A Álvaro siempre le encantó el fútbol. Desde los tres años no ha sido capaz de alejar el balón de sus pies. Pero aunque jugó durante 13 en el equipo masculino de Pozuelo de Alarcón, siempre supo que aquel no era su lugar. Álvaro siempre quiso ser Alba. Llegó un momento en el que se negó a seguir fortaleciendo un cuerpo que no sentía como propio. Pasaron años hasta que tuvo el valor suficiente para exteriorizarlo y hacerle frente, algo que, en un entorno tan estereotipado como el del fútbol es aún más complicado. Por eso dejó de jugar durante ocho años. Retomó el camino en el mundo semiprofesional con el Majadahonda. Pero a media temporada decidió dar un paso que cambiaría su vida: comenzó con el tratamiento de hormonación. Y Álvaro no fue nunca más Álvaro. Ahora es Alba, quien siempre había sentido ser.

Alba Palacios tiene 33 años y es la primera futbolista transgénero en España. Nunca se ha visto alejada de los terrenos de juego, para ella el fútbol siempre fue un salvavidas: “Significa vida. Nunca lo he podido dejar, incluso al abandonar el Pozuelo continué jugando aunque no fuese profesional. Necesito tener un balón en los pies, correr y jugar. Me da oxígeno, siempre me lo ha dado. Me refugiaba en él”, nos comenta Alba. Pero tal y como le explicaron los psicólogos con los que se trató, estaba reprimiendo algo que no se podía reprimir.

Desde que era una niña se percató de que ella no era un hombre: “Algo no encajaba, mi cabeza y mi cuerpo no iban en la misma dirección, pero fui creciendo sin saber muy bien lo que me pasaba”. El momento de inflexión para Alba se produjo cuando estaba entrenando con el Pozuelo y se fijó en un equipo de niñas que entrenaba al otro lado del campo: “Fue clave para mí. Cuando las vi jugar, sentí que yo debía estar ahí con ellas. No pasa nada por estar con los chicos pero es algo que se siente. Con siete años ya observaba a las mujeres y su cuerpo y me preguntaba por qué no podía vestir igual, por qué no podía tener el mismo cuerpo que ellas”.

 

Tenía miedo al rechazo, a que su familia y amigos dejasen de llamarle, hablarle o querer verle. También de perder su trabajo. Pero, al fin y al cabo, lo que estaba en juego era su felicidad

 

“Todos los días me levantaba y me preguntaba, ¿por qué no puedo ser una mujer?”. Su pareja fue la persona que le ayudó y le animó a comenzar con el proceso. Ella fue la primera que supo ver que estaba cohibiéndose sin poder ser quien realmente era. Alba desde el primer año le explicó la verdad: “Se lo conté poco a poco. No le dije que no era Álvaro pero le expliqué que me gustaba vestirme de chica. Si se lo decía directamente sabía que la podía perder”. Desde que comenzaron con la relación, además de ser Álvaro, con ella también era Alba: “Yo prefería ser Alba y no perderla, pero ella me dijo que quería que fuera feliz, y siendo Álvaro no lo era”. Esas palabras fueron las que le alentaron a iniciar el proceso. Fueron juntas al psicólogo. Allí le demostraron que podía ser Alba.

Tenía miedo al rechazo, a que su familia y amigos dejasen de llamarle, hablarle o querer verle. También de perder su trabajo. Pero, al fin y al cabo, lo que estaba en juego era su felicidad: “Te tienes que atrever. Los psicólogos dicen que tienes que expresarte como eres. Me dejaron muy claro que si alguien deja de ser mi amigo por esto es que realmente no lo era”. El caso de Alba es un ejemplo para las personas que están pasando por lo que un día pasó ella: “Tienen que luchar por sus sueños, no rendirse. Todo esto se está normalizando y tienen que ser ellos mismos, al final es tu vida y sólo la vives una vez. Si lo haces siendo quien no eres, te vas a arrepentir. En mi caso, fue mucho mejor de lo que había podido soñar”.

Problemas federativos

Cuando comenzó con el proceso de hormonación estaba en un equipo de chicos. Sólo se lo contó al entrenador, ya que como iba a perder fuerza y masa muscular, era necesario que lo supiese. “El fútbol es muy machista y tenía mucho miedo a la reacción de los chicos. Las mujeres somos más empáticas”. Mientras jugaba un torneo con el Majadahonda, se dio cuenta de que los cuatro meses de tratamiento ya eran demasiado evidentes. Que aunque fuese al choque con los rivales con la máxima fuerza, no era capaz de hacerles frente. Entonces, dejó el fútbol masculino.

Se planteó lanzarse al femenino al percatarse de que la gente que no la conocía se dirigía a ella como mujer: “Lo que me daba más miedo era saltar al campo y que la gente me reconociese como un chico. Pero desde que juego nadie me ha dicho nada”. Un día fue a ver un partido de pretemporada de Las Rozas. Al acabar, le explicó su caso al entrenador:”Le dije que era transgénero y que quería entrenar con ellas. Al principio se quedó en shock pero fue muy bien. Me recibieron genial en el equipo”.

 

“Ellos tienen más fuerza, más velocidad y más explosividad. Buscan constantemente el choque mientras que el fútbol femenino es mucho más técnico. A mí me gusta más, es más bonito”

 

El problema que tuvo fue legislativo. La Ley de Identidad de Género no permite que una jugadora dispute partidos como federada hasta que tenga el nuevo DNI. Y este sólo se puede solicitar cuando hayan transcurrido dos años de la hormonación y se haya comprobado psicológicamente el trastorno de Identidad de Género. Pero ella no ha cumplido el plazo. Comenzó sólo entrenando y jugando amistosos. Sin embargo, la Comunidad de Madrid y la Federación Madrileña le arreglaron los papeles para que pudiese competir. Se añadió el sobrenombre de ‘Alba’ a su ficha federativa de Álvaro, y así, ha podido disputar partidos como las demás. Confiesa sentirse más cómoda jugando con mujeres: “El masculino es mucho más físico. Ellos tienen más fuerza, más velocidad y más explosividad. Buscan constantemente el choque mientras que el fútbol femenino es mucho más técnico. A mí me gusta más, es más bonito”.

Ahora es una mujer también físicamente. “Sé que la hormonación tiene sus puntos malos pero me está ayudando. No tengo ningún miedo. Cuando empiezas a perder fuerza te sientes mejor. Tu cuerpo cambia y comienzas a ver que físicamente ya te pareces a una mujer”. Para ella fue un alivio,: “Fue una liberación, comenzar a vivir. Tenía la sensación de estar mintiendo a todo el mundo diciendo que era Álvaro cuando yo realmente era Alba”. Así es como ha logrado romper las barreras para ser quien siempre había deseado ser, una mujer, y además derribando también los estereotipos del mundo del deporte al convertirse en la primera jugadora transgénero en una liga de fútbol femenino.

Alba ya tiene su sucesora

El caso de Alba ha servido -y servirá- de ayuda a otras personas. Apenas unos meses después de comenzar a jugar en Las Rozas, otra mujer transgénero sigue sus pasos. Es Valentina Berr y ha fichado por el Terrassa FC. “Ojalá la respuesta de las personas e instituciones que vaya encontrándome durante toda la temporada estén a la altura de una sociedad tolerante con la diversidad”, declaraba la jugadora a los medios del club. “Ser mujer trans todavía es comenzar el día sin saber muchas de las violencias que te encontrarás hagas lo que hagas. Imaginaos en el mundo del fútbol femenino dónde todavía tenemos que salir con pancartas de respeto y agradecer el apoyo. No es fácil para mí arriesgar mi salud mental y física en este escenario”.

“Tengo unas compañeras que me cuidan y me protegen desde el primer minuto y un club que está haciendo todo lo posible para que pueda concentrarme en jugar, que es lo que he venido a hacer”, explicaba. Y así ha sido. Ha debutado este fin de semana frente a la Pirinaica de Manresa diez años después de dejar el fútbol masculino. Una victoria por 1-9 en la que Valentina tuvo su protagonismo, con un gol y una asistencia.