PUBLICIDAD
estadios

Cuando siempre juegas fuera


Adrián visita estadios por placer. Pero cuando viajó a Ceuta desde Augsburgo, lo hizo movido por la pasión a un club


 

Cuando el pasado verano se hizo público el calendario de Segunda, Adrián Morales echó un vistazo a lo que tenía por delante el equipo de sus amores y de su tierra, un Real Zaragoza que iba a iniciar su 13ª temporada en la categoría de plata. La mirada se le fue inmediatamente al encuentro en el Alfonso Murube de Ceuta, un recién llegado al fútbol profesional. Ese viaje le faltaba, no estaba en su lista de groundhopper, como se autodenomina, uno de esos exploradores de estadios que convierten en cultura la visita a un recinto futbolístico (y a todo lo que lo rodea). Desde su casa en Augsburgo, donde hace 14 años que reside, Adrián contactó con un amigo alemán afincado en Mallorca. “Me había dicho: ‘Oye, he visto que el Ceuta ha subido. ¿Por qué no viajamos hasta allí para ver un partido?’. Yo no me lo había planteado, porque Ceuta, desde Alemania, no tiene precisamente una conexión de vuelos fácil. Pero me pareció una gran idea. La única condición que le puse es que fuera para ir a ver al Zaragoza y en el sector visitante”, explica. Adrián iba a tener que desplazarse hasta Múnich, y allí tomar un vuelo a Málaga. Una vez en Málaga, desplazarse en coche hasta Algeciras. Y ya en Algeciras, tomar un ferri hasta la ciudad autónoma. 2.500 kilómetros recorridos por la pasión a unos colores, pero también por el placer de viajar. Por el camino, cuenta, hicieron parada en Gibraltar para tachar también al Europa Point de la lista. Es un ‘cazador’ de clubes y estadios, una afición que se conoce como groundhopping.

En su charla con esta revista, Adrián cuenta que tiene previsto ir a Kosovo para ver fútbol en Pristina. “Para mí, ser groundhopper es una cultura. La oportunidad de descubrir lugares que, sin el fútbol, no habría visitado en la vida”, dice. “Me gusta mucho ver cómo las aficiones celebran goles en su estadio. Si no marca el local, me voy un poco triste”, explica. Todo eso cambia si es el Zaragoza quien juega: “Hasta que comienza a rodar el balón, sí que lo veo todo con el prisma del viaje. Estoy descubriendo Ceuta, este enclave español en el norte de África, con gente muy amable, una ciudad que me impresionó bastante”. Y sin embargo: “Perdimos 1-0. Lo sufrí mucho. Cuando marcó el Ceuta, sentí como si me atravesara un rayo. ‘Ya está, otro día en que no vamos a ganar’. Como zaragocista nunca podré alegrarme de un gol rival, y lo veía con el prisma de la frustración, pero también era una forma de descubrir una nueva afición, un nuevo ambiente. Gracias al Zaragoza he podido hacerlo varias veces, en España”.

 

“Para mí, ser groundhopper es una cultura. La oportunidad de descubrir lugares que, sin el fútbol, no habría visitado en la vida”

 

SUFRIMIENTO A DISTANCIA

Adrián lleva 14 años viviendo y trabajando en Alemania, lejos de su equipo, de la hinchada a la que pertenece. El mismo tiempo que han pasado los zaragocistas alejados de Primera División; temporadas de altos y bajos en lo clasificatorio, de inestabilidad en lo social y de ilusiones, muchas veces, rotas. “Más que no poder ver en directo al Zaragoza, o seguirlo por los campos, lo peor es el día después [de una derrota]. Si estás en la ciudad, siempre habrá alguien con el que hablar y lamentarse. Pero en el extranjero, la soledad es muy intensa. Nadie entiende tu tristeza, por qué ese día estás más taciturno. Me dicen: ‘Solo es un club de fútbol'”, lamenta Adrián, que vive, como otros tantos ‘blanquillos’, una de las campañas más complicadas de su vida. Queda la esperanza, y el aliento de una afición a la que el groundhopper Adrián define como “leal y viajera”.

Ilustración de Marc GS / @marc.gs