En 1881 el británico Henry Gibbon levantó una fábrica de cal hidráulica en el estado mexicano de Hidalgo. Tras diversas dificultades, como la quiebra que se cernió sobre la misma en 1906, el Banco Central asumió la deuda contraída y se oficializó la fundación de la Compañía Manufacturera de Cemento Portland La Cruz Azul S.A. Fueron precisamente sus empleados -como el director general Guillermo Álvarez o el doctor Carlos Garcés- quienes en 1927 decidieron crear un equipo de fútbol, el Cruz Azul FC. Pioneros del balompié en la zona, los ‘cementeros’ en esa época tuvieron escasas oportunidades de batirse a otros rivales.

No fue hasta la década de los 60 cuando sus dirigentes emprendieron la construcción del Estadio 10 de diciembre. Fue el hogar del conjunto azul entre 1964 y 1971, cuando se mudó al Estadio Azteca de Ciudad de México. Un terreno de juego, por cierto, cuya construcción promovió el propietario del Club América, Emilio Azcárraga, al que se unieron los directivos de Atlante y el Necaxa. La idea era edificar un gran estadio que permitiera a México presentar su candidatura para albergar el Mundial de 1970.

Ya por aquel entonces la concreción del proyecto se asoció a conseguir el capital necesario a través de la cesión durante 99 años de cerca de 600 palcos. El mundo empresarial acaparó dichas localidades, hecho que permitió la construcción del Azteca en una zona rocosa que había sufrido los efectos de la erupción del volcán Xitle. En mayo de 1966 el estadio fue inaugurado oficialmente. El acto contó con la presencia del presidente del país, el abogado Gustavo Díaz Ordaz. Sí, han acertado, evidentemente era miembro del Partido Revolucionario Institucional (PRI), la formación política hegemónica en el país entre 1929 y 1989.

 

Mientras algunos hacen funcionar con fruición sus calculadoras, otros lloran la pérdida del hogar

 

Ese día más de 100.000 espectadores colmaban las gradas ansiosos por presenciar el encuentro que enfrentó al Club América con el Torino italiano. El partido finalizó con empate a dos goles, y el primer tanto lo anotó, para los locales, el brasileño Arlindo dos Santos. En ese mismo césped jugaría el Cruz Azul entre 1971 y 1996. La temporada de su debut en el Azteca fue la primera en su historia que los ‘cementeros’ alinearon a jugadores extranjeros. En dicho estadio, el conjunto azul logró cinco títulos ligueros -entre 1971 y 1980-, además de otros éxitos en competiciones internacionales, motivo por el cual el equipo integrado por jugadores como Javier Sánchez Galindo, Fernando Bustos, Octavio Muciño o José Luis Guerrero fue conocido en aquellos años como ‘La Máquina’.

Pese a ello, en 1996, el Cruz Azul se mudó al antiguo Estadio Olímpico de la Ciudad de los Deportes, un recinto inaugurado cinco décadas atrás que se convirtió en su nueva casa tras la marcha del Atlante, con quien compartió su uso hasta que en 2002 el equipo azulgrana se trasladó al Estadio Universidad Tecnológica de Nezahualcóyotl, conocido como Estadio Neza 86, inaugurado en el año 1981.

Sin embargo, tras dos décadas ocupando el Estadio Azul, ahora sus propietarios -el grupo empresarial Cosio Family- decidieron no renovar el contrato de arrendamiento al equipo ‘cementero’, que expirará en 2018.

Situado cerca de una céntrica zona residencial, la Colonia Nochebuena, sus gradas parecen asfixiarse hacinadas entre bloques de edificios y la vecina plaza de toros. Este inmenso cráter azul -puesto que el césped se encuentra 25 metros por debajo de la superficie de la calle- construido sobre un antiguo pozo que abandonó una compañía ladrillera, es ahora un dulce sugerente para constructoras ávidas de negocio.

El campo era el más antiguo que quedaba en pie de la capital mexicana. Pronto será demolido y en su lugar se construirá un centro comercial. Mientras tanto, los dirigentes del conjunto cementero buscan una ubicación para edificar su nueva casa. Las últimas cifras barajadas para llevar el proyecto a cabo ascienden a más de 120 millones de dólares. Mientras algunos hacen funcionar con fruición sus calculadoras, otros lloran la pérdida del hogar. Maldito sea este fútbol de hoy que autodestruye sus propios mitos, los recuerdos y las leyendas.


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