Como si fuese una obra de arte. Imagino a los seguidores de Italia como si contemplasen las perfectas obras de Da Vinci. Una sensación de asombro. Un sentimiento de orgullo. En una época de sequía internacional en Italia, las futbolistas del país transalpino han conseguido proclamarse como la revelación de este Mundial. El orgullo de una nación carente de éxitos en estos últimos años pasa por las botas de las seleccionadas por Milena Bertolini.

Hacía dos décadas que Italia no se dejaba ver por una Copa del Mundo. Apeadas siempre en la fase de clasificación, su situación dio un vuelco en este último torneo. Tras lograr el billete a Francia, pocos confiaban en la calidad de jugadoras como Galli, Girelli o Linari pero la realidad, tres semanas después de debutar, es completamente distinta. De hecho, Italia fue la primera selección en hacer sonar las campanas de este Mundial.

Australia fue su primer rival. Las ‘Matildas’, comandadas por Sam Kerr, eran las grandes favoritas para llevarse el encuentro y todo apuntaba a ese guión cuando lograron adelantarse en el marcador. Sin embargo, ese orgullo que sienten hoy en día los aficionados italianos ya lo llevaban las guerreras dentro cuando se pusieron por detrás. Lucharon por el empate y el esfuerzo se vio recompensado a escasos segundos de acabar el partido. Un centro de Cernoia encontró la cabeza de Bonansea. El balón picado, imposible para la guardameta, cruzó la línea de cal y el éxtasis transalpino se hizo realidad.

“El récord que se logró en el Wanda solo se lo supera el hecho de jugar un Mundial”, asegura Linari, central de la selección italiana y del Atlético de Madrid. Lo recordó emocionada en una entrevista ofrecida a los medios oficiales de la FIFA. La defensora, que lloró durante la previa de ese choque histórico entre Atlético y Barça, hizo hincapié en los grandes sacrificios que tuvo que hacer para llegar al presente. “Jugaba al fútbol sin tener nada, en campos embarrados y con otros críos del pueblo”, añadió. Y de ahí el sacrificio que Linari demuestra en cada encuentro. La futbolista prometió entregarse al máximo para que su equipo no encajara goles. Y, de momento, no le ha ido mal.

Tras dar la primera sorpresa – y una de las pocas de este Mundial – todas las miradas estaban puestas en el encuentro que las enfrentaba a Jamaica. El combinado ‘azurro’ podía certificar su pase a la siguiente ronda y las debutantes necesitaban la victoria para seguir con vida. La Piedad es una de las obras de arte más simbólicas de Michelangelo. El escultor renacentista logró plasmar a través del mármol la mirada triste de la Virgen María mientras sostiene el cuerpo muerto de Cristo sobre sus manos.

Pues ni rastro de ese retrato filosófico sobre el terreno de juego. Ni miradas alicaídas ni piedad. En los primeros 45 minutos, Italia ya había anotado tres goles. Cristiana Girelli sumó un hat-trick y dejó el partido visto para sentencia. Pero la reprimenda no terminaba con ese torrente. A Galli le picó el gusanillo y en un intento de igualar a la delantera anotó dos goles más para endosar una manita a Jamaica. Con la goleada se volvió a desatar la euforia y se confirmó el pase a la fase final del torneo.

Quizás por eso cayeron ante la Brasil de Marta Vieira. Italia podía saldar una fase de grupos perfecta pero la Canarinha llegaba con urgencias y no perdonó ante las europeas. Sin embargo, la primera plaza quedaba asegurada y el partido de los octavos de final, definido. En el horizonte les esperaba una guerra contra China. Pero lo más importante es que dejaban atrás el fantasma de la eliminación. Un fantasma que ya había atormentado al combinado 20 años atrás cuando se marcharon del Mundial a las primeras de cambio.

 

Galli no es de las que se lo piensa demasiado antes de disparar. Idílica pistolera, que primero ataca y después pregunta quién es la víctima

 

“¡Ha subido mucho el nivel del Mundial! China me ha dejado sorprendida”, declaró Girelli a As después de doblegar a Australia. La premonición, el destino o el hecho de que las asiáticas se esforzasen tanto en pasar como terceras y así evitar a los temidos Estados Unidos permitió que las palabras de la delantera italiana cobrasen sentido. Creían las chinas que Italia sería un rival, en principio, más sencillo que las vigentes campeonas pero toda aquella celebración del técnico al lograr su objetivo quedó en papel mojado en la siguiente fase del torneo.

Italia llegó con la moral a la altura del Cervino y China pasada de confianza, pero en el mal sentido. El guión del encuentro, con los datos en la mano, esconde similitudes con el debut de las europeas en el Mundial. Menos posesión, menos lanzamientos… Pero más garra. Comenzaron arrasando a las asiáticas y así encontraron el premio del primer tanto. Giacintini abrió el marcador en su tercera llegada y de nuevo, la alegría se desató. Pero era cuestión de tiempo que las palabras de Girelli cobrasen sentido.

Reaccionó China y comenzó a comerle el terreno a las italianas. El combinado de Bertolini se vino abajo. Por lo menos, gran parte de las jugadoras. No así Giuliani, portera azurra, que sostuvo a base de estiradas a su selección en los momentos más críticos del partido. No obstante, Italia tiene un cañón en las botas de Galli. A la joven atacante de la Juventus no le hace falta mucho para armar sus botas y cantar goles. No es de las que se lo piensan demasiado antes de disparar. Idílica pistolera, que primero ataca y después pregunta quién es la víctima.

Precisamente Galli había entrado en lugar de Girelli pocos minutos antes de que acabase la primera parte y necesitó unos pocos minutos de la segunda para irse a celebrar su tercer gol del Mundial; el segundo y definitivo del encuentro. Con los tres silbidos finales, más sonrisas en los rostros. Un contraste de sensaciones si tenemos en cuenta los rictus desencajados de las chinas bajo la luz del Stade de la Mosson.

Italia alcanzó los cuartos de final y fue imposible no pensar en la última – y única – vez que lo lograron. Fue en 1991, en el primer Mundial femenino y que precisamente se jugó, bella metáfora, en China. El combinado italiano se cita, 28 años después, con su propia historia. Enfrente de ellas se encontraran a la Holanda de Lieke Martens, Groenen y la siempre temible Miedema.

Véanlo como si de una obra de arte se tratase. No importa si eres experto en la materia o un simple aficionado. Tampoco el cincel de las botas, las pinceladas en los pases ni las sombras en defensa. No es necesario ser un entendido en la materia para disfrutar del fútbol. Tan solo miren y gocen de las diferentes cualidades de Italia. Esas que la han conducido hasta los cuartos de final y le han colgado la etiqueta de revolucionaria. O renacentisa. Con sus futbolistas, ha vuelto la gloriosa Italia a un torneo de primer nivel.