Esta entrevista está extraída del #Panenka57, un número que todavía puedes conseguir aquí.


 

Liverpool-Deportivo Alavés. Una final desigual por historia y palmarés. Un partido que, por su desarrollo y desenlace, ocupa un lugar importante en la historia del fútbol. Pocas veces se ha visto y vivido una final con tanta intriga y emoción. El reloj se paró en el minuto 117 con un gol desgraciado que elevó el 5-4 definitivo al simultáneo. Ganó el Liverpool, pero 15 años después sigue intacta la profunda huella que dejó aquel equipo comandado por ‘Mané’ y su inseparable ayudante, Ángel Garitano ‘Ondarru’. Un grupo que fue creciendo desde la Segunda División con el capitán Antonio Karmona a la cabeza. Hablamos con ellos sobre aquella memorable final y la trayectoria que llevó al Deportivo Alavés a ganarse el corazón de la gente.

Es una maravilla el ambiente de fútbol que se vive en Mendizorrotza. Nos retrotrae a las grandes noches europeas del Deportivo Alavés. Aún se ven en las gradas camisetas de aquella final ante el Liverpool.

Antonio Karmona: El Deportivo Alavés, después de nuestra época, tuvo un impás con Piterman. Es algo que nadie quiere recordar en Vitoria. Y el volver a Primera, diez años después, con ese ánimo renacido, sí que puede recordar a nuestra época. La gente se ha enganchado en los últimos años, después de un período negro, y quiere relanzar otra vez a su equipo. ¿Por qué? Porque quizá tienen esa historia en su mochilita y eso reaviva la ilusión en cada partido.

José Manuel Esnal: Estoy totalmente de acuerdo. Y habría que añadir algo más: se han hecho las cosas muy bien desde el punto de vista de la grada de animación. Han facilitado las cosas, haciendo que esta grada esté donde está, la coordinación entre las partes ha sido buena, y sí es cierto que son chavales que en aquella época estaban en la mejor edad para recibir todas aquellas sensaciones de su club. Y ahora se lo están devolviendo. Porque eso ha sido la siembra de una semilla que ha crecido y ahora está en plenitud. En Mendizorrotza, si el partido es malo, parece mejor de lo que es.

Aquella final de Dortmund… ¿Qué huella os dejó?

J.M.E: Personalmente no he tenido ningún trauma ni ningún problema a raíz de aquel partido. Por educación de entrenador, siempre he mirado al domingo siguiente. Por lo tanto, lo borras enseguida. Sí que hay una cierta erupción cada vez que hay un acontecimiento relacionado con aquello, como recuerdos periodísticos, etc. Pero por lo demás, no tengo una fijación en los recuerdos. Supongo que están ahí, en un rincón. En el baúl. Y de vez en cuando se estimulan.

A.K: Hay una relación entre lo que fue el partido y lo que la gente percibió de él. Es verdad que siempre que me muevo por ahí me relacionan con aquella final. Creo que fue un hito. Quedó marcado para mucha gente, y te lo recuerdan a menudo. Como dice el míster, tú lo conservas ahí, en un rincón. Es algo que llevas dentro, lo tienes para ti, pero no es algo que estés recordando permanentemente.

Era la primera vez que el Alavés disputaba una competición europea. ¿Cómo fue el proceso de crecimiento?

J.M.E: Para llegar a una final el equipo tiene que rendir bien. Pero ya venía haciéndolo. Había pasado la prueba del algodón. El año del ascenso a Primera [1997-98] ya se le vieron posibilidades muy grandes a aquel grupo. A partir de ahí, era cuestión de acertar con las piezas. El primer año no había recursos financieros; jugamos con muchos cedidos. Eran futbolistas jóvenes. Pudimos recuperar a alguno de ellos, caso de Javi Moreno. La secretaría técnica hizo un trabajo extraordinario, porque cuando un equipo tiene necesidad de trabajar en base a ella, tienes que tener mucha confianza, mucho acierto y mucho compromiso con el entrenador. Una secretaría técnica con Ángel Garitano ‘Ondarru’, Juan Carlos Rodríguez y otros, junto a los diferentes estamentos del club. Una secretaría técnica que trabajaba las 24 horas del día con un criterio muy cercano al entrenador. Cuando las cosas van separadas es muy probable que los errores se cometan con mucha más facilidad. Y esa era una de las grandes fortalezas. No es algo que suela ocurrir. Pongamos el ejemplo de Rafa Benítez, que pidió ‘un jarrón’ y le trajeron ‘una lámpara’. O algo así dijo. Ese tipo de circunstancias, en esos momentos, en nuestro club no se dieron.

 

“Hubo un tiempo en que la final de la Copa de la UEFA era a doble partido. Quién sabe si con ese formato…”, ironiza Mané

 

A.K: La temporada del ascenso a Primera fue clave para la formación de un grupo. Luego, teníamos muy buenos jugadores. Con varios internacionales. El equipo trabajaba muy bien y además había mucha calidad. Los nuevos que vinieron dieron forma a la base que ya traíamos de Segunda. Había una gran relación entre nosotros. Nos juntábamos a menudo fuera del campo. Y nos reíamos mucho. Porque había gente que le daba una alegría al grupo… Gente como Javi Moreno. Era espectacular. Siempre tenía una sonrisa en los momentos malos.

J.M.E: Iban todos los jueves a cenar. Y hay una máxima, que no sé quién dijo: ‘cuando convocas una cena y van todos, de ahí se puede sacar algo bueno’. Había compromiso. Era un grupo fantástico. Tampoco es que hubiera muchas desavenencias, ni conflictos. Recuerdo muy pocas sanciones. En algún momento sí hubo alguna fricción, pero lo solucionaron ellos mismos. Una conversación con las personas en conflicto y enseguida se entendían.

A.K: Sufrimos mucho para mantenernos en Primera. La segunda temporada llegaron nuevos jugadores [Herrera, Contra, Téllez -que ya había estado el año del ascenso-, Eggen, Astudillo, Javi Moreno, Kodro…] y terminamos haciendo un año excepcional. Faltando pocas jornadas teníamos opciones, matemáticamente, incluso, de ganar la Liga. Ahora ves que Barça, Real Madrid y Atlético lo dominan todo. Entonces podía ganar el Valencia, el Zaragoza, el Dépor, nosotros… ¡Y bajaron a Segunda el Betis, el Sevilla y el Atlético de Madrid!

El primer rival en la Copa de la UEFA fue el Gaziantepspor turco. Estreno en Mendizorrotza (0-0). El partido de vuelta, cerca de la frontera con Siria, fue apoteósico (3-4). La mayoría de eliminatorias se definieron lejos de casa.

J.M.E: ¡Cuatro horas antes de empezar el partido el campo estaba lleno de gente! Venga a cantar. Pasamos la primera prueba. Las estadísticas tienen muchas lecturas. Es cierto que no ganamos el primer partido en casa hasta el choque contra el Rayo Vallecano [cuartos de final]. Pero hablamos de eliminatorias. Dos partidos. Curiosamente, en un tiempo, la final de la Copa de la UEFA era a ida y vuelta. Quién sabe si con ese formato hubiéramos ganado la copa… [risas].

A.K: Todos los partidos fueron muy igualados. De gran dificultad. Vinieron los turcos y nos empataron a cero en la ida. Un partido áspero, duro. Luego fuimos a Lillestrom, ganamos allí, pero en la vuelta llegaron a adelantarse 1-2. Los partidos tienen muchas complicaciones desde el punto de vista del juego. Y nos fuimos adaptando a los rivales, a la competición. Eran diferentes en cada caso. Recuerdo bien a los noruegos: sacaba el portero de puerta ¡y los centrales iban a rematar!

‘Ondarru’: Y por no hablar de las dificultades del campo. Ante el Lillestrom jugamos en Drammen, cerca de Oslo. Nos preguntamos: ¡con todas las dificultades que pone la UEFA y jugamos en este campo! Estaba en una colina. ¡Y la rueda de prensa fue en la calle! Fíjate cómo sería el campo, que cuando fui a verles allí, llegué a las instalaciones y no vi a nadie. Di la vuelta al campo. Por una de las partes de la tribuna había una tapia. Puse una tabla contra la pared y salté. No había nadie. Y así pisé el césped. Luego salté otra vez y punto. Así era el estadio.

El equipo se caracterizaba por encajar poco. Y, de repente, se desata un torbellino goleador. Marcáis 35 goles en 13 partidos. ¿Cambió la fisonomía del equipo?

A.K: Nunca nos sentimos inferiores a nadie. Jugamos de tú a tú todos los partidos. Al ataque, con nuestra consistencia defensiva; a ganar siempre el partido de fuera: en Turquía, Milán, Kaiserslautern… El equipo no era ‘me meto atrás y ya tendremos ocasiones’. No, no. Pero sin perder sus señas de identidad. Por ejemplo, en el campo del Rosenborg, contra un equipo de tradición Champions, jugamos un partidazo. Con Iván Alonso, Javi Moreno, Vucko… Un partido enorme. De una calidad y superioridad bastante claras [1-3 en Trondheim].

J.M.E: Ya nos lo creíamos. Bajo mi punto de vista, cuando estás en una competición europea, lo importante es creerte, como equipo, que puedes ganarle a cualquiera. Pienso que ese es el punto clave. Nosotros ya teníamos algún futbolista con experiencia en ese tipo de competiciones: Contra, Eggen, Geli, Tomic, Jordi Cruyff, Vucko… Pero tampoco muchos, ¿eh? Era creernos, por nuestra propia experiencia, que sí se podía. Y eso se logra contra equipos que te superan en historial, por eso aquel día fue clave. Éramos un equipo versátil. En un mismo partido hacíamos defensa de cuatro y a veces de cinco. Todo con una naturalidad increíble. Sin apenas movimientos. Había una madurez táctica terrible. Era cuestión de tomar más o menos riesgos. La cuestión era ganar el partido, con jugadores con cierta polivalencia. Si no tienes futbolistas polivalentes no puedes hacerlo. Aquello se trabajaba en los entrenamientos.

A.K: La dinámica del equipo era muy buena. Los nuevos que llegaron tenían un bagaje importante y encajaron muy bien en el vestuario. Remamos en la misma dirección. Aunamos los esfuerzos para hacer un equipo más fuerte. Creo que todo está unido a un gran grupo y a buenos jugadores. Gente como Desio, por ejemplo. La importancia de tener a futbolistas con ese espíritu. Sin tener el poso de las competiciones europeas, le dio al grupo un carácter muy competitivo. Todo eso hacía que aquel equipo fuese mucho mejor.

En octavos desafiasteis a la historia, superando al Inter de Milán de Zanetti, Blanc, Farinós, Seedorf, Recoba, Vieri… San Siro ardió aquella noche con los tifosi enfurecidos. Una eliminatoria memorable.

J.M.E: Recuperarse del 1-3 durante el partido de ida en Mendizorrotza fue otro momento importante [terminó 3-3]. Una muestra de lo que luego fue la final contra el Liverpool. A golpe de reacción: caída al suelo y levantarse. Es una demostración de lo que era este equipo. Capaz de resolver problemas anímicos muy grandes. Nos lo creíamos. Porque por juego, ya en Vitoria, fuimos muy superiores al Inter. El problema es que tenían tanta calidad que en cualquier momento podían marcarte. Hablamos de calidad individual. Eran buenísimos. Pero como equipo, de lo más pobre. A esos niveles te estoy hablando, ¿eh? Lo observamos detenidamente. Y le tomamos la medida. Abandonaban rápidamente la solidaridad en el terreno de juego. Pensaban que con la calidad ya valía.

A.K: En Vitoria los metimos atrás. Éramos un equipo con mucho ritmo.

J.M.E: Sí, pero en Milán, después de adelantarnos nosotros, ellos estaban a un gol de la eliminatoria. Y te podían marcar en cualquier momento. Y casi lo hacen. Pero el equipo tuvouna madurez psicológica espectacular. Los partidos se medían muy bien. Controlábamos cada situación del terreno. Antonio dice: ‘el alto ritmo de presión y tal’. Sí, es cierto. Pero a rachas. Cuando nos convenía. Ahora apretábamos arriba y de repente bajábamos un poco el ritmo, para dar aire a los delanteros. Y si había que tirar un patadón al graderío se tiraba. Una madurez táctica impresionante [0-2 en San Siro].

En cuartos de final se presenta una eliminatoria muy curiosa: Deportivo Alavés-Rayo Vallecano. Un duelo con un gran significado simbólico en la escena continental.

A.K: Yo comencé en Segunda Regional. Una pelea. Y fui afortunado. En la eliminatoria contra el Rayo los dos equipos pensábamos lo mismo: ‘el que gane va a hacer historia’. Porque pasabas a semifinales. Y el que pierda se va a quedar con la miel en los labios. Va a decir: ‘hemos llegado hasta aquí y nos ha eliminado uno de nuestra liga y de nuestra misma condición’. Yo creo que todos teníamos la duda de lo que pudiera pasar. Ellos eran un buen equipo, con Juande Ramos de entrenador. Pero nosotros terminamos haciendo historia.

J.M.E: Había bastantes paralelismos. Ellos viven como tercer equipo de una comunidad y nosotros estamos prácticamente igual. Con un acceso al mercado difícil. El Alavés no puede competir con el Athletic y la Real desde el punto de vista de la cantera. Al revés, los otros clubes se nutren de sus futbolistas. Y ha tenido que espabilar de otra manera. Siempre con jugadores que no han sido ‘elegidos’, como el caso de Karmona, por ejemplo. Después de una larga trayectoria por diferentes categorías, reconozco que teníamos dudas. Decíamos: ‘joder, ¿va a poder con 30 años en Primera?’. Pues fíjate. Jugó cantidad de partidos.

 

“Ganó el Liverpool porque acertó en la jugada decisiva del partido. Pero no porque fuese mejor”, reflexiona Karmona

 

Y en semifinales le endosáis un 9-2 global al Kaiserslautern, que contaba en sus filas con futbolistas como Basler, Klose o Djorkaeff.

J.M.E: Bien. Pero tácticamente aquel equipo era endeble. Dejaban espacios por todos los lados.

A.K: Habíamos ganado 5-1 en casa y en la vuelta ellos nos apretaron mucho desde el principio. Jugamos con tres centrales. Según la prensa alemana, tenían intención de meternos cuatro… [‘Ondarru’, el ayudante de Mané, recuerda que Raúl Gañán fue quien cerró la eliminatoria con el cuarto gol albiazul en Alemania]. Raúl era un jugador de grupo [retoma la conversación Karmona]. Generaba ilusión y alegría, a pesar de jugar menos que los demás. Pero su capacidad de trabajo era muy gratificante para el resto del equipo. En aquel momento nos vimos todos representados en él cuando metió el cuarto gol en Alemania que nos dio el pase a la final soñada. Compartimos la alegría entre todos y fue un poco el reflejo de lo que significaba aquella plantilla. Éramos una piña.

El Liverpool había eliminado en la otra semifinal al Barcelona. La final estaba servida. El Deportivo Alavés optaba a un título europeo. ¿Cómo fue la preparación?

J.M.E: La espera se hizo muy larga. Siempre había compromisos que cumplir y rompían la rutina de trabajo. Fueron tres semanas de ajetreo.

A.K: Sabíamos que los días previos íbamos a tener mucha carga de prensa, información… que nos podía descentrar. De hecho, el míster decidió hacer un entrenamiento a puerta cerrada y había cámaras escondidas al lado del campo de tiro en Ibaia. No nos dejaban trabajar en el día a día. Con el paso del tiempo, ahora ves que todo está más organizado. La mayoría de clubes no dejan entrar a nadie, está todo blindado. En aquella época las sesiones eran a puerta abierta, y para una vez que querías ejercitarte tranquilo…

Y por fin llegó el gran día. El Liverpool sorprendió de salida con dos goles. ¿Qué pasó por la cabeza en esos momentos?

J.M.E: Salimos dormidos. Esa es la realidad. Puedes pensar: ‘¿cómo es posible salir dormido en una final?’. Pues sí, sales. El himno, los nervios… no estás acostumbrado a estas situaciones. Tienes una carga emocional muy íntima. Y si no te quitas de encima esa ’empanada’ resulta que empieza el partido y no es- tás enchufado. El público reaccionó mucho antes que nosotros. Ante el mal resultado todo el mundo se abate, pero el público nos levantó otra vez. Y eso fue un permanente ciclo de subidas y bajadas. Un tobogán de sensaciones. Que si no estás metido en el lío puedes abandonar inmediatamente. Y sin embargo el equipo tenía aquella raza especial. Lo retocamos sobre la marcha y se comportó perfectamente. Como debía. Con el 3-1 al descanso necesitábamos acortar distancias para crearle dudas al rival. Era una cuestión psicológica. La consigna era hacer un gol. Javi Moreno marcó dos en los primeros minutos, empatamos el partido y la historia tomó otro cariz. Yo temblé un poco. Quité a Javi Moreno, un cambio que fue criticado. A ver, cuando vas perdiendo, con cuatro tíos ahí arriba, dos que no trabajan defensivamente… Nos pillaban abiertos, con un portero que además no hacía de central, sino que estaba un poco más encogido. Aquello era una lotería. A alguno le tenía que tocar y le tocó a Javi. Yo hice lo que tenía que hacer. Lo que tenía en la cabeza. Porque un entrenador si no lleva el circuito del partido en la cabeza, como sólo tenga que tirar de intuición, lo tiene realmente jodido. Cuentas con tres o cuatro secuencias que puedes haber previsto con antelación. La intuición también vale, ¿eh? Ayuda. Pero como sólo tires de intuición la mayoría de las veces te la comes. A Heskey, aquel delantero enorme, había que ponerle marca. Porque chocaba y te tiraba. Buscó a Eggen, que era más estático. Y en la banda derecha apostamos por una opción más física con Contra y Astudillo. Por nuestra izquierda teníamos más problemas con Gerrard. Pero además estaban Smicer y Owen, que eran muy rápidos. Había que pararles antes de que centraran. A nosotros nos complicó un poco la vida la segunda tarjeta de Magno en la prórroga. ¿Evitable, por parte del futbolista? Sí. Pero creo que el árbitro fue demasiado cruel. Aquella decisión… En plena remontada, con un 4-4…

A.K: El empate a cuatro de Jordi Cruyff llegó en el último minuto. En la prórroga, estábamos muertos de cansancio. Aguantamos el chaparrón como pudimos. Ellos, con uno más, físicamente más fuertes. Al final aguantas, aguantas… Fue una final digna de elogio. Un amigo que vivía en Inglaterra me comentaba que los aficionados ingleses estaban alucinados con nuestra capacidad de reacción, de cómo morimos en el campo. Esa actitud hizo más grande la final y nos hizo más grandes a nosotros. Porque creímos en la victoria hasta el último instante. Con 4-4, y la tanda de penaltis pidiendo paso, McAllister botó una falta lateral, el guardameta Herrera no consiguió interceptar el balón, la cabeza de Geli se cruzó en el camino y gol. Un final muy cruel para un duelo épico, con las emociones a flor de piel.

J.M.E: La reacción ante la derrota habla de la nobleza y grandeza de esas personas. El hecho de luchar hasta el final, darlo todo profesionalmente, es ya de una dignidad enorme. Después de perder una final de esa forma, aflojas toda la tensión y sale toda la emoción acumulada. No cabe duda de una cosa: ver a un equipo pequeño en una final ya es de por sí una rara avis. Y por el desarrollo mismo del partido, yo creo que dejó marca. Diría que a todos los aficionados al fútbol, incluso a los del Liverpool. Y pienso que el Alavés también es parte del corazón de esa gente. Fue una gran final; una lección de pundonor, trabajo, solidaridad y orgullo. Todos los apelativos que tú quieras. Fue tremendo. Y no cabe duda de que eso quedó en la historia del fútbol.

A.K: Te queda la sensación de ‘¿ha ganado el Liverpool la final por ser mejor?’ No. Ha ganado el Liverpool porque ha acertado en la jugada decisiva del partido. Pero no porque fuese mejor. Nosotros fuimos ganadores morales, y la gente lo valoró como tal. Cuando llegamos a Vitoria parecía que habíamos ganado el título. Íbamos en el autobús y todos los balcones estaban llenos de gente. Había una alegría espectacular. Percibíamos ese entusiasmo de la gente. ¡Y no habíamos ganado la copa! Fue algo único.

La ovación multitudinaria a ‘Mané’, justo antes de comenzar la conferencia de prensa, es uno de esos gestos espontáneos que marcan.

J.M.E: Eso es un recuerdo que te llevas para casa y constata todo lo que estamos hablando. La propia prensa, que suele ser de un padre y una madre diferente, se puso de acuerdo y hubo unanimidad en el reconocimiento. Fue algo de agradecer.

¿Cómo se gestiona el día después de quedarse a las puertas del cielo? El futuro a corto y medio plazo.

J.M.E: Mal. Cuando uno toca techo las sensaciones de todas las partes son parecidas, pero luego cada uno va individualizando su responsabilidad, su error, o cargándoselo al otro. Son una serie de conflictos que se van personificando. Entonces, se va pensando en otros planes. Hablo de aquel Alavés, pero creo que en los grandes también pasa. Cuando no cumples el objetivo, rápidamente se está marcando el siguiente, y empiezas a quitar a gente que ha participado en ese proyecto, y todo se desintegra. Es muy malo de ver, de vivir y de solucionar. Porque unos ya están buscando el proyecto fuera. Las aspiraciones del club también iban en función de otros jugadores, con el riesgo que ello conllevaba. También había que irse de vacaciones y empezar a trabajar sin la presencia permanente de los medios. A.K: Fue bastante complicado, el principio de la caída. Sí es verdad que la siguiente temporada volvimos a meternos en Europa pero el equipo empezó a bajar drásticamente. Se vendieron jugadores importantes [Contra y Javi Moreno ficharon por el Milan] y se rompió un poco el proyecto. A los nuevos igual les costó más integrarse, y el equipo disminuyó su nivel. Intentó renovarse pero no lo suficiente como para seguir manteniéndose ahí. Parecía que tenían que llegar futbolistas para aguantar el ritmo y eso era muy difícil.

Vuestra forma de afrontar las dificultades, aquel espíritu competitivo, quedó como ejemplo. ¿Una especie de lección para el mundo del fútbol?

J.M.E: Desde luego, ejemplos como el nuestro ayudan mucho. Sobre todo a la gente menos pudiente: con trabajo y constancia se puede llegar a donde uno se proponga. Si miras la trayectoria de nuestros futbolistas, en la mayoría de los casos no habían salido de canteras ‘elegidas’. Salvo tres, como mucho. El resto trazó caminos alternativos para llegar a triunfar. Es la demostración de que no todos tienen que ir por el carril de la escuela de turno, dirigidos por los ‘grandes’ del fútbol español. Hay otras maneras de convertirse en enormes futbolistas y de hacer cosas importantes.

A.K: Ahora, cuando veo las gradas del Westfalenstadion, siempre me acuerdo de la salida al campo, de nuestra gente, de todo lo que significó aquello. Es algo que aún me sigue resultando difícil de explicar. Yo, que venía de Regional, en aquel estadio, con aquellas gradas míticas… Fue una sensación única: muy bonita, emotiva y llena de recuerdos que nunca podré borrar de mi memoria.

 


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Fotografías de Miguel Toña.