Pero esto no quita que ambas disciplinas comparten el potencial de unir a la gente. El fútbol, de hecho, une a más gente que el rap porque es mucho más popular, porque moviliza una masa social mucho mayor. Y, por tanto, cualquier cosa que esa masa social pueda reivindicar se va a escuchar más. Toda esa gente unida puede tener mucho poder, mucha fuerza.

 

“Tengas el estilo que tengas, juegues como juegues, rapees como rapees, siempre partes con las mismas posibilidades que el otro”

 

¿Qué más crees que pueden tener en común ambas disciplinas?

Que no hay un botón o una fórmula mágica para ganar. Hay muchos estilos diferentes, y todos ellos son igual de válidos. Están los equipos como el Inter de Mourinho, que se cerraba atrás y salía al contragolpe, y los equipos como el Barça de Guardiola, que asediaban al rival. En las batallas es igual, hay tíos más técnicos, tíos más tranquilos, tíos más directos, tíos que gritan más… Creo que esta confrontación de estilos diferentes lo hace todo mucho más bonito. Tengas el estilo que tengas, juegues como juegues, rapees como rapees, siempre partes con las mismas posibilidades que el otro.

La última. ¿Como afrontas la final internacional?

Muy tranquilo. Con la misma filosofía de siempre. Mi objetivo nunca ha sido ganar la final internacional ni ganar nada. Porque a mí lo que me gusta es el rap, no las batallas. Mi objetivo siempre ha sido rapear bien, como si alguien dijera: ‘Mi objetivo no es ganar la Champions League, es jugar bien al fútbol’. Siempre intento afrontar las batallas con mucha calma, tratando de olvidarme de a quien tengo delante. Si tengo al Madrid enfrente prefiero pensar que no es el Madrid. ‘Mira, sin saber quién eres, voy a rapear mejor que tú. Yo voy a hacer lo mío, tú haz lo tuyo’. Afronto la final con esta filosofía. He conseguido volver un poco a la mentalidad que tenía al principio, cuando empecé en la calle. Yo no conocía a nadie, simplemente iba a rapear. Para seguir con las comparaciones futbolísticas. A mí, si llego a la Champions, me da igual qué rival me toque. Porque voy a intentar jugar mejor que el rival sea quien sea, sin perder ni un segundo en pensar en contra quien estoy jugando. Yo no condiciono mi freestyle en función de a quien tengo delante, aunque hay gente que sí que lo hace. Yo soy fiel a mi estilo, yo voy a morir con mi estilo. Y así me plantaré en Buenos Aires. Y el que me quieran poner que me lo pongan en la primera ronda. Me da igual si es el mejor o el peor, la verdad. Porque no voy a pensar en eso. Voy a pensar en mí, en hacer las cosas como me gustan.

Y que pase lo que tenga que pasar.