“Hay futbolistas con mucha calidad en varias posiciones, sí, pero la principal virtud de la selección, lo más importante, es que juega, ataca y defiende como un equipo. Es nuestra gran fuerza. El equipo ya lo demostró en Rusia [llegando a cuartos de final] y ahora quiere volver a hacerlo. El objetivo es llegar a las eliminatorias, e intentar pasar rondas, y hay equipo para conseguirlo, pero hay que empezar por ganar en la fase de grupos, sin pensar mucho en lo que puede venir después”, afirma, en la entrevista publicada en el #Panenka108, Alexander Isak. El joven artillero ‘txuri-urdin‘ es la principal arma de una selección sueca que este miércoles se medirá a Polonia con la ambición de ganar o empatar para certificar su presencia en la fase de eliminación de la Eurocopa. Sería la primera vez que lo logra en 17 años, ya que en las tres últimas ediciones el conjunto escandinavo fue eliminado en la fase de grupos, al igual que en el 2000. Solo por detrás de las semifinales alcanzadas en 1992, el mejor resultado de Suecia en la Eurocopa son los cuartos de final del año 2004, en el campeonato disputado en suelo portugués y conquistado por Grecia.

Los ‘Blågult‘ se presentaron arrasando a Bulgaria (5-0), convertida en un juguete sobre el verde del José Alvalade. Bulgaria, con Dimitar Berbatov y Stiliyan y Martin Petrov como jugadores más conocidos, no se amedrentó y saltó al césped con los dos ojos puestos en el arco de un joven Andreas Isaksson, pero en cuanto comenzaron a caer los goles del bando escandinavo la herida búlgara ya no dejó de hacerse grande, de enquistarse. El primer tanto de la tarde llegó a la media hora del primer acto; al rematar Fredrik Ljungberg, el ‘9’, un pase de la muerte de Zlatan Ibrahimović, el ’10’. Henrik Larsson, el ’11’, apareció en el 57′ para transformar en caviar un gran centro desde la izquierda de Erik Edman, con un cabezazo en plancha desde el punto de penalti majestuoso, canónico, y apenas un minuto más tarde, en el 58′, escribió la sentencia al anotar la segunda diana en su cuenta, a pase de Anders Svensson. Tras haber acariciado el gol en varias ocasiones, durante muchos minutos, Ibrahimović se redimió aportando su gol en el 78′, convirtiendo un penalti cometido sobre Ljungberg, y el 5-0 definitivo llegó ya sobre la bocina, ya en el epílogo; obra de Marcus Allbäck en un uno contra uno. Ambos países ya se habían medido diez años antes, ante la mirada del Rose Bowl estadounidense y con la Adidas Questra, la pelota de la Copa del Mundo del 1994. Tras hacer historia al llegar a las semifinales, Bulgaria y Suecia hincaron la rodilla ante Italia y Brasil, a la postre campeona, y se enfrentaron en el partido por el tercer puesto, con inapelable victoria final para los nórdicos, con goles de Tomas Brolin, Håkan Mild, Larsson, entonces en el Feyenoord, y Kennet Andersson; todos antes del entretiempo.

Cuatro días después de atropellar a Bulgaria, Suecia se citó con la Italia más italiana: los 23 jugadores de la convocatoria de Giovanni Trapattoni competían en la Serie A, representantes de Chievo, Inter, Juventus, Lazio, Milan, Parma y Roma. Antonio Cassano adelantó a la selección ‘azzurra‘ en el primer acto, cabeceando un centro de Christian Panucci, también de la Roma, pero cuando el triunfo de Italia ya parecía un hecho, en el 85’, Ibrahimović apareció de la nada en el área de Gianluigi Buffon para resolver una jugada embarullada con un taconazo exquisito, salvaje, maravilloso. Impulsado por las hermosas botas doradas de Ibrahimović, que ese mismo verano cambiaría Ámsterdam por Turín, y la camiseta del Ajax por la de la Juve, el Roteiro entró en la portería por el único espacio que había entre la melena de Christian Vieri y el travesaño, para delirio y éxtasis de la mitad del Estádio do Dragão.

Ya en la última fecha de la fase de grupos, Suecia empató a dos contra Dinamarca. Jon Dahl Tomasson, que un año antes había alzado la Liga de Campeones con el Milan, estrenó el marcador con una parábola tan lejana como preciosa e inalcanzable para Isaksson, con uno de los goles del torneo. Ya de camino al Camp Nou, Larsson respondió desde el punto de penalti, con un duro tiro al centro; como se chutaban las penas máximas en el patio. Tomasson volvió a poner por delante a Dinamarca en el 66′, e incluso se dio la licencia de acallar a la grada sueca con su dedo índice, pero en el 89′ Suecia rescató un punto clave por mediación de Mattias Jonson, atento cual ratón de área a un mal rechace de Thomas Sørensen. Al final todos sonrieron. Suecia pasó como primera de grupo y Dinamarca como segunda, justo por delante de Italia. Los tres conjuntos habían empatado en los partidos jugados entre ellos y habían logrado una victoria, ante una Bulgaria que se despidió con cero puntos y nueve goles en contra, pero el goal average dejó en la cuneta a Italia, eliminada por sorpresa en la primera ronda junto a Alemania y España, y empujó a cuartos a Dinamarca y Suecia.

El camino de los ‘Blågult‘ se cruzó entonces con el de Holanda, que había terminado segunda del grupo D, solo por detrás de una República Checa fantástica e intratable en la primera fase, con Petr Čech, Pavel Nedvěd, Milan Baroš, Jan Koller, Tomáš Rosický, Karel Poborský, Marek Jankulovski, Vladimír Šmicer, Tomáš Ujfaluši, Tomáš Galásek y Zdeněk Grygera como estandartes. Mientras Francia e Inglaterra hincaban la rodilla por sorpresa ante Grecia y Portugal, la anfitriona, Dinamarca cayó precisamente a manos del combinado checo. Suecia hizo lo propio contra la selección de los Países Bajos, tras una tanda de penaltis (0-0, 4-5).

Kim Källström y Larsson, por parte escandinava, y Ruud van Nistelrooy y John Heitinga, por parte neerlandesa, transformaron en gol las cuatro primeras penas máximas de la tanda. Llegó entonces el turno de Ibrahimović. Y su error. Su chut murió en la grada ‘oranje‘, y su fallo lo aprovechó Michael Reiziger, uno de los seis jugadores del Barça en la convocatoria holandesa, para situar al conjunto de Dick Advocaat por delante. Ljunberg marcó, con fortuna, ya que su disparo entró tras estrellarse en el larguero y rebotar en la espalda del meta visitante; Phillip Cocu erró, con un tiro al palo. Christian Wilhelmsson y Roy Makaay, que había ingresado al verde en el 87’ en sustitución de Andy van der Meyde, enviaron la tanda a la muerte súbita al acertar en el quinto penalti. Y en el sexto se evaporaron todas las ilusiones de Suecia, justo cuando Edwin van der Sar detuvo el tiro del capitán de los escandinavos, Olof Mellberg. Un Arjen Robben de apenas 20 años acabó de justificar los 18 millones de euros que Román Abramóvich había pagado para llevarle del Philips Stadion a Stamford Bridge con un disparo ajustado al palo, imposible para Isaksson y para toda Suecia. El país se quedó a la orilla de repetir las semifinales alcanzadas en 1992, 12 años antes, pero hoy, cuando mira hacia atrás para soñar con un presente feliz, recuerda aquella hermosa Eurocopa del 2004, mientras los Isak y compañía fantasean con emular a Ljungberg, Ibrahimović y Larsson.

 


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Fotografía de Imago.