Hope Solo cierra los ojos y se transporta de nuevo a esa portería. Se encuentra en Alemania y están a unos penaltis de proclamarse campeonas del Mundo frente a Japón, la sorpresa del campeonato. Estados Unidos maldice haber tenido que llegar a los lanzamientos de pena máxima para decidir el título, pero todo el país recae en un mismo pensamiento: siempre es más fácil si Solo está en la portería. La mejor paradora de penaltis de la historia. Hope lo sabe y sus compañeras también. No es suficiente. Las americanas solo transforman uno de cuatro penaltis lanzados y a Solo se le escapa lo que nunca, nunca, se le suele escapar. Ayumi Kaihori, la portera nipona es la heroína de la noche, del año. Japón convierte la hazaña y se proclama campeona del Mundo. Maldita noche, la de ese 17 de julio de 2011. Habrá que esperar cuatro años hasta el próximo Mundial.

Cuando Hope Solo abre los ojos, parece mentira que una nueva cita espere a la vuelta de la esquina. Estos cuatro años han dado para mucho, quizá demasiado. Durante este tiempo Solo ha caminado por la cuerda floja, ha sido arrestada un par de veces, se ha ganado importantes enemistades y una fama poco bien vista. Hasta ha sido retirada de la selección durante unos meses. Cuando la jugadora cae en la cuenta de todo lo que ha pasado desde esa fatídica final contra Japón, suspira y se acerca las manos a la cabeza. Menos mal, estará en Canadá, por poco lo echa todo al traste. Y es que, pese a haber protagonizado episodios poco ejemplares, durante estos cuatro años Estados Unidos se ha dado cuenta que no puede vivir sin Solo.

Si hubiésemos preguntado hace diez años a un estadounidense cualquiera su opinión sobre la incipiente portera titular de la selección nacional nos hubiera contestado rápidamente que la bella Solo es la portera más hot que ha visto jamás. Hubiera destacado sus cualidades como mujer de manera abrumadora y ensalzado sus dotes como icono de la moda. No se hubiera olvidado de remarcar su carácter bajo palos y sus características ideales como guardameta, claro. Por aquel entonces, hace una década, Solo acababa de convertirse en el relevo de la veteranísima Briana Scurry y el impacto mediático que tuvo la americana, con una físico prominente, fue tan grande como la calidad que demostraba en el terreno de juego.

Hoy, si hiciéramos la misma pregunta a un americano cualquiera nos respondería primero con una mueca incomprensible, se tomaría un segundo para pensar y apuntaría posteriormente que es una figura difícil de entender. Así es. Con los años la personalidad de la washingtoniana ha ido quebrando aquella imagen heroica, celestial, divina, que se le adjudicó cuando apareció en escena. Solo nunca quiso ser un icono de nada, ni se sintió presa de ningún estereotipo. No vaciló al romper con la disciplina que se le pedía, ni temió por lo que los demás acabarían pensando de ella. “Tengo una mala reputación, me ven como egoísta y directa”, ha asumido repetidamente. “Pero se quien soy, y soy como soy”. No hay debate.

La primera salida de tono la protagonizó en el mismo cuadro estadounidense, el año 2007. El técnico Greg Ryan la sentó en semifinales de un Mundial en el que Solo había jugado absolutamente todos los minutos. La guardameta, presa de la rabia al no poder disputar ese partido decisivo ante Brasil, no dudó en criticarlo abiertamente, mostrando un enfado monumental hacia todo el cuerpo técnico. Brasil acabó endosando un 4-0 a unos Estados Unidos. Lejos de controlar esa falta de habilidad para morderse la lengua, la futbolista tuvo un nuevo percance en el teleshow “Dancing with the stars” con su pareja de baile. Hope confesó haber sido agredida por el bailarín y él no tardó en acusarla de mentirosa y oportunista.

Pese a haber protagonizado episodios poco ejemplares, durante estos cuatro años Estados Unidos se ha dado cuenta que no puede vivir sin Solo

Hasta entonces, la medallista de oro en los juegos olímpicos de Londres 2012 y ganadora del guante de oro y el balón de bronce en el Mundial del año anterior, se había convertido en una auténtica estrella en el mundo del fútbol femenino. Era sin duda el emblema indiscutible de una de las mejores selecciones del planeta y un ejemplo de autoridad, temperamento y eficacia en la portería. También era el mayor reclamo publicitario de Estados Unidos, la cara femenina de la marca Nike y el sueño de millones de chicas que se colocaban unos guantes para parecerse a ella. Pero Solo es indomable, y la debacle emocional que separan el Mundial de 2011 y el del próximo verano se ha ido agravando entre comisarías, hospitales y juzgados.

Hace unos tres años tanto ella como su novio, el exjugador de fútbol americano Jerramy Stevens, protagonizaron una pelea doméstica en la que la jugadora acabó siendo agredida por su conyugue. Él fue arrestado y puesto en libertad sin cargos al día siguiente. La pareja, dejando atrás desavenencias de horas anteriores, firmó la paz contrayendo matrimonio el mismo día que Stevens salió del calabozo. Después de este episodio Solo fue una de las famosas víctimas del hacker que publicó fotos íntimas robadas de teléfonos privados. Por si fuera poca la inestabilidad de una de las figuras más importantes del fútbol femenino mundial, el pasado junio la policía acudía a la llamada de unos vecinos que alertaban de que la futbolista estaba golpeando brutalmente a su hermana y a su sobrino. Encontraron a Solo con unas copas de más y acabó con una orden de alejamiento bajo el brazo pese a ser declarada ‘no culpable’. Al fin, el día que pillaron a la mediática pareja conduciendo bajo serios síntomas del alcohol la selección de Estados Unidos dijo basta. Solo quedaba suspendida durante unos meses y su participación en el Mundial de Canadá corría peligro.

Por suerte y pese las distracciones que tanto han afectado a la vida privada de la jugadora, éstas nunca se han visto repercutidas en el terreno de juego. Así, en marzo volvía a incorporarse a la plantilla para preparar una cita en la que todo el país anda especialmente implicado. Solo, aparentemente mucho más relajada, sigue siendo tan imponente que resulta difícil imaginarse a Estados Unidos peleando por un Mundial sin ella. Cuando esa arquera que conocemos hoy, controvertida, conflictiva, solemne y apasionada salta al césped todo lo demás pasa a un segundo plano. Canadá será su última oportunidad de ser campeona del Mundo, de vengarse de Japón, de poner punto y final a cuatro años de difícil espera. En 17 días volveremos a verla en acción.