Lo que empezó con la gracia de EEUU fichando a jugadores míticos que alargaban sus días como futbolistas para deleite del espectador americano, pasa a ofertas astronómicas de la SuperLiga China por jugadores en pleno apogeo, con sueldos que ni mucho menos están cerca de los que tendrían si continuasen en el fútbol europeo. Las prisas con las que nuestros vecinos asiáticos quieren convertir el fútbol en el deporte por excelencia del país, está golpeando a base de billetes los cimientos de un fútbol con más de 100 años de historia. Como dice Fito, “las prisas no son buenas”, y el gigante asiático no camina despacito. En los últimos años, Hulk, Witsel, Oscar o Jackson Martínez han firmado por clubes chinos que precipitan la salida de la élite de jugadores con ofertas que, o bien ellos, o bien sus representantes, no podían dejar pasar por alto. Con una estrategia parecida a la estadounidense, fichar grandes nombres y adjudicarles sueldos estratosféricos, pero con la diferencia de que tengan las pilas todavía cargadas al coste que sea. Mientras EEUU es más un paseo de viejas glorias, China pretende convertir su campeonato en una liga competitiva con estrellas en su máximo nivel.

Bakambu estaba completando una de sus mejores campañas con el Villarreal, en la mitad de partidos había casi igualado su mejor marca anotadora con el submarino amarillo, 9 goles en 15 encuentros que se situaban muy cerca de las 12 dianas que consiguió en su primera temporada. Con esta situación, siendo la estrella de un equipo que juega competiciones europeas regularmente, pone rumbo a China con la idea de que era “una oportunidad que no podía dejar escapar”. La oportunidad a todas luces es económica, ya que a nivel futbolístico la SuperLiga China está a años luz de las grandes ligas europeas. El caso de Cedric, que se marcha habiendo pagado la cláusula de 40 millones el Beijing Guoan y pasando a cobrar una cifra que ronda los 18 millones, es un nuevo ejemplo de jugador que prefiere vivir alejado de la élite con unos ingresos solo a la altura de las estrellas. Antes Hulk, que ya sabía lo que eran cifras de infarto con el efímero poderío ruso, decidió seguir apartado en un fútbol más modesto futbolísticamente pero en la cima en lo económico. Otro brasileño, Oscar, dejó la Premier en el ecuador de su carrera para pasar a ser todo un Balón de Oro a lo que sueldo se refiere.

El antónimo de Bakambu y de la Liga China está al otro lado del charco con el otro ejemplo reciente que hemos visto en nuestra liga; el de Carlos Vela y EEUU. Ambos son el reflejo de la política de fichajes de cada país. Mientras China, como decíamos, quiere jugadores en un buen momento y en su mayoría no superan los 30 años, EEUU trata de llamar la atención del público con jugadores que triunfaron y están en su decadencia. Carlos Vela se encontraba en una situación de decadencia que, a pesar de que su edad no vaya de la mano con su rendimiento, le obligaban a apartarse de un equipo que lucha cada año por entrar en puestos europeos. En la actualidad el país americano toma como referencia su década de los 70, donde por la mejor liga de EEUU, por entonces North American Soccer League (NASL), llegaron a pasar jugadores de la talla de Pelé, Beckenbauer, Eusebio, Johan Cruyff, Gerd Müller y George Best, entre otros. Una alfombra roja a la altura de los Oscar. Tras la repercusión vivida, el fútbol estadounidense, más que generar beneficios, ocasionó unas perdidas millonarias que ocasionaron un parón. La MLS en 1996, tras la organización del Mundial, deriva de esta liga y coge el relevo a su predecesor, copiando el modelo para la captación de aficionados. Con David Beckham como punto de partida en 2007, un fichaje con un golpe mediático abrumador, vuelve a iniciarse otra carrera por conseguir ser también una potencia en el balompié. Tal fue el éxito que Nasser Al-Khelaïfi utilizó este recurso para, también, promocionar su proyecto en el PSG, aprovechando de nuevo al inglés, que ya se había convertido en carne de publicidad, como embajador del equipo galo.

Siguiendo la estela que dejaron recientemente el propio Beckham, Raul o Henry, futbolistas de la talla de David Villa, Lampard, Pirlo o Kaka’ han decidido poner fin a sus últimos días en EEUU.  El brasileño siendo el mejor pagado por Orlando City con 7 millones de $, lejos de los más de 20 que ven los jugadores franquicia de la SuperLiga China. Fichajes que llegan, en su mayoría, a coste cero y que superan los más de 40 millones que desembolsan los equipos chinos por cada gran jugador. Y es que a nivel de inversión, se lleva la palma China. Apartar de sus equipos a jugadores en plena carrera es un precio muy alto al que hay que hacer frente si quieres ir hasta el final con tu proyecto. En  2004, momento en el que la Jia-A League pasara a ser la SuperLiga China, la política de fichajes se ha basado en grandes inversiones que no aseguran el éxito como país en el deporte. Ambas selecciones  han quedado fuera de la cita mundialista de este verano.

A pesar del gran esfuerzo de ambos países por alzar sus ligas, los proyectos no terminan de elevarse a la altura esperada. La MLS, como ocurriera anteriormente, pierde fuelle poco a poco, en parte por su gran competidor y, por otra, por una causa que también afecta la Superliga China. Sus competiciones internacionales no generan el mismo interés ni la misma competitividad que tiene la Champions League. Fichajes como el de Paulinho por el Barça, llegando a rebajarse la ficha para fichar por el club catalán, no es un caso aislado, entre los precedentes se encuentran Anelka y Drogba. Ambos jugadores se marcharon al país asiático precipitando su adiós para pillar un buen pellizco del dinero chino y regresaron antes de cumplir sus contratos ya que se encontraron un fútbol por debajo de sus expectativas. China se convierte en una liga de pasada para muchos futbolistas, algo que, normalmente, no está asociado a EEUU, donde los jugadores van a terminar su ciclo para realizar su sueño americano particular. El lugar favorito para seguir aplazando unos años más la temida retirada y seguir disfrutando del fútbol alejado de los focos mediáticos y, de paso, dejar a los aficionados unos cuantos detalles más de lo que fueron.