Si no hubieras llegado a nada en el mundo del fútbol y acabaras de cumplir los 34 años, quizás ya vendría siendo hora que te plantearas colgar las botas para acudir al bar de tu pueblo todas las tardes a contar la gran cantidad de historietas que se esconden detrás de una vida que ha estado tantos inviernos persiguiendo un maldito balón. Si se da el caso contrario o, directamente, te llamas David Villa, sabes que ese momento bendito puede esperar un poco más. El ariete, papel protagonista en el documental histórico del fútbol español, sopla velas desde Nueva York, convencido de que el parón definitivo puede seguir demorándose en la nevera.

Sería absurdo esperar a su despedida para repasar la aportación memorable del ‘7’, un tipo al que probablemente el poco tratamiento mediático que ha recibido no le ha hecho justicia. Solo hace falta echar una ojeada a sus registros estadísticos. No olvidemos, damas y caballeros, que ese delantero barbudo que hoy se saca fotos con Pirlo es el futbolista que más goles ha marcado con la camiseta de la Selección.

Resistencia, humildad, liderazgo… Casi sin quererlo, y con el paso de las temporadas, Villa ha escrito en la última década el manual de instrucciones que debería seguir todo adolescente sportinguista para acabar convirtiéndose en un guaje de relumbrón.

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