Muchos son los presidentes, primeros ministros y jefes de estado en general que dicen ser aficionados al fútbol. Bastantes menos los que airean en público sus simpatías hacia un equipo determinado más allá de la selección de turno, no sea que sus votantes encuentren otro motivo para echarlos del poder en las próximas elecciones. Declararse seguidor de un club puede costarles miles de votos; lo prudente es ser discreto y felicitar siempre a los rivales para que la plebe vea que, antes que de políticos o hinchas, presumen de señoras y caballeros.

Pero en toda regla hay excepciones, y David Cameron es el ejemplo más claro en el caso de los gobernantes futboleros. El primer ministro británico es seguidor declarado del Aston Villa, y de hecho se le puede ver habitualmente junto a su hijo tanto en el Villa Park como en otros estadios. Él dice que hacerse supporter del Villa fue circunstancial, porque fue el equipo que ganó el día que pisó por primera vez un campo de fútbol. Pero seguro que su elección estuvo influenciada por su tío sir William Dugdale, presidente entre 1975 y 1982, periodo en el que los de Birmingham ganaron una Liga y dos Copas de la Liga. Hace unos meses, cuando Alex Ferguson dejó el Manchester United, Cameron publicó un tweet que destilaba puro humor inglés: «Su retirada hará la vida más fácil a mi equipo«.

Ahora bien, el secreto mejor guardado del fútbol británico es el equipo del alma de la reina Isabel II. O al menos lo era, porque si hacemos caso a un rumor que se extendió en el año 2009, la jefa de la Casa de Windsor es seguidora del West Ham United. Al parecer, un día escuchó a un miembro del servicio decir que el Millwall –acérrimo rival– iba a ganar el próximo derby contra los Hammers. La reina no habría podido reprimirse y, con cierta sorna, le habría dicho al pobre incauto que ella prefería la victoria del West Ham. De esta manera dejaba en entredicho la teoría de que su club favorito era el Arsenal, pero hasta que la veamos animando a unos o a otros será difícil asegurarlo.

De todas formas, el West Ham ya tiene a un hincha tan mediático como la reina: Barack Obama. Hace unos diez años, cuando ni siquiera era el líder de los Demócratas, hizo un viaje relámpago a Inglaterra y sacó tiempo para ir a ver un partido de la Premier. Eligió ir al Upton Park y, desde entonces, pregunta de vez en cuando por los resultados de los Hammers. Ignoramos si esto le habrá causado alguna tensión con su ex secretaria de Estado, Hillary Clinton, aficionada del Manchester United. Para Obama es una lástima que el soccer sea tan poco popular en Estados Unidos porque, según declaró en una entrevista, es mucho más seguro para los niños que el fútbol americano.

Hollande, con los modestos

Volviendo a Europa, pocos políticos son tan apasionados del fútbol como el presidente de la república francesa. François Hollande jugó en las categorías inferiores del FC Rouen, el modesto equipo que representa a la ciudad donde nació y que actualmente milita en el Campeonato Nacional, división equivalente a la Segunda B española. Hollande apoya tanto al FC Rouen como al Red Star FC, otro equipo semiprofesional ubicado en el suburbio parisino de Saint-Ouen. Pero no elude confesar sus simpatías acerca de los grandes equipos franceses, y en más de una ocasión le hemos oído decir que prefiere al Olympique de Marsella antes que al Paris Saint-Germain.

politicafutbol2Otro que no esconde sus colores es el primer ministro italiano, Enrico Letta, que jugó al fútbol en su juventud y hoy se arremanga la camisa para disputar partidas de Subbuteo. Aunque nació en Pisa, en la Toscana, su equipo del alma es el Milan. De hecho, el conjunto rossonero fue de los primeros en felicitarle cuando fue elegido para dirigir el rumbo de la caótica Italia. Parece, por tanto, que aunque se apaga lentamente la influencia de Berlusconi, el Milan seguirá teniendo su cuota de poder en las altas esferas.

En Alemania tampoco es un secreto cuál es el equipo favorito de Angela Merkel. Y no es el Bayern, aunque los de Múnich pretendan marcar una época en el fútbol europeo con un equipazo en el campo y Guardiola en el banquillo. Al contrario, la canciller es fiel al Energie Cottbus, que rara vez tiene la suerte de disputar la Bundesliga. Es su manera de recordar que, aunque originaria de Hamburgo, pasó su juventud en la antigua RDA. Desde 2006 es socia de honor del club e incluso ha ido al Stadion der Freundschaft para realizar el saque de honor. En otras ocasiones, Merkel también ha expresado su admiración por otro equipo de la RDA: el Hansa Rostock, perdido actualmente en la tercera división alemana.

Dilma Rousseff no tiene reparos en apoyar al Atlético Mineiro mientras que Cristina Fernández de Kirchner da su apoyo a Gimnasia y Esgrima.

En Rusia encontramos Vladímir Putin, rey de la ambigüedad. El presidente del país más grande del mundo es natural de San Petersburgo, por lo que se entendería que alguna vez haya salido a la palestra para justificar los excesos económicos del Zenit a la hora de fichar jugadores. Sin embargo, nunca ha querido despejar las dudas definitivamente. Prefiere felicitar tanto al Zenit como al CSKA cuando logran éxitos deportivos.

En este sentido, las presidentas de Brasil y Argentina son más valientes: Dilma Rousseff no tiene reparos en apoyar al Atlético Mineiro, del que es fan desde que era niña, mientras que Cristina Fernández de Kirchner da su apoyo a Gimnasia y Esgrima como lo ha hecho toda su familia desde principios del siglo XX.

Rotaciones en la Moncloa

¿Y qué hay de España? Sabido es que el Barça se coló en la Moncloa de la mano de José Luis Rodríguez Zapatero, pero los azulgranas volvieron a perder el poder con la llegada de Mariano Rajoy. El líder del PP afirmó hace unos años –en una entrevista concedida a El Mundo– que es seguidor del Real Madrid… «salvo cuando el Deportivo puede ganar la Liga«.

Rajoy, siempre tan gallego y tan equidistante, también aseguraba ser «socio del Pontevedra y accionista del Celta«, pero últimamente sólo le hemos visto exaltarse con los goles de la selección española. Reconoce que intenta cuadrar su agenda para que no perderse los mejores partidos de la temporada, pero que si no hay más remedio siempre le quedará el ciclismo y jugar a las cartas.

No es ninguna sorpresa que el lehendakari Iñigo Urkullu sea hincha del Athletic Club, igual que lo han sido la mayoría de dirigentes del PNV o el socialista Patxi López; o que el president Artur Mas simpatice con el Barça de una manera mucho más libre de la que puede hacerlo el alcalde de la ciudad, Xavier Trias, que ya ha tenido sus polémicas con el Espanyol. En Andalucía, el recién fugado José Antonio Griñán continuó con el beticismo de Manuel Chaves, aunque también le tira mucho el Atlético de Madrid.

Por cierto que, en lo que respecta a la Casa Real, el Atlético será precisamente el equipo que tarde o temprano se hará con el trono. El príncipe Felipe es colchonero reconocido, y cambiará así la tendencia merengue que tanto el dictador de cuyo nombre no queremos acordarnos como el rey Juan Carlos han perpetuado. Eso sí, el príncipe es todo un experto en diplomacia, como demostró en la reciente final de la Europa League que jugaron el Atlético y el Athletic: «No hay duda: esta noche tenemos el corazón rojiblanco«. Eso es diplomacia y sentido del humor.