“Quedamos media hora antes de que empiece”. “¿Alguien puede llamar para reservar?”. “¿Después del partido os apuntáis a una rápida?”. Es algo cultural, tres pasiones que vienen de la mano, que se sustentan entre ellas: fútbol, bares y amistad.

Una de las mejores cosas que te sirve el fútbol es las amistades que te descubre por el camino. El compañero de equipo, el de la butaca de al lado, el que te cruzas con la calle con la camiseta del club al que amas. Uno de los lugares más habitados por un grupo de amigos es el bar. Para hacer el aperitivo los findes, para la Ambar después del trabajo, para montar un plan, para todo. Y una de las actividades más habituales que se pueden realizar en un bar es ver un partido de fútbol, o ir después de un partido, o antes, o cualquier cosa que tenga una mínima relación con este deporte.

Desgraciadamente, en estos últimos tiempos, está conexión se ha visto algo interrumpida. El confinamiento nos privó de los amigos, de los bares, del fútbol. De todo. En su regreso, con la desescalada, pudimos disfrutarlo, pero no como es debido. Así que tiraremos de recuerdos para rememorar aquellos partidos que, por un motivo u otro, hubieran acabado en el bar de la manera en que siempre lo hacían en el pasado.

España 6 – Alemania 0

No todos los días se le meten seis goles a Alemania. De hecho, desde que Hungría le endosara un 8-3 a los teutones en el Mundial de 1954, nunca había vuelto a ocurrir algo así con la ‘Mannschaft’ como víctima. Vale, era un partido de la no muy preciada Nations League. Pero si nos remitimos a aquello de Lineker, hacer un set en blanco al equipo que jugando once contra once siempre gana, pues es como para celebrarlo. Los de Luis Enrique dieron una auténtica lección de cómo pasar por encima del rival, y los tres goles de Ferran Torres, más los de Morata, Rodri y Oyarzabal quedarán siempre para el recuerdo. Y mejor ni pensemos en que hubiera pasado si los bares estuvieran abiertos y sin restricciones de aforo aquel día, porque la que se hubiera liado en todo el país sería buena.

Huesca 3 – Numancia 0

Subir a la Primera División es algo para el recuerdo. Hacerlo por segunda vez en la historia de un club, solo un año después de bajar de nuevo a los infiernos: un sueño. Un sueño que se hizo realidad para los oscenses el 17 de julio del año pasado. El conjunto azulgrana llegaba a la penúltima jornada de liga segundo, después de caer ante el Racing de Santander, apenas un punto por encima del Almería. Seis puntos en juego, dependiendo de sí mismos. Podían irse a la última fecha con todo por decidir, pero sus inmediatos perseguidores cayeron ante Ponferradina y Albacete. Así, una victoria les daba el ascenso. Y la lograron. Un 3-0 incontestable, con doblete de Rafa Mir un gol de Okazaki devolvió a El Alcoraz a la Primera División. Un claro ejemplo de esos días en los que no hay nada como una reunión alrededor de una mesa para celebrar el triunfo.

Real Madrid 2 – Villarreal 1

Ganar una liga siempre es motivo de celebración. Puede ser la primera de tu historia, la quinta o la trigesimotercera, da igual. Eso siempre ha sido, es y será motivo de festejo. Y punto. Porque ganar una liga es la recompensa a todo un año de trabajo, de dedicación, de sufrimiento, de pequeñas alegrías, de una maratón interminable en la que quedar primero es muy, muy difícil, complicadísimo. Lo es para todos. Hasta para el club que más ligas tiene de todo el país. Y la última vez que lo lograron, el verano pasado se hizo fiesta en petit comitè. Lo lograron en el Di Stéfano, ante el Villarreal, con dos goles de Karim Benzema antes de que Vicente Iborra pusiera un poco de nervios en el cuerpo de los madridistas. Al final, 2-1 final feliz para los de la capital, en la que, probablemente, sea la liga más rara de todos los tiempos.

Zaragoza 3 – Castellón 0

Con los bares abiertos, el Zaragoza ganaba y volaba directo a Primera. Con los bares cerrados, la cosa cambiaría. Y es que a menudo el bar sirve de talismán para lograr éxitos. Antes del confinamiento todo era felicidad y alegría para los maños. Vivían instalados en puestos de ascenso directo. Pero el coronavirus se lo llevó todo por delante. Ya en el primer encuentro, tras el retorno de la competición, cayeron en casa ante el Alcorcón. Después, a falta de diez encuentros, el Zaragoza solo conocería la victoria en otros tres partidos. Y el año en que se cumplía el 25 aniversario de la Recopa, el club no pudo celebrarlo como hubiera imaginado en marzo de 2020. Una travesía por el desierto que coincidía con el cierre de los bares. La temporada 20-21 no fue muy distinta, pero a primeros de mayo se levantó el estado de alarma y por fin, poco a poco, pudimos volver a brindar con una Ambar y con nuestro equipo en la pantalla. Como el pasado 20 de mayo, en el que el Zaragoza goleó al Castellón y selló definitivamente la permanencia. Un gran alivio, y una alegría, al fin y al cabo. Porque todo lo bueno acaba (y empieza) en bar.

Betis 1 – Alavés 2

Los aficionados de equipos humildes saben bien lo que es vivir con la soga al cuello. Jugarse la vida en cada semana, en cada partido, en cada acción. La distancia que les separa de Segunda suele ser, la mayoría de cursos, estrecha; tan estrecha que todo se decide en los últimos metros de la maratón que es la Liga. En el sprint final, cuando las piernas se resienten, cuando la cabeza ya no está para muchos trotes, es el momento en el que se demuestra quién está mejor preparado para ganarle el pulso a la batalla de huir por los infiernos. El Alavés logró esquivarlos en la penúltima jornada del curso 19-20. Fue ante el Betis, lejos de casa. Y los goles de Joselu y Rodrigo Ely ahuyentaron a los fantasmas de la división de plata. Mendizorrotza sería un año más de Primera. Vitoria, entre los grandes. ¿Hay mejor motivo que este para ir al bar con tus amigos? A los ‘babazorros’ seguro que no se les ocurre ninguno.

 

Todo lo bueno acaba en bar.