Los aficionados del Palmeiras van tachando los días en el calendario de sus casas para que llegue el día señalado. Las gradas del Allianz Parque están expectantes, quieren que su gente vuelva a rugir, esas gradas quieren sentir lo que sentía el Estadio Palestra Itália hace ya muchos años. La espera se ha hecho larga, muy larga, para una torcida acostumbrada al éxito, pero que ha tenido que lidiar con el fracaso para saborear de nuevo el gusto de la victoria. Los Velloso, Mazinho, Roberto Carlos, Zago, Sampaio, Rivaldo, Evair y Edmundo de entonces, son hoy los Fernando Prass, Zé Roberto, Yerry Mina, Dudu, Moisés, Gabriel Jesús y Lucas Barrios. En el banquillo de Vanderlei Luxemburgo se sienta ahora Alexi Stival ‘Cuca’. Tras 22 años de espera ha llegado el momento de volver a conquistar el Brasileirao. Muy lejos quedan ya esos días de gloria, en los que esa generación reflotó a un Palmeiras hundido para volver a hacerlo grande.

LOS ’90, AÑOS DE PARMALAT

Cuando las campanadas de aquel lejano 31 de diciembre de 1989 dieron paso a los años 90, el Estadio Palestra Itália suspiró aliviado al ver que se cerraba una de las décadas más grises de la historia de su club. Los aficionados del Palmeiras no celebraron ningún título en ese período. La sombra de Dudu, el entrenador que en 1976 conquistó el último Campeonato Paulista del club, se alargaba partido tras partido y, mientras, sus más íntimos rivales –Corinthians y Sao Paulo– iban engrosando su palmarés y eclipsaban los éxitos del Palmeiras de los ’60 y los ’70, una etapa en la que se ganó el apodo de La Academia de Futebol, cosechando seis Brasileiraos y otros tantos Campeonatos Paulistas. El punto de inflexión llegó el año 1990, ese curso el Corinthians conquistó el primer Brasileirao de su historia y el club tocó fondo. El enemigo se hacía cada vez más grande y ellos dibujaban un camino opuesto, directos al olvido.

El retorno hacia el éxito pasaba por una gran inversión en la plantilla. Desde la directiva del conjunto paulista vieron en el patrocinio de Parmalat la inyección de presupuesto necesaria para remodelar a un equipo alicaído. Los billetes de la multinacional italiana se instalaron en el club en 1992 y con ese negocio empezaron a llegar los futbolistas que escribirían las páginas más doradas de la historia del Palmeiras. El primero en unirse al proyecto Palmeiras-Parmalat fue Mazinho, que tras su paso por el Lecce y la Fiorentina italianos volvía a Brasil para ocupar el carril diestro del verdão. Tras su fichaje, en enero de 1993 se dio paso a la renovación definitiva. A los ya presentes Cesar Sampaio, Velloso y Evair, se les sumó una camada de jóvenes futbolistas que despuntaban en otros equipos del Brasileirao. Un Roberto Carlos aún por descubrir llegaba procedente del Atlético Mineiro para asentarse en el lateral izquierdo; Zinho dejaba el Flamengo para convertirse en uno de los líderes de la medular junto a Cesar Sampaio; y Edílson y Edmundo se desvincularon de Guaraní y Vasco da Gama, respectivamente, para que las gradas del Estadio Palestra Itália vibrasen con sus goles, como ya lo hacían con los de Evair.

 

Desde la directiva del conjunto paulista vieron en el patrocinio de Parmalat la inyección de presupuesto necesaria para remodelar a un equipo alicaído

 

Después de quedar undécimo en el Brasileirao de 1992, Vanderlei Luxemburgo recogía el testigo de Otacílio Gonçalves en el banquillo del Palmeiras. Arrancaba un nuevo curso con un equipo rejuvenecido y con un entrenador de poca experiencia en la máxima categoría. El primer objetivo del año era el Campeonato Paulista y el verdão se impuso de manera contundente en el torneo. Acabó la primera fase como líder de su grupo y en la segunda fase, dividida en dos grupos de cuatro equipos, volvió a repetir la primera plaza para hacerse con un hueco en la final. Era la primera oportunidad del Palmeiras para demostrar que estaba de vuelta en lo más alto del fútbol brasileño, pero enfrente se encontraría con el mayor de sus enemigos, el Corinthians -con el que se disputa el ‘Derbi Paulista’-. Con una derrota por 1-0 en el partido de ida, el Palmeiras se lo jugaba todo en la vuelta, y los de Vanderlei Luxemburgo se impusieron por 4-0 con goles de Zinho, Evair, Edílson y de nuevo Evair. El club levantaba el Campeonato Paulista 18 años después y atrás quedaban esos años complicados, en los que las derrotas se sucedían una tras otra.

Con el primer título en el bolsillo, en junio arrancaba la competición nacional -en Brasil las temporadas se dividen primero con torneos estatales y en la segunda mitad se disputa el Brasileirao-. El Palmeiras siguió mostrando el buen juego que le hizo volver a la senda del triunfo en el Paulista y se impuso en su grupo de la primera fase, concediendo únicamente dos derrotas, ambas ante el Santos. En la segunda fase se hizo de nuevo con el liderato, que le valió para acceder a la final. 15 años habían pasado desde la última vez que disputó una final del torneo nacional, en la que el Guaraní se alzó con el título después de ganar por 1-0 en la ida y en la vuelta. Esta vez el rival era el Vitória, que no fue rival para el verdão. En el primer encuentro un gol de Edílson le permitió al Palmeiras llegar al partido de vuelta con ventaja en la final. El 19 de diciembre de 1993, en el Estadio Morumbi de Sao Paulo, un 2-1 a favor sentenció el Brasileirao para el Palmeiras, el séptimo de la historia del club, 20 años después de su última conquista.

Empezaba 1994 con el Palmeiras en la cúspide del fútbol nacional y con la clasificación para la Copa Libertadores. El verdão se sentía de nuevo fuerte, con una generación de futbolistas jóvenes a los que muy pronto les llegaría su oportunidad en Europa. Comandados por Vanderlei Luxemburgo, desplegaban un juego vistoso y alegre para el disfrute de los aficionados que acudían al Estadio Palestra Itália cada fin de semana. La nueva temporada iniciaba con el Campeonato Paulista y Mazinho, Evair y compañía seguían dominando el torneo estatal. Con solo tres derrotas en 30 jornadas, el Palmeiras repetía título por segundo año consecutivo y sumaba el vigésimo título estatal para la entidad. Pero la nota negativa de aquel inicio de curso fue la eliminación de la Copa Libertadores a manos del Sao Paulo en los octavos de final. El empate a 0 en casa y el 2-1 en territorio rival le apeó en el camino hacia su primer éxito continental, aunque aquel equipo dejó para el recuerdo de la afición un sensacional 6-1 ante el poderoso Boca Juniors en la fase de grupos.

Antes del inicio del Brasileirao, la selección nacional conquistaba el Mundial de Estados Unidos con Zinho y Mazinho entre sus figuras y el Palmeiras reforzó la plantilla para repetir el doblete de la campaña anterior. António Carlos Zago llegaba para formar pareja con Cléber en el centro de la defensa; un jovencísimo Flavio Conceiçao dejaba el Rio Branco para consolidarse en el centro del campo paulista; y el talentoso Rivaldo sería el fichaje estrella de ese año.

Con un equipo aún más completo que el curso anterior, los resultados seguían sonriendo a aquel equipo, que dominaba el Brasileirao con soltura y pasaba por encima de sus rivales. El espectáculo estaba a la orden del día y el Palmeiras seducía a propios y extraños con su estilo atrevido y deslumbrante. En la primera fase, los de Luxemburgo demostraron su superioridad con nueve victorias en diez encuentros; la segunda ronda volvió a finalizar con el Palmeiras en lo más alto de su grupo; y a partir de ahí, en las eliminatorias cayeron Bahía y Guaraní, para plantarse en la final por segundo año consecutivo. Corinthians y Palmeiras se veían las caras un año después de que el verdão se impusiera en la final del Campeonato Paulista y la suerte volvió a caer del lado del equipo de Luxemburgo. Un rotundo 1-3 en el Estadio Pacaembú del Corinthians encarrilaba el octavo Brasileirao para el Palmeiras, que certificó la conquista con un empate a un gol en el partido de vuelta. El club volvía a sus días de gloria y se atisbaba un ciclo glorioso para ese equipo. Pero Europa quedó maravillada con esa generación y evitó que la afición del Palmeiras disfrutase de esos futbolistas durante muchos años.

LA DESBANDADA

Esos dos Brasileiraos y Campeonatos Paulistas consecutivos del Palmeiras fueron motivos suficientes para que los mejores equipos del Viejo Continente se fijasen en aquel grupo de futbolistas. Jóvenes, técnicos y con un gen campeón en la piel, reunían todas las cualidades para que la Europa futbolística pusiera el ojo sobre ellos. Y tras vencer al Corinthians en la final, las ofertas inundaron las oficinas del club, que se desprendió fácilmente de muchos de los jugadores que habían devuelto la entidad a la cima del país. Mazinho cruzó el Atlántico otra vez, pero en esta ocasión con destino al Valencia; el Inter de Milán fichó a un Roberto Carlos que años después se consagraría como uno de los mejores laterales de la historia en el Real Madrid; y Edílson hico las maletas para iniciar una nueva etapa en el Benfica. Sampaio y Evair, por su parte, fueron tentados por el dinero del fútbol japonés y Edmundo cambió el verde del Palmeiras por el rojinegro del Flamengo.

 

En poco tiempo, la columna vertebral de aquel equipo quedó resquebrajada, sumándole a todas esas bajas la marcha del hombre que había dirigido la orquesta

 

En poco tiempo, la columna vertebral de aquel equipo quedó resquebrajada, sumándole a todas esas bajas la marcha del hombre que había dirigido esa orquesta. Vanderlei Luxemburgo abandonaba el club para entrenar primero en el Paraná y más tarde en el Flamengo. 1995 fue un año de transición para el verdão, que quedó quinto en el Brasileirao y perdió la final del Paulista ante el Corinthians. Al año siguiente, con refuerzos como Djalminha o Cafú y el retorno de Luxemburgo al banquillo, el equipo resurgió y realizó un Paulista para el recuerdo de sus aficionados. Con 82 de los 90 puntos posibles, batió el récord de puntuación en el campeonato y dejó al Sao Paulo, segundo clasificado, a 28 puntos de distancia. Después de aquel maravilloso año, Europa volvió a la carga y los mejores futbolistas del Palmeiras abandonaron el club. Cafú se fue a Italia para jugar en la Roma y el Milan; Rivaldo llegó a España para destacar en el Deportivo y ganar un Balón de Oro ya vestido con la camiseta del Barcelona; y Flavio Conceiçao y Djalminha también desembarcaron en la liga española, siguiendo los pasos de Rivaldo para recalar en el legendario ‘Super Dépor’.

Ese Palmeiras empezó a apagar su llama progresivamente a finales de los 90’ y tocó fondo con la llegada del nuevo milenio. Con Luiz Felipe Scolari en el banquillo levantó su primera Copa do Brasil en 1998 y también la primera Copa Libertadores de la historia del club, pero tras la marcha del técnico, el Palmeiras dio por finalizado aquel ciclo triunfal con el descenso a la Serie B -la segunda categoría del fútbol brasileño- en el 2002,  y que también sucedeería en 2012. Los mejores días del club en los ’90 eran historia y de aquel equipo que desquiciaba al rival con la pelota ya solo quedaban los borrosos recuerdos de los aficionados, que veían como se repetía un camino similar al que vivieron entre los ’70 y los ’80. Ahora, con la vuelta a la disputa por los títulos, se acerca el momento que la afición lleva 22 años esperando. El Brasileirao se va tiñendo de verde.