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Volvería a lesionarme

¿Es capaz un futbolista de acostumbrarse al dolor para poder cumplir su sueño? Iñigo Vélez, exjugador del Eibar, el Murcia o el Athletic, no tuvo otra opción. Así nos los contó en Panenka

lesionarme

Las lesiones frenaron a Iñigo Vélez de Mendizabal. Pero tras cinco operaciones, dolor y sacrificio, no se arrepiente de nada. Este texto, firmado por él mismo, está extraído del #Panenka73, un número que dedicamos al fenómeno de las lesiones en el fútbol y que sigue disponible aquí


 

Sin duda, volvería a lesionarme tantas veces como lo hice por volver a jugar a fútbol. La verdad, fueron muchas lesiones y muchas operaciones. Tuve la suerte de que mis intervenciones las realizaron los mejores médicos, y de ahí que pudiese alargar mi carrera hasta los 30 años. Las recuperaciones resultaron ser largas y dolorosas, ya que no siempre iban como se preveía. Con 20 años, no eres consciente de que entras en un quirófano y que te esperan meses de recuperación para volver a jugar; pero es parte de la profesión que has podido elegir, una en la que la mayoría paga por disfrutar. Pero tienes que madurar y aprender rápido, porque no va a durar para siempre.

Recuerdo que mi primera operación, del ligamento cruzado anterior, fue en Barcelona. Muy ignorante de mí, cuando el médico me comentó que lo tenía roto, le pregunté si para el domingo estaría listo. Operar y seis meses. En el trayecto desde el hospital a casa, no pude dejar de llorar. No era capaz de parar, acababa de salir de mi casa para jugar a fútbol y ya no lo podría hacer en seis meses. Y, al final, fueron más de siete meses. A las siguientes operaciones, de rodilla y de pubis, ya fui con la lección aprendida, y solo deseaba operarme pronto para poder volver a jugar lo antes posible.

 

Recuerdo mi primera operación, del ligamento cruzado anterior. Muy ignorante de mí, cuando el médico me comentó que lo tenía roto, le pregunté si para el domingo estaría listo. Operar y seis meses. En el trayecto a casa no pude dejar de llorar

 

Siempre digo y defiendo que volvería a pasar por eso una y otra vez con tal de regresar a los terrenos de juego. La última lesión, la sufrí en Jerez. Me pasé todo el año en blanco, no había por donde cogerlo, intentaba entrenar y el dolor era demasiado grande. Desde antes de Barcelona, ya había sufrido dolores en la rodilla. Pero era soportable y seguía jugando. Durante mi carrera deportiva me he acostumbrado a aguantar el dolor: unas veces eran los tobillos y, otras, las rodillas. Es curioso que nunca tuviera una rotura de fibras. Para eso, entiendo que había que tener músculo, y lo mío era más a lo grande. Las torceduras de tobillo y los dolores de rodilla eran totalmente aguantables, tardaba en calentar pero competía, no en las mejores condiciones físicas, pero creo que eso me hizo mejorar otras cualidades.

Me acostumbré a soportar el dolor tanto dentro como fuera del campo, a evitar gestos que me provocasen dolor. Me era imposible tirarme al suelo doblando las rodillas. Hubo una parte de una temporada en el Eibar en la cual sufría de pubalgia y no podía golpear de derecha, pero lo hacía con la izquierda. Recuerdo un partido contra el Xerez en el que empecé a calentar cojo. Un compañero y amigo me dijo: “Vasco, no merece la pena”. Claro que la merecía. Si hoy me dicen que mañana juego un partido, me moriría de ganas de ir, pero es verdad que no puedo: tengo una incapacidad en ambas rodillas, lo cual me permite hacer vida normal, pero no practicar fútbol o salir a correr -en este último caso, tampoco tengo ningunas ganas de hacerlo-.

 

Recuerdo un calentamiento previo a un partido con el Xerez. Lo hice cojo y un compañero y amigo me dijo: “Vasco, no merece la pena”

 

Soy un afortunado, siempre lo he dicho: he jugado a fútbol durante 20 años, 14 de los cuales han sido a nivel profesional. No hay profesión como esta, no hay sensaciones iguales, no hay nada que se le parezca: estás en un grupo de 25 personas que son más o menos de tu edad, todos con el mismo objetivo, y haciendo lo que has soñado desde pequeño y lo que disfrutas desde siempre, intentando mejorar cada día, aprendiendo cosas nuevas, conociendo grandes ciudades y a grandes personas, con sus inquietudes, sus historias y sus vivencias. Todo eso, lo une el fútbol. Y, por supuesto, lo mejor de todo es que cada semana compites por ganar, cada semana es diferente, con un escenario y un rival distintos. No todo es alegría, pero estoy seguro de que todo futbolista retirado echa de menos el fútbol. Y, si no es así, por lo menos todos guardan buenos recuerdos de él. Nadie se acuerda del partido que se perdió o la lesión que tuvo. Primero piensa en los buenos momentos, en los amigos que hizo o en las experiencias que vivió gracias a haber jugado a fútbol.

Como ocurre con todo en la vida, no eres consciente de lo que tienes hasta que no está. Hoy es el día en el que soy entrenador, y el fútbol es fútbol en Primera o en Tercera, y la sensación de querer que vaya bien es la misma. Por supuesto que preferiría jugar, sin duda, pero también disfruto como entrenador. Lo bueno del fútbol es que no hay una fórmula secreta, y lo que vale en un lugar y en un momento determinados, no sirve para siempre. Tienes que mejorar, ser constante y, sobre todo, no venirte abajo, porque en breve tienes otro partido u otro reto. Debes saber sobreponerte a todo, sean lesiones, malos momentos deportivos colectivos o individuales. No hay tiempo para lamentarse, hay que aprender rápido. Porque no se puede olvidar que esto lo hacíamos desde muy pequeños para divertirnos, sin que nadie nos obligase a ello. Por lo tanto, en el fútbol no se puede perder la alegría, algo que para nada está reñido con el compromiso y la entrega.

 

Me acostumbré a soportar el dolor tanto dentro como fuera del campo, a evitar gestos que me provocasen dolor. Me era imposible tirarme al suelo doblando las rodillas

 

En mi carrera he tenido muchas lesiones, y me han obligado a tener que abandonar el fútbol antes de lo previsto. Pero si echo la vista atrás solo tengo grandes recuerdos, dentro y fuera del campo. Un futbolista no es más que un chico que intenta hacerlo lo mejor que puede, que compite cada año contra otros, sean compañeros o rivales, y al que le ha tocado vivir una vida muy mediática. Está claro que gana dinero por hacer lo que le gusta, pero sigue siendo un joven al que el fútbol le ha obligado a madurar y asumir responsabilidades más rápido que al resto de los chavales de su edad. Sé que no voy a competir de corto nunca más, y lo asimilo, pero, sin duda, volvería a empezar

Iñigo Vélez de Mendizabal (Vitoria-Gasteiz, 1982) jugó en Primera con el Athletic Club y el Murcia y defendió las camisetas del Numancia, el Eibar y el Xerez CD en Segunda. En 2013, y tras no superar el reconocimiento médico con el Guadalajara, colgó las botas. La Seguridad Social le concedió, un año después, la “incapacidad permanente total por la contingencia de accidente de trabajo”, que le da derecho a una pensión hasta su jubilación. En su etapa como profesional fue operado de las dos rodillas en hasta cinco ocasiones.

 


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