Este artículo sobre Xabi Alonso está extraído del #Panenka136, publicado en marzo de 2024, nuestro especial sobre los entrenadores vascos, que sigue disponible aquí
“El fútbol ha cambiado mucho en los últimos 15 años. He tenido la suerte de ver cómo ha evolucionado. Del inicio al final es radicalmente diferente. La preparación, los entrenamientos, los conceptos, la forma de generar ventajas, de adaptarte, de ser flexible. No tiene nada que ver. Todo es mucho más sofisticado y académico y menos racional y visceral (…). A mí me gusta mucho entender por qué pasan las cosas. Yo, antes, el fútbol lo jugaba, pero en los últimos años ya no sólo lo jugaba, también lo analizaba. Creces en la voluntad de querer entenderlo”. Xabi Alonso, 2017
“Debemos tomar la decisión en el campo en función de lo que está sucediendo en ese momento, no en función de lo que has pensado con antelación que iba a suceder. Ver y reaccionar, no imaginar y reaccionar. Dejarse llevar por el momento. El momento te marca la solución”. Ettore Messina, 2020
“El fútbol del pasado más reciente daba un gran peso al análisis del rival, mientras que ahora se da una importancia a la identificación como equipo y al análisis del juego propio. Ahora es difícil decir que un equipo tiene un patrón o modelo de juego. Los mejores equipos no tienen un modelo de juego: tienen una cultura táctica que les permite jugar de muchas maneras diferentes”. José Mourinho, 2021
El fútbol es un deporte mucho más apasionante desde el momento en el que gran parte de lo que es permanente, de lo que es constante, es el cambio. El juego que se desarrollaba mismamente en 2015 es muy diferente al que se está jugando ahora, y comprender en su totalidad la dinámica impensada del juego del fútbol permite manejar sus tiempos para poder anticiparlos. Por eso, en sentido estricto, la historia incipiente y prematura de Xabi Alonso como entrenador es la del hombre indicado: el que llega al sitio correcto en el momento adecuado.
Algo así como lo que ocurrió con Pep Guardiola, al que se le etiquetó como inexperto e imberbe para la responsabilidad que le tocó desempeñar, la figura de Alonso encuentra ciertos paralelismos con uno de los entrenadores más importantes que ha dado este deporte, seguro el más trascendente de los últimos 20 años. Los dos mediocentros, a Pep le influyó el auge de la era de la racionalización del espacio, siendo el vértice de dos rombos en el 3-4-3 de Johan Cruyff, basada en la idea de formar triángulos como principio numérico y espacial con el que mantener la posesión y dominar el juego, mientras a nivel continental Arrigo Sacchi sentaba las bases de una organización defensiva brotada de las reglas del juego y la metodología. Dos formas de ver el fútbol que nacieron, a su vez, del ‘Fútbol Total’ de Rinus Michels, y que Guardiola coronó desde otra arista, con el sol brillando en lo más alto.
Alonso es el producto de una serie de interacciones, a lo largo de tres lustros distintos, que, junto a su temperamento, producen un deseo: el de dar salida a lo que sentía por dentro
La irrupción del actual Alonso no se entiende sin esta correlación de ideas y ecos transmitidos de forma oral, cultural y metodológica. Hace casi 35 años, Cruyff comenzó a decirle a la gente que había que aprovechar la totalidad del campo, la cal y las cuatro esquinas. También cosas tan aparentemente evidentes como que “el fútbol consiste básicamente en que cuando tienes la pelota, debes ser capaz de pasarla correctamente y cuando te pasan la pelota, debes ser capaz de controlarla; si no la controlas, tampoco puedes pasarla”. Esas dos ideas, junto al libro más importante de la historia del fútbol, que no es otro que el de sus normas, son el germen de que hoy, por ejemplo, el portero haya pasado a ser una figura activa e intelectual o que muchas de las tácticas del momento estén construidas para aparentar una posición de debilidad y dificultad como fortaleza intrínseca, a través del concepto de atracción hacia tu propia portería, utilizando cada centímetro del campo y gracias también a la entrada en vigor de la nueva regla del saque de puerta, fechada en junio de 2019, cuando se comenzó a permitir que el guardameta combinara con uno o varios compañeros dentro del área grande.
Antes de ver todo esto, recién retirado y en sus primeros pasos como técnico, Alonso fue uno de los tres mejores mediocentros de su época. En ese tiempo le tocó ganar, perder, ser dominado, dominar, presionar, ser presionado, recorrer grandes distancias como mediocentro, apenas cubrir terreno, dar pases largos o dibujar paredes. Jugar en España, Inglaterra y Alemania. O ser entrenado a nivel de clubes por Benítez, Mourinho, Guardiola o Ancelotti. Ese tiempo introduce en su mente una serie de preguntas, respuestas, retos y vivencias que, además de marcar su juego, determinan su acercamiento hacia el análisis. Benítez respondía a un juego simétrico, de defensas estáticas y replegadas que daban espacio a sus atacantes, con dos pivotes y dos bandas que ayudaban a su lateral y llegaban a gol, mientras se fijaba permanentemente en el rival, diseñando un plan en cada partido. Mourinho comenzaría a cambiar cosas a nivel metodológico para integrar una forma de jugar en cada tarea, demostrando una astucia singular, casi desconocida, para ganar desde cualquier circunstancia. Guardiola ordenó las ideas de Cruyff e incluso miró mucho más atrás (sistema 2-3-5) para dominar y abrir las defensas más resistentes y cincelar hasta el detalle el juego de sus equipos, mientras Ancelotti construía, ajeno al paso del tiempo, su propio imperio flexible, donde todo era susceptible de ser integrado de forma natural.
De los cuatro va a comprender la velocidad de los cambios que ocurren en el juego y la sucesión de ideas dominantes; la creación de ventajas y la capacidad para detectar los espacios a través del entrenamiento; la gestión del vestuario como refugio de códigos, compromisos, lealtades, sentimiento de pertenencia y aspiración de grupo; la construcción de una identidad competitiva a través del mensaje o la importancia de la comunicación para impulsar al futbolista y comprender a la persona. Alonso es el producto de una serie de interacciones, a lo largo de tres lustros distintos, que, junto a su temperamento, producen un deseo: el de dar salida a lo que sentía por dentro como director de equipos y jugadores. No en vano, su decisión de marchar a Múnich con 32 años para jugar a las órdenes de Guardiola debe verse como una decisión premonitoria, casi programada, de lo que se estaba dando forma cada vez que apagaba la luz por la noche: por qué hemos perdido, qué hice mal, qué podía haber hecho mejor o qué idea nos dará la victoria dentro de tres días.
Alonso aterriza como técnico en un momento en el que ya se ha producido un cambio de lógica interna en el juego, y no es otro que el de presionar de forma grupal e intelectual, casi por inercia, cuando no es por plan o por creencia, la salida del balón del rival. Para ello, su Real Sociedad B construye siempre en un clásico 3+2 donde el eje de esa primera línea puede ser un portero, un mediocentro o un central, y se progresa a través de triángulos y pases diagonales para encontrar al tercer hombre. Ya desde los primeros meses, aparecen testimonios de jugadores que perciben algo más; que debajo de la leyenda hay mucha más sabiduría que libreto, que es la diferencia entre saber y transmitir conceptos, diseñar una metodología de entrenamientos que conviertan en lenguaje futbolístico lo que se busca y anticiparse con velocidad a lo que va pasando para dar soluciones y mejorar a sus futbolistas.
Grimaldo: “Va a marcar una época en el banquillo. Tiene un futuro increíble. Tiene capacidad para transmitir todas sus ideas, que es lo más complicado. Sabe leer al rival y los partidos, y te lo explica”
Es una etapa de múltiples matices, en un contexto competitivo no tan exigente, con jugadores muy jóvenes, sin experiencia en el primer nivel. Folios casi en blanco que fallan más de la cuenta, a los que les distancia no poca experiencia de sus competidores de categoría y a los que hay que corresponder con exigencia una vez todos han caído rendidos por pura admiración, permitiéndoles errar, preparándolos para el primer nivel, caso de Barrenetxea, Pacheco, Olasagasti o Turrientes. Preocuparse por su mejora y formación, y horadar hasta encontrar el detalle, de alguna forma, desvela su personalidad como técnico, donde mezclan ingredientes como la capacidad de persuasión, su insistencia en determinadas ideas que no se pueden diferir ni abandonar o su apuesta por darle un sentido amplio a las posesiones de balón. Pero es una etapa donde hay algo más que un juego académico de salida de balón raseada y estructurada en la que los jugadores son capaces de interpretar cada situación.
Como no hay nada mejor que combinar, Xabi Alonso pertenece, en estos momentos, a un tiempo donde confluyen los dos grandes modelos de organización más recientes: el juego de posición, basado en la posición como fundamento y unidad básica para ocupar el campo, y el juego de relación, cuyo axioma principal rompe con la necesidad de ocupar todas las posiciones, incentivando la cercanía de varios jugadores alrededor del balón para superar numéricamente al contrario en todo momento. Así, en su Bayer Leverkusen repite una falsilla como punto de partida: tres hombres atrás, dos hombres abiertos siempre aunque no siempre sean los mismos, dos pivotes, dos mediapuntas y un delantero centro, pero lo más interesante es lo que sucede cuando esa fotografía pasa a ser celuloide. Ahí es donde Xabi, junto a Míchel, De Zerbi o Thiago Motta, se ha erigido como uno de los entrenadores más capaces de ensamblar ambas culturas de juego, con las que dotar al jugador de una interpretación mayor, basada en reaccionar al estímulo y no tanto en organizarse bajo el paraguas de una estructura fija. Su principio es equidistante entre los dos modelos: conquistar y llegar al espacio a través del juego de posición si el rival defiende en zona, si no salta ni presiona, y también llegar al espacio a través del juego de relación si el rival acosa y marca al hombre, logrando acercar jugadores entre sí para escapar de cada marca, a través de paredes y primeros toques. En esto, Alonso es uno de los grandes exponentes actuales, demostrando una capacidad innata para hacer funcionar un equipo a través del entrenamiento y de hacer lo que otros hagan.
El tolosarra ha verbalizado en no pocas ocasiones la frase “siempre encontraremos el espacio”. Su equipo ha mostrado un crecimiento notable entre la 22-23 y la 23-24 [este artículo fue escrito y publicado en marzo de 2024]. De un año a otro, los datos son claros. El Bayer Leverkusen suma 36 toques dentro del área por partido, por los 22 de la temporada pasada; hace progresar el balón en los últimos 30 metros del campo hasta en 66 ocasiones por 90′, por las 40 de la campaña anterior; conecta 17 remates por los 12 previos; seis pases por posesión de media, por cuatro en el curso anterior, o hasta 22 secuencias de más de diez pases en este fulgurante año, por 14 en el pasado. “Va a marcar una época en el banquillo. Tiene un futuro increíble. Tiene capacidad para transmitir todas sus ideas, que es lo más complicado. Sabe leer al rival y los partidos, y te lo explica. He encontrado un entrenador de primer nivel. No sólo por los resultados, sino por la forma de entender el juego y transmitirlo. Es un entrenador especial”, dice Alejandro Grimaldo, un jugador al que Alonso ha visto con otros ojos y a quien ha elevado un par de escalones de sopetón.
En el juego de este Leverkusen es común que se dé, de forma rutinaria y a la vez orgánica, una superioridad constante en la que varios jugadores de zonas alejadas a la del balón se aproximan a ella para congestionarla de rivales, con tal de que, tras esa concentración de oponentes, aparezca el espacio en la otra punta del campo. Por ejemplo, saliendo desde atrás por el costado derecho, dos hombres de líneas posteriores se aproximan hacia la pelota, vaciando el centro del campo. Una vez el equipo escapa de esa congestión, el mediapunta izquierdo, Wirtz, o el carrilero izquierdo, Grimaldo, activan ese espacio vacío, como peldaño para ascender sobre el campo, recibir libre y lanzar al espacio al carril liberado, donde se producirá un uno contra uno en los últimos metros. Todos los jugadores fluyen interpretando ese momento del juego donde, sobrecargando de tráfico y dificultad una zona del campo, aparece un espacio inmenso en sus antípodas.
Lo que ves en su juego lo puedes sentir: se percibe un conocimiento, una frescura, iniciativa y motivación tangibles, donde los jugadores son mejores, más rápidos, más listos y más hambrientos
Por el contrario, si el oponente decide esperar atrás, Alonso maneja multitud de acciones propias del balonmano, donde los futbolistas van cruzando cada intervalo, generando gran imprevisibilidad y nula sensación de atasco. En estas situaciones, simuladas a propósito en los entrenamientos, se observa un dinamismo y una valentía que garantizan una amplia cantidad de ocasiones claras: desmarques indirectos, centros al segundo palo sobre el desmarque del carrilero del lado opuesto al balón o rupturas de segunda línea tras el apoyo de su ‘9’, Victor Boniface. Lo que ves en su juego lo puedes sentir: se percibe un conocimiento, una frescura, iniciativa y motivación tangibles, donde los jugadores son mejores, más rápidos, más listos y más hambrientos. Para seguir con aquella etiqueta manoseada que no sabe discriminar, sientes una autoría de juego potente, atractiva y vigente, con presente y porvenir.
En su penúltimo libro, Vuelta al país de Elkano, Ander Izagirre dice que los vascos, más que un pueblo de campesinos aislados, lo fueron de navegantes promiscuos en busca de comercio y caza de ballenas. Imaginar el siguiente paso de Xabi Alonso, como todos sus pasos anteriores, es más sencillo que complejo, y no es otro que buscar el próximo gran reto allí donde ebulle todo. Lo que transmite como entrenador no es tanto una ambición del ego, de la que también hay algo, como todo gran competidor, sino probar que está preparado para medir su momento con el de los mejores. No podemos adivinar resultados, pero hay algo predestinado en él desde el momento en el que ha absorbido tantas influencias y sus equipos combinan con tanta naturalidad tantas soluciones y culturas de juego. Lo suyo suena a profecía.



