El balompié, como la vida, puede ser maravilloso; pregonaba el añorado Andrés Montes. Lo es, entre muchas otras cosas, por las historias, tan preciosas, tan inesperadas, que nos brinda, que nos regala. Por las historias como la que ha ido escribiendo el brasileño Yuri de Souza Fonseca en Ponferrada, donde los goles se cantan en portugués. La historia moderna del conjunto de El Toralín, de hecho, no puede entenderse sin la figura del incombustible ariete suramericano; del que, para muchos, es el mejor jugador de la Sociedad Deportiva Ponferradina de todos los tiempos. Las 138 dianas que ha firmado en los 317 partidos que ha disputado con el cuadro de El Bierzo respaldan su candidatura. Solo Marcos Tyrone, con los 149 tantos que marcó, en las décadas de los 70 y los 80, en 396 partidos en Tercera División y en Regional, supera, en estos momentos, a Yuri, a un killer eterno que, con la ilusión de un alevín, sigue agujereando redes vestido de blanquiazul. “Todavía me quedan unos añitos de fútbol. Todavía queda Yuri para rato”, admitía el delantero de la Ponfe la semana pasada en una entrevista en Radio Marca.

Yuri nació en Maceió (Brasil, 08.08.1982), pero a los cinco años desembarcó en Portugal. Fue ahí donde empezó su prometedora carrera futbolística, que a los 20 años le llevó a uno de los grandes equipos del balompié luso, un Boavista que en las dos campañas que precedieron la llegada del delantero brasileño al Estádio do Bessa consiguió un campeonato, el único de toda su historia, uno de los dos únicos que no han ido a parar a las vitrinas del invencible triunvirato que conforman el Benfica, el Porto y el Sporting, y un subcampeonato que le expidió un billete para participar en la fase previa de la Champions League. El ajedrezado conjunto de Porto fue eliminado por el Auxerre, pero en la Copa de la UEFA fue avanzando rondas hasta alcanzar las semifinales. Yuri disputó 39 minutos, repartidos en tres partidos: el de vuelta de los octavos de final, contra el Hertha de Berlín, el de ida de los cuartos, contra el Málaga en La Rosaleda, y el de vuelta de las semifinales, contra el Celtic de Glasgow. Aquella temporada, la 02-03, fue la de su irrupción en la élite, pero en la siguiente no pudo responder a las expectativas depositadas en él y salió cedido al Gil Vicente, primero, y al Estoril, después. Sintiéndose estancado, con la necesidad de descubrir nuevos horizontes, el atacante brasileño decidió dar un paso atrás con la intención de dar dos hacia adelante. Los números dicen que la jugada no pudo salirle mejor.

Una vez rescindido su contrato con el Boavista, aterrizó en España de la mano del Pontevedra, de Segunda B. En el Municipal de Pasarón, el camino de Yuri se cruzó con el de su hermano, Igor de Souza (19.02.1980), y con el de su primo Charles Dias de Oliveira (04.04.1984, actual jugador del Eibar), tejiendo un temible tridente que celebró hasta 51 de las 72 dianas que el conjunto gallego anotó en la 05-06 (23+15+13). El extraordinario rendimiento que ofreció Yuri en el Pontevedra, con 47 goles en 80 encuentros, no fue suficiente para que Pasarón pudiera celebrar un ascenso a Segunda, pero sí que lo fue para que varios equipos de la categoría de plata se fijaran en él, en un potente delantero, dotado de un insaciable instinto asesino, que ha vivido siempre atrincherado en la parte alta de las clasificaciones de los máximos goleadores.

Soñando con ir subiendo peldaños, con ir escalando hacia la élite del fútbol español, el artillero brasileño recaló en Las Palmas. Pero aquella aventura pronto se convirtió en una pesadilla que se cerró con un nefasto balance de cero tantos en 12 partidos. El camino a seguir para salir del fango fue, de nuevo, retroceder para tomar impulso, para volver a romperla. Yuri regresó al Pontevedra, pero su segunda experiencia en el Municipal de Pasarón tan solo duró un curso. Y es que, en el verano del 2009, el ariete suramericano empezó a escribir su historia de amor con la Sociedad Deportiva Ponferradina, tan bonita como exitosa. Los inicios en El Toralín, aún así, no fueron fáciles. Los discretos números que firmó en sus dos primeras temporadas como blanquiazul, dos dianas en 36 encuentros en la 09-10, la del segundo ascenso a la categoría de plata de la Ponferradina, y siete goles en 22 partidos en la 10-11, la del segundo descenso del club a Segunda B, provocaron que la hinchada de El Toralín pusiera la lupa encima de él, de un Yuri que, guiado por Claudio Barragán, explotó definitivamente con el inicio de la temporada siguiente, la de la confirmación del killer brasileño. Siempre imprescindible, siempre más que notable, comenzó a erigirse en el faro de la Ponferradina, en la luz de un equipo acostumbrado a pelear entre las sombras, en el claroscuro que existe entre la Segunda B y Segunda División.

 

Yuri es el faro de la Ponferradina, la luz de un equipo acostumbrado a pelear entre las sombras, en el claroscuro que existe entre la Segunda B y Segunda División

 

Los 27 tantos que marcó en la 11-12 condujeron a la Ponfe hasta el ascenso a la categoría de plata de nuestro fútbol, embarcando al club en los mejores años de toda su humilde historia, en una época en la que, liderado por un brasileño que, a base de goles, se convirtió en el gran referente, en el ídolo, en el símbolo, de El Toralín, el conjunto de El Bierzo incluso llegó a soñar con subir a Primera División, quedándose a un centímetro del playoff de ascenso en la 12-13 y en la 14-15. Fue gracias a hombres como Yuri, que en su primera campaña en Segunda como blanquiazul celebró hasta 21 dianas, solo superado por su primo Charles (27, Almería) y Jesé Rodríguez (22, Real Madrid Castilla). Sus números menguaron sensiblemente en las dos cursos siguientes (12 y 16), pero también acabó en los diez primeros puestos de la tabla del Pichichi.

La fructífera relación entre el brasileño y la Ponferradina vivió un punto y aparte en el invierno de 2016, cuando Yuri recibió una oferta astronómica e irrechazable del Qingdao Huanghai de Jordi Vinyals, de la segunda división china. “Es diez veces lo que le pagaba la Ponferradina”, reconoció, en la rueda de prensa de despedida del atacante de Maceió, el presidente del club de El Bierzo, un José Fernández Nieto que insistió en que “esta siempre será tu casa” y que justificó la decisión de dejarle salir “porque no se le podía decir que no ante una oportunidad así a un jugador que tanto ha contribuido al crecimiento de la entidad”. “Llegó el momento del hasta luego, porque uno se va de su casa solo por un tiempo. No es un adiós. Solo es un hasta luego. Ponferrada y la Ponferradina siempre serán mi casa. Seguro que volveré”, remarcó un Yuri que, después de casi siete temporadas, se despidió entre lágrimas de El Toralín, de una hinchada que, huérfana de su icono, le dijo adiós con una preciosa pancarta: “Muchos forman parte de nuestra historia. Solo unos pocos se convierten en leyenda”.

“Valorándolo con mi familia vimos que era una oportunidad única. Sé que será difícil, pero me gustaría llegar a tener la mitad, ¿qué digo la mitad?, el 20% del cariño que he recibido de la gente en Ponferrada. Cómo me identifiqué con el club, con la ciudad… Voy a echar mucho de menos jugar en El Toralín. ¿Miedo a desaparecer del mapa? Siendo sincero sí que lo pensé. Si la gente se va a olvidar de mí, si ya nadie en España va a hablar nunca más de Yuri…”, admitía, a principios de 2016, el jugador brasileño en una entrevista en la página web de Panenka en la que Alena Arregui le presentaba como un “brasileño de nacimiento, portugués de adopción y repatriado en Ponferrada. El día que anunció su despedida, la Ponferradina perdió un mito”. Pero ni El Bierzo se olvidó de él ni él se olvidó de El Bierzo. Porque en realidad Yuri jamás se fue. Porque en realidad El Toralín nunca pasó página. Nunca renunció a creer que el brasileño jamás volvería a lucir la camiseta blanquiazul, convencido, con razón, que el “no es un adiós. Solo es un hasta luego” que acentuó Yuri se cumpliría. Sus palabras pudieron sonar a tópico, pero no. No lo eran. Porque el artillero de Maceió ama a la Ponferradina. Por eso la noche en la que se certificó el regreso del club a la Segunda División B ni siquiera importaron los más de 9.500 quilómetros que le distanciaban de El Toralín: “Por el cambio horario era complicado seguir el partido. Intenté dormir, pero no pude. Lo escuché por la radio. Cuando terminó me puse a llorar. Fue un día muy triste para mí”, admitía en As.

Por eso en el invierno de 2017, a pesar de tener otras ofertas de equipos de superior categoría, optó por regresar a su Ponferradina. La experiencia en China había sido “fantástica”, anotando diez tantos en 30 partidos que guiaron al Qingdao Huanghai hasta quedarse a un solo paso del ascenso a primera, pero Yuri notaba que le faltaba alguna cosa. Algo que tan solo ha hallado en Ponferrada. “Nuestros caminos se unen de nuevo para luchar juntos por seguir haciendo historia”, enfatizaba la entidad blanquiazul en el comunicado con el que se oficializó el regreso de su añorado hijo pródigo, de uno de los diez jugadores que más veces han lucido la elástica de la ‘Ponfe’ a lo largo de su historia, de un futbolista que ha jugado en Segunda en cinco de las seis temporadas que el club ha estado en la categoría, de quien ha sido el máximo goleador de la Ponferradina en las últimas ocho temporadas; incluida la de su marcha al balompié asiático.

“Es un jugador que ahora mismo está en estado de gracia”, avisaba el técnico del Pontevedra, Luismi Areda, en la previa de uno de los dos encuentros que esta temporada enfrentaron a su equipo con la Ponfe. Y esa es, precisamente, la sensación que siempre ha transmitido Yuri, un killer que desde hace años vive en un perenne estado de gracia, en continua comunión con el gol. Porque Yuri de Souza Fonseca no es un jugador más. Es el capitán general de El Toralín. Su emblema. Y ahora sueña con liderar la Ponferradina hasta la consecución de su cuarto ascenso a la categoría de plata del fútbol español; una proeza que le convertiría en eterno. En inmortal.