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La vida es bella como un gol en el 103′

Tal día como hoy, hace 25 años, la Francia de Henry, Zidane, Pirès y Trezeguet ganó la Eurocopa tras tumbar a la Italia de Maldini, Totti y Del Piero. Un partido de ese calibre solo se podía resolver de un modo: con un gol de oro

gol

Contaba con una generación espectacular de futbolistas y venía de levantar el Mundial en París, pero Francia quería más. Como un Gatsby encaprichado, incapaz de apreciar el dinero, las fiestas glamurosas o las vistas a la bahía de su mansión en East Egg si al darse la vuelta cada noche en la cama Daisy Buchanan no estaba ahí.

Barthez, Thuram y Zidane ya sabían lo que se sentía al vencer; ahora, obstinados, pretendían llevar sus pulsaciones al siguiente nivel.

Cuando la victoria es rutina, solo te resta algo por perseguir. El éxtasis: ganar en el último suspiro.

Las semifinales habían servido a los ‘Bleus‘ como adiestramiento; Portugal resistió hasta que en el 117’ ‘Zizou’ encontró la red y disparó el ritmo cardíaco de sus compatriotas. El ‘gol de oro’ era una norma hecha a medida para aquel vestuario sediento de emociones extremas. Solo faltaba que pasase lo que sucedió.

 

El choque se adentró en la prórroga sin remedio, como si el destino no supiese qué elegir entre tanto jugadorazo, y en el 103′ se abrió la grieta definitiva: desborde de Pirès, balón al área y aparición divina de Trezeguet

 

La final de Róterdam estaba destinada a decidirse por muerte súbita. Italia, que se adelantó gracias a Delvecchio, presentaba una defensa propia del mejor cine de terror: era imposible ver a Maldini, Cannavaro, Nesta o Pessotto con la misma camiseta y no echarse a temblar. Los franceses, que empataron por obra de Wiltord, aguantaban el pulso gracias a Henry, un superclase al que nunca se le conocieron miedos.

El choque se adentró en la prórroga sin remedio, como si el destino no supiese qué elegir entre tanto jugadorazo, y en el 103′ se abrió la grieta definitiva: desborde de Pirès, balón al área y aparición divina de Trezeguet.

El gol no solo trajo un título; también un subidón de adrenalina sin precedentes en el fútbol galo. Justo lo que aquellos tipos andaban buscando. Tres años después, repetirían fórmula ante los cameruneses en la final de la Confederaciones. Le habían cogido el gusto a triunfar de aquella manera. Después de todo, era mucho más divertido.

 

Este artículo está extraído del #Panenka100, que sigue disponible aquí

 


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Fotografía de Getty Images.