Paolo Di Canio (Roma, 1968) fue un ‘Bad Boy’  que protagonizó decenas de actuaciones polémicas a raíz de su fuerte temperamento. De sobras conocido por sus gestos fascistas, este delantero nació en la capital italiana, la ciudad donde se unen todos los caminos y juega la Lazio, el club que le hizo debutar en la élite futbolística. Muchos jugadores con comportamientos controvertidos pasan por el mundo del deporte sin pena ni gloria, pero Paolo no fue de esos, puesto que tenía una clase al alcance de muy pocos que en ocasiones se vio perjudicada por sus cruces de cables. Alzar el brazo y hacer el saludo imperial delante de la afición ultra de la Lazio, a la que siempre estuvo muy unido, fue una de las más sonadas. Pese a ello, llegó a jugar en grandes clubes como el Milan, con quien obtuvo una liga italiana y una Supercopa de Europa; o la Juventus, entidad con la que levantó una Copa de la UEFA. Pero fue en las islas británicas donde logró su nivel más alto, convirtiéndose en un temido delantero que alcanzó su punto álgido batallando en Upton Park con la camiseta del West Ham. Volvió a la Lazio, el equipo de sus amores, antes de adherirse al Cisco Roma de la cuarta división para finalizar su carrera. Con 39 años de edad y un saco de discutidas acciones a sus espaldas, decidió colgar las botas tras disputar más de 500 partidos como profesional. Uno de los recuerdos más nítidos de su paso como futbolista se produjo en Hillsborough cuando militaba en el Sheffield Wednesday, en un partido frente al Arsenal en el que acabó siendo expulsado.

Un sábado de septiembre de 1998, a las tres de la tarde, en la ciudad británica de Sheffield, se batían en duelo los ‘Owls’  y los ‘Gunners’ de Arsène Wenger. Sin goles en el electrónico y a punto de llegar al ecuador del encuentro, se desencadenó uno de los momentos más surrealistas de la historia moderna del fútbol inglés. Un jovencísimo Patrick Vieira conducía el balón en campo propio tras una recuperación cuando, con un sutil giro en dirección contraria a su portería, trató de deshacerse de sus marcadores: Ritchie Humphreys y Wim Jonk. Ambos perseguían al francés con ímpetu hasta que el neerlandés, Jonk, acabó cometiendo falta. Vieira se reincorporó tras la entrada y rápidamente propinó tal embestida contra el jugador del Wednesday que le hizo acabar por los suelos. Di Canio, quien todavía no había aparecido en escena, se encontraba cerca de la acción y no dudó ni un segundo en saltar al ruedo a hacer de las suyas. Sin ningún miramiento, se dirigió inmediatamente hacia el epicentro del empujón para dejarle un leve recado a Vieria, antiguo ex compañero suyo en el Milan. No obstante, ese fue solo un feo gesto que actuó como entrante. El plato principal para ‘Paolino’ todavía no había llegado.

 

Sin goles en el electrónico y a punto de llegar al ecuador del encuentro, se desencadenó uno de los momentos más surrealistas de la historia moderna del fútbol inglés

 

Los jugadores de ambos bandos, quienes aún no parecían muy sobresaltados, observaron a Martin Keown —defensa de los londinenses— tratando de apaciguar los ánimos mientras apartaba al italiano. En ese instante desconocía que nuestro querido Paolo iba a suministrarle una buena dosis de ‘caricias’. El ’11’ de los ‘Owls’, más alterado que nunca, deseó plantarle cara dándole una patada en el gemelo y continuando la reyerta agarrándole el rostro con un gran enfado. No tardaron en aparecer el resto de componentes que había sobre el terreno de juego para separarles —o más bien dicho, para separar a Di Canio de la cara de Keown— y restablecer la calma en Hillsborough. De un momento a otro, Paolo había prendido la mecha que encendió a los ‘Gunners’, quienes no tardaron demasiado en recriminarle lo sucedido. El propio Vieira o el lateral experimentado Nigel Winterburn cargaron verbalmente contra el romano. Por su parte, Paul Alcock, el árbitro, citó a Paolo mientras sacaba de su bolsillo una cartulina roja que le invitaba a dirigirse al túnel de vestuarios y abandonar el partido. Por lo visto, Di Canio no estaba muy de acuerdo con la expulsión, así que decidió tomarse la justicia por su cuenta. El altercado iba alcanzar su punto culminante. Con la fuerza de sus brazos impulsó a Alcock, quien no pudo evitar su desplome sobre el verde. Tras visualizar al colegiado caer de una forma un tanto peculiar, Winterburn volvió a la carga para reprocharle su actitud, a lo que Paolo respondió con una sutil amenaza de puñetazo —curioso fue que dos años más tarde coincidieran ambos en el West Ham— antes de abandonar el césped como un villano con cara de pocos amigos. Segundos después, y ya reincorporado, el colegiado recurrió a su mayor arma de nuevo y echó también a Martin Keown. Con el paso del tiempo, Alcock declaró: “Tengo que darle las gracias a Bill Clinton porque su affair con Mónica Lewinsky me borró de las primeras páginas de los periódicos”, refiriéndose a la repercusión que tuvo el incidente con el delantero italiano.

El Sheffield acabó ganando aquel encuentro en el minuto 89 con un tanto de Lee Briscoe, aunque se avecinaba un problema extradeportivo con Di Canio que se debía cortar de raíz. Después de que la FA le impusiera una sanción de once partidos, los ‘Owls’ decidieron prescindir de sus servicios y traspasarlo al West Ham, donde acabó convirtiéndose en uno de sus mayores ídolos. Y, aunque parezca mentira, Paolo acabaría ganando el trofeo FIFA Fair Play en 2001 por un gran gesto que tuvo durante un partido contra el Everton, cuando el guardameta ‘toffee’ Paul Gerrard se lesionó en una salida del área. El romano podría haber marcado un tanto que hubiera puesto el marcador 2-1 a favor de su equipo; sin embargo, decidió detener el juego para atender al cancerbero. ‘Paolino’ ha tenido muchos desencuentros a lo largo de su trayectoria, pero también ha gozado de grandes momentos que han maquillado su problemático carácter.

Tras poner punto y final a su carrera se formó como entrenador. Empezó dirigiendo al Swindon Town, aunque sobre todo se le recuerda por su breve paso por Sunderland. Llegó a los ‘Black Cats’ a finales de la temporada 2012-13 y consiguió salvar al club del descenso, un logro que de poco le sirvió en el futuro, ya que fue destituido a las pocas jornadas durante la siguiente campaña. Esa fue su última etapa como técnico. Poco tiempo después empezó a trabajar para Fox Sports como comentarista y presentador de su propio programa, lo cual no duró demasiado y acabó siendo despedido por su ideología cercana al fascismo y la admiración que tenía a Mussolini. De este último personaje luce un tatuaje en su honor en el brazo derecho, donde se lee claramente ‘DUX’. A Di Canio nunca le importó estar en el ojo del huracán.

Hace tres años, Paolo y Winterburn se volvieron a ver las caras sobre un terreno de juego, en un encuentro entre leyendas del Milan y el Arsenal. Durante el transcurso del partido, Winterburn cometió una falta sobre Di Canio, lo que supuso una ocasión magnífica para recrear la famosa caída de Paul Alcock. El exjugador ‘gunner’ se tiró al suelo a modo de burla frente a la atenta mirada de Paolo, quien se dirigió a él para ayudarle a ponerse en pie. Ambos se fundieron en un abrazo entre carcajadas; el tiempo apaciguó los ánimos e hizo que se convirtiera en un instante incluso divertido. La carrera deportiva y la vida de Paolo Di Canio están repletas de genialidades y groserías, de buenos y malos momentos, y también de bellos goles e innumerables excentricidades. Sus grotescas actitudes y flirteos con el fascismo le han generado detractores y admiradores, situándole en el punto de mira en varias ocasiones. El ‘genio’ de Paolo nunca dejó a nadie indiferente.