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Los viajes de Patxi


77 estadios, 23 países y casi 80 años siguiendo a su equipo. Conocemos de cerca a un emblema del fútbol español


Una bandera en una mano. Una bufanda en la otra. Una gorra con más de 70 insignias que son el testimonio de sus viajes alrededor de España y Europa. Y una camiseta blanca y azul, los colores que viste por fuera y que siente por dentro. Va camino de los 83 años, pero en los ojos de Patxi Iraizoz brilla la misma emoción, la misma pasión por la Real Sociedad, la del primer día, tan lejano, en que su padre lo llevó a Atotxa por primera vez. Son ya casi 80 años de dedicación, de entrega, de sacrificios, de victorias y derrotas; de aguantar bajo la lluvia, la nieve y el sol. Y de recorrer kilómetros. A Patxi lo encontraréis el día de partido andando por las calles de Donosti con el atuendo que lo hace inconfundible. Lo veréis, también, esperando al autobús del equipo, una hora y media antes del pitido inicial. Un vestigio de aquellos días de infancia en los que podía saludar, animar y hasta abrazar a sus ídolos. Patxi, hablador como pocos, salta de anécdota en anécdota cuando se le pregunta por su afán de seguir a su equipo allá donde juegue. Su gran orgullo, lo que lo hace especial, es que posee un récord único: nadie ha visto jugar más veces y en más lugares distintos al conjunto donostiarra. 77 estadios, 23 países, y centenares de historias que contar.  “Tengo buenos recuerdos de casi todos esos lugares. Como he estado en tantos sitios… ¡Que no soy fanfarrón, que es la verdad! Todos los campos de Primera y Segunda y eso, teniendo para comer y poco más”, relata. Porque uno puede pensar que a Patxi le sobra el dinero, que esos viajes son la excentricidad de un jubilado al que le quedó una buena pensión. Nada más lejos de la realidad. Sin embargo, sabe organizarse para trasladarse a tantos estadios como pueda. Tan habitual es toparse con él, que su popularidad es total entre los ‘txuri-urdin’. Es frecuente que lo paren por la calle y ha sido portada de hasta tres periódicos locales.

 

Va camino de los 83 años, pero en los ojos de Patxi Iraizoz brilla la misma emoción, la misma pasión por la Real Sociedad, la del primer día, tan lejano, en que su padre lo llevó a Atotxa por primera vez

 

DE CÁDIZ A ESTAMBUL

Patxi ha hecho la mayoría de sus viajes en autobús. “Ahora es otra cosa porque hay autobuses buenos, pero hace años ibas a Cádiz y te tirabas 18 horas, veías el partido, y vuelta para casa”, rememora. ¿Vale la pena tanto esfuerzo? “Si pierdes, vuelves un poco triste, y se hace muy largo. Pero cuando ganas, aunque haya que hacer 1.000 kilómetros, vienes contento, como si te hubiera tocado la lotería”, indica este veterano seguidor que también es un fiel asistente a los partidos de Zubieta, para ver al conjunto femenino, al filial y al tercer equipo. “La Real, desde siempre, me da mucha alegría. Y muchos lloros, también. Viendo a las chicas, se me caen las lágrimas algunas veces. La gente se queda mirando y tengo que disimular un poco, pero me emocionan”, reconoce.

Los recuerdos se agolpan, pero su inseparable gorra le ayuda a repasar, escudo a escudo, todas la aventuras que ha vivido fuera de casa. Si tiene que destacar una experiencia, se acuerda enseguida de Turquía. “Me quedé encantado en Estambul. Ibas por la calle, la gente te abrazaba… Nos trataron muy bien. Los dueños de los restaurantes te hablaban de una manera que tenías que entrar a comer”, dice, al tiempo que destaca el estadio de la Juventus como uno de los más bonitos que ha visitado. “También el del Barcelona. Parece que estés en un rascacielos”. Pasan los años, las temporadas, pero no cambia su sonrisa. ¿Es posible que quede ilusión en ese corazón blanquiazul después de casi ocho décadas? “Me quedan todavía muchas ilusiones por cumplir con la Real. Ganar otro título, por ejemplo”, pide. Pero al instante cambia de tema, como si, a fin de cuentas, no fuera tan importante. Qué más da el final del viaje, si uno cuenta con el trayecto.

Ilustración de Marc GS / @marc.gs