Minuto 22 de partido, gol de Lieke Martens. La neerlandesa abre el marcador para Países Bajos en un encuentro que serviría para calibrar a su selección y a la inglesa de cara a la próxima cita europea. Muy próxima al banquillo, una mujer de poco más de 50 años mira con emociones encontradas lo sucedido. Hace poco más de un año habría saltado de alegría ante ese gol y habría ido a celebrarlo con las compañeras de equipo. Ahora, sin embargo, hace una mueca. Y donde antes se llevaba la mano al pecho, junto al corazón, ahora se lleva el dedo a la sien, como pensativa. Esta era una prueba real de la valía de sus jugadoras que podría hablar bien o sembrar dudas sobre su papel como entrenadora de unas de las potencias más importantes en el continente. Es viernes 24 de junio del año 2022. Para entenderlo hay que remontarse un tiempo atrás.

De niña, probablemente tenía infinidad de sueños y comenzó a trabajar por ellos. La trayectoria no tiene por qué importar menos que ellos, de hecho, es fundamental disfrutarla para alcanzar la gloria. Sarina lo sabe. A veces estamos en el éxito. Dentro de la ola. Exhaustos de recibir aplausos, de que a terceros se les hinche el pecho a causa de nuestro trabajo. Nos estancamos tanto que ni siquiera somos capaces de saborear tanta guinda, cuanto menos el pastel. Nos sumimos en un estado extraño en el que ni siquiera nos sentimos protagonistas de nuestra propia vida. Como si todo lo que hacemos, decimos, pensamos y actuamos no fuera más que parte del guion de una película que otros han escrito. Y nosotros nos sentimos sentados en una butaca, como meros espectadores. Puede que nuestra protagonista sintiera precisamente eso ante tanto cambio trascendental en su vida.

Parece que nunca va a llegar, pero sucede. Créditos finales. Los sientes. Se te enciende una bombilla que por un lado te dice que quiere más y por el otro que hay que cerrar. Y la historia se tiene que terminar y no alargarla como esas series que tienen éxito un tiempo y luego lo que se avecina es simplemente fracaso. Aburrimiento, pedante. Más de lo mismo. Se te repite como un salmorejo demasiado cargado de vinagre. Y te cansas. Hasta sientes ganas de escupir. Y piensas que así no hay quien viva y que es mejor fijarse en otras que sí supieron terminar a tiempo para dejar un buen recuerdo en la memoria de quienes la gozaron.

Probablemente para Sarina Wiegman fuera de todo menos fácil decir adiós a un grupo humano que le había dado la oportunidad de entrenar al máximo nivel. Un grupo con el que cosechó el mayor triunfo a nivel europeo y gracias al que su historia y la de su país se engrosara. Seguramente le quedaron recuerdos que le encantaría revivir una y otra vez. También es probable que le pesara no poder entrenar más a esas muchachas que se dejaron la piel en el terreno de juego para hacer levantar una Eurocopa en su propio país, ante su propio público, llenas de júbilo. Y no siendo favoritas en absoluto. Países Bajos tiene mucho que agradecer a Sarina y Sarina a Países Bajos. Pero se cerró. Tuvo que hacerse. Se alcanzó la gloria y era el momento de bajarse del tren y llegar a una nueva estación.

Cogió sus maletas, con todas sus vivencias, todos sus éxitos. Toda la gloria. También todos sus fracasos. Todo lo aprendido. Dijo adiós a todas esas personas que la habían acompañado en ese tren llamado Países Bajos. Caminó entre un sinfín de escaleras en movimiento hasta llegar a otra estación llamada Wembley Stadium, destino Londres. Y ahí se montó en el tren de Inglaterra. Justo antes se topó con un tal Neville que acababa de salir, algo cabizbajo, y hacia otra dirección. Ella también se había sentido así justo después de atravesar la puerta de su anterior tren. Incluso estuvo un rato observando cómo se marchaba, atenta a los raíles y rezando por que nunca colisionara y su rumbo estuviera bien encaminado.

 

Países Bajos tiene mucho que agradecer a Sarina y Sarina a Países Bajos. Pero se cerró. Tuvo que hacerse. Se alcanzó la gloria y era el momento de bajarse del tren y llegar a una nueva estación

 

Ahora entró plena de alegría. Con ilusiones renovadas hacia un nuevo reto profesional. Uno de los más grandes de toda su vida. Abandonaba su casa. No era la primera vez que cerraba un ciclo, aunque quizás este fuera un momento cumbre dentro de su carrera profesional. Parecía que había tocado techo. ¿Pero dónde está realmente el límite? Posiblemente hizo caso omiso a esa voz que le susurraba que podría fallar y arrepentirse y reconocer ese miedo formó parte de su valentía.

Llegaba un momento especial para su progreso. Lo iba a afrontar con ganas e ilusión, aunque no dejaba de reconocer el vértigo que suponía todo aquello. Así lo dejó ver en las diversas declaraciones a medios que iba regalando después de todo el revuelo mediático que había supuesto su cambio de club. Iba a entrenar a un grupo de futbolistas muy potentes internacionalmente. Y cualquier pequeño paso en falso podría suponer una hecatombe a toda una vida dedicada a su principal amor: el fútbol.

Tenía mucho trabajo hecho y, además, la historia se iba a repetir: entrenaría a un país anfitrión en la Eurocopa. Ello hacía que su equipo ya estuviera clasificado. Como soñar era gratis, seguro que, al igual que a muchas personas, a ella también se le iluminaban los ojos pensando en lo idílico que sería volver a hacer la hazaña de levantar el trofeo en su propia casa. No obstante, cualquier cita era una gran prueba para ella. Los resultados tan abultados ante selecciones menos potentes no eran suficientes para conocer la dificultad y el verdadero potencial de sus futbolistas.

Sin menospreciar a ninguno de sus anteriores rivales le llegaría una cita donde realmente se podría calibrar el nivel de las suyas: la Arnold Clark Cup. España, Canadá y Alemania serían los verdugos que podrían hacerle caer o las víctimas que la enaltecerían como entrenadora. Ahí sí podría valorar mejor la capacidad de su equipo y su nivel de cara a la cita de verano.

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Fue aquel torneo de carácter amistoso, aunque no por ello dejó de ser competitivo. De hecho, las selecciones no pudieron disfrutar de un sinfín de goles, sino que trataron de mantenerse firmes en todas sus líneas, también en la parcela defensiva. Sí se vio un juego bonito, atractivo. El 17 de febrero Inglaterra se midió a Canadá, con el aliciente de que previamente, en el mismo día, España y Alemania habían empatado a 1. La recientemente nombrada Balón de Oro había abierto el marcador en la competición en el 46’, pero Lea Schüller hizo que el gol de Putellas no le diera la victoria a las españolas en el 88’. Algo similar a España le sucedió a Inglaterra. Las entrenadas por Sarina abrieron el luminoso ya en el ecuador de la primera mitad, gracias a la potente futbolista del Chelsea Millie Bright. Pero en la segunda parte, la canadiense Beckie materializó el último gol que se vivió en esa jornada, validando un nuevo empate en aquel campeonato de todos contra todos.

Que la selección española se había hecho cada vez más y más fuerte con los años era una realidad que Sarina pudo vivir en sus propias carnes en el segundo día del torneo. Aquel 20 de febrero, las de Wiegman se enfrentaron a las entrenadas por Jorge Vilda y todo lo que pudieron hacer ante el plantel presentado por el español fue mantener su portería a cero. Aquel empate sin goles hacía aún más competitivo un campeonato en el que el más mínimo fallo o acierto decantaría la balanza a favor o en contra. En la segunda cita del día, fueron las canadienses quienes se llevaron la victoria sobre Alemania, eso sí, por la mínima (1-0).

 

La historia se repite: Sarina Wiegman volverá a entrenar a un país anfitrión en la Eurocopa

 

Así, todo se iba a decidir el 23 de febrero. Tercera y última jornada. En ese momento, Canadá lideraba la clasificación al ser el único combinado nacional que había logrado una victoria. Sarina se enfrentaría a unas alemanas que estaban a la cola, pero mirando de reojo el primer partido de la jornada. España y Canadá se midieron a una hora en la que posiblemente los españoles siguieron el partido en televisión mientras disfrutaban de un almuerzo en familia. El gol de Alexia Putellas en el 21’ fue el único que se vio en un partido que daba una momentánea victoria a España en el torneo.

Wiegman tenía, por tanto, una prueba de fuego. Seguramente le transmitió a sus entrenadas la importancia de vencer aquel campeonato, independientemente de que fuera o no amistoso. Así saltaron las inglesas sobre el verde cargadas de energía y con un juego muy meditado y estudiado. En el 15’ Ellen White hizo el primer gol, para alegría de Sarina. Pero Alemania no estaba ahí pintada y no se había convertido de casualidad en la selección que más Eurocopas ostenta en la historia del fútbol femenino. Tenía que defender su honor. Así, la jugadora del Bayern de Múnich Lina María Magull logró poner tablas en el marcador poco antes del descanso. En la segunda mitad el partido continuó siendo muy exigente, tanto que no fue hasta los últimos compases que las inglesas volverían a ponerse por delante en el marcador gracias a un gol de Millie Bright en el 84’. El gol de Kirby en el 94’ de juego hizo que fueran las anfitrionas de la Euro 2022 las que se llevaran la primera Arnold Clark Cup que se celebraba en la historia. Empataron a puntos con las españolas, pero ganaron en la diferencia de goles.

Primera batalla importante superada con éxito para Sarina Wiegman. Una preparación para la guerra final que se celebrará este verano. Será realmente ahí donde conocerá si tomó la decisión correcta o no a la hora de abandonar la disciplina de Países Bajos. Así, fueron pasando los meses hasta que finalmente llegó el 24 de junio de 2022. Cita sin ninguna repercusión palpable, aunque vital para los intereses anímicos de Sarina Wiegman y las suyas. Restaban muy pocos días para el comienzo de la Eurocopa.

Lieke Martens había abierto el marcador hacía escasos minutos. Aún quedaba media primera parte y todo el segundo periodo por delante para que Sarina pudiera replantear el juego de las inglesas. Diez minutos después del 0-1, Lucy Bronze logró hacer tablas. Con ese resultado las futbolistas se marcharon al túnel de vestuario. No sabemos de qué se habló en el descanso. Cómo consiguió inyectar a las suyas la importancia que tenía aquel duelo. Lo cierto es que Inglaterra saltó al terreno de juego como una auténtica apisonadora. Pareciera el FC Barcelona en Primera Iberdrola. En el 53’ Beth Mead hizo el 2-1. Ella Toone y Lauren Hemp sentenciaron en los minutos 72’ y 74’. No contentas con un 4-1, Beth Mead hizo su doblete en el último suspiro del partido.

5-1. Pitido final. Suspiro y alivio. Sarina Wiegman había superado una pequeña gran batalla interna logrando vencer a quienes antes fueron parte de su propia familia a las puertas de la gran cita. La gran batalla. Donde todo se terminará decidiendo. La verdadera prueba de Sarina Wiegman comienza ahora.

 


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Fotografía de Getty Images.