Carles Francino Navarro (Altafulla, 1980) es un contrastado actor que ha participado en películas, obras de teatro y, sobre todo, reconocidas series españolas como Hospital Central, Punta Escarlata o Las chicas del cable. Su vida profesional está delante de las cámaras, pero aprovecha los ratos libres detrás de ellas para vivir de cerca una de sus mayores aficiones, el fútbol. Aunque el paso de los años acabara ubicándole en el mundo de la interpretación, siempre soñó con jugar en el Camp Nou, el estadio del club de sus amores. Su padre, Carles Francino Murgades, periodista y exjugador del Reus, contribuyó desde que era pequeño a que amara este deporte del que aún siguen disfrutando juntos en Madrid.

¿De dónde surge tu pasión por el fútbol?

La pasión surge en casa. Desde pequeño en casa era fútbol, fútbol, fútbol… Sobre todo por la parte de mi padre, aunque a mi madre también le gusta y en ocasiones nos sentamos juntos a ver los partidos. La afición de la familia provoca que si hay una pelota en casa tú también quieras empezarla a tocar desde pequeño.

Enseguida comenzaste a jugar en el fútbol base.

Cuando era un niño jugaba en el colegio y desde muy pronto empecé en el Altafulla [el equipo de su pueblo natal], pero también pasé por otros equipos. Recuerdo haber estado un año en el Nástic cuando era muy pequeño, luego volví al Altafulla y después empecé a jugar en equipos de Barcelona; siempre en categorías de regional y preferente. Unos años después, antes de entrar en la universidad, regresé a Altafulla porque ya podía empezar a desplazarme solo los fines de semana. Me quedé en el mundo del fútbol modesto. Las circunstancias, los estudios y estas cosas complican un poco el asunto.

¿Hasta que edad jugaste a fútbol federado?

Jugué federado hasta hace cinco o seis años y actualmente estoy con los veteranos del Altafulla desde hace cuatro más o menos, aunque ahora mismo no estoy pudiendo ir por razones laborales que me lo impiden. Cinco o seis años atrás todavía estaba con el equipo amateur del Altafulla en regional, dando guerra. Incluso aún había campos de tierra, lo cual cada vez es más difícil de ver. Las regionales son duras… Aunque he de decir que las ligas de veteranos también.

¿Aún sigues jugando algunas pachangas con los amigos?

Sí. Los jueves, aquí en Madrid, mi padre organiza partidos entre periodistas, gente del deporte en general, actores… Nos juntamos en el Centro Deportivo de la Chopera, en el Retiro, y quedamos a las diez de la mañana. Siempre que puedo voy, pero cuando estoy trabajando tengo que ir un poco con cuidado.

¿Alguna vez has tenido una lesión importante?

Importante en sí, no. Estuve dos años con pubalgia y en un partido con el Altafulla me rompieron el tobillo, aunque por suerte no tuve que operarme. Es lo que más recuerdo; gracias a Dios nunca he tenido nada grave.

¿Qué representa para ti la figura de tu padre? ¿Aún seguís viendo algún partido juntos cuando podéis?

Sí, desde luego. Aquí en Madrid quedamos algunos fines de semana para ver el fútbol y ahora que empieza la época de Champions quedamos para cenar en su casa y mirar el partido. Él representa todo, es mi referencia y además he tenido la suerte de jugar muchos años con él. Ahora se complica un poco porque está un poco mal de la pierna, pero he tenido la fortuna de jugar a su lado. Ha sido un jugadorazo, siempre me ha gustado mucho, un tío en medio campo con cabeza, tranquilo. 

¿Un poco como Xavi en el Barça?

Sí, parecido a Xavi. Le faltaba quizá una punta de velocidad, pero protegiendo la pelota y jugándola era muy bueno. Hace dos años en los partidos de El Retiro aún lo veías dando guerra. Él ha sido mi referencia futbolística. También tengo una anécdota con él, ya que una vez me hizo estar triste porque tuve la oportunidad de hacer unas pruebas para el Espanyol, pero como ese trimestre las había suspendido casi todas no me dejó ir y tuve que quedarme en casa estudiando. Es una pena, pero al final aprobé y si estoy donde estoy también es gracias a él.

¿Qué sensación tienes cuando juegas a fútbol? Me imagino que sirve un poco para evadirte del trabajo y desconectar un rato.

Sí, básicamente es eso. Uno sigue queriendo tener la fuerza y la energía de cuando tenía 20 años, pero con el tiempo se va complicando un poco. De todas formas, yo ahora a los 38 me considero mejor futbolista que cuando tenía 20, tienes más cabeza, más inteligencia y no vas tan ‘a lo loco’. Si te vas cuidando puedes aguantar bien un partido de 90 minutos, pero lo jodido es que la recuperación ya no es la de antes.

 

“A los 38 me considero mejor futbolista que cuando tenía 20”

 

Me has comentado que jugáis en El Retiro diferentes actores y periodistas. Debes tener compañeros del mundo del cine a quien también les apasione el fútbol, ¿no?

Sí, por supuesto. Los actores que van a jugar a fútbol son muy regulares, van casi cada jueves. La mayoría son del Madrid o el Atlético, yo soy el único del Barça. Me encuentro con gente como Javi Pereira, Álvaro Monje, Emilio Buale… Tienen un nivel muy bueno y disfrutamos muchísimo.

Como bien dices, la mayoría deben ser del Madrid o del Atlético. ¿Qué supone para ti ser del Barça y estar viviendo en Madrid?

Estoy en territorio hostil [ríe]. Al principio, con la gente del trabajo, que es con la primera con la que hablas de fútbol, te das cuenta de que no hay casi nadie del Barça. Quizá haya uno o dos. Me acuerdo, por ejemplo, que en el rodaje de Hospital Central había solo un técnico que era seguidor del Barça. Por suerte llevamos unos años bastante gloriosos. Siempre hay excepciones, pero en general estos últimos 10 años el Barça está llevando una línea ganadora que aquí ha hecho bastante daño. Todo esto me sirvió para empezar a descubrir un poco a la gente que era ‘antibarça’. No todos son así, obviamente, pero hay mucha gente que sí. A veces se sorprenden si voy a jugar a El Retiro o me paseo por Madrid con la camiseta de mi equipo, hay gente que igual te dice que lo haces para provocar, pero no es el caso. Provocaría si me la pusiera después de haber ganado un clásico, pero acostumbro a ser un poco discreto con estas cosas.

El Barça hace más o menos 15 años que gana muchos títulos en comparación con épocas anteriores. ¿Cuál es el mejor recuerdo que tienes como ‘culer’? ¿Y el peor?

Recuerdo muchos buenos. Los peores quizá los últimos dos de Champions. El de la Roma lo vi en Madrid con Andrés Velencoso, que también es muy futbolero, y con otro amigo; fue muy doloroso. El del Liverpool lo viví en casa de mi suegro, él y yo solos. Recuerdo pasarlo mal, es algo que no te esperas, son partidos que hacen daño, pero el fútbol es así. Yo soy un gran defensor del Barça y lucho bastante contra la actitud ‘tribunera’, ya que ahora es común publicar muchas noticias que machaquen a los equipos. Este inicio de liga no estoy pudiendo seguirlo porque tengo función de teatro y he de pedir resúmenes y necesito que me expliquen cómo están yendo las cosas. Veo que hay una alarma general de que las cosas no van bien, aunque yo siempre intento ser positivo. Volviendo a los recuerdos buenos… Aparte de la época de Johan o Guardiola, un momento importante fue la llegada de Ronaldinho. Lo recuerdo como un momento espectacular que supuso el inicio del cambio de ciclo de hace 15 años que hablábamos antes. Con su llegada todo empieza a mejorar.

Hace tiempo dijiste que soñabas con jugar en el Camp Nou.

He tenido la suerte de poder jugar ya dos veces. La época de TV3 de mi padre aprovechaba para enchufarme e ir a jugar partidos por toda Cataluña. En esos momentos yo empezaba a hacer alguna serie para la televisión catalana y tuve la oportunidad de jugar un partido. El último partido de La Marató de TV3 lo jugamos en el Mini Estadi, marqué dos goles, algo inaudito que no pasará nunca más [ríe]. La última vez en el Camp Nou fue durante un evento de Nike, que me llevé a un amigo mío del pueblo y estuvo muy ilusionado.

¿Cuál fue la última vez que fuiste a ver un partido en el Camp Nou?

No recuerdo bien contra quién fue, pero era un partido de liga de la temporada pasada y ganamos seguro. Estaba sentado cerca de la zona de banquillos.

¿Y has ido a algún otro estadio hace poco?

Sí, estuve en el palco del Santiago Bernabéu. Me invitaron a ver el Clásico de la temporada pasada con un amigo. Al Bernabéu he ido ya tres veces a ver un Madrid-Barça y por suerte las tres veces hemos ganado. Es un campo espectacular, todo hay que decirlo.

¿Sigues algunas ligas de fútbol internacional?

Si algún domingo estoy en casa y tengo la oportunidad miro algo. A veces miro el Manchester City, que cada vez juega mejor. El fútbol inglés, se ha visto en esta última Champions, se lleva un poco la palma y mola seguirlo porque está muy avanzado. Hace unos años el foco estaba aquí en la liga española, pero ahora la Premier tiene mucho protagonismo. Me gusta ese fútbol rápido, directo y más señorial.

¿Tienes alguna camiseta icónica de fútbol?

Sí, tengo una de Maradona. Me la trajo un amigo de la familia y me la regaló. Es como oro en paño, la guardo en un cajón y la utilizo en ocasiones especiales. Del Barça tengo más, Nike me ha dado algunas y es un gusto. Recuerdo que tenía una de la selección brasileña de la época de Rivaldo que me regaló mi padre y una del París Saint-Germain de cuando fui a ver un partido suyo allí en París. No hace falta que hablemos de Neymar. [ríe]

¿Qué similitudes hay entre el actor y el futbolista?

En ambas siempre hay esas mariposas en el estómago, pero lo relaciono un poco más con el teatro. Antes de empezar una escena, antes de que el árbitro pite, hay un poco de nervios por jugar bien, para que funcione bien. Cuando tú sales al campo y ayudas a los compañeros a ganar para poder irte bien a casa; eso sigue estando y me hace mucha ilusión, te hace sentir vivo. En La Chopera tenemos el ejemplo de Carlos Marañón [director de la revista Cinemanía], que aparte de ser un jugadorazo, aunque sea del Espanyol [ríe], es un gran entendido del cine.

Algunos jugadores tienen supersticiones. ¿Tienes tú alguna antes de rodar?

No, la verdad es que no. Sí que coges ciertas rutinas antes de grabar o cuando vas a actuar. Llego, me afeito, caliento un poco, medito… Pero no tengo ninguna superstición especial.