Una montaña de calcetines apelotonados, metros y metros del rollo de papel de aluminio, bolsas de plástico, latas, botellas o cualquier objeto -esférico o no, qué más da-. A falta de un balón, con eso nos apañábamos para darle rienda suelta a nuestra imaginación por los pasillos de casa, por la calle, en un descampado o donde fuera. Eso sí, cuando había una pelota de por medio, el partido alcanzaba un nivel superior. Otros tintes, otros matices, que nos transportaban a escenarios llenos de gente, a goles legendarios, a jugadas estratosféricas que quedaban grabadas en nuestra memoria hasta el día siguiente, cuando nuevas historias se entremezclaban entre nosotros y el balón.

El deporte en general, y el fútbol en particular, siempre han sido un motor casi vital en la infancia de miles de personas. Conocer gente nueva, crear vínculos, amistades, luchar juntos por un objetivo, sacrificarse por el de al lado. Todas esas experiencias se aprenden al costado de un balón. “El juego está en nuestro ADN, es una necesidad tan importante como la comida, la medicina y el refugio. Es una parte intrínseca de nuestras vidas, sin importar la geografía o la cultura, y a través del juego nos convertimos en individuos más fuertes, construimos mejores comunidades y creamos un futuro más positivo”, asegura Lisa Tarver, la fundadora y directora de One World Play Project.

Por ello, esta compañía quiere acercar el esférico a rincones donde las condiciones para practicar el fútbol no son lo más adecuadas. Lugares con terrenos de lo más diversos, abruptos y escabrosos, que necesiten de un esférico peculiar para disfrutar del deporte rey. Los balones de One World Play Project, que reciben el nombre de One World Football, están confeccionados de espuma de poliestireno, un material no tóxico, de textura suave y que nunca se desinfla, para así garantizar su uso sobre cualquier terreno. “Partiendo de la idea de que el fútbol es algo universal, diseñamos un producto para que cualquier niño o niña del planeta pudiera acceder a ello. Asegurarnos de que los balones sean un recurso compartido para que todos lo usen”, añade Lisa Tarver.

“Buscamos convertir el mundo en un campo de juego para mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos. Creemos que todos deben tener la oportunidad de jugar, independientemente de su género, raza o afiliación política o religiosa. Por eso nos asociamos con cientos de organizaciones sin fines de lucro, organizaciones comunitarias y agencias de todo el mundo para regalar balones de fútbol”. One World Play Project trabaja para facilitar las vidas de millones de jóvenes de alrededor del mundo. Darles un balón, por insignificante que parezca, puede ser el primer paso para muchos de ellos en busca de un futuro mejor.