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divertirse

Él solo quería divertirse


Nacido en Frankfurt y seguidor del Eintracht, Ralph tiene sitio en su corazón para un equipo español


 

Podemos establecer dos grandes vías que nos conducen al enamoramiento futbolístico. La primera es la heredada, una pasión inscrita en el ADN. La segunda es la que se elige, una afición que se coge al vuelo cuando la vida se la pone a uno por delante. Ralph Degenkolb ha recorrido ambos caminos. Nacido en Frankfurt, y del Eintracht por vía paterna, sigue a las ‘águilas’ en casa y fuera. En su corazón, sin embargo, había hueco para otros colores. “Me hice del Valencia por Jocelyn Angloma [en el club entre 1997 y 2002]. Y también porque pasaba muchos días en una casa que tenía mi exnovia en Altea”, explica Ralph. Aquella relación que lo llevaba a visitar con frecuencia la costa alicantina se terminó. No así la que empezó a mantener con el club de Mestalla, que subió de nivel.

A principios de los 2000, con un Valencia subcampeón de Europa, Ralph fundó en tierras alemanas la Peña Rainer Bonhof, junto a otros compatriotas tocados por la varita ‘che’. El nombre lo tomó prestado del único futbolista germano que hasta aquel momento había vestido la camiseta del Valencia, entre 1978 y 1980. “Conseguí su teléfono para pedirle permiso. Me dijo que estaba de acuerdo, pero que nada de bengalas ni cosas así”, ríe Ralph. Hoy la peña tiene alrededor de 50 miembros, repartidos por toda Alemania.

 

A principios de los 2000, con un Valencia subcampeón de Europa, Ralph fundó en tierras alemanas la Peña Rainer Bonhof. El nombre lo tomó prestado del único germano que hasta aquel momento había vestido la camiseta ‘che’

 

SOLO EN BURSA

“Desde la peña, hemos llegado a desplazarnos a 13 partidos en una temporada. También fuera de casa. En esta he estado en Girona, en Oviedo y en Sevilla”, explica Ralph, que admite que echa de menos los duelos continentales. Y no solo porque le permitieran tener al equipo a distancia de coche. De las noches europeas salen sus mejores recuerdos valencianistas. Empezando por uno de los primeros, la ida de los cuartos de la Champions League 2000-01, en Highbury, el viejo feudo del Arsenal. También estuvo en la vuelta, en Mestalla, y en la final posterior, disputada en Milán. Allí vivió la dolorosa derrota ante el Bayern: tras aquella fatídica tanda de penaltis que cayó del lado teutón, este alemán se lamentaría como un valenciano más. “Pensaba que íbamos a poder volver otra vez a una final de Copa de Europa, aunque hoy lo veo más difícil. Pero la pasión es la misma, eso no va a cambiar”, se sincera.

Pero más allá de los momentos para la historia, Degenkolb siente predilección por los desplazamientos que él denomina “raros”. ¿Sus favoritos? Minsk, a donde se trasladó para el choque de octubre de 2012 frente al BATE Borisov, y Bursa, en Turquía. En aquel duelo de septiembre de 2010 contra el Bursaspor cumplió la fantasía de muchos hinchas aventureros: ser el único aficionado visitante. “Fue muy divertido, porque todos los turcos querían hablar conmigo. Dos de ellos me llevaron a dar una vuelta por la ciudad y todo. Me trataron muy bien”, explica.

Pero, ¿qué ocurriría si, en uno de esos viajes, Valencia y Eintracht cruzaran sus caminos? Lo que podría parecer un problema, para Ralph sería una gozada. “Solo los he visto enfrentarse en un amistoso. Me senté a ver el partido y que pasara lo que tuviera que pasar. No animaba ni a uno ni a otro. Solo quería divertirme”, expresa. Tan claro lo tiene que, si se le pregunta por su partido ideal, no duda: “Sería una final de Champions entre el Valencia y el Eintracht. No lo pasaría mal, porque uno de mis equipos ganaría”, concluye entre risas.

 

Ilustración de Marc GS / @marc.gs