Burlarse de los compañeros, poner motes que ridiculizan a una persona, molestarla o inventar rumores sobre ella, es bullying. Y el fútbol formativo, desgraciadamente, no está exento de él.

Así como este fenómeno ocurre en las aulas de clases, también se presenta dentro de los partidos, de los vestuarios y en el campo de entrenamiento de acuerdo con el informe realizado por la Fundación Barça y el Grupo de Investigación Social y Educativa de la Actividad Física y el Deporte.

En los primeros días de junio se realizó la segunda edición del Simposio contra el Bullying comandado por la fundación del club catalán. Este ha asumido labores sociales muy importantes: diseñar un método para disminuir el acoso en las escuelas catalanas en la Primaria y realizar el primer estudio que certifica la existencia del bullying dentro del fútbol.

En la primera tarea se implementó un programa piloto que buscaba reducir los casos mediante la inserción de los infantes al deporte. Los resultados fueron óptimos. De los 26 colegios que fueron usados como muestra, el fenómeno se redujo un 35% a través de cursos y talleres que incluían actividades lúdicas que centraban emociones y reforzaban la convivencia entre los pequeños.

Por otro lado, y a la par de relevante, expusieron las conclusiones del acoso dentro de las academias de fútbol base. Esta problemática también se ha inmiscuido en el corazón de su práctica, en los cimientos y semilleros de estas escuelas.

Así como existe en las aulas, la problemática también se traslada a los campos de entrenamiento. Miguel Nery, investigador de la Universidad de Lisboa, comentó que el hostigamiento dentro del campo ha sido un factor decisivo para que los niños y niñas que lo han sufrido dejaran de jugar al fútbol, encontrando en la renuncia una salida rápida al problema.

En la resolución del trabajo se explica que al ser el balompié uno de los deportes más populares en Catalunya, decidieron centrarse en él y específicamente en los equipos benjamines (niños de 8 a 9 años), alevines (10 a 11 años) e infantiles (12 a 13 años).

 

Al menos un 9% de los futbolistas fueron víctimas de bullying, 14,8% fueron abusadores y 34,6% presenciaron ataques

 

Entre los datos obtenidos más relevantes destacan que al menos un 9% de los futbolistas fueron víctimas de bullying, un 14,8% fueron abusadores y un 34,6% presenciaron ataques. La categoría que presentó más casos de víctimas fue la de benjamines con un 13,4%, seguida de la de alevines con un 8% y, por último, la de infantiles con un 5,9%.

Como se acaba de mencionar, poco más de un tercio de los encuestados respondieron que han visto muestras de acoso en la última temporada y un 42,5% agregaron que al ser testigos trataron de detener los ataques. Mientras que un 39,4% de estos no hicieron nada al respecto pero se sintieron mal y solo un 4,8% no intentaron detenerlo e incluso les divertía observarlo.

Es cierto que la competitividad está en juego durante cada encuentro pero esta trasciende y afecta a los futbolistas cuando el objetivo fijo es ganar sin importar cómo. Al ser así, la atención se dirige al triunfo y no al desarrollo y bienestar de los jugadores, por ello suele suceder que las manifestaciones de acoso no sean identificadas.

Los escenarios propensos de estas acciones son aquellos donde no hay figuras de autoridad y, por lo tanto, en los que los agresores pueden intimidar más fácilmente a sus víctimas. El campo de entrenamiento es el sitio donde más sucede de acuerdo con lo que expone el estudio.

La categoría benjamín, al ser la que más ha suscitado estas acciones, también es la que solicita mayor ayuda. Un 34,9% de la muestra demanda que estas agresiones terminen y al entrenador es a quien más requieren para solucionar el problema, seguido de la familia y los compañeros de equipo.

Este análisis es de los primeros que existen en la detección del bullying dentro del deporte y al haber pocos concluye que hace falta implementar políticas y protocolos que ayuden a erradicar este mal dentro de la disciplina. Así como la capacitación de las autoridades para saber cómo reaccionar ante estos casos y, sobre todo,  crear un espacio que propicie la buena convivencia entre los jugadores.