Todo aquel al que la sangre le late en verdiblanco debe tener presente que sufrir es algo que lleva implícito. La campaña del Real Betis Féminas en la máxima categoría de nuestro fútbol no ha sido ni mucho menos memorable, aunque finalmente han conseguido certificar su permanencia durante una temporada más. Las futbolistas, tras desahuciar al Dépor, lo celebraron por todo lo alto. Conscientes de las dificultades que habían sufrido durante el año y de todos los palos que se habían encontrado por el camino, los tres silbidos de la colegiada supieron a gloria. Las trece barras continuarían en la élite del fútbol femenino de nuestro país.

En muchos momentos la luz pareció apagarse. El camino se hacía oscuro por los bajos lares de la clasificación y todo intento por escalar lejos del pozo parecía escurrirse para mandar a las andaluzas de nuevo al ostracismo. Jornada tras jornada. Pinchazo tras pinchazo. Las esperanzas debían flaquear casi por inercia en situaciones tan complicadas y ni siquiera los mensajes de las futbolistas parecían reconfortar a una afición que auguraba un batacazo importante. Y sin embargo, se iluminó el faro en la noche y el navío recuperó el rumbo. Ángela Sosa resucitaba al Betis.

El conjunto de Heliópolis llegó a encadenar en la primera mitad de la temporada diez derrotas consecutivas. Más de dos meses perdiendo. Tanto es así que incluso cayeron a la última posición de la tabla en dos ocasiones. Y es que hasta la jornada 27, solo se vieron fuera de los puestos del descenso durante dos semanas. Dos semanas en las que a la siguiente volvieron al barro. Creer, no obstante, consiste en esto. El trabajo de Juan Carlos Amorós y la entrega de sus futbolistas dieron un vuelco a la situación, encadenaron ocho partidos sin perder y en el vigésimo octavo encuentro abandonaron las últimas plazas de la tabla. Y, como gran protagonista, la futbolista sevillana nacida hace 28 años.

Los inicios de Sosa, como los de muchas otras futbolistas, estuvieron ligados al balón. También, sin embargo, a las pistas de atletismo. En las carreras dio sus primeros pasos antes de decantarse definitivamente por el esférico. Criada bajo el calor y cobijo onubense, en el Sporting de Huelva se formó como futbolista y fue quemando etapas por las inferiores del club. No obstante, dio el salto al Sevilla, con el que debutó en la máxima categoría. En sus primeros años en la entidad hispalense, Sosa disputó la Superliga y experimentó lo que era la élite. Tras dos temporadas compitiendo, llegó uno de los momentos más críticos de su primera etapa como futbolista. Entrenadas por María Pry, las entonces futbolistas de Nervión quedaron quintas en un grupo de siete y tras el cambio de formato de competición, el Sevilla descendió a la Segunda División.

Un descenso tan inesperado como doloroso que provocó una reacción totalmente contraria y adversa en la centrocampista andaluza. Sosa asumió galones y a pesar de su juventud fue parte activa e importante del regreso del Sevilla a la máxima categoría. Tras devolver al equipo a la Primera División y ayudar a consolidarlo en la élite, Ángela Sosa decidió poner rumbo al que había sido su primer hogar. Fichó por el Sporting de Huelva y la sintomatología que indicaba que apuntaba a referente futbolístico se acrecentó. Desde la zona de creación, Sosa también destacó por su efectividad de cara a portería. Los nueve goles que convirtió a lo largo de la campaña permitió al club onubense a clasificarse para la Copa de la Reina.

 

Cuando todo parecía perdido, la centrocampista volvió a sacar los galones que demostró durante toda su carrera. A la espalda se echó su propia trayectoria, el escudo y los corazones de todos los aficionados béticos

 

Su destacado papel no hizo más que despertar las miradas de los grandes clubes y desde la capital, el Atlético de Madrid se lanzó a por su calidad. Tan solo duró un año en Huelva antes de poner rumbo al centro de España para enfundarse la zamarra rojiblanca y comenzar la que sería su etapa más longeva y exitosa en un mismo club. Su primer año ya fue para enmarcar. El Atlético de Madrid tenía decidido consagrarse como un grande y Ángela Sosa fue una de las protagonistas de tal hazaña. En su primera temporada jugó -junto a Silvia Messeguer- todos los partidos del campeonato. Siendo parte clave del plantel, vivió desde el césped la clasificación del conjunto madrileño a la Women’s Champions League por primera vez en su historia y el subcampeonato de liga.

Los años venideros serían incluso mejores. A nivel colectivo, el club comenzó a cosechar trofeos. El primero fue la Copa de la Reina y tras este siguieron cayendo más. Cayeron tres ligas de forma consecutiva y empezó a dar sus primeros coletazos por Europa. A nivel individual, Sosa también fue de sobras reconocida. La afición le otorgó el distintivo de mejor jugadora durante dos temporadas consecutivas. También fue elegida en el once ideal de la Liga en varias ocasiones y los medios de comunicación también la ensalzaron como una de las futbolistas más determinantes de la entidad rojiblanca. Evidentemente, sus actuaciones, también le abrieron las puertas de la selección. Por último y tras superar holgadamente los cien encuentros con la casaca colchonera, a Ángela Sosa se le puso una placa en el Paseo de las Leyendas.

161 partidos, 34 goles y 34 asistencias después, la centrocampista andaluza puso fin a su etapa en el Atlético de Madrid. Cerró su capítulo en el mejor equipo colchonero que se recuerda y se marchó con destino a Sevilla. Sin embargo, esta vez para lucir las trece barras. Llegó a un Real Betis que muy pronto comenzó a dar síntomas de inestabilidad. El equipo sufrió un bajón en el rendimiento y la tensión comenzó a apoderarse de la plantilla. Y sin embargo, cuando todo parecía perdido, la centrocampista volvió a sacar los galones que demostró durante toda su carrera. Los destellos de calidad de la andaluza permitieron iluminar el juego de un Betis Féminas y restaurar la confianza que habían perdido. A la espalda se echó su propia trayectoria, el escudo y los corazones de todos los aficionados béticos.

Su polivalencia en la zona de ataque y construcción ha hecho que sea una fija en los esquemas de Amorós y se haya convertido en la máxima anotadora del plantel con diez tantos. Ángela Sosa ilumina. En cuanto la andaluza agarra el cuero, la brújula verdiblanca comienza a afinarse, encuentra el norte y establece las coordenadas exactas para llegar a buen puerto.

Quién sabe qué hubiese sido de este Betis sin la aportación de la sevillana. Igual las imágenes que se dieron sobre el verde de la ciudad deportiva tras vencer al Dépor con dos tantos suyos hubiesen quedado en el sueño de los aficionados. Quizás, al cerrar los ojos para soñar con la permanencia solo se hubiese visto el negro de los párpados tras unirse. Y a pesar de todo, los quizás y los iguales no sirven para nada. Porque sobre el campo, Ángela Sosa guía. Ángela Sosa ilumina. Un faro que brilla de verdiblanco.

 


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Fotografía de Imago.