Uruguay 1 - 1 Ghana (02-07-2010)
8.4Nota Final
IMPORTANCIA9
EMOCIÓN9.5
TÁCTICA7
ESPECTÁCULO8
Puntuación de los lectores 22 Votos
7.9

Parece mentira que ya haga nueve años de uno de los encuentros más memorables de la Copa del Mundo. Un 2 de julio de 2010 se citaron en el Soccer City de Johannesburgo dos de las revelaciones del campeonato, ambas preparadas para jugar un partido que les permitiría acercarse al éxito que acabó cosechando España en aquel mismo estadio. Uruguay y Ghana, Ghana y Uruguay, dos combinados nacionales que nadie metía en el saco de los favoritos y que sorprendieron a propios y extraños plantándose en cuartos de final. Yo contaba con diez abriles a mis espaldas. Esperaba ansioso uno de los mundiales que recordaré toda mi vida, aquel que me hizo pasar más horas delante del televisor que bañándome en la piscina o saliendo a jugar con mis amigos. Ese torneo fue el no va más para un niño que aún le quedaba mucho por conocer en el mundo del fútbol, pero que vivió intensamente aquello desde el primer hasta el último partido. El Mundial despertó muchas emociones y dio diversas sorpresas que no figuraban en los pronósticos de las guías que había comprado en el quiosco. Me acuerdo de una Francia eliminada en la fase de grupos, de la misma manera que Italia, las dos últimas finalistas. También recuerdo a Vittek y Hamsik metiendo a Eslovaquia en octavos o el golazo de Gio van Bronckhorst en semifinales, pero estoy seguro de que nunca olvidaré el Uruguay-Ghana de cuartos de final, un impactante contraste de emociones.

LA PREVIA

A ritmo de vuvuzelas apareció la selección de las ‘Estrellas Negras’ (apodo que recibe el combinado ghanés) en Sudáfrica, plantándose en la primera Copa del Mundo que se celebraba en el continente y la segunda en la que participaban —la primera fue en 2006, en Alemania—. Mientras los demás esperábamos los partidos de las grandes potencias, Ghana actuaba en las sombras y avanzó poco a poco en el grupo de Alemania. Esta última pasó como primera, Australia quedó tercera empatada a cuatro puntos con los africanos y Serbia fue la colista. La diferencia de goles ayudó al equipo dirigido por Milovan Rajevac a pasar de ronda sobre los australianos y jugar los octavos de final contra Estados Unidos. Los americanos eran favoritos por su papel en la Copa Confederaciones disputada un año antes, donde estuvieron a punto de robarle el trofeo a Brasil después de eliminar a la ‘Roja’ en semifinales. Además, venían de ser primeros de grupo por delante de Inglaterra, aunque eso sirvió de poco cuando en la prórroga Asamoah Gyan marcó el tanto que le dio la clasificación a Ghana. El delantero de 24 años fue una de las mayores bazas del combinado durante el torneo, logrando tres dianas cruciales para el devenir del equipo. La cuatro veces campeona de África cautivó a todo el mundo, aún sin llevar a la que era su mayor estrella en aquel momento y jugador del Chelsea, Michael Essien, quien tuvo que quedarse fuera de la convocatoria a causa de una lesión en la rodilla. Sí que estaban unos jovencísimos hermanos Ayew (Ibrahim y André) y un Kevin Prince Boateng que estrenó el marcador frente a Estados Unidos.

El rival que tendría que superar el equipo que bailaba al son de Asamoah Gyan no era moco de pavo. Uruguay había encabezado su grupo por encima de la anfitriona Sudáfrica, una Francia venida a menos que solo sumó un punto y el conjunto mexicano de un veinteañero ‘Chicharito’ Hernández. Un doblete de otra promesa del fútbol y delantero del Ajax, conocido como Luis Suárez, sirvió para ganarle los octavos de final a la Corea del Sur de Park Ji-sung. Aquella Uruguay entrenada por Óscar Washington Tabárez también tenía su killer, y no era un cualquiera; se trataba de Diego Forlán, un delantero que había maravillado a España a base de goles en Villarreal y Atlético. Era la estrella de la ‘Celeste’, una selección que llevaba cuarenta años sin pisar unas semifinales y ahora tenía la oportunidad de volver al lugar que le correspondía, el sitio de una bicampeona mundial. También jugaban unos imberbes llamados Godín y Cavani que colaboraron en la efeméride charrúa: situar al país en el mapamundi futbolístico otra vez.

EL PARTIDO

Aquella noche del 2 de julio el Soccer City estaba a reventar, 84.000 espectadores agarrados a sus butacas que desconocían lo que iba a suceder durante el encuentro. Los nervios estaban a flor de piel para ambos combinados que posaban juntos en una fotografía antes del pitido inicial, bajo el lema ‘Say no to racism’ que figuraba en una enorme pancarta. Sin más dilación, Olegário Benquerença, árbitro portugués de 40 años que iba acompañado del español Undiano Mallenco como asistente, dio comienzo al partido. Un partido en el que Ghana buscaba entrar en la historia y ser el primer equipo africano en plantarse en semifinales de un Mundial. Un partido en el que Uruguay quería demostrar que era capaz de volver a hacer grandes cosas. Empezaba un encuentro apasionante e inolvidable.

Una primera parte en la que los charrúas buscaban abrir el marcador a balón parado y los ghaneses tuvieron alguna ocasión aislada no auguraba un gran espectáculo. Los sucesos más destacables en el primer tiempo fueron oportunidades fallidas por Cavani y Vorsah. Al margen de lo futbolístico, la ‘Celeste’ tuvo algún percance. El capitán y timón del equipo, Diego Lugano, fue sustituido en el minuto 38 de partido a causa de un esguince en el ligamento de su rodilla derecha. Por otro lado, Fucile, lateral izquierdo uruguayo, sufrió una caída estrepitosa tras un choque con Inkoom que puso el alma en vilo a los allí presentes. Aún así, no fue motivo suficiente para marcharse del terreno de juego, demostrando una vez más la garra de este pequeño país sudamericano. Pasado el minuto 45, después de un más que discreto primer acto, Benquerença se disponía a señalar el camino de vestuarios cuando apareció Muntari. El jugador africano, quien no había sido todavía titular en el torneo hasta aquel día, se sacó un tremendo disparo de la chistera desde tres cuartos de campo. Dejó a todos asombrados, incluido a un Muslera desamparado al ver que ese balón se le colaba en la portería. Los ghaneses finalizaban el periodo con un alegre baile para celebrar el 1-0, pero desconocían que el asunto no había hecho nada más que empezar.

La fiesta les duró poco a los Muntari y compañía, ya que tras el descanso Uruguay logró empatar. Una falta de John Paintsil cercana al vértice del área permitió al legendario Diego Forlán convertir un disparo envenenado; quizá el balón que habían fabricado para la competición, el Jabulani, influyó en la dirección del lanzamiento. El esférico fue duramente criticado por su aerodinámica que dificultaba en gran medida la tarea del guardameta. El partido se abrió hasta el último minuto del tiempo reglamentario. La ‘Celeste’ inyectó verticalidad e intensidad en el ataque y las ‘Estrellas Negras’ buscaban el gol a través del contragolpe, pero el gol no llegó y el 1-1 final dio lugar a la prórroga. Se alargaba la agonía en Johannesburgo.

Media hora de tiempo extra en la que el cansancio tuvo un gran protagonismo. Todo apuntaba a que el pase a semifinales se decidiría desde los once metros, pero en el último suspiro pudo cambiar la historia. Una falta lateral a favor de Ghana fue la antesala del barullo que vendría a continuación. El centro dirigido al corazón del área puso en jaque a la defensa ‘charrúa’, una serie de rebotes acabo con un potente remate de cabeza de Adiyiah entre los tres palos. Muslera, sin poder hacer nada al respecto, observó de cerca cómo Luis Suárez sacó los brazos a pasear y evitó el tanto sobre la línea de gol. La acción fue castigada con cartulina roja y penalti para los africanos. Parecía que el desenlace estaba cerca, pero el jugador con más encuentros disputados al servicio de Ghana a día de hoy —además del máximo goleador histórico—, Asamoah Gyan, estrelló el esférico contra el larguero. Un jarro de agua fría cayó sobre él y sus compañeros en ese momento, puesto que habían echado a perder una oportunidad de oro. Aquella situación provocada por Luis Suárez había transformado el acontecimiento en una película de Tarantino. Un mismo Luis Suárez que celebró con toda su alma la suerte de su selección y desde aquel momento pasó a ser héroe nacional. Hace poco tiempo declaró para la Fox que había valido la pena “ser expulsado de aquella manera”. Ahora ambos conjuntos debían jugar sus cartas en la lotería de los penaltis.

Diego Forlán y el propio Asamoah Gyan abrieron la tanda con dos goles. Maxi Pereira, lateral derecho charrúa, erró su lanzamiento, pero de poco le sirvió a los ghaneses. Muslera decidió convertirse en el protagonista deteniendo los disparos del capitán Jonathan Mensah y Dominic Adiyiah. El trotamundos y ‘Loco’ Abreu tenía en sus botines la victoria de Uruguay frente a la atenta mirada del cancerbero Richard Kingson. Abreu decidió jugar con las ilusiones ghanesas y picó la pelota suavemente por debajo y la dirigió hacia el centro de la portería. El portero ghanés, ya tirado a un lado, tuvo que resignarse a ver cómo se introducía lentamente en el fondo de las mallas. El delantero marcó un gol a lo Panenka —nuestros tantos preferidos, Antonín— y certificó el pase a semifinales de Uruguay. El contraste de emociones fue de los más grandes en la historia del fútbol. Un equipo que estaba a punto de sucumbir y otro que tenía el triunfo en la palma de la mano se intercambiaron los papeles, las alegrías se tornaron en tristezas y viceversa. La incredulidad y el regocijo ‘celeste’ se contraponían a las lágrimas ghanesas, un panorama dantesco que desdibujaba las esperanzas africanas.

 

“Hemos hecho que África se sienta orgullosa”

 

EL POST-PARTIDO

Mientras una derrotada Ghana regresaba a casa, Uruguay disputó el preludio de la final mundialista frente a los Países Bajos. Esta vez no pudo ser para ellos y perdieron, cosa que volverían a hacer días después contra Alemania en la lucha por la tercera posición. Los ‘Charrúas’ se tuvieron que conformar con el cuarto puesto, pero la alegría que le llevaron a su país durante el torneo ya valió la pena. Uruguay había vuelto a la élite. Por la parte que le corresponde, Diego Forlán acabó anotando cinco tantos y fue galardonado como mejor jugador del campeonato. Aunque quedó la espinita clavada de no conseguir el título, un año más tarde se pudo remediar con la victoria en la Copa América en Argentina por decimoquinta vez, una más que merecida conquista para los sudamericanos.

Ya han pasado nueve años desde el día que lloramos por Ghana y celebramos por Uruguay, nueve veranos de uno de los partidos que más recuerdo de mi juventud. Descubrí a la selección ‘celeste’ que se convertiría en una de las referencias a nivel mundial por su garra y espíritu y me sentí triste por los ghaneses en los que había depositado tantas ilusiones. No siempre se puede ganar, pero sí que se puede emocionar perdiendo. Como ya dijo Gyan: Hemos hecho que África se sienta orgullosa”; y es que al fin y al cabo, el fútbol es un espectáculo que levanta pasiones —o debería—, así que equipos que afloran sentimientos como lo hizo Ghana en 2010 siempre se ganarán el respeto de miles de aficionados.