Hará ya casi un año de cuando tiré un currículum en una librería en Liverpool. Una mujer bastante mayor me atendió y, al recoger el folio, me hizo algunas preguntas. Para conocerme más, supongo. Que de donde venía, mi edad, qué tipos de libros me gustaban. Mi respuesta se enfocó en el fingimiento de un perfil que imaginé que convencería totalmente a la mujer, bastante alejado de la realidad, ciertamente. A veces pensamos que mentir es lo más seguro. Entonces, se le hincharon los ojos y me echó con entusiasmo: “¡Deberías leer a Martin Amis!”. El error de la tarde vino acto seguido, cuando me sinceré y le conté que un amigo me regaló London Fields poco antes de marcharme al Reino Unido. Mi confesión dio pie a un estímulo destacable de la mujer, que en pleno apogeo dejo caer un discurso de por lo menos 10 minutos. Entre la acumulación de aforismos y la divagación, me presentaba las glorias y virtudes de Amis. O eso intuí, porqué entendí poco o nada en la intensidad de su relato. Detrás de la humareda mitómana con la que le vistió la mujer, y de la de enfant terrible de la narrativa británica con la que le califica la prensa, el escritor británico Martin Amis, residente en Nueva York, es un hombre que afirma sin pudor que lo que más echa de menos de Inglaterra es el fútbol.

“Apenas enciendo la televisión, y reconozco que entro en Facebook solo para enterarme de los resultados y leer alguna crónica” reconoció Amis. El escritor, además, elaboró una teoría para explicar porqué vive el fútbol con irrefrenable pasión: “Es el único deporte que se suele decidir por un solo tanto, así que la presión del momento es más intensa en el fútbol que en cualquier otro deporte”. En la teoría de Amis pensé cuando veía al Wigan Athletic disparado hacía el título de tercera división con un chaval que no podía parar de marcar goles, como haciendo que el fútbol careciera de su “presión del momento”. Ese tipo se llama Will Grigg y las cosas le han ido realmente bien. Sus 28 goles ayudaron al equipo a ganar la liga y ascender de categoría. Hasta aquí genial todo. Con lo que quizás no contaba este norirlandés de 24 años era que pasaría de meter algunos goles en tercera división a, actualmente, ser el hombre del momento en su país.

 

“A veces voy por la calle y alguien me llama por mi nombre. Me giro y veo a un grupo de gente saltando y cantando la canción. Es una locura”

 

De 2013 a 2015, el Wigan Athletic pasó de jugar en Premier League a descender a la League One. El batacazo deportivo e institucional fue duro para un club diseñado para volver a volar en lo más alto. Dave Whelan, importante empresario en el sector del equipamiento deportivo y propietario del club durante 20 años, dejó su cargo después del descenso a League One. La responsabilidad pasó a su nieto, David Sharpe, también empresario, que a sus 25 años se convirtió en el propietario más joven del futbol inglés. Sharpe heredó un club en el que urgía un reenfoque deportivo, y se cambió prácticamente la totalidad de la plantilla.

Una de las incorporaciones que trajo Sharpe fue Will Grigg, procedente del Brentford. El año anterior había marcado 20 goles en League 1 cedido en el MK Dons que terminaría ascendiendo, y el Wigan apostó por él como atacante referente. Will fue de menos a más. 20 de sus goles llegaron a partir de enero y su brillante final de temporada tuvo consecuencias. Un aficionado se auto-gravó, en un vídeo totalmente casero, para dedicar una canción al delantero. Sean Kennedy, así se llama el fan, se sirvió del clásico noventero ‘Freed from desire’ de la intérprete Gala, y sustituyó el estribillo por su propia composición: Will Grigg’s on fire, your defence is terrified’. Lo colgó en internet y el resto es historia.

De alguna forma el vídeo recibió miles de visitas, y la canción se trasladó a las gradas del DW Stadium en cuestión de días. A David Sharpe le entusiasmó el cántico. Y eso que aún no había pasado casi nada, porqué el Will Grigg’s on fire se erigió en una especie de himno oficioso del club. A las pocas semanas, los aficionados latics la llevaron a Doncaster, a Blackpool y a todo pub de la geografía inglesa que pisaran en sus desplazamientos. Y en aún menos tiempo se convirtió, por su propio peso, en el cántico de la temporada. Si subir vídeos a Internet con una manada humana entregada a la canción no es hoy deporte nacional en el Reino Unido, poco le falta. El presidente David Sharpe ya ha ofrecido al fan Sean Kennedy un abono gratuito para la próxima campaña a modo de agradecimiento por la creación del tema.

También se involucró en el asunto una productora musical británica, que contactó con el club y el célebre fan para crear una nueva versión del ‘Freed from desire’ adaptada al delantero del Wigan. El nuevo mix se colgó en iTunes, donde está disponible a día de hoy, y todos los beneficios que se obtengan irán destinados a la organización benéfica Joseph’s goal, dedicada a un chico de Wigan llamado Joseph Kennedy que sufre un raro trastorno genético. A principios de junio estuvo entre las diez canciones más descargadas del Reino Unido, por detrás de Beyoncé. También ha sonado en directo en la BBC Radio 1, principal emisora del país. Se creó una cuenta de Twitter dedicada exclusivamente a la promoción del cántico, y que demuestra diariamente la devoción de la locura en la que se convirtió esto. A día de hoy tiene cerca de 25.000 seguidores, unos 8.000 más que la cuenta del propio jugador. Como es normal, a Will Grigg solo le queda alucinar. “A veces voy por la calle y alguien me llama por mi nombre. Me giro y veo a un grupo de gente saltando y cantando la canción. Es una locura”, confiesa Grigg. Incluso en las celebraciones de Hull City y Barnsley, conjuntos que ascendieron este año de categoría ganando sus respectivas eliminatorias en Wembley, los jugadores entonaron la pegadiza canción. No busquen relación entre los clubes y el jugador, porqué no la hay.

Los méritos deportivos le otorgaron a Will la oportunidad de entrar en la preselección de Irlanda del Norte de cara a la Euro. Anteriormente solo había disputado ocho partidos con su selección, sin haber marcado aún. Debía pelear por la plaza de segundo delantero, a la sombra del titular Kyle Lafferty. No se escapó tampoco de ver como los miembros de la selección unían sus voces para cantar tal memorable estribillo. El mejor partido de los irlandeses en la preparación fue el que les enfrentó a Bielorrusia. Los hombres de Michael O’Neil se impusieron por un claro 3-0. El tercero lo puso Will Grigg de su cuenta, para gozo de los aficionados. A finales de mes el técnico dio su lista definitiva: “Fue difícil escoger entre Liam Boyce y Will Grigg, pero Will hizo un gran final de temporada. Marcó muchos goles y creo que es el adecuado” declaró O’Neil. Estas próximas semanas, Will estará en Francia defendiendo los colores de Irlanda del Norte. Y lo veremos allí, quizás sentado en la punta de algún banquillo, y quizás poniéndose las manos en la cabeza porqué, quizás, una muchedumbre desbocada le cantará una canción con su nombre como si no hubiera mañana.